domingo, 1 de junio de 2008

Más Paquistas que el Paco.



José Bernales no fue un demonio, no, pero lejos estuvo de la santidad; sólo la muerte repentina lo compara a los mártires. En los medios conminó a los asaltantes del BICE a no quedarse dormidos y algunos de los sospechosos tuvieron que dar jugo en Bariloche para que los pillara la gendarmería argentina que hasta la fecha no los regresan. Hace un mes defendió a brazo partido a Aldo Vidal luego de ser acusado de actos de corrupción contrariando tanto las normas de la etiqueta como de la probidad. El jueves muere “en actos de servicio”, junto a su señora, su edecán y la señora de éste. Me pregunto si es adecuado que el jefe de la policía asista a un acto oficial como si se tratara de un fin de semana en la playa con sus amigos. Si el estado chileno o panameño pagó pasajes de más, alojamientos y comidas de más, para que los policías no se sintieran solos, es una situación que no cabe investigar ya que los responsables directos están muertos: Sólo pido que se inhiban de presentarlo como un santo.

Aquellos que por el contrario lo consideran un demonio por su actuación en la araucanía y el incremento de la violencia institucional en los conflictos sociales les diré que el finado no se mandaba solo, y que los artífices de esas nefastas políticas, criminales en el amplio sentido de la palabra, fueron mostrados como seres humanos, deudos, sorbetéandose la nariz: Felipe Harboe, Javiera Blanco (ex directora de estudios de Paz Ciudadana) y la mismísima Bachelet son quienes dan las ordenes para que suelten a los perros. Es que era “tan humano con los suyos”, es verdad qué duda cabe, pero Hitler y Stalin también eran muy humanos con los suyos.

Cada carabinero es un obrero más, de aquellos que ocupan un lugar nefasto desde luego, como el cajero del banco, el vendedor de chucherías, el cobrador o el micrero. Son quienes reciben nuestras quejas y nuestros reproches, y mediante su pequeño pero real poder expresan su resentimiento.

Los responsables se las pasan en cócteles y si se les llega a morir uno, aunque este lo haga en actos de improbidad, lo lloran y nos obligan a todos a acompañarlos en su duelo.

Me preguntó de dónde surgió la orden para que TVUC, Chilevisión, Mega y TVN transmitieran en directo las exequias de José Bernales y quién lo financió. Recordemos que debieron ser aplazados compromisos comerciales y por lo tanto debió haber consentimiento en una multiplicidad de avisadores, para que se transmitiera en directo y sin interrupción grandes franjas los días jueves, viernes, sábado y domingo.

Pedir racionalidad en ciertos asuntos resulta incómodo, inoportuno e inapropiado, esto por que las termitas de la razón de estado, del sentimentalismo barato y de la religiosidad espiritualista e hipócrita se encuentran enquistados en lo más profundo de nuestra sociedad.

¿Porqué no le ponemos José Bernales al estadio nacional? Mejor que eso ¿Porqué no le ponemos a la novena región José Bernales ex de la araucanía? ¿Porque no lo ungimos beato si ya produjo el milagro de unirnos a todos en torno a los valores patrios? Porqué no se van un rato a la mierda...

Sin Fines Emergentes.


Dentro de los diversos proyectos emprendidos en la UDIPE se encuentra la revista “Sin Fines Emergentes”. Se trataba de una radicalización del “Daño Emergente”, revista escrita desde el resentimiento y la marginación. Pensada, escrita e impresa en Zenteno 120, sitio en parte prestado y en parte “okupado”, por Jorge Ojeda, Eugenio Baeza y Ariel Zúñiga, nunca llegó a ver la luz – hasta ahora – debido a que la posibilidad de querellas por injurias (pues no hay ninguna calumnia y la exceptio veritatis está de nuestro lado) era muy alta.

Lejos de la coyuntura nos encontramos, la subo sólo por una compulsión historiográfica.

Bajar Sin Fines Emergentes.

jueves, 29 de mayo de 2008

Conmemoración del Mayo del `68: Una vez al año no hace daño.


La izquierda se ha convertido en un continuo retorno a las causas del fracaso, al relato del fracaso y hasta la celebración del fracaso. A falta de proyectos, a falta de coherencia en los socialismos reales del siglo XXI, urge escarbar en la herida a ver si en ese tormento es posible exorcizar los fantasmas del cambio social.

A cuarenta años del mayo francés Sarkozy, en una actitud típicamente derechista, aleona a los whiskierdistas apoltronados de hoy vituperando en contra de la farra de la cual muchos fueron testigos y pocos protagonistas. Hay que enterrar el mayo del 68 y de pronto, al igual que el bloqueo a Cuba, es la derecha quien da respiración artificial e impide la eutanasia.

Revolución, gracias al mayo nostalgiado, se ha transformado sólo en una palabra. Cuando el propósito era derribar las murallas entre arte y política desnudando el contubernio entre saber y poder lo que obtuvimos a cambio fue que la política y el saber emularan la banalidad del arte y el cinismo del poder.

Basta de querellas sobre quién fue más reaccionario, el balance está en cada esquina: Fracasamos, una vez más.

Hace dos años los pingüinos estallaron y muchos corrieron a los sótanos a buscar las antiguas banderas pero cuando precisaron de nosotros TODOS miraron para el costado: Ni CUT, ni CTC, ni PC, ni MIR, ni MPMR, ni dineros venezolanos ni cubanos.

Cuando el horno está para bollos muchos evitarán, a costa incluso de quemar sus manos, a reconocerlo. Siempre estarán los fríos de espíritu que siempre encontraran postergable la orden de Arturo Prat “al abordaje”; siempre existirán los que quieren explicar “las mil maneras de porqué no se la jugaron entonces, cuando había más de algo que perder”.

El mayo fue de los jóvenes irresponsables, entusiasmistas, termocéfalos, guitarreros y garraferos, pero el sistema no estaba preparado para ellos y si los revolucionarios glaciares de su época lo hubieran comprendido habrían protagonizado la historia en vez que padecerla.

Escuchemos a Sarkozy, olvidemos lo que es y lo que representa y tomemos sólo sus palabras: Enterremos de una vez por todas el mayo del 68, y de paso, el 73 y el 89. Pensemos en las próximas revoluciones; guardemos las energías para la próxima llamada de la historia y la memoria, para denunciar oportunamente a los excesivamente razonables de siempre.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El Derecho y las Cosas:

Una Respuesta a Eduardo Galeano.


Soy porfiado, duro como talón de chilote así me decían en el sur. Galeano no me responderá ni me leerá, muchos se taparán los ojos antes de soportar que un advenedizo ose desafiarlo. Pero para los que aún estén por las razones aquí vienen las mías:

Un acierto que Galeano reparara en que la corte suprema de los EEUU le concediera el derecho de propiedad a las personas ficticias, pero nuestros estados no se rigen por tales estatutos. En algunos asuntos no basta la voluntad de una corte sino que de muchos actores. Siempre fue posible cuestionar este criterio hasta que las rondas de Montevideo lo consagraron para todos. Mucho antes de eso, en Chile se acepta hace bastante, que exista propiedad sobre los derechos lo que constituye el doble opuesto a este principio. Una cadena de supermercados puede ser víctima de un delito, sea de hurto o de estafa, y no puede ser autora. En teoría el derecho consiste en una ecuación: crédito-obligación y derecho-deber, dependiendo si estamos dentro de lo privado o de lo público. Dentro de lo privado transamos bienes que son cosas susceptibles de tráfico jurídico. Lo que ocurrió en los EEUU por decisión jurisprudencial y en el resto del mundo de facto, es que se aceptó que las personas ficticias -sociedades comerciales o sin fines de lucro- pudieran ser dueñas de cosas, es decir de bienes. Utilizando la manida frase de Marx “el imperio de lo muerto sobre lo vivo” ya que en su teoría las cosas no son más que trabajo muerto. Aquí nos encontraríamos con algo aún más intenso: Lo muerto nos gobierna, tanto a vivos como a muertos. Si las cosas aparte de ser tales, se acepta que tengan derechos, no hacemos sino alimentar el vortex en el centro del río. O la Coca Cola tiene derechos, y de paso también los recursos ecuatorianos, o simplemente sólo tienen poder que intentan legitimar mediante un trasnochado argumento.


Estas cuestiones son las que permiten afirmar cómodamente que el derecho es muy distinto a lo que las teorías jurídicas dicen que es y que las relaciones sociales no se cambian por decreto.


Si analizamos el derecho desde lo que es en vez que de lo que debería ser nos encontramos que sobran muchas leyes y constituciones, empezando por las latinoamericanas, ya que no existiendo una amenaza convincente a la transgresión la juridicidad no es más que literatura de mala calidad. Por el contrario, cuando esa amenaza sí es convincente, como cuando se instala un portaviones yanqui en nuestros puertos, ninguna ley perforará su coraza y ninguna razón les hará pedir disculpas.


La inflación verbal, y la inflación legal, son recursos populistas del mismo modo que la inflación monetaria: Son impuestos encubiertos que se venden como prosperidad simbólica a los pobres y humillados de siempre. No implican ninguna garantía para ellos, ni tampoco una motivación. Se trata de un opio que los adormece, de un parásito que los carcome. Los DDHH no han impedido muertes del mismo modo que los “derechos de cosas” no impedirán que estas sean usurpadas o mancilladas, en desmedro y a juicio de nosotros por supuesto.

El derecho romano imperial basta y sobra para emancipar al mundo, las preguntas que caben son otras: ¿Quienes gobiernan al mundo y qué intereses detentan?

Según el derecho civil más precario existen las cosas apropiables (bienes) y inapropiables que por extensión son incomerciables. Estas últimas lo son por su naturaleza o por su destinación. Las cosas incomerciables por su naturaleza les pertenecen a todos.

Estos viejos y universales preceptos también contemplan que quien cause daño debe indemnizar es decir, resarcir con dinero la merma producida. Entonces, quien daña a la naturaleza debe indemnizar a sus dueños, es decir a todos.

Sólo se intenta cuadrar una elipse diciendo una brutalidad como que las cosas tienen derechos ya que el problema de base es que las externalidades negativas, principalmente ambientales, que producen los ricos en el aire y las aguas de todos no las pagan y no es por falta de derechos ni de tribunales sino porque no existe ningún poder por encima de ellos o al menos alguno que pueda mediar en semejante conflicto. Los ricos y poderosos lo son porque PUEDEN, y si los pobres pudieran someterlos bajo sus leyes ya todo estaría resuelto.

El derecho a “al menos poder reivindicar derechos”, que defiende Galeano es una muestra cabal de que quienes queramos hacer algo por este mundo estamos solos y no contamos con ningún precedente: Al menos dentro de los vivos.

Señor Galeano, entérese, no queremos reivindicar fantasías, luchamos por lo tangible.
sábado, 24 de mayo de 2008

La Nueva Marcha de los Pingüinos.

La insatisfacción por los anuncios presidenciales en la cuenta anual del veintiuno de mayo es la razón con que los medios de comunicación han explicado las últimas movilizaciones estudiantiles. Sin embargo, desde las conclusiones de la comisión presidencial de enseñanza la situación no ha variado un palmo y no existía ninguna expectativa que la presidenta variara una política con más de veinticinco años de vigencia. La LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza) y el proyecto de una ley general de educación discurren sobre los mismos supuestos que aprisionan al país en la dependencia económica y cultural, y a las clases subalternas fatalmente condenadas a seguir siéndolo. Un cambio en la educación obligaría a reformar algo más que leyes: El sistema actual de enseñanza es coherente con las estrategias de desarrollo de la elite; pretender otra educación es pensar en otro país.

Esta es la razón por la que se frustren una y otra vez las esperanzas de los estudiantes, aunque sean razonables y compartidas por la mayor parte de la población ellas se encuentran en punto de colisión con la sociedad que pactaron algunos en las postrimerías de la dictadura. El ministro que sea debe ante todo procurar que el proyecto desplegado persevere y para ello cuentan con el alto auspicio de los propios estudiantes quienes en su dirigencia el gobierno encuentra su quinta columna.

Siempre se puede pagar a la mitad de los pobres para que maten a la otra mitad, esa es la gran debilidad de cualquier proyecto que intente buscar su poder en las mayorías. Sin embargo en los segundarios es difícil encontrar tantos dispuestos a traicionar pero aún se encuentran los suficientes.

En la universidad el asunto es diametralmente opuesto: En primer lugar la gran mayoría suscribe a grandes rasgos el sistema del cual el educacional es un reflejo; en segundo lugar la política universitaria es usada como un recurso más de capitalización individual que al igual que las evaluaciones implica obtener plazas laborales en el mismo sistema que se dice cuestionar. En la universidad latinoamericana se observa con crudeza un fenómeno que podríamos denominar izquierdismo situacional: Del mismo modo que algunos reclusos heterosexuales mantienen relaciones homosexuales consentidas cuando cumplen largas condenas para soportar la soledad, la desesperanza y los apetitos naturales, y al salir continúan la vida como la llevaban antes de la prisión, los estudiantes, sobre todo los de las universidades tradicionales, son más izquierdistas de lo que pudo haber sido Marx y Bakunin en sus mejores momentos, pero al egresar siguen siendo tan momios como lo eran sus padres puesto que la sociedad es esencialmente injusta y sólo unos pocos pueden estudiar, egresar e ingresar al mercado del trabajo entretenido y bien remunerado. Quienes lo han logrado defenderán su posición del mismo modo que lo hicieron sus padres que les financiaron la carrera o les dieron las facilidades para hacerlo. La universidad los ha dotado de un amplio bagaje para poder explicar este giro y al ser una tendencia generalizada casi nunca se enfrentan al tener que dar explicaciones. Se trata de pecados de juventud que “todos cometemos”, “aquel que cuando joven no es comunista no tiene corazón y aquel que sigue siéndolo no tiene cabeza”. Desde luego que alguien que logra separar dos ámbitos tan imbricados como el corazón y la razón es porque carece de ambos.

En los segundarios nadie proviene de la clase dirigente y por lo mismo no se observa ese fenómeno de luchar miméticamente y dentro de lo meramente simbólico. Está claro que se están jugando la vida por todos, por algo ni siquiera deben decirse ni sentirse de izquierda para serlo. Sin embargo algunos de ellos tienen hermanos mayores o padrinos que ya les envenenaron la mente y les enseñaron el viejo método de capitalizar individualmente a costa de acarrear las hordas al matadero. Un joven de quince años que ingresa a un partido político, considerando lo que hoy es un partido político, es alguien prematura y definitivamente viejo. En los liceos “emblemáticos” es muy difícil encontrar algún dirigente que no milite; cuando eso ocurre no es su ingenuidad lo que lo traiciona sino que la omertá de los partisanos la que desata las puñaladas desde derecha e izquierda contra la independencia. Es que en la esencia existen muy pocas diferencias entre un quinceañero que milite en las juventudes comunistas con otro que lo haga en la UDI y muchísimas entre éstos y otro que pretenda ser un agente de la voluntad de sus compañeros en vez que de los profanos intereses de algunos burócratas de la política.

El problema de la educación es el problema del país y por eso ninguna comisión, menos una destinada a ganar tiempo y a desmovilizar, va a solucionarlo.

Cada año desde mediados de abril y hasta finales de mayo los estudiantes universitarios se movilizarán para reivindicar su derecho a ser rebeldes mientras les dura su breve y caricaturesca juventud; los segundarios mientras no comprendan que su lucha no tiene precedentes, ni en los estudiantes universitarios nacionales ni en los extranjeros, y que ser de un partido cuando hay tanto en juego debe castigarse con el exilio, no podrán transformarse en una fuerza destructiva, constructiva y refundacional.


jueves, 15 de mayo de 2008

Creer.


Todo tiene una causa así que la causa última de todo es dios, el creador, ¿y quien es el creador de dios? La primera afirmación es la cita que día a día los creyentes cristianos hacen de Tomás de Aquino y la pregunta que la sucede es la que niños de todo el mundo le espetan sin obtener en la vida una respuesta satisfactoria. Este tipo de diálogos siempre terminan con una sentencia de parte del creyente: Se debe tener fe.

La fe es entonces creer en todo y en cualquier cosa. Si todo se reduce a creer no puedo entender el límite entre hacerlo en el big bang, la selección natural, la eficiencia del mercado, el dios cristiano, los dioses griegos o el horóscopo. O como dice hoy en día un astrónomo del vaticano, paradojalmente científico y creyente al mismo tiempo, creer en dios no obsta a creer en seres extraterréstres.

¿Pero acaso su dios no es un extraterrestre? No necesariamente; de acuerdo a las teorizaciones más usuales sobre la creencia cristiana dios o es supraterrestre o es el todo incluyéndonos.

Lo que quiero hacer notar es el uso y abuso que se hace de la ciencia de parte de aquellos que no la practican con rigor ni pretender hacerlo. Estudios forenses en reliquias a las que se le atribuyen poderes sobre naturales; eruditos que validan milagros; y ahora astrónomos que exteriorizan sus más delirantes conjeturas: Es posible que estos seres extraterrestres no hayan cometido el pecado original y que por lo tanto no vivan en pecado como nosotros.

Palabrerías vacías que se propagan con la velocidad de los vientos y que prestamente encuentran su lugar en las cabezas previamente vaciadas.

Si todo se trata de fe, y de creer, les sugiero que crean en ustedes mismos ante todo en vez que en los expertos en lo desconocido, lo que no se ve, no se percibe que además se financian con limosnas reales y terrenales.

martes, 13 de mayo de 2008

Femicidios.

17 de Julio de 2008

Comprender no es justificar ni es aplaudir. Que un joven, exitoso en todo lo que nuestro sistema demanda, mate a su ex pareja es una bestialidad sin atenuantes. Pero eso no justifica que la Secretaria del SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer) diga que la muerte de una mujer no le importa a nadie.

En nuestro país ocurren muy pocos homicidios. Para que quede claro, en términos porcentuales cuatro veces menos que en argentina y casi veinte veces menos que en los EEUU (Sin contar Iraq). Y la mayoría de los homicidios se tratan de actos inevitables mediante cualquier política criminal: Riñas familiares, de amigos y de parejas.

Cuando se habla de Seguridad Ciudadana sin duda nadie se refiere a la posibilidad remota de que nos maten en la calle, o de que un psicópata nos aceche: Se habla del Chompiras y el Peterete robando celulares o gargantillas de oro y de "pasteros", robando cilindros de gas y la ropa que se seca al sol.

Hasta en eso nuestro país es subdesarrollado: La delincuencia es miserable y su impacto en la economía sería superfluo si es que los ricos no la asumieran desde la hipocresía moral y jurídica con que hoy se hace.

Las muertes violentas que se producen son en su gran mayoría accidentes de tránsito y suicidios.

Pero el caso de los denominados femicidios es muy distinto. Se trata de situaciones que no admiten diferencias económicas o nacionales y en que nuestras altas tasas son bajas si se comparan con cualquier país civilizado y del cual no existe nadie que pueda dar cátedra sobre cómo disminuirlo.

¿Cómo combatimos los femicidios? Soy de aquellos que tienen el prejuicio cultural de que para abordar un problema primero hay que comprenderlo, pero este es uno de esos casos es que es políticamente incorrecto tan sólo hablar de ello.

Es que sólo se admite que digamos que hay que pudrir en la cárcel a los femicidas pero en ningún caso se acepta que se ponga en cuestión el concepto de femicidio o que se provoque con ocasión de ello una discusión de género. Al menos que sea una de aquellas que concluye que los hombres son malos y las mujeres pobres víctimas.

El hombre (me refiero al concepto de ser humano) hace muy poco tiempo dejó de utilizar sus manos para matar a otros animales y devorarlos crudos, y de matar a otros hombres para intimidar, defenderse o simplemente entretenerse. Es más, aún a ciertos hombres se les conceden medallas por hacer exactamente aquello.

En nuestras espaldas cargamos un horrendo precedente que la cultura, se supone, intenta neutralizar. Pero nuestra cultura sigue dependiendo de la violencia más brutal para sostenerse.

Convengamos en que no existe esta distorsión y que existen sociedades en las cuales la violencia se ha superado y se convive civilizadamente. En esas sociedades el hombre, esta vez en su acepción restringida, posee la misma testosterona que le permitía luchar con mamuts y dientes de sable para lidiar con filas en el transporte público, sueldos miserables y un mundo que no ha elegido y que lo oprime. Con un sistema cultural que premia al afeminado destestosteranizado y a las mujeres, y que relega al otrora gallardo guerrero a un lugar subalterno.

Y algunos no pueden. De pronto, la vida les cae como avalancha, y aparece el asesino reprimido que todos llevamos dentro, y él toma el control de nosotros por un momento. Un momento suficiente para dejar llorando de por vida a muchas personas.

¿Y qué hacemos? No lo sé. No aventuro ninguna solución al problema, ni siquiera provisional.

Para apresarlos hay que esperar que ataquen y aquellos que atacaron están tan arrepentidos que si pudieran optar a la pena de muerte por sí mismos la solicitarían.

Quienes hayan sentido palpitar su corazón sabrán de lo que estoy hablando, y quienes hayan estudiado un poco, sabrán que ese palpitar es el padre de todo lo bello y lo sublime que hay en este mundo.

Reprimir, no nos protege de la bestia, e intentar la muerte de la bestia en nosotros significa condenar a nuestra civilización a la paz de los cementerios.

Y peor que eso. Vencer esa bestia que está en nosotros es capitular ante la violencia organizada de los ricos para mantenernos inmóviles.