sábado, 14 de febrero de 2009

La Presidenta en Tierra Santa.

Y el portazo del profeta Fidel.


No existe algo que retrate en cuerpo entero y diafanamente que la relación que los autodenominados izquierditas tienen con Cuba. Pues no existe algo, ni tampoco existió, en la isla algo que pudiera considerarse de izquierda salvo que nos preocupemos de los gestos o de los símbolos, de la cobertura de las cosas.

La revolución de Fidel fue una movilización de liberación nacional como muchas otras que existieron en el siglo XIX en toda América y en el siglo XX en todo el mundo. Su diferencia estriba en que se hizo en las barbas del imperio norteamericano y en su apogeo tal cual la de Haití con respecto de Francia, y por lo tanto motivó una reacción "machista" de los yanquis que terminó siendo un acto fallido (La bahía de cochinos). Desde entonces Cuba es un símbolo, lo grave es que es tan sólo eso.

Fidel viajó a los EE.UU a negociar la entrega de las fábricas confiscadas durante la revolución lo que fue tomado por los gringos, y de qué otra forma podría haber sido tomado, como un acto temerario. Los dueños no tenían nada que negociar, las empresas eran de ellos y punto ¿de cuando acá los usurpadores ponen las condiciones? La respuesta no se hizo esperar: Embargo. Aunque precisamente no se trate del mismo embargo que rige hoy sí se trataba de uno que impidiera que pusieran en marcha las industrias confiscadas, principalmente la del caucho perteneciente a la Goodyear, pues los dueños, tal cual ahora y siempre, no estaban dispuestos a lesionar el sacrosanto derecho de propiedad. Recordemos que el "socialista" Lula Da Silva hizo lo propio contra Bolivia para asegurar la propiedad de Petrobras.

La respuesta de Castro, propia de un buen gobernante autoritario, fue oportunista y autoritaria. Desde ahora la revolución cubana es socialista, y más aún, socialista a lo U.R.S.S. Eso produjo la conocida crisis de los misiles que enfrentó a Kennedy y a Kruschov. Quien crea que es tan sencillo para los gringos hacer las paces con Cuba, y en especial con Fidel y Raul Castro, por favor considere que una parte importante de la población estadounidense estuvo frenéticamente construyendo refugios antinucleares y que incluso a los niños, se les enseñaba a adoptar la posición de una tortuga en caso de escuchar un estallido.

Se trata de traumas tan severos como los que tienen y tendrán los iraquíes, la población de Dresde o del Japón de la fuerza aérea estadounidense, lo que en parte explica que un término unilateral y sin condiciones del bloqueo sea entendido como una señal de debilidad pero también, un acto de traición. Fidel se compró conscientemente el odio de los burgueses exiliados en Miami y de los industriales expropiados; pero también el de los ciudadanos yanquis que nunca, salvo esa vez, tuvieron que lidiar contra la amenaza de una guerra en su propio territorio: Una guerra que además era el exterminio nuclear total.

La confrontación con los EE.UU de parte de américa latina ha sido en gran parte en estos últimos años la de un adolescente con su padre tratando de afirmar su personalidad. Desde esa óptica el cese del bloqueo es una aspiración lógica del mismo modo que el retiro de cualquier ingerencia yanqui en la región. En un momento de adolescencia mundial, como a fines de los sesenta, el papel de rebelde sin causa de Fidel, y por sobre todo de Guevara, ejercieron un rol protagónico, aunque como digo sólo desde el trivial aspecto simbólico.

Todo esto es muy distinto a pretender que en Cuba se produjo una revolución. El mayor argumento en contra de aquella afirmación la da la propia cúpula gobernante cubana y sus defensores internacionales: Para ellos Cuba está aún en una revolución. Si una revolución requiere cincuenta años para recién estar comenzando y las estructuras de dominación no sólo permanecen intactas sino que se solidifican ¿cuantos milenios se requiere para salir de esta transición, o dictadura del proletariado, y disfrutar del socialismo?

Chavez se enfrenta a una cuestión similar en Venezuela, quizá por que se asesora al igual que Fidel de Sor Marta Harnecker, para continuar la revolución bolivariana tiene que necesariamente sostenerse en el poder. Eso no necesariamente es dictatorial porque existe un proceso electoral de por medio, uno de verdad no como las farsas cubanas; lo que sí está claro que de izquierda tiene bien poco porque este tipo de procesos liderados por caudillos que acumulan poder para realizar cambios nunca ha redundado en un beneficio colectivo que no sean limosnas. Actos refundacionales similares los han protagonizado O'Higgins en Chile, y antes Carrera, luego Portales; durante el siglo XX los nombres de Juan Domingo Perón y Getulio Vargas bastan y sobran. ...como diría Violeta Parra "y arriba quemando el sol". Refundaciones autoritarias, unilaterales, progresistas en su sentido industrializador y racionalizador del aparato estatal, pero en ningún caso una emancipación del hombre del dominio ejercido por el propio hombre; tampoco el principio de un largo sendero que nos conduzca hacia allá.

Una mera revolución en el sentido francés del término, generaciones de cubanos educados para venerar a Fidel como en los colegios de la Opus Dei lo hacen con Escriba de Balaguer; y ninguna posibilidad de una vuelta atrás.

Los autodenominados izquierdistas, los criollos, conservan esa relación romántico-mistica con la isla caribeña y no me caben dudas que muchos al cantar la internacional miran hacia la Habana como los musulmanes miran hacia la meca al rezar. Fidel y Guevara son algo así como los "padrinos mágicos", unos seres omnipresentes y nunca molestos que median entre la palabra revelada de Lenin y los fieles observantes del culto, a pesar del molesto ruido provocado por los agentes del capital trasnacional, y en especial por los conspiradores de la CIA.

Por eso que la visita de Bachelet a la isla era algo más que el rito de viajar, aunque fuera una sola vez, a la Habana; y qué mejor si eso incluye una reunión con el último profeta registrado.

Indignan los millones gastados en esta gira en plena crisis a fin de acarrear a cuanto pintamono con apellido de artisto existe y de sumarse acríticamente a actividades "culturales" sometidas a sistemas tan burdos de censura como los que existieron acá durante la dictadura: Sergio Bitar en su libro sobre su presidio en la isla Dawson - que motiva la filmación de una película que hoy se encuentra en pos producción- contaba que fueron castigados algunos reclusos por poseer algunos libros de Piccaso porque referían al "cubismo", para los militares eso se asociaba directamente con Cuba.

En la isla de Cuba, o más bien en tierra santa, están prohibidos a lo menos tres libros indispensables de la literatura nacional, no por su calidad sino por su indiscutida popularidad: Confieso que he vivido de Pablo Neruda, recolección de las memorias del poeta editadas tras su muerte; Persona non Grata de Jorge Edwards, que recoge las impresiones del autor mientras fue embajador de Chile en Cuba durante el gobierno de Allende; y, Nuestros Años Verde Olivo de Roberto Ampuero. Con Neruda hacen gárgaras moros y cristianos y de nada importa que en su fundación estén enquistados los más rancios y turbios empresarios, empezando por el Cucho Figueroa, a nadie se le ocurriría tildar al poeta de derechista menos de anticastrista ¿Cómo es posible que esté censurado en Cuba?

Hace muchos años leí "Confieso que he vivido" y pese a ser un mal libro, pésimamente titulado además, es un muy buen registro de los últimos tiempos del gobierno de Frei y los mil días de Allende. Que no se nos olvide que Neruda incluso postuló a la presidencia y fue senador así que sus memorias políticas no son las de un escritorcillo de poemitas. Tampoco existe ninguna acusación que conozca sobre que estas memorias sean apócrifas como sí lo son las de general Carlos Prats falsificadas por el beato del PC Volodia Teitelboim. El cuento es sencillo, Neruda se atreve a decir algo que lo dijo y sigue diciendo todo el mundo: Fidel Castro alargó su visita más de la cuenta generando más problemas que beneficios al complicado Allende. Pero Neruda no imputa a Castro la debacle e inclusive, benevolentemente lo excusa, como el único junto a Mao que apoyaron económicamente al gobierno de la Unidad Popular en los momentos en que este solicitó ayuda prácticamente de rodillas en la ONU para evitar la catástrofe. Italia ya lo había ayudado con los camiones Fiat 673 en el paro de los camioneros.

Ninguna maldad, ninguna injuria, menos alguna calumnia. Este pequeño ejemplo basta para comprender el mundo en que vive el señor Castro, y el aire irrespirable que se nos vende por revolucionario. Pero como dicen los hípicos, caballo bueno repite, Fidel Castro habló una hora y media con Bachelet, con lo que queda claro que no transaron más que un buenos días su señoría mandandirum dirum da considerando la locuacidad castrista. Cuando visitó la isla el candidato de la derecha integrista opus dei, Joaquin Lavin Infante, Castro le concedió una audiencia de ocho horas. Con Maradona creo que hasta han pichangeado. A nuestra presidenta que viajó del extremo del continente, acompañada de besabotas, empresarios y saltimbanquis, una hora y media, y quizá menos, y luego publica una crónica en que deja a su interlocutora como una señora a quien se le debe dar café pero que no se la debe tener en cuenta en los más mínimo.

Los chilenos deben devolver el cobre y el mar a los bolivianos pide Fidel, a horas de entrevistarse con nuestra presidenta. Esperemos que esto le sirva a nuestros creyentes gobernantes a que borren el asalto de cuartel moncada del santoral.

sábado, 31 de enero de 2009

La izquierda y la Crisis II.

A río revuelto ganancia de pescadores.


Del mismo modo que la izquierda carece de un plan de contingencia en caso de crisis esconómica, pese a que sea un hecho público y notorio que el capitalismo oscila entre auges y crisis, tampoco posee un discurso para enfrentar la reacción capitalista que con la excusa del desempleo avanza todo el terreno que puede hacia la precarización laboral.

Sindicatos que hace un año se encontrabn en pie de guerra en áreas tan sensibles como la pesca, la silvoindustria y la minería, hoy ofician de agentes de sus patrones. El primer caso se dio hace unos meses producto de la infección del virus Isa en plena huelga de los empleados de las salmoneras; de un día para otro los dirigentes sindicales dejaron de pedir aumento de sueldo para presionar al gobierno para que decretara concesiones (es decir regalara a las empresas) otros predios más al sur. Empleados pesqueros de la región del Bio-bio hoy piden algo similar, un aumento de las coutas de captura para sus empleadores para que les sea sustentable el negocio; en época de crisis es preciso dejar de lado no sólo las consideraciones laborales pues es mejor ser explotado que carecer de empleo, y tambien todas las sensiblerías ambientales pues para qué queremos peces mañana si hoy tenemos hambre. Dichos argumentos parecen incontestables y a nadie pareciera sospechoso que constituyen el núcleo argumental del neoliberalismo.

Para aquellos que se apuraron en dar la extrama unción al capitalismo ultra liberal de las últimas décadas deberían tener presente que lo que se viene es un tratamiento intensivo de la misma medicina: Velasco, nuestro yuppie ministro de economía, para palear la crisis no pretende ninguna medida estatal en el sentido keynesiano del término sino que puro intervencionismo monetario de parte del fisco, es decir, lo mismo que hizo Pinochet en los ochenta. Como dijo Julio Rodriguez, la onda ochentera parece imponerse en todos los aspectos de la vida. Incluso la política "contracíclica" de Bachelet es aún más neoliberal que la de Pinochet, puesto que en vez que PEM y POJ (Programa de empleo mínimo de Pinochet conocido por encomendar a una cuadrilla de operarios cavar una zanja y a otra a taparla, el objetivo era moral, que las personas se ganaran el sustento con su esfuerzo independiente que ese trabajo fuera provecho para alguien) lo que se pretende es una serie de obras públicas privatizadas, es decir, concesiones, con las cuales se pretende absorber la mano de obra perdida por el frenazo en la construcción. En materia de finaciamiento a las pequeñas y medianas industrias la política se conduce por la banca privada y se le regalan una infinidad de recursos, independiente que la banca esté con utilidades billonarias, para que el dinero lo invierta pero los usureros se lo guardan puesto que es mejor negocio seguir especulando con el peso porque el banco central mantiene las tasas de interés más caras del mundo.

Para evitar la inflación el banco central frena y frena el carro hace más de un año, recordemos la tonterita del dólar que no sólo costó milones de dinero fiscal sino que desaprovechó la infinidad de inversiones tecnológicas que eran posibles con un peso tan alto. La ministra del trabajo, socialista al igualq ue la presidenta, declaró al asumir: Soy de izquierda pero tambien soy pragmática. ¿Qué quiso decir? ¿Lo mismo que nos resulta evidente con Obama? Las declaraciones las efectuó pues al asumir debió hacerse cargo de la ley del pago del día domingo a los trabajadores a comisión, conocida como de la semana corrida. La direción del trabajo ya recortó el ochenta por ciento de su vigencia y el veinte por ciento lo harán los tribunales; si ambos cumplieran lealmente su rol esa ley no debería haberse promulgado pues lo que estaba haciendo el comercio era contrario a una interpretación pro operario que exigen los convenios internacionales. Es un caso muy similar al de la ley de subcontratación. ¿Lo que pragmática querrá decir una mayor flexibilización laboral, trabajo infaltil, vuelta al sistema de encomienda? Como ha sucedido tantas veces un paso para adelante y cinco para atrás.

Me gustaría saber qué a qué propone la izquierda en estos asuntos. Ya sabemos qué es ser pragmática para nuestra ministra del trabajo pero me gustaría saber cual es la alternativa. Cuatro años de crisis bastarán para aprobar hidroaysen y desmontar el precario sistema de protección social con que tanto se han lavado la cara nuestros gobernantes.

Obama y los biocombustibles.

El sueño hecho realidad es una pesadilla.


Todo ocurrió del modo que predije hace diez meses cuando Bush se reunión con Lula: Los biocombustibles serían el futuro de los EE.UU.

Ya lo anunció Obama, el gigante del norte dejará de ser dependiente del medio oriente a mediano y largo plazo, aprovechando las millonarias inversiones que se requerirán para reconvertirse para levantar su economía.

¿Porqué Bush, petrolero de familia petrolera, iba a celebrar un tratado con Lula para dejar de depender del petroleo? ¿Porque quería causar el hambre de millones de personas según los delirios castristas?

¿Porqué Obama cometería la torpeza de seguir tirando la cuerda que produjo la crisis según tantos reputados analistas?

Lo que ocurre es que lo único cierto que ha dicho Castro y Chavez en los últimos meses ha sido que Obama y Bush son casi la misma cosa.

El precio del petroleo y de los alimentos a los gringos los tiene sin cuidado pues aún comen y llenan el tanque; lo que les preocupa es la pérdida del dominio comercial de los EE.UU. Tampoco les interesa la crisis ambiental.

El asunto es más sencillo, los gringos se hicieron los dueños de casi todo porque dominaron la industria de la bencina (gas oil) lo que los llevó a ser los mayores productores de vehículos durante casi ciencuenta años. No se quería cambiar porque los números aún eran azules aunque eso se lograra a punta de bayonetas. Hoy, independiente que se quiera o no hacerlo, es imperativo cambiar. Lo que busca Obama es que los gringos retomen su liderzgo en la industria perdida bajo los japoneses, esta vez con un nuevo combustible made in usa, los de origen vegetal.

Los antiguos petroleros se transformaran en agricultores y nada bueno sucederá. Lo que estaba haciendo Lula y Bush era modelar el futuro mientras la voces histéricas del pasado no comprendían qué sucedía: Brasil será una economía aún más poderosa en veinte años, los EE.UU soportarán el vendabal como dos veces lo hicieron los alemanes y otra los japoneses (apelando a su población altamente instruida, emprendedora e ingeniosa). No serán lo que son hoy pero sin duda no se argentinizarán. Cuba y Venezuela seguirán siendo exáctamente lo mismo que siempre han sido: Colonias. Pues no basta una revolución independentista para independizarse, ni tampoco dinero en los bolsillos; hace falta entre otras cosas una visión de futuro que los países dominados parece que tuvieran atrofiada. Mientras en la Habana y Caracas se piensa cómo se mantienen a flote unos cinco años más los EE.UU y Brasil acuedan qué será el mundo durante la próxima centuria.

viernes, 30 de enero de 2009

La Izquierda y la Crisis.

Reflexiones acerca de la falta de propuestas.






Marx en la Ideología Alemana sostenía que la revolución se produciría cuando el capitalismo fuera insoportable para la mayoría de las personas en el mundo. Comenzando una nueva crisis, sin siquiera habernos levantado de las dos anteriores (82' y 97') me preguntó cuando será insoportable, bajo las premisas marxistas, y qué ocurrirá luego de esa revolución. Me parecen preguntas ingenuas pero válidas puesto que tras esta frase se esconden dos grandes bultos eludidos: El primero, una mitología democrática de la sociedad; segundo, qué hace la izquierda durante una crisis económica ¿se burla en una esquina canturreando "yo lo dije"? ¿Busca el modo de acrecentarla pues la caída del sistema producirá el socialismo por defecto? ¿O propone soluciones alternativas a las capitalistas para superar la crisis? ¿Se dispone de esa soluciones alternativa?

La economía de crisis es una economía de guerra según Hobsbawm y Wallerstein. Se había impuesto en Alemania inclusive antes de la primera guerra como sostenía Weber en su “teoría de las ciencias sociales” y ese modelo lo prosiguió Roosvelt, Churchil, De Gaulle, Lenin, Stalin, Ho Chi Minh, Hitler, Hiroito, Sadam Husein y por supuesto Obama. La discusión gira en torno a quien fue exitoso en dicha economía de guerra, lo que decidió en gran parte los conflictos, no sobre si se trató de proyectos económicos alternativos.

La imposibilidad de que Venezuela haya despegado en momentos irrepetibles en que el petroleo nunca valió tanto, explica por sí mismo la orfandad de ideas en que se encuentra la izquierda pues no es capaz de sentar cabeza ni con las condiciones optimas.

Pareciera que la economía capitalista es más exitosa cuando la emprenden capitalistas en vez que improvisados jefezuelos carismáticos; todo dependería de un milagroso cambio del sistema el cual el izquierdista espera pero no hace nada para su advenimiento pues todos sus esfuerzos se dirigen a obtener o aumentar el poder en la sociedad capitalista en donde los capitalistas reinan indefectiblemente.

La razón de que los candidatos presidenciales de izquierda efectúen promesas demagógicas y populistas que luego no cumplen, si es que se conjugan los astros y llegan a gobernar, es que un automóvil no puede usarse ni como aeroplano ni menos como nave interestelar. Ostentar la primera magistratura no significa ser el hombre más poderoso del país, o más poderoso que todos los demás poderosos juntos, ni tener capacidad de lidiar contra el sabotaje nacional e internacional. El estado formalmente entendido consta de poderes legislativos que pueden ser puestos a dormir con grandes esfuerzos, pero de todos modos persistirán los magistrados, tecnócratas, y los funcionarios que componen la burocracia. Nadie puede gobernar contra todos ellos.

Esto nos lleva al primer asunto relevado, ¿El pueblo unido jamás será vencido?

No me parece que así sea puesto que existen múltiples evidencias de lo contrario. Muchos dirán que siempre el invasor u opresor se ha impuesto con el apoyo de los oprimidos ¿Pero acaso eso no transforma a esos traidores en gobernantes? Esa podría entenderse como una mera cuestión retórica pero lo que quiero manifestar es que los sistemas de control de la clase dominante mundial, y sus embajadas locales, son mucho más eficientes de lo que quisiéramos y pretender que nuestra acción colectiva bastará y sobrará es creer que nuestro sistema es esencialmente democrático. Que no se nos olvide que los ricos pueden pagarle a la mitad de los pobres para matar a la otra mitad, en eso consiste básicamente el poder del dinero.

Es preciso crear brechas en la clase dirigente y conciliar en un plan que permita no sólo la toma del poder sino que asegure impedir un ejercicio del poder equivalente a la situación que se quiere superar.

Lo contrario es transformar a los revolucionarios en clase dirigente, y cuando el proceso es local, en parte de la clase dirigente. Eso se resume con decir cambiar todo para que nada cambie.

Un gobierno que se dice de izquierda gobernando en un sistema de derecha es un fraude que forzará al líder a hacer todo lo posible para seducir a sus adherentes, pues sólo el escandilamiento explica su vigencia.

lunes, 26 de enero de 2009

La Libertad.








La libertad es una idea típicamente civilizada, pero la civilización es la negación misma a la libertad. La libertad no impera pues la civilización es el imperio de unos pocos sobre otros muchos por lo cual el capricho de los gobernantes, limitado por la sustentabilidad del sistema artificialmente creado, y hasta de la naturaleza misma, es lo que rige a todos incluyendo a los gobernantes. La libertad no pasa de ser una quimera sólo posible de lucubrar dentro de un sistema opresivo. Si la libertad impera la idea de libertad sería impensable.

Pero la humanidad precivilizada tampoco es un referente a la libertad que llega a concebir el hombre contemporáneo víctima de una abstracta opresión. Para quienes viven modalidades de dominio vivificadas mediante tormentos cotidianos manejan una noción de libertad elemental la cual queda satisfecha con el cese de los latigazos. Los inmigrantes que provienen de lugares en que la guerra o la economía, o la economía de guerra, configuran un sistema en que la dominación implica dolor, hambre y muerte, nos muestran con su acrítica adaptación a nuestros pacificados sistemas que la opresión de nosotros les basta y sobra para satisfacer sus básicas expectativas de libertad. Sin embargo para quienes la libertad civilizada es la norma, es posible distinguir aquella opresión abstracta que episódicamente se torna en un evidente fascismo que luego es identificado con el nombre de algún culpable: Algún Hitler, Pinochet o Bush.

La libertad civilizada en la cual discurrimos los sujetos afortunados de nuestra sociedad es comparable al paraíso para los desafortunados. Para la gran mayoría de los seres humanos el contexto cultural en que han sido formados se equipara al hábitat de los animales es decir, a una condición necesaria y a la vez suficiente para la existencia. Sin embargo lo que permite hacer una distinción entre humanos y animales se encuentra precisamente en que el ser humano es capaz de prescindir de un hábitat construyendo sistemas sociales complejos capaces de hacer posible la susbsistencia en cualquier medio ambiente. Los sistemas culturales por lo tanto no son hábitat pero la noción de la plasticidad de los sistemas sociales le es ajena a la mayoría de los seres humanos lo que les fuerza a defender al propio tal cual como un león lo haría con su territorio de caza, es decir su hábitat. Lo cultural se torna en natural y por lo tanto inmutable de acuerdo a los parámetros del tiempo humano. Las aspiraciones se construyen de acuerdo a las reglas que provee el propio sistema y por lo tanto sólo le es posible exigir mejoras tolerables para la sociedad pero aspirar a transformaciones radicales, que pongan en riesgo la sustentación del medio social, o sencillamente reivindicar la humana capacidad de crear un nuevo sistema recreando todo lo existente, es excepcional. Se requiere que un sujeto deje de estar sujeto a su medio social, el mismo que lo ha formado, y al mismo tiempo sea capaz de relacionarse en dicho medio para que sus ideas sean comprensibles de lo contrario no sería posible distinguir su posición política de un estado de locura.

Cuestionar el sistema en el que uno ha sido formado es excepcional pero lo es aún más el pretender el establecimiento de otro en vez que la mera reforma del actual. Tanto desde el social cristianismo hasta el anarquismo la propuesta consiste en reformar el sistema actual de modo que sea posible que el trabajo no sea explotación y el emprendimiento dominación pero tales anhelos son irrealizables puesto que son características inherentes a la civilización. La ideología liberal es tan sólo eso, ideología, y no está diseñada para tomarse en serio; el equilibrio del sistema depende de millones de perdedores, de desafortunados, de excluidos. Los pesados engranajes del sistema mundial requieren más músculos y bríos que los que pueden motivar los objetos de consumo y o símbolos de estatus, indefectiblemente precisa de esclavos y carne de cañón cualquiera sea el nombre con que los designemos a estos.

Que nos sea suficiente la libertad a que se puede aspirar en la civilización depende de nuestros escrúpulos puesto que nuestra relativa seguridad y comodidad es pagada con la inseguridad y el sufrimiento de otros a quienes no nos importan. Y si nos importan querría decir que nos interesa utilizar nuestra voluntad, organizándola con la de otros, para suprimir de una vez para todas ese sufrimiento. Perfeccionar a la civilización al punto que las injusticias sean un tópico de la historia es utópico, en el sentido que es irrealizable, pues la viga maestra es la injusticia. Reformar la civilización al punto de cumplir con el programa de la ilustración para todos los seres humanos consistiría en minar el sistema económico que es el que permite que nos alimentemos más de seis mil millones de personas.

El programa de una izquierda por lo tanto es aún más contraevidente de lo que se suponía. No puede consistir en utilizar a la civilización como una medida para una eventual transformación reivindicando los valores doctrinarios de ésta ya que ellos sólo han cumplido un rol ideológico; no consiste tampoco en un paso más de alguna evolución social. Es la aceptación de que somos libres, al menos en potencia, para darnos el sistema de organización social que queramos. Por lo tanto el programa de la izquierda no puede ser el llevar a la civilización a su crisis sino que proponer un modelo alterno a la civilización e implementarlo.

Ni se trata de buscar una forma contraria a la civilización ni previa a ésta sino que una diferente que permita aprovechar los avances científicos y tecnológicos suprimiendo el dominio jerárquico y burocrático sea éste de fuente monetaria, religiosa, científica o militar. La supresión de las clases sociales no depende de la abolición de la propiedad privada ni de la socialización de los medios de producción si esta no va acompañada de una supresión de toda jerarquía. El ser humano hasta hace doce mil años no conocía la civilización y podía sostenerse sin ella pero porque apenas la humanidad contaba con unas decenas de miles de especímenes repartidos en toda la superficie del globo. Su libertad de cazar contrastaba con su vulnerabilidad a ser cazado. Era el animal más inteligente pero pertenecía aún al reino animal por lo tanto su libertad aparente era precaria en comparación a lo que un hombre civilizado aspira. El salvaje no es un referente válido además que miles de años de acervo cultural no pueden arrojarse por la borda.

Un modo alterno de organización social no puede ser por lo tanto un paso evolutivo o involutivo de la civilización sino que en un acto fundacional que nos trasformaría en una nueva especie. Fue el dominio de las fuerzas de la naturaleza lo que permitió que el hombre fuera algo distinto a los animales pero al consolidarse esa situación un azaroso paso en falso hizo de la humanidad una cárcel en que los hombres afortunados son sombríos carceleros. Emanciparse de una vez por todas de la animalidad construyendo un sistema de organización exclusivamente humano, no uno que reproduzca las condiciones de la selva, es el único paso evolutivo que podría dar el hombre pues sería la primera vez en que podríamos considerarnos no sólo distintos de las ratas sino que mejores.


miércoles, 21 de enero de 2009

La Quintaesencia del Espectáculo.

Conclusiones tras una liturgia global.



En vano esperé que Aretha Franklin desafinara, o que apareciera tras los marines la silueta de Clint Eastwood atrapando una bala perdida dirigida al presidente. Es que bien poco faltó para que pareciera una de las miles de películas que hemos visto; si hasta al presidente se había caracterizado como afroamericano y John Wiliams, el compositor de la música de la guerra de las galaxias, ejecutaba la banda sonora en vivo. Y la mitad más uno de Hollywood en las graderías.

Dos pastores evangélicos invocando a un dios, pro estadounidense por supuesto, una canción religiosa interpretada por la reina del soul, tres biblias dando vuelta en primera plana, y quizá cuántas tras bambalinas. Y no debemos olvidar que el himno nacional de los gringos es otra plegaria más; y esta fue reiterada casi por completo por Obama en su discurso.

En suma, una tediosa ceremonia religiosa. Al no ser católica carecía de velas, inciensos y pederastras, al menos en primera fila. Pero las nauseas se producen de todos modos.

Es que el invento de lo cívico, del culto a la patria y de todas las payasadas que hoy se exhibieron con la impudicia típica de la televisación veraniega, son el segundo mejor invento que el dios común que castiga a los que desobedecen a los explotadores; los medios, la prensa, el cine y el confeti son sólo la caja de resonancia de la pobredumbre.

Y como en los mejores actos de magia, el fulgor impide distinguir la trampa; embobados por la coreografía descuidamos los bolsillos y el prestidigitador hace de nosotros sus dados.

Y los perioidiotas concertados en fomentar lo peor del ser humano e inhibir lo que nos distingue de las ratas, nos meten a Obama hasta por debajo de la lengua como si gerenciar un imperio fuera una pega distinta según la cantidad de melatonina que se tiene en la piel. Las mismas taras, los mismos clichés de hace unos años cuando la moda del momento era celebrar que una mujer presidenta haría la diferencia.

Razonamiento de batracios, de aquellos que disponen de un océano de conocimientos pero con un milímetro de profundidad.


domingo, 18 de enero de 2009

Obama.

¿Puede?.






Se ha comparado a Obama con Kennedy, por lo joven, telegénico y demócrata, pero también porque ambos asumen la presidencia en algún momento de decadencia del imperialismo bélico del ejército estadounidense. Kennedy, luego de la guerra de Corea y la revolución Cubana; durante la época en que Eisenhower denunciaba el complejo militar industrial que hemos visto en gloria y majestad en Iraq y Afganistán.

JFK era el candidato del partido demócrata, el mismo de Obama, y se enfrentó a Nixon quien luego fuera presidente y a quien se le suelen endosar todas las facturas de Vietnam. Pero fue Lyndon Johnson, sucesor de Kennedy y militante demócrata, quien se prestó para la farsa del golfo de Tonkin por medio del cual los EE.UU justificaron su ingreso a la guerra. Los intereses reales diferirían radicalmente a los declarados. La causa inmediata fue la compra de la guerra a los franceses quienes no podían sostener más su poder colonial en la región, entonces las razones son las de esa compraventa. Muchos analistas insisten en que se trataba una cuestión ideológica conclusiones típicas de aquellos que creen que todos los conflictos son parte de una cruzada evangelizadora. Son la posición estratégica de Vietnam, el cierre a una posible expansión China, la cercanía de Corea y los millones de galones de crudo que yacían en su subsuelo, la causa del conflicto. Nunca ha existido una guerra ajena a los ruines motivos, ni las cruzadas se emprendieron por la pura fe.

Por lo tanto mientras subsistan los intereses van a subsistir los conflictos y si los EE.UU deben salir a escena lo harán independiente que sean los demócratas o los republicanos los que gobiernen. Como dijo Hears, el magnate de la prensa parodiado por Orson Welles en el ciudadano Kane: “El gobierno pone el ejército y yo le doy la guerra”, y acto seguido hizo estallar un buque gringo fondeado en Cuba para declarar la guerra a España. Tanto a la primera como a la segunda guerra mundial los EE.UU ingresaron por medio de argucias similares (el hundimiento del Lusitania y Pearl Harbor) y los anzuelos se los tragaron los gobernantes demócratas de su momento (Woodrod Wilson y Frankilin Roosvelt) ¿Qué hace a Obama diferente?

Fuera del obvio populismo de los gobiernos estadounidenses, denunciada en su momento por Alexis de Tocqueville, amplificada hasta el infinito por una prensa libre del gobierno pero cautiva de los intereses mercantiles, se encuentra el sumergido asunto del pequeño margen de maniobra con que cuenta el que se dice “el hombre más poderoso del planeta”.

Los presidentes de los estados bananeros, o manzaneros y cupríferos como el nuestro, deben pedir miles de autorizaciones para emprender cualquier política y les está tácitamente prohibido tocar cualquier interés ya consolidado. La situación del presidente de los EE.UU no es diferente, sólo es una cuestión de magnitud.

El nivel de instrucción política de un individuo lo mido en estos momentos en relación a su entusiasmo por el juramento de Obama. El sueño de los paranoicos es que lo asesinen, quizá como un medio de levantar la alicaída industria cinematográfica yanquee; el de los pesimistas que continúe la saga de león herido inaugurada por Bush hijo como medio de ralentizar el colapso estadounidense. Pero tampoco faltan los paranoicos de quinto enjuague, a la vez entusiasmistas profesionales, que ven en Obama el ocaso del papel de padre machista que protagonizan los EE.UU en américa latina, en especial en Cuba y Venezuela.

Lo que ocurrirá será nada más que lo que resulte del consenso entre los dueños del mundo y el capricho de la mayor cantidad de obesos papafriteros, que en dichos lugares se hacen llamar ciudadanos. A Obama le harán poner la cara, para que luzca su bella sonrisa, y su rúbrica, lo demás es cuento conocido.

De que Obama puede no me cabe ninguna duda, los gringos siempre han elegido presidentes competentes, hasta Bush lo ha sido en relación a sus inexpresables motivaciones. La pregunta es qué es lo que puede, y dentro de su escaso margen de maniobra qué es lo que quiere.