lunes, 16 de junio de 2008

Paralización de los Profesores.

Desde los eufemismos de la ministra hasta Peña cuadrando el círculo.


La ministra de educación sigue haciendo gala de su mala educación esta vez con unas declaraciones que hubieran ruborizado a Francisco Javier Cuadra: No hay paro, hay una una jornada de reflexión. Por su parte el alcalde de comuna de la Florida, Pablo Zalaquett, en su calidad de presidente de la comisión de educación de la asociación chilena de municipalidades, dice que él en su comuna habría echado al presidente del colegio de profesores y que dudaba si era capaz de aprobar la prueba de selección universitaria. El domingo Carlos Peña, en su tribuna en el diario el Mercurio, se paseó impunemente desde Wittgenstein hasta Habermas para defender su posición interesada de representante de una universidad privada.

Lo dicho por la ministra es impresentable debido a que el mismo Zalaquett, opositor furibundo y destemplado al movimiento, reconocía que el paro alcanzaba al 70%. Toda política comunicacional debe tener una relación con la realidad; mentir y mentir, pues algo queda, es un método desacreditado y en este caso descalifica a la ministra entorpeciendo que pueda arbitrar una solución. El gobierno sin presentar una solución al problema además colabora transformándose en parte esencial del problema.

Zalaquett no es el ciudadano más indicado como para intervenir en un debate como este; Fuera de su simpatía no exhibe ningún otro mérito para administrar su municipio. Al descalificar a los profesores les ha reforzado su propio argumento: Es tal la crisis en la educación en Chile que sujetos como Zalaquett pueden llegar a la cúspide en las políticas educacionales.

Carlos Peña, que participó en la comisión presidencial de educación, sostiene que el lenguaje es necesariamente público y por ende la educación también, entonces es irrelevante que tal tarea la desempeñe una institución pública o privada. Sostiene además que se debe regular el sistema educativo definiendo sus rasgos centrales. Sus reflexiones son bastante superficiales ya que soslaya que si se define a lo público desde los bienes comunes ha elegido el argumento más débil ya que hoy alguien puede hacerse propietario de comunes tales como el código genético; la industria del software sería casi incomprensible sin la apropiación de sistemas de comunicación altamente complejos (según él públicos); además evita reconocer su interés directo en la discusión, con lo cual instrumentaliza las reflexiones de algunos notables sobre lugares comunes para desviar la atención. En suma su argumento es sobre la irrelevancia de distinguir entre lo público y lo privado pero al utilizar una concepción tanto laxa como superficial impide distinguir entre ambos.

Los profesores, y los grupos que se han asociado con ellos, consideran que el estado debe garantizar una educación pública de calidad. A esto se deben hacer las siguientes consideraciones: Primero, nuevamente se comete el error de discutir sobre una ley olvidando que lo relevante es la institucionalidad que esta crea que pasa más por la voluntad de ejecutarla en su debido momento y forma, sin esa voluntad la ley es letra muerta y el trabajo empleado en que se apruebe tal como uno quiere es una pérdida de tiempo; Segundo, la opción por la educación de calidad de todos los habitantes de nuestro territorio es una decisión mucho más profunda de lo que se quiere presentar, consiste en girar en ciento ochenta grados el sistema económico y político del país; Tercero, la expresión de los legítimos intereses de los profesores no necesariamente van dirigidos a mejorar la calidad en la educación sino que en mantener su situación tal cual y en lo posible mejorarla.

La aprobación o desaprobación de la ley general de educación este miércoles no va variar en nada la situación actual; tampoco una que agregue a la fuerza un inciso segundo que diga “el estado garantiza una educación pública de calidad”. La solución se conoce hace mucho tiempo y el gobierno lo único que quiere es pasar el temporal sin cambiar el rumbo.

Una educación pública de calidad no consiste solamente en respetar al gremio de los profesores y mejorar su situación desde lo que ya tienen sino que invertir ingentes recursos en los más niños pobres, digo invertir no gastar, para que estos luego con sus conocimientos produzcan riquezas suficientes para que Chile se pueda decir con propiedad un país desarrollado. La mezquindad de nuestras autoridades y de nuestra clase dirigente permite dudar de sus intenciones de mejorar la educación, y calificarla como una retórica destinada a desmovilizar al disenso y en caso extremo a su criminalización. Todo se trata de ganar tiempo, que la lluvia o los exámenes rompan todo, y que luego el mercado obligue a cada uno a vender su alma por el menor precio de modo que el fundo se mantenga silente, conforme y controlado.

El Nudo Gordiano de la Economía.

El futuro nos depara una crisis tras otra y aun no inventamos un remedio.


Despejemos algunos mitos: Primero, cada vez que hablamos de economía nos referimos necesariamente a un tema mundo aunque la contabilidad compartimentada nacionalmente nos hace caer en la trampa de ver al mundo como la suma de las partes; Segundo, independiente de lo anterior es posible que algunos obtengan mejoras o prebendas sea por colocarse en el paraguas de una administración estatal exitosa o de algún grupo de presión; Tercero, el crecimiento económico ni implica necesariamente desarrollo y además puede tratarse que no estemos evaluando rigurosamente los costos de producción; Cuarto, es posible una crisis económica sin existir una crisis de producción y que además no redunde en una, la actual es un cabal ejemplo; El mercado es el sistema más eficiente de producción y distribución de bienes, y se basa en la disparidad de poder en los actores, la igualdad para ser tal debe ser política, económica y jurídica, pero no conocemos de un sistema económico que permita producir y distribuir igualitariamente.

Según el conocido aforismo la economía es el método que permite articular las necesidades ilimitadas del hombre y la escasez de los recursos. Pero las necesidades del hombre son tan limitadas como los recursos existentes no así su ambición que en algunos casos, no en todos, puede ser ilimitada. Me pregunto si defender esa apetencia desmesurada de algunos, indolente con la carencia de la mayoría, es un valor político posible de defenderse democráticamente; lo que ha ocurrido es que se menciona esa apetencia compulsiva de algunos como el motor de la economía por ser la única fuente de riqueza social, se dice que el creador lo hace para ganar dinero no por la satisfacción de la tarea cumplida.

Cuando la economía por el contrario ha intentado transformarse en un método de articular que cada uno aporte según sus capacidades y se provea según sus necesidades no hemos encontrado que las millones de decisiones de oferentes y demandantes deben ser sustituidas por las de otros – los burócratas – quienes custodian la igualdad de todos a fuerza de colocarse por encima de todos los demás.

Ambos sistemas de producción han sido ensayados e implementados históricamente y ninguno ha satisfecho las aspiraciones morales y políticas que pretendían custodiar, es más, el actual sistema capitalista desplegado mundialmente se fundamente tan sólo retóricamente en la democracia, en el liberalismo político y en la mejora progresiva – utilitarista- de la humanidad. No solamente es posible un capitalismo de mercado sin liberalismo político como bien lo ha demostrado en su momento Brasil, Chile y ahora China con elocuencia sino que se hace cada vez más difícil sustentarlo con prensa libre, libertad de asociación y de reunión.

Pero el nudo gordiano del capitalismo no está en las dificultades para legitimarlo ya que es posible simplemente proseguir indefinidamente con la producción simbólica de enemigos internos para capturar adhesión y comprar silencio e indiferencia. Es más, la internet no necesariamente conduce a que el conocimiento, la información y la opinión circulen libremente ya que el capitalismo no es un sistema en que libres oferentes se relacionan con libres demandantes sino que una relación de dominación ¿porqué esta dominación no se iba a replicar en la web? No es necesaria la censura para callar ni tampoco las bayonetas, esa es la mayor fortaleza del sistema actual y lo que se refuerza con la esterilidad de los proyectos que intentan destruirlo o transformarlo mediante la fuerza. La debilidad de capitalismo no radica en el exitoso precedente que puede exhibir, ni en el presente rebosante en alimentos y artículos de consumo; sino que no le ofrece un futuro a la humanidad a la estatura de los estándares actuales.

El capitalismo fue prolífico mientras se pensó que los bienes eran escasos pero existían reservas de insumos ilimitadas. Había poco petroleo extraído pero las reservas eran infinitas; la apetencia ilimitada de unos se correspondía a un progreso continuo lo que incentivaba la reproducción física de los habitantes sin control de modo que el producto generado por los hijos jóvenes sanos bastaba y sobraba para para las pensiones de los niños, los adultos mayores y los enfermos.

No sólo el petroleo se está acabando sino que el aire que contiene sus emisiones; el crecimiento sin control era el anhelo legítimo de todos los condenados por generaciones a ser pobres, una apetencia contenida que ahora está desatada. Aunque los africanos y americanos alimenten de mano de obra a Europa y a los EEUU, la producción de ambos no puede crecer de modo de universalizar su actual modo de vida, y el crecimiento desatado de China adelanta el reloj de un colapso ambiental y de una crisis mundial de carestía. Que no se nos olvide que la crisis actual es sólo especulativa: Aún hay comida, aún hay petroleo, aún tenemos agua, suelos cultivables... aún tenemos esperanza.

La economía debe reformularse de modo estudiar de qué modo mantenemos inalterable la ecuación entre incentivos y desincentivos al mismo tiempo que universalizamos un sistema de vida más frugal que el actual que nos permita hacer sustentable la humanidad para todos, y que eso no implique un sistema opresivo peor al que ya tenemos o parecido a los burdos socialismos reales.

El capitalismo es exitoso porque consiste en la replica de la ley de la selva. Este barbárico modo de organización social contrasta con las sublimes creaciones de la humanidad. Es preciso tomar el control racional del mundo pero al mismo tiempo no podemos matar al paciente en aras de mejorarlo: La economía al igual que la medicina debe intervenir en la dinámica y la complejidad; y no puede guardar en el refrigerador a la humanidad mientras se encuentra la cura.

Los objetivos políticos liberales lejos están de ser universales y su único modo de pervivir se encuentra en su materialización; que dejen de ser una retórica es la única defensa adecuada que se puede hacer de ellos puesto que hoy se encuentran severamente amenazados.

En otros tiempos con razón pensábamos que una crisis económica mundial le daría la oportunidad a un sistema más justo; hoy con razón pensamos en todo lo contrario: Mientras no tengamos un sistema de respaldo que podamos defender las crisis sólo auguran muertes y el desmantelamiento de la fachada liberal de primer mundo que mucho nos confunde pero que también nos inspira.

viernes, 13 de junio de 2008

Sumersión.


(Maipú 22 de Junio de 2008)


De regreso.

Todo era tan simple,

reencontrarse, adentrarse en uno mismo.

El largo camino de vuelta,

a la niñez, a lo sencillo.


Tantas sonrisas condescendientes en el éxito,

y las miradas lastimeras en el fracaso.

La larga lista de los que siempre sobran,

de quienes no son y aún así traicionan.


De regreso, las miradas regordetas de los niños,

aquellos que fuimos, aquellos que somos.

Todo estaba tan claro,

pero había que recorrer el mundo para aceptarlo.


El largo camino hacia lo que fuimos,

de regreso, a mi barrio, a los míos.

Todo era tan simple,

pero había que verlo todo,

probarlo todo,

sentir lo todo,

para estar tranquilo con sólo ser

lo sido.


Me abrazo y recupero el calor perdido,

de tanto dar a quienes no precisan,

ni sienten ni comprenden.

De dar lo que no se precisa,

lo que no se siente ni comprende.


Desde aquí, desde mi probeta,

junto unos palos y construyo edificios.

Juego, como un niño,

sólo para entretenerme,

sólo para perder el tiempo,

como si alguien hubiera inventado el modo de ganarlo,

como si alguien hubiera inventado el modo de ganar.


De regreso, comprendo:

Había que vivirlo todo para quedarse con el comienzo.


Bis.

Me dijiste “estás cambiado”,
por cierto, son veinte años.
El pelo crece y el derrotero...

Pero con otros todo fue distinto,
nos abrazamos, no dijimos nada.
Nos miramos a los ojos y lo sabíamos:
éramos los mismos.

Con las ganadas y las perdidas,
aquellos a quienes no les conociste la primera polola,
sus hijos,
sus sufrimientos.
Abrazados y silentes,
satisfechos con sólo verse.

¿Qué podríamos conversar?
¿Que es uno a los ocho años?

Podríamos haber mentido,
haber hablado por los codos de los que no pudieron llegar,
de los que quedaron en la vera del camino,
de los que se tragó la tierra,
la inclemencia de los tiempos,
la fragilidad del ser humano.

Pero ese abrazo silente era suficiente,
sé que en veinte años podré verlos y seremos los mismos.
Con más ganadas y más perdidas,
con divorcios, muertes y...

la inclemencia del tiempo,
de los tiempos,
del ser humano.

Forjados en un crisol gris y amargo,
dictatorial, mísero.
Muchos conservamos la sonrisa,
la hidalguía,
el brillo en los ojos de la travesura descubierta.

Recordé que fui niño, y que fue más bello de lo que el balance propio arrojaba.
Creía en mi memoria paquidérmica,
y cada uno me habló de lo olvidado.

Entrañables, nuevamente sentados en el asiento trasero.
En el borde,
lo que somos, lo que fuimos.
El camino dispersó nuestras ingenuidades
y ya no estuvimos ahí, para contenerlas.

Las mezquindades aún nos separan,
y seguirá siendo:
El tamiz de la fortuna captura a unos y el de la honestidad a otros.

Sé que en veinte años sólo querrás hacer lo mismo que anoche,
sólo abrazarme, sólo mirarme.
Porque no valen las palabras ni las escusas,
eras tu, con los mocos colgando,
con un pan con mantequilla en la mano,
con una pelota plástica embarrada.

Eras tu, el mismo.


lunes, 9 de junio de 2008

Agoreros, Pesimistas y Opinofilos.


El problema es la mala educación.


Antes que Ricardo Lagos Escobar fuera ungido como “capitán planeta”, seguramente en retribución a su invaluable contribución al capitalismo trasnacional, fue presidente de la república, ministro de obras públicas y ministro de educación, que no se nos olvide. Una de sus frases memorables es “agoreros del pesimismo”, barbarismo que pasó inadvertido tanto en los medios como por sus adversarios más aún, la frase se reitera una y otra vez, y hasta nuestra presidenta la ha utilizado en discursos oficiales.



En la misma época alguien acuño el neologismo “opinólogo”, y a nadie pareció molestarle cual encontrado estaba el término con lo que se quería expresar: Se le llama opinólogo a alguien que opina sobre cualquier tema irrelevante en forma compulsiva y careciendo de fundamentos; se trata de una opinión liviana, no necesariamente argumentativa, de alguien profesionalmente neófito; de una agresión verbal continua, abusiva de la libertad de expresión, y que inclusive la reduce al absurdo. Un opinólogo, según los que usan y abusan del término, no es quien sabe o estudia la opinión - si es que queremos darle algún sentido - sino aquel incontinente verbal dedicado a lo que los mapuches llamaban cahuín y los chilenos pelambre. Si con algún término aparentemente elegante podríamos denominar a los profesionales de la opinión trivial, mística y no fundamentada es el de opinofilo. Aunque me parezca grande ese término al menos se acerca a lo que se quiere decir, del mismo modo que el actual no tiene ninguna relación salvo el que se haya institucionalizado gracias a la mala educación de periodistas y de los consumidores de los productos ofrecidos por estos, a quienes no les importó la imposición del neologismo ni recabaron en el barbarismo.



En el muro de muchos liceos santiaguinos se reza el eslogan “keremos huna mejol edukazión”. Se trata de la quinta esencia del humor negro puesto que los jóvenes reconocen que se les ofrece una educación deplorable y sin embargo la mayoría descansa en que se les debe escuchar a ellos, los mal educados confesos, para reformarla.



En el otro lado de la mesa se encuentra la flamante ministra que sostiene regulares pláticas con cristo, integra el directorio de paz ciudadana – una nefasta institución destinada a tiempo completo a la mala educación1 – y gobernó una prestigiosa casa de estudios superiores; sin embargo, haciendo gala de su mala educación en otros asuntos, se enemistó al asumir con el poderoso gremio de los profesores, con los estudiantes y con los políticos de su propio sector.



Cuando ingresé a la universidad mi mayor temor fue el de enfrentarme en mi calidad de egresado de una escuelita numerada con aquellos que provenían de los mejores colegios del país que por lo general sus padres pagaron mensualidades más caras que los privativos aranceles universitarios. Sin embargo la diferencia de formación nunca fue un factor determinante; sí el modo en que se relacionaban, su disciplina y sus “contactos”. El problema de la mala educación es generalizado; los mejores alumnos de los mejores colegios no saben pensar y eso es lo que explica que cuando les toca gobernar sólo recurran a sus antiguos apuntes implementando las mismas fórmulas que fracasan una y otra vez. Su éxito es directamente proporcional a su disposición a cumplir ordenes y eso genera muy buenos burócratas pero no la masa crítica que requiere un país que pretende ser desarrollado.



¿El país que tenemos es producto de una élite que decidió entre cuatro paredes que seríamos extractores de materias primas y consumidores compulsivos de productos foráneos o sencillamente todo ocurre por la precariedad intelectual de la propia élite, que es transversal pero reproducida desde arriba por ésta? Es una cuestión complicada pero cualquiera sea la respuesta hace imposible implementar una buena educación: Si se trata de un complot de la élite se la debe derrotar políticamente, y militarmente, para forzarla a implementar una nueva economía que pretenda incluir a todos en un proyecto de desarrollo nacionalista; pero si el problema es la mala educación de la propia élite ninguna posibilidad existe salvo que queramos ser iluminados a la fuerza por alguna potencia foránea.



Manuel Guerrero, una persona bien intencionada, y bien educada, ha escrito una columna que pone de manifiesto mucho de lo aquí señalado: La educación es vista como un capítulo más en un libro de cocina y se menciona detalladamente qué reivindicar formalmente pero sin explicar qué se encuentra en disputa. Se trata del habitual panfleto destinado a compilar firmas en el dorso que supone que el suscriptor es un consumidor pasivo de estos productos y quiere obtener su absolución política mediante un movimiento de muñeca, un ejercicio de ciudadanía fast food. Si hablamos de democracia, así opinófilamente, sin considerar primero de qué modo podemos sustentar el gobierno de todos incluyendo a los malos educados, y luego les entregamos un recetario sobre qué reivindicar asumiendo que no están capacitados para pensarlo por sí mismos; es por una parte un acto de clientelísmo intelectual y por la otra de demagogia. Si asumimos que hay una crisis en la educación porque a los pobres no se los dota de las competencias básicas para competir en el mundo de hoy no podemos convocarlos a ellos mismos como interlocutores válidos ya que hemos asumido desde el principio que son incompetentes. Se trataría de un problema de la élite y lo primero que se debe definir es si ésta está dispuesta a revolver el gallinero lo suficiente como para que chile sea una potencia del siglo XXI en vez que la eterna promesa del siglo XX. Si la élite no está dispuesta deberemos crear el modo de forzarla a hacerlo pero en ningún caso podemos apelar a lo popular, asumido como mal educado, para que se procure la educación por sí mismos, puesto que aunque se destinen ingentes recursos no se hará otra cosa que más de lo mismo.



Existen alumnos y profesores, lobbistas y dirigentes, ministros y ex presidentes mal educados. En sus manos está el destino de nuestra patria. Al menos los estudiantes asumen su condición; pero los ahora convocados a tomar las decisiones son los peores malos educados: los que no se asumen como tales. ¿Cómo ser optimista, pájaro de buen agüero, ante ese panorama?



Un opinófilo marginal, autodidacta pero responsable, debe sentirse también un esclavo de los hechos puesto que es el único modo de luchar contra la mala educación. Cada vez que buscamos confundir, cada vez que capturamos adherencias fáciles, aunque digamos que lo hacemos por el bien de todos nos servimos de algunos, les negamos los conocimientos, los castigamos, los oprimimos. Eso nos convierte no sólo en malos educados sino que también en malos educadores.

El Autor Sugiere los siguientes artículos Relacionados:


La nueva marcha de los Pinguinos.
La Fragilidad de Nuestra Economía
La Educación en Chile: El Fraude de la Pirámide


1Ricardo Lagos en su campaña presidencial declaró que el firmaba todo lo que escribiera paz ciudadana. En esa fundación también participaron activamente otros personajes relevantes en el tema educativo: el ex ministro de educación Sergio Bitar y el autodenominado sociólogo José Joaquín Bruner. La actual subsecretaria de carabineros fue directora de estudios de paz ciudadana. La fundación paz ciudadana fue constituida por el dueño del Mercurio Agustín Edwards después que su hijo fuera secuestrado; su finalidad fue desde el principio influir en la opinión pública para que esta demandara mayor control y represión al estado mediante campañas de insegurización. Ver “La Guerra y la Paz Ciudadana”, Marcela Ramos, LOM; Jorge Ojeda Frex, La Jihad de Occidente; Criminalización de Tercera Vía, Ariel Zúñiga.
jueves, 5 de junio de 2008

El Paro de los Camioneros.

No estamos en los setenta.


Algunos asiduos a las historietas las prefieren antes que a la historia y se quedan con los términos vaciados de conceptos: Otro gobierno socialista, otro paro de camioneros, y eso les basta para un análisis.

Lejos estoy de ser un defensor del gobierno de Allende, cuando tuvo su oportunidad debió frenar como se lo pedía el PC o avanzar sin tranzar y no optó por ninguna de esas alternativas; su martirio condenó a su pueblo sin darle siquiera la opción de luchar por lo que sentía justo. Pero distinto, muy distinto, es caer en el juego de los caricaturistas y tratar de realizar la más mínima asociación entre Allende y Bachelet.

Ni son los camioneros financiados por la CIA ni intentan reaccionar contra una revolución social. Por otro lado el impuesto específico al petroleo se acerca cada vez más a ser un impuesto confiscatorio para quienes se dedican al transporte.

Los costos generados por el uso de combustibles fósiles son cuatro veces mayores a los que ellos le cuestan al consumidor pero el problema es que no existe una alternativa energética: La opción que se debe tomar es entre el humo o la barbarie.

A nadie le parecería injusto que las mujeres trofeo que se pasean en sus cuatro por cuatro entre el gimnasio y el decorador de interiores paguen lo que efectivamente cuesta la bencina y el diesel, el problema es que nuestro gobierno es de aquellos que no pueden distinguir entre este consumo suntuario y redundante, y el que realiza el obrero para deshumedecer su casa evitando la bronconeumonia. El resultado es que el anciano de Lo Prado y el recién nacido de Pudahuel subsidian con sus enfermedades respiratorias, y a veces con su vida, el juego de adultos de “enchular autos” y correrlos; al que no va a la esquina sin su autito; y a todos los que hacen largos viajes solos en sus automóviles en busca de combatir el tedio.

Se dice que el transantiago está subsidiado pero paga impuesto específico de petroleo al igual que los demás y por lo mismo es casi tanto lo que da como lo que recibe. No tiene explicación que un aumento internacional del precio del petroleo signifique que el fisco recaude más impuestos; pero sí la tiene el que cada uno pague lo que ensucia.

En Argentina los productores de soja reclaman por que Cristina Fernandez intenta gravarlos con un impuesto muy similar al que hoy se paga por los combustibles y el gran error de ella ha sido no distinguir entre los grandes sojeros y los pequeños. En el mismo error ha caído el dogmático equipo económico de Bachelet metiendo en el mismo saco a la Tur Bus y al pequeño transportista.

Se debe discutir el impuesto a los combustible pero desde un prisma completamente diferente: Primero, se deben sincerar los costos reales que genera el uso de combustibles fósiles (o externalidades negativas como se les llama eufemísticamente) de manera de cobrárselo a quienes los generan; Segundo, se deben reconocer como subsidios todos los usos de combustible que no pagan íntegramente los costos que generan y se los debe tolerar, siempre y cuando, existan finalidades superiores a atender como el crecimiento de la economía del país. Digo del país, no de la contabilidad de las grandes empresas.

En palabras sencillas, no se trata de eliminar el impuesto sino de reconocer que éste, aunque al borde de lo confiscatorio por el alto precio internacional del crudo, a penas cubre los daños ambientales y sanitarios que produce su uso, pero al mismo tiempo esos daños son inferiores a los que produciría su no uso.

Que paguen aquellos que no necesitan del estado, al menos no se cansan de decirlo así, lo que realmente cuesta el petroleo y la bencina (unos tres mil quinientos pesos el litro); y que se exima de impuestos a quienes lo utilizan con fines productivos o de supervivencia.

El día que alguno de los genios Harvard del gobierno se les ocurra algo tan sensato y tengamos una clase política dispuesta a implementarlo será cuando podremos decir orgullosos que Chile es un país y no un mero paisaje. Mientras, la discusión se reduce a la rifa habitual de cuantos décimos más o menos y si la coma aquí o allá: Y Velasco lanzará sobre las llamas otros mil millones de dólares como si se tratara de patacones para apagar el incendio.

domingo, 1 de junio de 2008

Más Paquistas que el Paco.



José Bernales no fue un demonio, no, pero lejos estuvo de la santidad; sólo la muerte repentina lo compara a los mártires. En los medios conminó a los asaltantes del BICE a no quedarse dormidos y algunos de los sospechosos tuvieron que dar jugo en Bariloche para que los pillara la gendarmería argentina que hasta la fecha no los regresan. Hace un mes defendió a brazo partido a Aldo Vidal luego de ser acusado de actos de corrupción contrariando tanto las normas de la etiqueta como de la probidad. El jueves muere “en actos de servicio”, junto a su señora, su edecán y la señora de éste. Me pregunto si es adecuado que el jefe de la policía asista a un acto oficial como si se tratara de un fin de semana en la playa con sus amigos. Si el estado chileno o panameño pagó pasajes de más, alojamientos y comidas de más, para que los policías no se sintieran solos, es una situación que no cabe investigar ya que los responsables directos están muertos: Sólo pido que se inhiban de presentarlo como un santo.

Aquellos que por el contrario lo consideran un demonio por su actuación en la araucanía y el incremento de la violencia institucional en los conflictos sociales les diré que el finado no se mandaba solo, y que los artífices de esas nefastas políticas, criminales en el amplio sentido de la palabra, fueron mostrados como seres humanos, deudos, sorbetéandose la nariz: Felipe Harboe, Javiera Blanco (ex directora de estudios de Paz Ciudadana) y la mismísima Bachelet son quienes dan las ordenes para que suelten a los perros. Es que era “tan humano con los suyos”, es verdad qué duda cabe, pero Hitler y Stalin también eran muy humanos con los suyos.

Cada carabinero es un obrero más, de aquellos que ocupan un lugar nefasto desde luego, como el cajero del banco, el vendedor de chucherías, el cobrador o el micrero. Son quienes reciben nuestras quejas y nuestros reproches, y mediante su pequeño pero real poder expresan su resentimiento.

Los responsables se las pasan en cócteles y si se les llega a morir uno, aunque este lo haga en actos de improbidad, lo lloran y nos obligan a todos a acompañarlos en su duelo.

Me preguntó de dónde surgió la orden para que TVUC, Chilevisión, Mega y TVN transmitieran en directo las exequias de José Bernales y quién lo financió. Recordemos que debieron ser aplazados compromisos comerciales y por lo tanto debió haber consentimiento en una multiplicidad de avisadores, para que se transmitiera en directo y sin interrupción grandes franjas los días jueves, viernes, sábado y domingo.

Pedir racionalidad en ciertos asuntos resulta incómodo, inoportuno e inapropiado, esto por que las termitas de la razón de estado, del sentimentalismo barato y de la religiosidad espiritualista e hipócrita se encuentran enquistados en lo más profundo de nuestra sociedad.

¿Porqué no le ponemos José Bernales al estadio nacional? Mejor que eso ¿Porqué no le ponemos a la novena región José Bernales ex de la araucanía? ¿Porque no lo ungimos beato si ya produjo el milagro de unirnos a todos en torno a los valores patrios? Porqué no se van un rato a la mierda...

Sin Fines Emergentes.


Dentro de los diversos proyectos emprendidos en la UDIPE se encuentra la revista “Sin Fines Emergentes”. Se trataba de una radicalización del “Daño Emergente”, revista escrita desde el resentimiento y la marginación. Pensada, escrita e impresa en Zenteno 120, sitio en parte prestado y en parte “okupado”, por Jorge Ojeda, Eugenio Baeza y Ariel Zúñiga, nunca llegó a ver la luz – hasta ahora – debido a que la posibilidad de querellas por injurias (pues no hay ninguna calumnia y la exceptio veritatis está de nuestro lado) era muy alta.

Lejos de la coyuntura nos encontramos, la subo sólo por una compulsión historiográfica.

Bajar Sin Fines Emergentes.