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Discriminación Étnica y de Género.
¿Podemos vivir sin diferencias?
El ciudadano belga Didier van den Hove, fue detenido en la ciudad de Puerto Natales, en el extremo sur de Chile, en un hotel junto a dos jóvenes de diecisiete años. Los funcionarios del hotel habían denunciado previamente que algo "raro" acontecía en la habitación posteriormente allanada. Lo relevante del caso es que hasta el momento nada "raro", o anormal, tampoco nada ilegal, ha sido mencionado como justificación del actuar de los funcionarios, de la policía y del ministerio público: Todo se trataba de una reunión de amigos. No habían drogas ilícitas, tampoco se ha acusado al ciudadano belga de incitar al consumo de alcohol o venderle cigarrillos, no existía un cadáver que se apretaran a descuartizar, etcétera. Lo que ocurrió es que con ocasión del allanamiento, provocado nada más por la prolífica imaginación y falta de distracciones de los botones de la ciudad austral, se descubrió que el ciudadano belga, el que se desempeña como actor de la televisión colombiana, sostenía una relación sentimental con uno de los menores y que por ende practicaban sexo.
El actor explicó que la reunión con esos amigos se debía a que tenía un romance con uno de ellos, el cual había invitado a un amigo, y eso bastó para que se lo detuviera, se lo formalizara por sostener relaciones sexuales con un menor de edad, y que se decretara una medida de protección, que en la práctica es similar a que lo detuvieran, a "favor" del último.
Si en vez de tratarse de una relación homosexual esta hubiera sido heterosexual, no habría producido ni escándalo ni consecuencias legales ya que la ley chilena acepta el consentimiento desde los catorce años. La excepción la constituyen las relaciones homosexuales entre adultos. La explicación de la abogada del SENAME (Servicio Nacional de Menores) clarifica la posición del gobierno: "Lo que ocurre es que las relaciones de este tipo (sic) son jerárquicas y violentas por definición" (TVN, medianoche, 18 de Agosto de 2008) Quiere decir que existen relaciones y relaciones, unas lícitas y otras no, las primeras son horizontales y pacíficas y las segundas jerárquicas y violentas.
El ciudadano belga a la postre fue liberado, en la práctica deportado, luego de que consignara una multa, se lo obligara a pedir disculpas, suspendiendo el procedimiento en su contra bajo la condición de que nunca más ingrese al territorio nacional. Dejemos consignado que en este país viven torturadores, según muchos hasta ex jerarcas nazis, y visitan con regularidad, a lo menos una vez al año debido a la FIDAE, peligrosos criminales dedicados al comercio de armas. Sin embargo el enamorado actor no podrá volver a Chile, continuar su romance, a lo menos en nuestro territorio, salvo que los padres del menor lo autoricen a viajar a Colombia, en donde sí es lícito como en cualquier otro lugar civilizado practicar sexo consentido con un joven de diecisiete años. Si eso ocurriera ¿el SENAME impediría tal viaje? A estas alturas no me sorprendería. Lo más absurdo de todo es que si esperara unos cuantos meses podría hacerlo de todos modos y sin pedirle explicación a nadie.
* * *
En Vilcun, región de la Araucanía, Luchsinger ha declarado ser víctima de unos comuneros mapuches quienes le habrían quemado los edificios de su fundo en donde funcionaba una lechería. Él y su señora son los únicos testigos. Las empresas de seguros han considerado a esta región como altamente riesgosa para este tipo de atentados y por lo tanto se niegan a suscribir pólizas con los terratenientes del lugar. Pero el señor Luchsinger tenía una de hace veinte años, según se ha dicho, es el único agricultor en la zona que tiene una. Debido a esto recibirá un suculento cheque, de la aseguradora Mapfre, por quinientos millones de pesos (un millón de dólares)
En casos similares las sospechas, tanto de la prensa como de las policías, recaen en la "víctima", máxime si ésta no ha sido lesionada y es el único testigo de los hechos. Para eso no hay que ser Sherlock Holmes ni el Dr. Grissom de CSI ¿porqué su versión es validada por todos y de inmediato? Porque acusa a los Mapuche.
La hipótesis de un autoatentado, de un típico fraude de seguros, ni siquiera se ha "manejado extraoficialmente" como suelen decir los periodistas; hasta la presidenta "lamentó los hechos" y dio el respaldo explícito para encontrar y sancionar a los responsables (Mapuche) Si las evidencias apuntaran hacia Luchsinger finalmente y este debiera ser condenado una vez más nuestras autoridades utilizarán la tesis del error común como lo hicieron cuando Foxley (el canciller) informó que se había encontrado un multimillonario depósito de oro de Pinochet en el HCSB de Hong Kong. Sin embargo cuando sus propios funcionarios son descubiertos como ratón de molino saqueando fondos públicos "las instituciones deben funcionar" y rige la presunción de inocencia en forma absoluta, como no lo hace en ningún otro sitio de nuestro planeta. Se ha llegado a extremos impresentables, como el de Matias de la Fuente, por nombrar a uno de los que fueron "salvados por la campana" de la prescripción luego de que el propio gobierno hiciera todo lo posible para ralentizar los procesos judiciales.
* * *
Qué tienen en común estos hechos, a parte de dejar en ridículo una vez más a nuestra prensa y autoridades: Uno es un típico caso de discriminación de género, en específico, a los varones homosexuales; el segundo de discriminación étnica.
Son casos como estos los que refuerzan la posición de los activistas que identifican al género y a la etnia, como fuentes de causas defendibles en sí mismas: Se debe visualizar la discriminación de género, por ejemplo, para que situaciones como las descritas no vuelvan a suceder.
* * *
Relevo los dos casos mencionados pues me parece inadmisible la posición oficial frente a ellos pero me niego a caer en la trampa del simplismo activista y del particularismo ciudadano. El sistema en el que participamos, que genéricamente lo podemos denominar civilización y en específico capitalismo, pende en la desigualdad entre los actores del mismo. Esta disparidad, que es continua desde una minoría privilegiada a una mayoría marginada, es una cuestión de poder es decir, es al mismo tiempo económica, política y cultural.
Si hacemos tabula rasa y le depositamos a cada ser humano sobre la tierra el mismo dinero en menos de un mes habrán unos con mucho y otros con poco; esto sucederá porque las influencias políticas pesaran a la hora de regular las transacciones y las determinantes culturales para todo lo demás.
Del mismo modo si conseguimos superar definitivamente las discriminaciones de género y de etnia al persistir las determinaciones culturales, que sobrepasan con creces a la caricatura étnica, las políticas y las económicas, el mundo no estará un poco más igual de lo que está ahora, ni tampoco un poco mejor: Las cargas y las recompensas seguirán desigualmente distribuidas, aunque la legitimación en su faz ideológica haya variado para sostener un mundo diferente en la superficie.
* * *
El capitalismo tardío, en tanto sistema de producción que encubre mediante su compleja ideología liberal el que unos viven a expensas de otros, no precisa más desigualdades que las que origina la propiedad de los bienes. Algunos confunden propiedad con un documento, craso error, propiedad es dominio es decir, es la disposición de bienes. No es propietario el deudor hipotecario perpetuo, menos si el producto de su trabajo se destina a engordar los bolsillos de otros; tampoco el que debe obligadamente trabajar aunque su sueldo sea altísimo. Los propietarios son aquellos que han logrado superar el círculo vicioso de la pobreza y se encuentran en la espiral virtuosa de la acumulación. Ellos ponen el dinero, los demás la fuerza física, la pericia, la inteligencia, o la mera presencia. Ellos no trabajan, sólo cuentan sus fichas y las ordenan en la mesa. Son otros a los que se les paga por utilizar su tiempo los que operan los escasos bienes de los propietarios, sean materiales o culturales, agregándoles valor e incluso creando otros nuevos.
La compleja ideología liberal, subsumida en la aún más compleja ideología del hedonismo, presentista, consumista, informatizado y globalizado, no requiere más discriminaciones que las de segmentos de consumo, o de objetivos comerciales (Target). Si el sistema sigue su curso sin ninguna variación sustancial en menos de cien años habrán desparecido todas esas aprehensiones y reticencias provenientes de ideologías precedentes.
Si nada más observamos el desarrollo de la ingeniería genética es posible en muy poco tiempo, al menos técnicamente, disociar definitivamente la reproducción humana de la mujer, disipando con ese sólo hecho la actual división sexual del trabajo determinada por la maternidad.
Los estudios demográficos por su parte concluyen que la división fenotípica del mundo será muy pronto cuestión del pasado cuando los millones de seres humanos, insisto en que sólo es una extensión optimista del presente, sean todos mestizos. Los caracteres dominantes de la piel oscura y el cabello ondulado por ejemplo, extinguirá tanto a caucásicos como a japoneses, dejando en un lugar muy distante las querellas étnicas las que en gran parte hoy no son más que burdos atavismos eugenésicos de principios del siglo XX.
Ya la sociedad de hoy obliga a una socialización globalizada que fuerza, pese a las diferencias idiomáticas y gastronómicas, a que todos discurran en el mismo mundo, aunque ocupen en él roles diferentes, la mayoría de ellos heredados.
Las diferencias serán puestas, tal como ha sido desde que hay civilización, por la disposición de bienes es decir, por el dominio, por el poder, el que será manejado por unos a expensas de otros mientras no comprendamos que es eso lo determinante y no el bailar la música que los ideólogos programan.
Sexo y Amor: La Tragedia y el Milagro.
Machismo, feminismo; el poder en la intimidad.
No sabemos qué enfermedad padece la humanidad en nuestra época pero sí conocemos sus principales síntomas: El aburrimiento y la soledad. La publicidad explota las carencias, los miedos y los deseos; la insatisfacción es la principal causa del excesivo uso, o más bien abuso, del sexo para la venta de productos puesto que poseería la cualidad de combatir el aburrimiento y la soledad al mismo tiempo. El sexo sublimado en el amor convoca a aquellos que o bien no conocen su práctica habitual con otros o aquellos que han descubierto que el sexo por sí sólo o con meros fines recreativos también llega a producir aburrimiento y soledad. La muerte de dios, por su parte, conduce a que las personas vehiculicen sus deseos trascendentales y místicos en otros seres humanos principalmente en los más cercanos.
La publicidad se sirve de los avances de la biología y en especial, los de las neuro ciencias. Manejan las pulsiones atávicas con maestría: Los frontales de los automóviles asemejan rostros apelando al hipotálamo y su inveterada capacidad de distinguir uno de otro, y el sentirse atraído por uno de determinadas características; con la exhibición de los glúteos capturan la atención de hombres y mujeres reduciéndonos a nuestra animalidad original.
La insatisfacción sexual y afectiva se encuentra en directa proporción a nuestras erróneas expectativas de que nos van a librar del tedio y de la soledad. Todos tenemos derechos a satisfacernos sexualmente, a realizar nuestras fantasías, y tenemos derecho a amar y ser amados. Esa exigencia inicial ya impide que el sexo o el amor fluyan. Ambos son evaluados con los criterios ingenieriles que nos rigen: Cantidad, frecuencia, dimensiones, proporciones, etc. Es más, el sólo hecho que podamos disociar el sexo y el amor, y a ambos, de la vida misma, constituye un síntoma más de aquella enfermedad que sin diagnosticar ni tratar se la medica con sexo, amor y drogas.
El feminismo surge y se desarrolla en la modernidad como una extensión de la filosofía materialista: La mujer no es inferior al hombre, es más, existen vestigios históricos de sociedades matriarcales y también de civilizaciones en que la mujer ocupaba un rol muy diferente a la de la Europa victoriana. Sin embargo, al igual que la mayoría de los movimientos radicales del siglo XX, se torna en un discurso metafísico: La construcción social de la realidad es lo que explica que nuestra sociedad sea machista y otras no, la cultura subsume a la naturaleza a tal punto que el hombre termina viviendo en una matrix o en una eterna caverna; todo no es más que lenguaje, discurso y apariencias.
Gracias a ese vuelco al idealismo de los movimientos radicales los gobernantes del mundo pueden investigar sin que nadie los moleste cómo manipular, cómo vender y cómo persuadir apelando a lo primitivo, a aquello que los radicales actuales ni siquiera son capaces de observar como social o real. El hombre no es un hommo sapiens para ellos, es sólo sapiens. Mientras las feministas corrigen textos intercalando arrobas ahí donde debieran haber letras “o”, los grupos comprometidos con el mantenimiento del sistema nos tratan como chimpancés o bonobos y les resulta.
El sexo a fin de cuentas, siendo una extensión de la comunicación, corre su misma suerte, el de la tragedia y el milagro: Sólo es posible en la ausencia de jerarquías y sin embargo la sociedad toda se encuentra jerarquizada. Es milagróso que el hombre pudiera producir órganos idóneos para procurarse placer de un modo incomparable al resto de los animales pero es trágico que las relaciones sexuales sean otras relaciones más de poder entre tantas otras. Los análisis sobre la prostitución son superficiales y sesgados quien se procura una pareja con la finalidad de tener descendencia, incrementar su patrimonio, obtener seguridad, estatus, etc, se sirve del milagro como una acción sujeta a fines más. La maravilla del lenguaje se utiliza para vender un producto, por ejemplo, y la del sexo para obtener poder, mantener poder e incluso para ejercerlo.
Que separáramos al sexo de la vida misma, que hubiéramos hecho lo mismo con el amor galante o modo occidental de expresar la sexualidad, y que luego acercáramos la lupa cada vez más cerca de esas partículas arbitrariamente separadas, es parte de nuestra compulsión moderna de separarlo todo, de analizarlo, pero sin ser capaces de asociar los resultados, sin saber como recomponer el todo diseccionado. Cuales niños destruimos a los juguetes desarmándolos pero luego no somos capaces de armarlos y conseguir que funcionen. Mediante el análisis destruimos a la sociedad, las clases sociales, a la familia y a cualquier comunidad mediante la invención del individuo. Y es ese individuo, el gólem, el Frankenstein, el que se siente infinitamente solo al no poder sentirse parte de la humanidad, de un propósito, de principios y finalidades. Para disipar esta orfandad esencial es preciso distraerse, someterse a estímulos externos que produzcan secreciones de endorfinas o que ellas se sustituyan con drogas es preciso, en otras palabras, entretenerse. Disfrutar la vida es coleccionar viajes, aventuras y sensaciones. Pero las resacas se encargan de recordar de tanto en tanto la soledad a la que nos enfrentamos, la trivialidad de nuestro origen, la banalidad de nuestro legado, la insignificancia de cada esfuerzo individual frente a la inconmensurabilidad del todo.
Individuos dispersos, distribuidos jerárquicamente en un mundo gobernable en que otros individuos llevan al paroxismo su pleurexia, su gula, su culto al dios moderno llamado crecimiento en que todo lo bueno siempre es más: Más veloz, más grande, más numeroso, más costoso.
Ordenados como palitroques, impávidos, inmóviles, frente a los embates de las bolas de acero que nos tumban, intentando lidiar la infinita soledad buscando a otro que nos dé compañía, entretención, sexo. Como una asociación mercantil, por conveniencia mutua, proliferan las parejas que procuran combatir de a dos en contra de la hostilidad de millones. Pero el individuo no se disuelve ni en la simbiosis y las mismas jerarquías presentes en la sociedad se reproducen en la pareja y por extensión, en la familia.
El feminismo de principios del siglo veinte era una faceta de un movimiento emancipador de mayor alcance que aspiraba a abolir los privilegios masculinos como parte de un propósito mayor, la abolición de todos los privilegios. Hoy ha proliferado un feminismo que procura el establecimiento o el mantenimiento de los privilegios que gozan algunas mujeres y la lucha por la igualdad, según su original motivación, se ha abandonado a una mera denuncia constante frente a símbolos que supuestamente perpetuarían el dominio del hombre sobre la mujer, pasando por alto que el problema es la jerarquía misma de la sociedad.
Este feminismo misoandro no sólo ha cercado al machismo de caricatura sino que ha demandado de los hombres una profunda transformación que los ha conectado con su “lado femenino”. El hombre de hoy es comprensivo, afectuoso, comunicativo. La paradoja es que los pocos hombres machistas jóvenes que quedan son precisamente algunas mujeres que se comportan como tales, es decir, como las caricaturas de lo que critican.
Esto desde luego ha incrementado la desconexión entre géneros puesto que la mayoría de las mujeres se aburre y no les satisface este hombre nuevo; muchos de estos hombres nuevos se sienten solos a propósito de las múltiples exigencias de estas mujeres nuevas quienes los tratan como un instrumento destinados a su servicio encarnando una venganza por sus madres, abuelas y bisabuelas que fueron instrumentalizadas en antaño.
Lo que sigue dirimiendo es la soledad puesto que el aburrimiento es soportable o más bien, las personas aprenden primero a lidiar con el tedio, incluso la mayoría lo hace en la infancia, pero casi nunca es capaz de vencer a la soledad. La mujer a propósito de su naturaleza - las socio construccionistas deben admitir que la menstruación no ha sido producida socialmente – buscan derrotar a la soledad mediante la maternidad. Hoy es normal y nadie se escandaliza que una mujer se proponga como un objetivo “personal” el traer una persona al mundo. Ese niño corre con una suerte peor que la del que nació sin haberse planificado puesto que carece de la libertad de construir su propia vida. Sin ser la familia un lugar apto para vencer la atomización individualista además se trasforma en una madre o en una pareja que tratan de vencer al tedio y la soledad fabricándose una entretención y compañía de carne y hueso. El sentido que nunca encontraron para sus vidas lo buscaron en otro y tampoco lo encontraron; es preciso concebir a un hijo y en él volcar todas esas falsas aspiraciones.
La incomprensión en la pareja hace cada vez más frecuentes las familias monoparentales en que se replica ese incesto tantas veces criticado. Además el feminismo revanchista y la correlativa masculinización de la mujer y feminización del hombre, hace cada vez más inviable que las relaciones de parejas mixtas puedan atrincherarse afectivamente para lidiar contra la soledad y en contra de las jerarquías del mundo; la pareja y la familia termina reproduciendo a cabalidad todo aquello que se critica. No me sorprende que la soledad siga determinándolo todo y que proliferen las relaciones estables homosexuales como el único modo de aspirar a un poco de comprensión, salvaguardar el hedonismo fundamentalista y evitar el ejercicio de poder en las relaciones de pareja. Ninguna objeción hay frente a eso salvo moralinas ya que los vínculos destinados a la procreación están mostrando ser más frágiles que los que no y, además, la flexibilización de las normas de adopción le permitirá a cualquiera obtener su derecho a tener un hijo mascota.
Sé bien que el responsable de todo es el sistema pero nuestros activismos permiten lidiar con él mientras tanto. Quizá sea la hora de contrarestar este feminismo insano con un nuevo machismo, que perfectamente puede convocar a las mujeres como el feminismo en sus orígenes lo hacía con los hombres. Es más, debiera poder convocar a homosexuales y transgéneros. Quizá el nombre sea controversial pero tan contaminado como éste se encuentra el de feminismo o los términos que quieren abarcar a las minorías de género. Los hombres han sido los más vapuleados puesto que jamás ha pasado por su cabeza el organizarse gremialmente para sostener sus privilegios es más, han aceptado la crítica feminista y de los homosexuales y se han liberado mucho más que la mayoría de las mujeres y homosexuales. Sólo el abandono del activismo particularista y gremial permitirá mitigar, al menos, algunos de los síntomas de nuestra enferma civilización permitiendo erigir una pequeña trinchera en lo doméstico.
Femicidios.
17 de Julio de 2008
Comprender no es justificar ni es aplaudir. Que un joven, exitoso en todo lo que nuestro sistema demanda, mate a su ex pareja es una bestialidad sin atenuantes. Pero eso no justifica que la Secretaria del SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer) diga que la muerte de una mujer no le importa a nadie.
En nuestro país ocurren muy pocos homicidios. Para que quede claro, en términos porcentuales cuatro veces menos que en argentina y casi veinte veces menos que en los EEUU (Sin contar Iraq). Y la mayoría de los homicidios se tratan de actos inevitables mediante cualquier política criminal: Riñas familiares, de amigos y de parejas.
Cuando se habla de Seguridad Ciudadana sin duda nadie se refiere a la posibilidad remota de que nos maten en la calle, o de que un psicópata nos aceche: Se habla del Chompiras y el Peterete robando celulares o gargantillas de oro y de "pasteros", robando cilindros de gas y la ropa que se seca al sol.
Hasta en eso nuestro país es subdesarrollado: La delincuencia es miserable y su impacto en la economía sería superfluo si es que los ricos no la asumieran desde la hipocresía moral y jurídica con que hoy se hace.
Las muertes violentas que se producen son en su gran mayoría accidentes de tránsito y suicidios.
Pero el caso de los denominados femicidios es muy distinto. Se trata de situaciones que no admiten diferencias económicas o nacionales y en que nuestras altas tasas son bajas si se comparan con cualquier país civilizado y del cual no existe nadie que pueda dar cátedra sobre cómo disminuirlo.
¿Cómo combatimos los femicidios? Soy de aquellos que tienen el prejuicio cultural de que para abordar un problema primero hay que comprenderlo, pero este es uno de esos casos es que es políticamente incorrecto tan sólo hablar de ello.
Es que sólo se admite que digamos que hay que pudrir en la cárcel a los femicidas pero en ningún caso se acepta que se ponga en cuestión el concepto de femicidio o que se provoque con ocasión de ello una discusión de género. Al menos que sea una de aquellas que concluye que los hombres son malos y las mujeres pobres víctimas.
El hombre (me refiero al concepto de ser humano) hace muy poco tiempo dejó de utilizar sus manos para matar a otros animales y devorarlos crudos, y de matar a otros hombres para intimidar, defenderse o simplemente entretenerse. Es más, aún a ciertos hombres se les conceden medallas por hacer exactamente aquello.
En nuestras espaldas cargamos un horrendo precedente que la cultura, se supone, intenta neutralizar. Pero nuestra cultura sigue dependiendo de la violencia más brutal para sostenerse.
Convengamos en que no existe esta distorsión y que existen sociedades en las cuales la violencia se ha superado y se convive civilizadamente. En esas sociedades el hombre, esta vez en su acepción restringida, posee la misma testosterona que le permitía luchar con mamuts y dientes de sable para lidiar con filas en el transporte público, sueldos miserables y un mundo que no ha elegido y que lo oprime. Con un sistema cultural que premia al afeminado destestosteranizado y a las mujeres, y que relega al otrora gallardo guerrero a un lugar subalterno.
Y algunos no pueden. De pronto, la vida les cae como avalancha, y aparece el asesino reprimido que todos llevamos dentro, y él toma el control de nosotros por un momento. Un momento suficiente para dejar llorando de por vida a muchas personas.
¿Y qué hacemos? No lo sé. No aventuro ninguna solución al problema, ni siquiera provisional.
Para apresarlos hay que esperar que ataquen y aquellos que atacaron están tan arrepentidos que si pudieran optar a la pena de muerte por sí mismos la solicitarían.
Quienes hayan sentido palpitar su corazón sabrán de lo que estoy hablando, y quienes hayan estudiado un poco, sabrán que ese palpitar es el padre de todo lo bello y lo sublime que hay en este mundo.
Reprimir, no nos protege de la bestia, e intentar la muerte de la bestia en nosotros significa condenar a nuestra civilización a la paz de los cementerios.
Y peor que eso. Vencer esa bestia que está en nosotros es capitular ante la violencia organizada de los ricos para mantenernos inmóviles.
Las Mujeres Arriba.

He sido patiperro y picaflor, curioso y extrovertido, y aún, ni en novelas, he conocido una feminista. Pero todas las mujeres dicen conocer machistas: Madres machistas, niños machistas, y todos los hombres menos los agredidos psiquicamente por su mujer o que aún no salen del closet y esos que dicen tener su lado femenino hipertrofiado. Todos, todos los demás en el momento límite somos machistas.
Eso es no entender absolutamente nada.
Nadie es Machista, punto. El machismo es una forma de relacionarnos por ende, existen relaciones machistas mas no machistas unilaterales y heterónomos.
¿Y las feministas? bueno, también existen mapuches neo nazis y homosexuales opus dei: Es parte de la libertad de culto.
Al machismo se lo identifica con la verticalidad de las relaciones, con el poder determinante dirigido desde arriba institucionalizadamente, con el poder revestido de legitimidad pero con un centro duro de fuerza bruta.
Entonces, lo contrario al Machismo, es también contrario a lo que hoy se entiende por feminismo, al menos por el feminismo de hapy hours que se ha impuesto en nuestro país.
Porque esa parodia de la felicidad orgiástica del obrero, de esclavo liberto bebiendo hasta desfallecer, no es una aspiración del hombre sino que su necesaria lápida. Si pudiéramos elegir, si pudiéramos empezar de nuevo y sustraernos del dolor de miles de años sin duda elegiríamos ser felices: Pero la mujer ha elegido imitar ese patetismo y enmarcarlo como si se tratara de un trofeo.
Aquellos trabajos de mierda de los cuales sólo queremos liberarnos son tomados con gusto por la mujeres por que así se sienten libres.
Y las viejas madres que lo sabían todo con sólo mirar se han transformado en las nuevas que no saben nada aunque se lo expliquen con manzanitas. Todo queda reducido al eslogan del momento y si ayer mi niño era índigo hoy la culpa de todo es el machismo femicida.
Disculpenme que sea tan duro, pero es que uno puede aguantar que se las vean más no que se las aprieten.
Era obvio, mucho antes de las elecciones, que Bachelet era incompetente. Y era obvio que su gobierno no iba a estar completo si no traía consigo a la pandilla de la venganza de las nerd con ella: Y que se colgarían de cualquier coyuntura para sacar a relucir sus traumas individuales; todos aquellos NO que recibieron durante sus largas y exitosas carreras.
Y una vez más una norma que trata de huevonas a todas las mujeres refrendando la interdicción en la cual quieren que se queden.
Normas diseñadas para la Carmela recién llegando de San Rosendo y que son utilizadas luego por las "Amujeradas", pre y post graduadas, para dejar en la calle a sus maridos y en la casa a sus amantes.
Femicidios.
En nuestro país ocurren muy pocos homicidios. Para que quede claro, en términos porcentuales cuatro veces menos que en argentina y casi veinte veces menos que en los EEUU (Sin contar Irak). Y la mayoría de los homicidios se tratan de actos inevitables mediante cualquier política criminal: Riñas familiares, de amigos y de parejas.
Cuando se habla de Seguridad Ciudadana sin duda no se habla de la posibilidad remota de que nos maten en la calle, o de que un psicópata nos acecha: Se habla del Chompiras y el Peterete robando celulares o gargantillas de oro y de "pasteros", robando cilindros de gas y la ropa que se seca al sol.
Hasta en eso nuestro país es subdesarrollado: La delincuencia es miserable y su impacto en la economía sería superfluo si es que los ricos no la asumieran desde la hipocresía moral y jurídica con que hoy se hace.
Las muertes violentas que se producen son en su gran mayoría accidentes de tránsitos y suicidios.
Pero el caso de los denominados femicidios es muy distinto. Se trata de situaciones que no admiten diferencias económicas o nacionales y en que nuestras altas tasas son bajas si se comparan con cualquier país civilizado. Un problema en que no existe nadie que pueda dar cátedra sobre cómo disminuirlo.
¿Cómo combatimos los femicidios? Soy de aquellos que tienen el prejuicio cultural de que para abordar un problema primero hay que comprenderlo, pero este es uno de esos casos es que es políticamente incorrecto tan sólo hablar de ello.
Es que sólo se admite que digamos que hay que pudrir en la cárcel a los femicidas pero en ningún caso se acepta que se ponga en cuestión el concepto de femicidio o que se provoque con ocasión de ello una discusión de género. Al menos que sea una de aquellas que concluye que los hombres son malos y las mujeres pobres víctimas.
El hombre (me refiero al concepto de ser humano) hace muy poco tiempo dejó de utilizar sus manos para matar a otros animales y devorarlos crudos, y de matar a otros hombres para intimidar, defenderse o simplemente entretenerse. Es más, aún a ciertos hombres se les conceden medallas por hacer exactamente aquello.
En nuestras espaldas cargamos un horrendo precedente que la cultura, se supone, intenta neutralizar. Pero nuestra cultura sigue dependiendo de la violencia más brutal para sostenerse.
Convengamos en que no existe esta distorsión y que existen sociedades en las cuales la violencia se ha superado y convivimos civilizadamente. En esas sociedades el hombre, esta vez en su acepción restringida, posee la misma testosterona que le permitía luchar con Mamuts y Dientes de Sable para lidiar con filas en el transporte público, sueldos miserables y un mundo que no ha elegido y que lo oprime. Con un sistema cultural que premia al afeminado destestosteranizado y a las mujeres, y que relega al otrora gallardo guerrero a un lugar subalterno.
Y algunos no pueden. De pronto, la vida les cae como avalancha, y aparece el asesino reprimido que todos llevamos dentro, y él toma el control de nosotros por un momento. Un momento suficiente para dejar llorando de por vida a muchas personas.
¿Y qué hacemos? No lo sé. No aventuro ninguna solución al problema, ni siquiera provisional.
Para apresarlos hay que esperar que ataquen y aquellos que atacaron están tan arrepentidos que si pudieran optar a la pena de muerte por sí mismos la solicitarían.
Quienes hayan sentido palpitar su corazón sabrán de lo que estoy hablando, y quienes hayan estudiado un poco, sabrán que ese palpitar es el padre de todo lo bello y lo sublime que hay en este mundo.
Reprimir, no nos protege de la bestia, e intentar la muerte de la bestia en nosotros significa condenar a nuestra civilización a la paz de los cementerios.
Y peor que eso. Vencer esa bestia que está en nosotros es capitular ante la violencia organizada de los ricos para mantenernos inmóviles.


