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miércoles, 12 de diciembre de 2007
Su Excelencia: ¿Hasta cuándo hace el ridículo?

La amnesia es una epidemia, eso obliga a que se deba refrescar la memoria a cada rato: ¿Cual era el argumento par votar a Lagos en vez que a Lavín? El que Lavín era un payaso y que nos iba a dejar mal en todas partes.
¿Qué podemos decir de eso unos años después?
Lagos para ganar tuvo que reducir su vocabulario al de un paco fronterizo. Hasta el día de hoy se lo recuerda como un intelectual: Qué mejor homenaje a la pútrida clase intelectual nacional. Lagos cuando sale de los lugares comunes cae de inmediato en la prepotencia. Ninguna profundidad, ningún gran argumento. Y la capacidad elemental de construir frases a medida que se habla la fue perdiendo al punto del atarzanamiento.
Lavín en cambio hasta hoy hace méritos para recibir el premio nacional de arte.
Pero Bachelet... ahh. Bachelet. La única vez que no ha tartamudeado en un discurso era en esa publicidad suya en que hablaba en varios idiomas: Quizá el problema lo tiene con su lengua materna.
Qué abismo entre Cristina Fernandez arengando a los justicialistas y Bachelet leyendo sus torpedos y errando una y otra vez.
Y si eso no fuera suficiente, ha convertido a la Moneda en una alfombra roja tanto que cualquier prostituto de hollywood cree que ser recibido por Bachelet se encuentra incluido en el ticket aéreo.
Sólo los guionistas de los Simpsons podrían haber imaginado una escena tan patética como a una Presidenta recibiendo a Antonio Banderas y Señora a más de 15 años de su última película decente al primero, y menos indecente a la segunda.
Y para qué.
Chile le ha dado mucho más a Banderas de lo que Banderas ha dado a Chile. Además viene a publicitar sus perfumes; en rigor es un empresario. Pero el Lonely Planet anuncia en la edición 2008 que visitar a la Presidenta es una costumbre, y Banderas no quiso ser menos.
Dedico estas palabras a todos esos Concertacionistas Talibanes que aún la defienden: ¿Qué objeción hay a que Tomka Tomicic tome la conducción del país? ¿Acaso no da el ancho?
¿Qué podemos decir de eso unos años después?
Lagos para ganar tuvo que reducir su vocabulario al de un paco fronterizo. Hasta el día de hoy se lo recuerda como un intelectual: Qué mejor homenaje a la pútrida clase intelectual nacional. Lagos cuando sale de los lugares comunes cae de inmediato en la prepotencia. Ninguna profundidad, ningún gran argumento. Y la capacidad elemental de construir frases a medida que se habla la fue perdiendo al punto del atarzanamiento.
Lavín en cambio hasta hoy hace méritos para recibir el premio nacional de arte.
Pero Bachelet... ahh. Bachelet. La única vez que no ha tartamudeado en un discurso era en esa publicidad suya en que hablaba en varios idiomas: Quizá el problema lo tiene con su lengua materna.
Qué abismo entre Cristina Fernandez arengando a los justicialistas y Bachelet leyendo sus torpedos y errando una y otra vez.
Y si eso no fuera suficiente, ha convertido a la Moneda en una alfombra roja tanto que cualquier prostituto de hollywood cree que ser recibido por Bachelet se encuentra incluido en el ticket aéreo.
Sólo los guionistas de los Simpsons podrían haber imaginado una escena tan patética como a una Presidenta recibiendo a Antonio Banderas y Señora a más de 15 años de su última película decente al primero, y menos indecente a la segunda.
Y para qué.
Chile le ha dado mucho más a Banderas de lo que Banderas ha dado a Chile. Además viene a publicitar sus perfumes; en rigor es un empresario. Pero el Lonely Planet anuncia en la edición 2008 que visitar a la Presidenta es una costumbre, y Banderas no quiso ser menos.
Dedico estas palabras a todos esos Concertacionistas Talibanes que aún la defienden: ¿Qué objeción hay a que Tomka Tomicic tome la conducción del país? ¿Acaso no da el ancho?
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Política Nacional
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lunes, 10 de diciembre de 2007
A un Año de la Muerte de Pinochet.
Un artículo del año pasado escrito en caliente:La Muerte de Uno de los Dictadores:
18 de diciembre de 2006
En un día perdido en la Historia, alguien nos regaló la democracia con la finalidad que la cuidáramos. A principios de los setenta los chilenos se comieron la manzana y se desató la furia del
soberano. La manzana ya se la habían comido en muchas oportunidades anteriormente y por ende, todos estaban de aviso que seríamos expulsados del paraíso republicano.
Es que cada vez que el poder político que formalmente ostentamos como individuos lo utilizamos para derogar el sistema que nos oprime, aparecen los sacerdotes de una ortodoxia democrática desconocida para todos los que leímos a los clásicos. Un conocimiento esotérico de la democracia en que ella es solo un juego para los tontos que se acaba de un plumazo cuando el pueblo deja de actuar como tonto.
El espíritu de Pinochet ronda y rondará en todos aquellos que intenten defender los metaprincipios democráticos para cuando el pueblo decida actuar como soberano.
“El legado”, sea consiente o subconsciente, va inspirar las futuras restauraciones.
Hacia Pinochet existe una vergüenza ajena pero cercana: Ajena por que no fuimos y somos más que víctimas suyas y de todos los que representó; cercana por que sí representó y representa a una parte importante de la población: de nuestros vecinos, de quienes nos empujan en la micro.
Pero ese pudor que sentimos es natural por la indolencia con que ellos se ufanan de su proyecto y legado: Pinochet no solo exterminó a la competencia política de los capitalistas sino que reestructuró el país a la imagen y semejanza de los capitalistas más trasnochados. Ese sistema en su despliegue, paga hasta hoy un botín de guerra a las clases altas de nuestro país. Ese botín, manchado con sangre como todos los botines, sigue distribuyéndose equitativamente entre aquellos que lo aceptan y a costa de la sangre y el sudor del pueblo HOY oprimido y explotado. Sucede que son aquellos mismos beneficiados los principales interesados en cerrar “la transición” y en decir que un día se despertó el cuco e hizo de las suyas y que ahora el cuco está muerto y nosotros liberados.
Pinochet fue el líder fortuito de una restauración previsible, su valor agregado fue el transformar una restauración en una contrarrevolución e institucionalizar dicha contrarrevolución gravándola en
granito.
Pero solamente fue el líder, no fue el único actor político e intelectual de la Dictadura, de hecho él solamente le dio el sustento a proyectos en los cuales su aporte fue marginal.
Los Dictadores aún desfilan por las Universidades, por las empresas, por las Iglesias, en los Pasillos de los Medios de Comunicación. Pinochet ha muerto, ellos se han liberado del pesado lastre que implicaba su ego desmesurado que lo llevó a personificar una transformación que no comprendía en sus mínimos alcances.
Cuidado con dejar de apuntarlos con el dedo: Serán ellos, sus hijos, sus nietos, y sus vasallos, quienes querrán defender la democracia de “nosotros” para cuando en veinte o treinta años podamos organizarnos y poner en jaque nuevamente al capitalismo. No nos olvidemos de funarlos y de desenmascararlos periódicamente, y aún más, no nos olvidemos de que esos perros no solo ladran sino que muerden. Así, ¡que la próxima revolución que sea en serio!, ya sabemos a qué nos arriesgamos si la hacemos a medias. Dejemos las empanadas y el vino tinto para el 18 de septiembre.
18 de diciembre de 2006
En un día perdido en la Historia, alguien nos regaló la democracia con la finalidad que la cuidáramos. A principios de los setenta los chilenos se comieron la manzana y se desató la furia del
soberano. La manzana ya se la habían comido en muchas oportunidades anteriormente y por ende, todos estaban de aviso que seríamos expulsados del paraíso republicano.
Es que cada vez que el poder político que formalmente ostentamos como individuos lo utilizamos para derogar el sistema que nos oprime, aparecen los sacerdotes de una ortodoxia democrática desconocida para todos los que leímos a los clásicos. Un conocimiento esotérico de la democracia en que ella es solo un juego para los tontos que se acaba de un plumazo cuando el pueblo deja de actuar como tonto.
El espíritu de Pinochet ronda y rondará en todos aquellos que intenten defender los metaprincipios democráticos para cuando el pueblo decida actuar como soberano.
“El legado”, sea consiente o subconsciente, va inspirar las futuras restauraciones.
Hacia Pinochet existe una vergüenza ajena pero cercana: Ajena por que no fuimos y somos más que víctimas suyas y de todos los que representó; cercana por que sí representó y representa a una parte importante de la población: de nuestros vecinos, de quienes nos empujan en la micro.
Pero ese pudor que sentimos es natural por la indolencia con que ellos se ufanan de su proyecto y legado: Pinochet no solo exterminó a la competencia política de los capitalistas sino que reestructuró el país a la imagen y semejanza de los capitalistas más trasnochados. Ese sistema en su despliegue, paga hasta hoy un botín de guerra a las clases altas de nuestro país. Ese botín, manchado con sangre como todos los botines, sigue distribuyéndose equitativamente entre aquellos que lo aceptan y a costa de la sangre y el sudor del pueblo HOY oprimido y explotado. Sucede que son aquellos mismos beneficiados los principales interesados en cerrar “la transición” y en decir que un día se despertó el cuco e hizo de las suyas y que ahora el cuco está muerto y nosotros liberados.
Pinochet fue el líder fortuito de una restauración previsible, su valor agregado fue el transformar una restauración en una contrarrevolución e institucionalizar dicha contrarrevolución gravándola en
granito.
Pero solamente fue el líder, no fue el único actor político e intelectual de la Dictadura, de hecho él solamente le dio el sustento a proyectos en los cuales su aporte fue marginal.
Los Dictadores aún desfilan por las Universidades, por las empresas, por las Iglesias, en los Pasillos de los Medios de Comunicación. Pinochet ha muerto, ellos se han liberado del pesado lastre que implicaba su ego desmesurado que lo llevó a personificar una transformación que no comprendía en sus mínimos alcances.
Cuidado con dejar de apuntarlos con el dedo: Serán ellos, sus hijos, sus nietos, y sus vasallos, quienes querrán defender la democracia de “nosotros” para cuando en veinte o treinta años podamos organizarnos y poner en jaque nuevamente al capitalismo. No nos olvidemos de funarlos y de desenmascararlos periódicamente, y aún más, no nos olvidemos de que esos perros no solo ladran sino que muerden. Así, ¡que la próxima revolución que sea en serio!, ya sabemos a qué nos arriesgamos si la hacemos a medias. Dejemos las empanadas y el vino tinto para el 18 de septiembre.
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Artículo del Recuerdo
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sábado, 8 de diciembre de 2007
El fin de las utopías y la tentación de reconstruirlas:

El duro camino de la criminología.
Por Carlos Alberto Elbert
Trabajo Publicado en Documentos Penales y Criminológicos Vol.2 del Instituto Centroamericano de Estudios Penales.
I.- Introducción.
Trataré de abordar un tema que, estoy seguro, preocupa en buena medida a muchos de quienes se sienten todavía ligados a la necesidad de contar con una Criminología. Me referiré, entonces, a lo ocurrido en ese campo del conocimiento, en las últimas dos décadas del siglo XX, relacionándolo con el corto, pero intenso lapso de tiempo, que estamos viviendo en el inicio mismo del siglo XXI.
Supongo que debo empezar con el interrogante acerca de qué pasó antes y después de la implosión de las utopías en el campo criminológico en los años ochenta. La respuesta es hoy bastante visible: Terminó una base teórica e ideológica común a una gran cantidad de criminólogos de distinta nacionalidad y procedencia disciplinaria; con ello, se perdió también el objeto de la crítica a la sociedad capitalista y a la operatividad de sus modelos de control. Se nos dijo que el estado capitalista tan criticado, se desvaneció al globalizarse, y podemos verificar cómo, en los países periféricos, la noción de Estado pierde significación, poder y autodeterminación. En nuestros países capitalistas del año 2001, el Estado es un rehén de grupos financieros de alta concentración y nos esforzamos en ver cómo salvarlo para que, al menos, preste alguna utilidad que, por ahora, parece estar integrada por puras expectativas.
Volviendo por un momento a los ochenta, recuerdo que, a quienes en aquél momento nos identificamos con la criminología crítica, se nos presentaba un escaso puñado de alternativas de cara al futuro. Yo identifico, arbitrariamente, seis caminos relevantes, de los que entonces se transitaron, ante la crisis de la criminología crítica:
a.- interpretar qué nos había ocurrido
b.- hacer como que nada hubiera ocurrido
c.- cambiar de vereda y asilarnos en una “embajada” (sociología)
d.- pasarnos al posmodernismo con armas y bagajes, sin complejos de culpa
e.- dedicarnos a otra cosa
f.- afirmar que lo que se está haciendo “es lo único posible” en el marco de las actuales circunstancias (el llamado “posibilismo”) .
Veamos, someramente, qué dificultades enfrentaron estos enfoques y cuáles fueron los rumbos que recorrieron en el plano de la realidad.
a.- La tentación de interpretar lo ocurrido a partir de la criminología crítica, con la intención de reactivar o resucitar una actividad comprometida, estuvo orientada por ideas precedentes, pero recicladas como resistencia a la exclusión y afán de cambios sociales capaces de cuestionar el “modelo único”, con la secreta esperanza de que no todo estuviera perdido. Uno de los problemas más evidentes con los que tropezó esta perspectiva ha sido que, en general, (y en particular desde cierta criminología empirista de Europa, muy satisfecha consigo misma) se descalifica, a quienes insisten en formular estos análisis, como “nostálgicos de tiempos pasados”, “técnicamente atrasados” “románticos” o “incapaces de comprender fenómenos tan decisivos como la globalidad y el fin de las ideologías”. A muchos se nos endilga, en suma, padecer de atraso y desubicación histórica, subestimando, mediante un prolijo y piadoso silencio, a los esporádicos intentos de replanteo crítico de procedencia latinoamericana.
La tarea autocrítica y reconstructiva es la que vengo intentando desde los años 90, con la publicación de varios trabajos, objeto de escasa polémica, y bastante ignorados. Pese a tan poca discusión teórica, esa elaboración epistemológica me permitió una fructífera labor académica de posgrado en numerosas universidades,tanto en el plano nacional como internacional (1). Otros intentos similares en
América Latina son los de Alicia González Vidaurri y Alejandro Colanzi Zeballos(2). Debo confesar, también, que mi escasa vocación electrónica me impide conocer, en gran medida, a una novel generación de latinoamericanos que se comunican casi exclusivamente por La Red.
La tarea de interpretar lo ocurrido con la criminología crítica fue dolorosa, porque obligaba a reconocer fracasos, temores, e inseguridades y esto la convertía en un esfuerzo pesado y “poco rentable” en el mercado de las ideas político criminales de vanguardia o de actualidad.
Cabe señalar que también hubo quienes hicieron importantes esfuerzos interpretativos de la criminología crítica, pero para desautorizarla o descalificarla hacia el futuro. Trabajos de suma importancia fueron, en este sentido, los de los Nuevos Realistas y los de Helena Larrauri ( 3 ).
También están, por último, quienes no simpatizaron nunca con la criminología crítica e incluso, se sintieron muy complacidos por su desarticulación, interpretándola como un progreso irreversible ante el arrollador avance de la interdependencia global.
La satisfacción por la muerte de la criminología crítica - que duda cabe - es una postura ideológica de derecha, e incluye a positivistas, posmodernistas y penalistas conservadores. Son corrientes de pensamiento que se sienten, expresa o implícitamente, conformes con la situación actual del quehacer criminológico, en el estado de río revuelto en que se encuentra, apelando desde Lombroso a Nietszche, para valorar esta etapa como parte del exterminio de los dinosaurios, o sea de los grandes discursos resultantes de la modernidad o del marxismo.
b.- La segunda posibilidad, continuar con lo mismo como si no hubiera pasado nada, se instaló, visiblemente, en Europa, en especial en Alemania y España. Allí se ha seguido, en general, con la producción en serie de investigaciones empíricas, frecuentemente al servicio de organismos estatales de control o mediante convenios con ellos, mirando con recelo y desconfianza los planteos de análisis teórico general o epistemológico. No cabe duda que esta postura es ideal para criminólogos que ejercen un oficio burocrático, recelosos de contextos que puedan opacar la actual apariencia obvia de su especialización laboral.
Dentro de este sector , también es dable encontrar prolíficos criminólogos críticos que abandonaron los grandes contextos previos, concentrándose en alguna temática particular, como cárceles, justicia o derechos de algunas minorías, dejando de lado análisis y referencias sociopolíticas generales .
Obviamente, todos estos criminólogos pueden haber tenido una abundante producción, dentro de las limitaciones del marco de referencia general (científico, filosófico o político ) que he señalado.
c.- Otro sector de criminólogos, ante la dura desilusión de la disciplina agonizante, abandonaron el concepto epistemológico de “criminología” para dedicarse a la sociología del control social, sin advertir que estaban asumiendo dificultades epistemológicas peores a las que era dable padecer dentro del campo interdisciplinario anterior. Advierto que esta producción, de aparente coherencia de objeto y método en la superficie, no posee, en realidad, un estado actual de solidez teórica en el marco de una ciencia claramente establecida ( 4 ).
También hay autores que venían trabajando en el campo sociológico, pero dentro del funcionalismo y alejados de la criminología crítica (5).
d.- Algunos autores críticos han optado, sin transiciones tras el derrumbe de sus elaboraciones críticas, por el subjetivismo cognoscitivo, que, como puede comprenderse, es una coraza que impide todo debate de ideas y en particular la evaluación de actividades históricamente previas. Un caso notable en tal sentido es el de Lola Aniyar de Castro (6). También debe recordarse que, en el primer mundo, hubo sectores importantes de la criminología ex - crítica de los Estados Unidos y Europa que se plegaron al posmodernismo, en especial los grupos feministas dominantes allí en los años 90.
En América Latina algunos autores han reivindicado expresamente la posmodernidad, saludándola como la nueva vía del progreso de las ideas, así Delgado Rosales (7), mientras que otros, como Zaffaroni, merecen una interpretación específica por las variaciones que se constatan a lo largo de su obra( 8 ).
e.- Lamentablemente, son muchos los casos de promisorios valores jóvenes de la criminología crítica, en particular de Colombia y Venezuela, que abandonaron la actividad teórica o de investigación, tras la crisis del paradigma crítico. Es posible que la falta de estímulos y la realidad adversa hayan producido un drenaje generacional, dando lugar a que muchos criminólogos se refugiasen en el ejercicio de sus respectivas profesiones.
f.- En nuestros países periféricos existe también una criminología administrativa, o sea inserta y ligada a organismos oficiales de control social, que tiende a presentar su tarea como una “Realpolitik”. Desde este enfoque, de mucha menor influencia que la de sus similares europeos, suele sostenerse que, el marco democrático por sí mismo, permite alcanzar institucionalmente el contacto con la realidad, o sea, la relación con los problemas que afectan a la gente y a la investigación empírica. Esta actitud colaboradora constituiría un verdadero “compromiso ideológico” o al menos, demostraría que lo que se está haciendo “es lo único posible” en el marco de las actuales circunstancias. Entiendo que, en espacios institucionales tan frágiles y limitados como los del tercer mundo actual, la criminología administrativa termina elaborando planes para dar seguridad a las clases medias, como utópico límite de realización de la participación comunitaria y la solución negociada de conflictos. Ya volveré sobre esta cuestión, que se inserta, al menos tangencialmente, en la vieja disputa de “teoría versus praxis”, ya francamente obsoleta.
II.- El marco histórico actual.
Llegados a este punto, se hace necesario ver si la situación histórica que denunciaba la criminología crítica desapareció con la globalización o, en defecto, cuál ha sido su desarrollo. En vista de que algunos - tal vez muchos - intelectuales proceden como si actualmente todo diera lo mismo, como si fuese inútil rebelarse contra la fatalidad de lo dado, como si las injusticias y atrocidades que se van sumando pertenecieran a la naturaleza de las cosas, porque la historia concluyó y el hombre ya no está en condiciones de influir la marcha de los acontecimientos, cabe formular este interrogante: ¿ha cambiado el capitalismo luego del fin de las ideologías? o ¿Se transformó en algo mejor?
Interpretar la sociedad vigente se ha tornado un desafío a la imaginación, en especial por la insuficiencia de las categorías explicativas en uso hasta comienzos de esta década, o peor todavía , si se intentan trazar proyecciones de futuro. La desarticulación social presente, los cambios en las tecnologías y los sistemas productivos y financieros, hacen que nos encontremos ante un capitalismo de características totalmente novedosas y en plena expansión. Tal vez ya no se deba seguir hablando de capitalismo, y de allí los neologismos en uso para denominar este proceso: "capitalismo salvaje", "neoliberalismo", "economías sociales de mercado" o "globalización económica", que no hacen sino aludir a un curso económico de temibles proyecciones y consecuencias. Desde el darwinismo social, el capitalismo nunca había sido tan descarnado y voraz en su codicia, ni había arriesgado tanto, convirtiendo al planeta en un casino de inversores inescrupulosos, en el cual las fichas en juego representan países, sociedades, destinos colectivos.
La prioridad en las políticas del Estado la tienen los hombres de negocios, que dictan a los gobernantes las medidas correctas según una lógica de rentabilidad excluyente, conforme a la cual, importan más las cifras que las personas. Como ya se ha adelantado, uno de los efectos más destructivos del actual proceso es el establecimiento de un agudo sistema de exclusión, en primer lugar del trabajo, luego de los servicios sociales y finalmente de la propia sociedad, denominación genérica colectiva que aludía a un ámbito general de repartos, que ya no posee generalidad.
El espacio dominante, de sociedad mínima y hegemónica, merece un estudio particularizado, porque sus pautas culturales, políticas, morales y económicas son la cosmovisión que determina la realidad, desde las leyes hasta los usos culturales, implantadas con una soberbia que se parece sospechosamente al autoritarismo más descarnado. La relación de causa a efecto entre el modelo económico dominante y la marginalidad de grupos sociales crecientes es casi obvia, y surge de factores específicos de un orden mundial cuya fuerza motriz es el modelo neoliberal ya analizado. Pocas veces ha sido tan clara la sentencia de MARX, de que la organización de las fuerzas productivas determina la realidad social, sólo que hoy es preciso adicionar varias novedades: La mayor riqueza no se obtiene de la producción de bienes, los bienes no tienden a satisfacer necesidades reales de la vida material comunitaria, y los desocupados no son el ejército de reserva, sino un mero excedente no aprovechable, deshechos, escoria humana. Se los excluye para no pensar más en ellos, no para reincorporarlos en una curva expansiva posterior del desarrollo capitalista. Lo cierto es que, como dice Rifkin, "el trabajo se acabó", y ahora somos demasiados para alimentar, en condiciones contradictorias ( 9 ).
Un interesante estudio de Villarreal sobre el tema, señala que las formas de dirimir conflictos ya no responden a la clásica división horizontal en clases, sino que ahora se observan cortes verticales, de base más sociocultural que económica, y se verifica marginalidad por razones de sexo, edad, salud, identidad cultural, etc. Este autor atribuye una función disciplinaria a la marginación, para que quienes conservan algún trabajo o fuente de recursos, lo acepten en cualquier condición (10).
Se diría que la conciencia a la que pueden apelar los excluidos es la de la astucia para sobrevivir sin recursos, en medio de la indiferencia, la anomia, el pesimismo del empeoramiento constante y la fragmentación de los sentimientos solidarios.
No van quedando valores que cohesionen, sino apremios que dividen. La conciencia social de quien está excluido de la sociedad es el sentimiento de insignificancia e inutilidad, de falta de futuro, de odio o tal vez de envidia enfermiza hacia quienes tienen lo que se necesita para vivir, o hacia quienes nadan en la abundancia y la exhiben con modales de raza superior.
De este cuadro de deterioro psicosocial a la violencia y el delito no median más que circunstancias. La desigualdad social y la disparidad en la distribución de oportunidades terminan con las últimas ilusiones sobre un contrato social que sólo convoca a votar, convalidando la constante reproducción del modelo.
La inseguridad que generan estos factores de la realidad abarca tanto lo público como lo privado y en todas las esferas se van imponiendo, como modelos de conducta, la agresividad y el conflicto. Actualmente parece notorio que el estado normal de la comunidad humana es el enfrentamiento y no la cooperación.
Tal vez se pretenda justificar nuestra situación, con el argumento de que América Latina fue siempre un territorio de exclusión, que pese a las coyunturas favorables, nunca se logró alcanzar el modelo de estado social o "providencial" de los países europeos. Nuestra región fue siempre productora de pobreza, como resultado de una tradición histórica, de una cultura de la desigualdad que arranca en las gestas de independencia y de las relaciones económicas subordinadas al intercambio internacional. Sin embargo, los procesos pauperizantes experimentan hoy una aceleración que multiplica la decadencia, alcanzando sectores cada vez más altos de la pirámide social. Esto se aprecia claramente en países como Argentina y Uruguay, que contaron por largo tiempo con clases medias cultas estabilizadas, que incluso reprodujeron generacionalmente sus valores socioculturales. Actualmente, en Argentina, se está cuantificando un crecimiento de pobreza y desocupación nunca vistos en la historia previa, ni siquiera en la crisis de 1930. Un porcentaje altísimo de la población está sufriendo restricciones que afectan su canasta de alimentos y sus posibilidades de acceso a la salud, la educación, la vestimenta y la movilidad. Pero lo más notable es que, ahora, uno de cada cuatro desocupados o subocupados pertenece a la clase media ( 11 ).
La situación vigente ha promovido rápidos cambios psíquicos y morales en los individuos en general, agudizados en los excluidos, que siguen viendo, especialmente por televisión, la versión urbana del mundo ancho y ajeno.
Psicológicamente, los individuos en sintonía con el modelo cultural hegemónico necesitan ser consumidores, y además ser visualizados como tales, porque consumir es la expresión suprema del ser en la sociedad global.
En grandes sectores de la población, pero muy acentuadamente en las clases medias, se ha producido un vacío de proyectos de vida, en el sentido prospectivo de la palabra "proyecto", implicando un futuro, aspiraciones de progreso gradual, relaciones de consideración, de afecto por el modo de vida adoptado.
Un proverbio oriental dice: "No tengas ningún trato con el que padece desgracias", reflejando una creencia ancestral, según la cual todo fracaso del hombre encierra un sentido moral: el mal debe ser siempre un castigo por los propios defectos. Spencer y sus epígonos dejaron cientos de páginas fundamentando porqué la miseria de los marginados era resultado de su propia desidia y por lo tanto, merecían padecerla.
En nuestra área cultural siempre existió la marginación de conjuntos importantes de personas, e incluso de culturas y etnias, en algunos casos mayoritarias. En muchos de nuestros países, la exclusión se manifestaba o sigue manifestando en toda su crudeza en el ámbito rural. Los "sin tierra" de Brasil, los pueblos indígenas de México, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay son claros ejemplos de segregación campesina, a modo de máxima explotación de productores artesanales reducidos a la supervivencia, en el mejor de los casos.
Esta realidad está presente, por supuesto, en este fin de siglo de nuestros países, pero no constituye la impronta característica del momento histórico actual, acaparada ahora por el fenómeno de la concentración urbana. Distintas proyecciones indican que en el año 2015 el 56% de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas. En 1975 la población urbana de países subdesarrollados era de un 26% del total, y en el año 2015 superará el 50%. Para apreciar mejor la velocidad notable de este crecimiento, cabe recordar que en 1950 el 83% de la población de los países subdesarrollados vivía en zonas rurales. Según informes de 1996 de la Organización Panamericana de la Salud, la población rural de América latina disminuirá en 15 millones en los próximos 30 años, pasando de 121 millones en 1995 a 106 millones en el 2025.
En Brasil, la meta de la migración interior es San Pablo, adonde llegan diariamente miles de nordestinos escapando de la miseria extrema, para sumarse a la vida marginal terrible de esa megalópolis, cuarta en el mundo por cantidad de habitantes. La población paulista aumenta cada año en 250.000 habitantes. Un proceso similar se verifica en ciudad de México, tercera ciudad más habitada del mundo. En Argentina, un país de poca población y mucha superficie, se registran en los últimos diez años corrientes migratorias internas de movilidad súbita, que se concentran en torno a las tres ciudades más grandes: Buenos Aires, Rosario y Córdoba. En cuanto a esta última, se había registrado - ya en 1994 - que 1200 personas por día llegaban a Córdoba para radicarse permanentemente ( 12 ).
Mientas tanto, en relación a 1950, Río de Janeiro, Bogotá, y México acrecentaron seis veces su población. En 1950 había en toda América 22 ciudades de más de un millón de habitantes, 15 en América del Norte y 7 en América Latina. En la actualidad son 36 en el norte y 40 en el centro y sur.
La miseria suburbana alcanza, en algunos sitios de América Latina, niveles de pesadilla, con una degradación que empieza en la cadena alimentaria y abarca todas las expresiones de existencia individual y colectiva, conformando una vida cotidiana plagada de privaciones, violencia, alcohol, drogas, prostitución, incesto, promiscuidad y muchos otros dramas.
En la III conferencia de la Red Social de Naciones Unidas que auspicia la OEA, realizada en Panamá en 1996, se declaró que el 40% de la población latinoamericana asentada en las grandes urbes vive en la pobreza, mientras que en las zonas rurales alcanza al 65%.Estas condiciones miserables, están provocando, en el mundo, el mayor desplazamiento de población de todos los tiempos, constituyendo una grave amenaza para la estabilidad política, económica y social de muchos países y regiones.
La migración mexicana alcanza a casi 700.000 personas por año y según Estados Unidos, serían un millón 300 mil los mexicanos que ingresan ilegalmente cada año. El desborde de la cuota inmigratoria de Estados Unidos, favoreció la aprobación por el Senado, en mayo de 1996, de la construcción de una triple verja de metal de tres metros de altura y casi 23 kilómetros de largo, en la frontera con México a la altura de San Diego y Tijuana, a un costo de 12 millones de dólares. La verja tendrá sensores y un enorme sistema de iluminación.
También se previó la duplicación de los miembros de la patrulla fronteriza, llevándolos a 10.000 y se acumulan, además, proyectos de legisladores y gobernadores radicalizados, proponiendo medidas como el retiro de nacionalidad, expulsiones masivas, deportaciones, retiro de servicios sociales, etc.
Podrían seguir agregándose datos que nos hablan de un presente desesperanzado y de un futuro angustioso y fuera de control. Por razones de espacio, remito a las estadísticas e informes anuales sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas , que causan una impresión deprimente, en particular por el significado de la proyección en el tiempo de tales datos.
En suma, para cerrar este acápite y responder a los interrogantes del principio, podemos decir que el mundo ha empeorado aceleradamente, en un proceso implacable y que los países periféricos son víctimas directas y visibles de la aguda concentración financiera planetaria.
Repito la pregunta inicial: ¿ha cambiado el capitalismo luego del fin de las ideologías? ¿Se volvió algo mejor o, por lo menos, algo distinto? Podemos responder, sin hesitar, que cambió profundamente, pero en un sentido tan irracional, que va preanunciando una pronta debacle global. Aquí será preciso, entonces, que nos preguntemos por la actitud a asumir en el campo intelectual, en general y desde la criminología en particular. Doy por sentado que el cuadro de cosas descripto no puede satisfacer a nadie ; más aún, que la tolerancia o coexistencia científica con semejante realidad social, se está tornando cada vez más insostenible. Por ello, no vendrá mal recapacitar sobre nuestros recursos teóricos y los posibles caminos a seguir.
III.- El rol de los intelectuales en la hora actual.
En la actual situación de crisis del Estado de Bienestar, del Estado Social, del interés por los temas y las ciencias sociales, es evidente que a una gran cantidad de académicos, científicos e investigadores se les ha restringido mucho la salida profesional; incluso, aquellos que mantienen cierta inserción en aparatos públicos de ciencia e investigación o del control social , suelen atravesar malos momentos,por los salarios y compensaciones alarmantemente bajos. En estas condiciones de semi - exclusión, los profesionales de las ciencias sociales deben colocarse como pueden, sea en la actividad privada, sea ocupando los pocos resquicios que han dejado los restos del Estado y la política.
Nadie puede objetar el ejercicio de la defensa propia de sobrevivir material e intelectualmente en estados empobrecidos y en retroceso, dentro de condiciones adversas en constante deterioro. Como ya dije en tomo I de mi criminología, ello no es reaccionario o progresista, bueno ni malo en sí mismo, y para dar un juicio de valor, todo depende de las condiciones y ejercicio de esa inserción. Ejemplo: continuar durante una dictadura militar en el cargo, como si nada pasara y colaborar con las autoridades constituiría una actitud difícil de justificar éticamente. Mas, si puede considerarse legítimo que todos puedan trabajar, otra cosa es olvidarse de los objetivos y las condiciones para las que los cargos se ejercen. En el ámbito intelectual suele incurrirse en el error de estimar a la política criminal como algo abstracto, al servicio de los fines de determinado sistema, en nombre de datos genéricos, como la democracia, por ejemplo, omitiendo explicar cuál es la base de sustentación democrática, cuando se torna, como dije, una mera convocatoria formal de los ciudadanos, sin darles la posibilidad de participar del contrato social impulsando políticas concretas.
Peor todavía es cierta tendencia a identificarse con los objetivos de la tarea profesional, considerándolos como la “meta de la investigación” o el “objetivo lógico y correcto”. Algo así sucede con el peligroso tema de la seguridad pública.
Es cierto que crecieron la violencia y los delitos contra la propiedad y que algo debe hacerse; pero la participación en tales planes, dentro de marcos democráticos de gestión encierra el riesgo de legitimación de experiencias que muchas veces apuntan a devolver cierta seguridad psicológica a sectores medios, ignorando al resto de la sociedad.
No basta entonces, con mostrar orgullosos los diplomas de la democracia y la participación, sin admitir la contrapartida de todo lo que se oculta más allá del islote de las buenas costumbres. Puede haber tareas concretas de integración social, pero ellas pueden resultar exageradamente parciales: un barrio, un sector social de clase media con mediana homogeneidad, etc. El verdadero desafío radica en las estrategias sociales de integración general, aún reconociendo que en las actuales circunstancias, algo así sea casi impensable. Y si realmente es tarea dura, allí radica, justamente, la disparidad que debe ser nivelada, que debe convocar al compromiso intelectual de denuncia y resistencia.
Debemos tener presente que, problemas como el delito, ya no son vistos como problemas sociales a resolver, sino como factores de riesgo (abstracto) a controlar. Si los excluidos no tienen valor, ¿Qué valor puede tener un excluido que además es delincuente?
Es cierto que la criminología crítica se apartó, en cierto momento, de muchos problemas concretos de la sociedad, pero ahora, paradójicamente, el ensimismamiento en “lo que quiere la sociedad” hace perder de vista a qué clase de sociedad se está tratando de consolar y satisfacer. De este problema se deriva la glorificación del empirismo, que es una discusión independiente y plagada de riesgos, ya suficientemente abordada en el curso del siglo pasado en epistemología y en particular, dentro de la metodología. Lo peor es que se podría desembocar , desde allí, en la unión estrecha de pragmatismo con empirismo, que yo definiría como el “soldado sin cabeza”.
Es muy seductora la idea de una “praxis emancipatoria” de que nos hablaban los abolicionistas, siguiendo a Foucault, pero conviene echar un vistazo a la coherencia teórica del abolicionismo y su vínculo (romántico) con la realidad (13).
Debe enfatizarse que no se puede congelar a la criminología en el interés por algún experimento social, por democrático y progresista que parezca, en tanto dato exiguo, parcial y seguramente provisional. Hacerlo, sería como festejar la inauguración de una cárcel nueva (sana y limpia) o la asunción del cargo por un funcionario progresista (14). La fugacidad de lo real, tan cacareada a la hora de subestimar y menospreciar las utopías y la crítica, resulta ser fácilmente ignorada al momento de enamorarse de la propia criatura, elevándola al rango de "creación posible desde la realidad".
Deseo enfatizar que es correcto ampliar la democracia, los espacios democráticos y las experiencias de progreso y mejora social, por mínimos que parezcan. Pero de ello no puede deducirse que cada uno de estos gestos aisladamente o en conjunto, permitan hablar de una criminología, porque la Criminología no es un recetario de actividades prácticas ni tampoco se identifica con alguna gestión política ni puede desentenderse de la totalidad de lo social, que, como se dijo, ES SIEMPRE TRANSITORIA. En tal sentido, he afirmado que la criminología no se sujeta ni siquiera a cambios revolucionarios, porque tiene sus propias metas que los trascienden. Un ejemplo interesante en este aspecto, es el de la defensa política que algunos criminólogos cubanos hacen de la pena de muerte, poniendo en contradicción ideas políticas con objetivos humanitarios.
Volviendo al tema de este punto, cabe decir que en el ámbito capitalista nada ha mejorado y por el contrario, se optimizó la expoliación y la destrucción de las culturas precedentes, dejando de lado cualquier consideración ética. De modo tal, aún en democracia, mientras no cambie el modelo, uno podría estar siendo cómplice de algo horrible, haciendo como que trabaja para mejorar el mundo.
Las verdaderas preguntas de fondo para evitar tal equívoco, consisten en preguntarse: ¿Qué mundo? o ¿Cómo mejorarlo con estas limitaciones?. Las respuestas posibles se conectan con el interrogante que trataré de responder a continuación.
IV.- ¿Qué clase de Criminología reclama el mundo actual?
Un criminólogo belga que recientemente nos visitó, Ronnie Lippens, se ocupa de un intento por demás atractivo: El de universalizar la criminología tomando en cuenta todas las imperfecciones que son fuente de desilusión, pero que mantienen posibilidades abiertas de comunicación y democracia. En un reportaje que se le hiciera en Buenos Aires en Octubre (15), a la pregunta: ¿Cree usted que uno de los objetivos de la criminología crítica es dar soluciones a los conflictos sociales? Respondió que sí, por creer que una criminología verdaderamente crítica tiene el deber de analizar los temas de conflicto social , así como de pensar y formular caminos hacia formas más justas de regulación social. Sin embargo, también agregó que ha llegado la hora de que los criminólogos críticos se den cuenta de que la suya es apenas una voz entre muchas otras. Lippens opina que los criminólogos críticos, más que seguir hablándose entre ellos, deberían intentar construir conexiones con los otros grupos, como los “excluidos”, por ejemplo.
Sería muy bueno, sostuvo, que en su trabajo, abrieran espacio para que esta gente manifieste sus preocupaciones, intereses y aspiraciones con sus propias palabras.
Comparto plenamente estos puntos de vista, porque, según entiendo, con la crisis de la criminología crítica desapareció la utopía de futuro, pero no la crítica a un modelo de estado y particularmente a un sistema, cuestiones sustanciales del análisis crítico. La criminología generó un arma muy poderosa y simple, consistente en poder apreciar el manejo y las funciones político económicas de los modelos de control social formal , DESDE FUERA DE LOS MISMOS, o sea, desde un NO - compromiso con algún modelo particular. De este modo, la existencia de una criminología capaz de realizar tal tarea, resulta claramente disfuncional a quienes pretenden hacer criminología dentro del estado, enamorándose de un modelo circunstancial, de los varios que se van sucediendo.
Esto fue lo que ocurrió a los Nuevos Realistas ingleses, quienes desarrollaron una propuesta minúscula y transitoria para el modelo de control concreto de un país, que se fue deslizando, como dicen Touraine y Zuñiga ( 16 ) en la legitimación de las terceras vías, fórmulas de los viejos socialismos para legitimarse ante el poder financiero, haciendo políticas de centro - derecha. Ciertamente, quienes se suman a proyectos de este tipo, pueden hacer, con buena conciencia, una política criminal “de izquierda” , porque ello implica poseer sensibilidad social, “arrimándose a la comunidad para satisfacer sus necesidades, y calmar sus angustias”. Se legitima, así, la “inserción social” como gestión administrativa del miedo de la gente, para que no termine alejándose de la democracia o busque la justicia por mano propia. Muchos intelectuales, para seguir “produciendo” (existiendo como tales) se adaptan a los límites de lo permitido, de lo que “puede y debe” ser investigado. Por su parte, las universidades, por la crisis y sus propias limitaciones, ponen fuertes obstáculos a las posibilidades de contar con científicos sociales integrados. Queda muy claro, entonces, que una criminología que desnude la pobreza de esos enfoques, que les muestre sus límites, su complacencia, será una criminología indeseable. Se sostendrá que no existe, que está perimida, que es inviable o incapaz de influir en la sociedad, o se le exigirá que, si quiere hacer algo, “proponga proyectos” para que “pruebe su eficacia”. Por supuesto, los reclamos por mayor “realismo”, el “posibilismo” y la “defensa social de tercera vía”, contribuyen, mal que nos pese, a legitimar y fortalecer el modelo social en curso de ejecución, aunque se lo haga en nombre de las mejores intenciones. De este modo, queda muy claro, también, que se preserva para unos pocos participantes en el reparto de lo posible, al manejo de un saber criminológico “sustentable” .
IV.- Algunas conclusiones.
Todo lo dicho demuestra que intentar hacer criminología del primer mundo en el tercero, resulta muchas veces patético y estéril. Así lo han demostrado las malas copias tomadas de los nuevos realistas y Tony Blair para consumo interno. Lo cierto es que, en las condiciones locales, cuanto menos criminología cuestionadora se pueda hacer, tanto mejor para la vigencia del modelo social implantado. En el derecho penal ocurren cosas parecidas, mientras se derrumba la teoría del delito y triunfan las soluciones funcionales al modelo. Sin embargo, hay datos que pueden llevar a un cambio repentino - como siempre de empeoramiento - en el tema del control social en nuestra región. Me refiero a lo acontecido en las torres gemelas y a la presente guerra imperial contra el terrorismo, que militariza el tema de la seguridad interior y lo coloca bajo parámetros completamente globales. Parece prematuro pronunciarse sobre la intensidad con que pueden afectar a nuestra región, pero las tendencias fascistas instauradas en el plano interno por el gobierno de Estados Unidos, hacen presagiar momentos terribles para el resto de la humanidad. Esta es la clase de circunstancias que podrían aproximar, en el marco de la realidad, las necesidades de la criminología al uso en los países centrales y las de los países periféricos, aún con nuestra carga de urgentes padecimientos e injusticias sociales . Tal vez ese tipo de coyunturas pudieran acelerar el proceso de búsqueda de una criminología holística, en el sentido que propone Lippens, tras un camino fructífero de búsqueda e investigación universal.
De acuerdo a lo expuesto hasta aquí, trazaré un balance provisional, respecto a la necesidad de contar con una criminología y entrever cuál es el rumbo que debería asumir:
1.- Nada indica que la tarea de rescate, reformulación y consolidación epistemológica de la criminología haya fracasado o que no haya hecho un aporte positivo, pese a la relativa indiferencia con la que estos esfuerzos fueron recibidos por parte de la comunidad criminológica.
2.- Si se logra ponerla en marcha con nuevos proyectos propios, la criminología tiene la obligación de interpretar la realidad de deterioro que posibilita el control social spenceriano implantado en éste momento histórico.
3.- Deberá estudiarse responsablemente en qué medida la disciplina criminológica que nos impone nuestra realidad, es compatible con la investigación y la elaboración teórica de países centrales. Si no se alcanza una convergencia, se hará apremiante la necesidad de contar aquí con algo como intentó ser la Criminología de la Liberación, o sea una herramienta con fuerte identidad local, pero ahora con alternativas lo suficientemente originales como para enfrentar a la globalización y sus consecuencias.
4.- La aguda crisis del derecho penal y de la política criminal indican la urgencia de reforzarlas o cuestionarlas, según los casos, porque en el mundo jurídico penal coexisten diversos idiomas con distintos efectos: No es lo mismo la hegemonía de propuestas como las de Ferrajoli y Zaffaroni, que las que pueden resultar del funcionalismo sistémico o de la Tolerancia Cero (17).
5.- Suponiendo que lo dicho en 3 y 4 sea compartido, la primera misión de los criminólogos es elegir caminos adecuados para una actividad científica consecuente. Plantear la cuestión teoría versus praxis es una alternativa falsa, tanto en lo epistemológico como en lo político. Que lo empírico determine los contextos teóricos es tan absurdo como pretender que las teorías tengan el poder de configurar la realidad.
En ciencia, lo teórico y lo práctico son inescindibles, y la criminología, como amalgama de ambos, no “se casa” con un modelo de control de manera definitiva. Puede apoyar hoy lo que rechace mañana, porque si no se comparte un modelo social único, no puede haber tampoco un romance criminológico - político - criminal estable. La criminología que deja de ser crítica, que se conforma con una situación dada, deja de ser criminología y pasa a ser una herramienta funcional a algún interés político particular. El único final definitivo y legítimo de esta disciplina sólo puede producirse si dejase de existir el control formal. Por estos motivos, por las limitaciones de la tarea, su complejidad, y la pluralidad de vías de acceso al conocimiento, no parece una tarea simple ni pacífica la de hacer criminología, y es posible que muchas deserciones de este campo se deban a las dificultades a enfrentar. No parece tampoco que la obra criminológica a realizar sea posible por el hallazgo interpretativo de algún Individualismo Providencial, sino que resultará, seguramente, de una laboriosa construcción interdisciplinaria.
6.- Antes de suscribir propuestas interesantes como la de Lippens, es preciso evaluar si el deterioro de nuestras sociedades no torna inviable las posibilidad de analizarlas como un todo de pertenencia común.
7.- No debemos perder de vista que la búsqueda del cambio - por lo menos de funcionamiento - del actual sistema no es un objetivo revolucionario ni la pretensión de tomar el palacio de invierno para hacernos del poder. Es, apenas, un requisito indispensable para neutralizar los efectos de una filosofía tecnocrática, inhumana y fanática, que está llevando la humanidad, a gran velocidad, camino al precipicio.
Para concluir, a la pregunta ¿tiene futuro la criminología? Respondo que sí, que creo que debería ser el aquí delineado, o sea , en modo alguno apto para la clarividencia ni para la ingenuidad.
NOTAS:
(1).- Elbert Carlos: Criminología Latinoamericana. Teoría y propuestas sobre el control social del tercer milenio. Editorial Universidad, Buenos Aires 1996 (parte primera)
- Mismo título y editorial, parte segunda, Buenos Aires, 1999. - Manual básico de Criminología, Eudeba, segunda edición, Bs. Aires, 2001.
(2).- Ver de la primera “Criminología: vida y movimiento” en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina,Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999, y del segundo “Búsqueda criminológica” Nueva Generación, Editorial de la fundación Siglo XXI, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1995.
( 3 ) Lea, John y Young, Jock “¿Qué hacer con la ley y el orden?” Editores del Puerto, Buenos Aires, 2001.
- Larrauri, Helena, “La herencia de la criminología crítica”, Ed. Siglo XXI, México, 1991.
(4).- Ver en mi Criminología...(parte primera) citada, capítulo II
( 5 ).- Ver: Silva García Germán: "Criminología: bases para una teoría sociológica del delito”, en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina, Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999.
( 6 ).- Aniyar de Castro Lola: “El triunfo de Lewis Carroll”, en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina, Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999.
( 7 ).- Delgado Rosales, Francisco, “La criminología latinoamericana del siglo XXI: hacia nuevas formas de control social” en Capítulo Criminológico, Vol.27, 3, diciembre de 1999.
( 8 ).- Ver la línea evolutiva que se registra en sus trabajos:
* Política criminal latinoamericana, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1982.
* Criminología, aproximación desde un margen, Ed. Temis, Bogotá, 1988.
* En busca de las penas perdidas, Ediar, Buenos Aires, 1989,
* El curso de la criminología, en Capítulo Criminológico, Vol. 27, 3, diciembre de 1999, en conferencias, pag. 151, trabajo al que hemos dado la calificación de posmoderno, en el trabajo compartido con Murillo, Susana, Un análisis crítico de la visión de Zaffaroni sobre el curso de la criminología, en Capítulo Criminológico, Maracaibo, Vol.28 Nº3, septiembre de 2000, pag.19. Sin embargo, Zaffaroni critica a la posmodernidad en su posterior Tratado de Derecho Penal, Ediar, Buenos Aires, capítulo 9, pag. 346 y s.s.
( 9 ).- Rifkin, Jeremy, “El fin del trabajo”, Ed. Paidós, Bs. Aires, 1997.
( 10 ).-Villarreal, Juan, La exclusión social, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996.
(11).- "Clarín", Buenos Aires, 8. 9. 1996.
(12).- "Clarín", Buenos Aires, editorial del 25. 11. 1994. Para ampliar el tema ver capítulo... de mi libro
(13 ).- Ver mi trabajo: “Abolicionismo: ¿eclecticismo o integración en la criminología?”, en libro de homenaje al Profesor David Baigún, Editores Del Puerto, Buenos Aires, 1995.
(14 ).- Ver el desarrollo de este tema en mi Manual, obra citada, capítulo 7.
(15).- Para Derecho Penal Online, octubre 2001.
(16).- Zuñiga Núñez, Ariel, “Criminalización de tercera vía, sufrimiento de última generación”, en Derecho Penal Online del 7.11.2001.
(17).- Ver mi ponencia “El sistema penal ante las exigencias del presente”, en el Primer Encuentro argentino de Profesores de Derecho Penal, Santa Fé, septiembre de 2001.
Por Carlos Alberto Elbert
Trabajo Publicado en Documentos Penales y Criminológicos Vol.2 del Instituto Centroamericano de Estudios Penales.
I.- Introducción.
Trataré de abordar un tema que, estoy seguro, preocupa en buena medida a muchos de quienes se sienten todavía ligados a la necesidad de contar con una Criminología. Me referiré, entonces, a lo ocurrido en ese campo del conocimiento, en las últimas dos décadas del siglo XX, relacionándolo con el corto, pero intenso lapso de tiempo, que estamos viviendo en el inicio mismo del siglo XXI.
Supongo que debo empezar con el interrogante acerca de qué pasó antes y después de la implosión de las utopías en el campo criminológico en los años ochenta. La respuesta es hoy bastante visible: Terminó una base teórica e ideológica común a una gran cantidad de criminólogos de distinta nacionalidad y procedencia disciplinaria; con ello, se perdió también el objeto de la crítica a la sociedad capitalista y a la operatividad de sus modelos de control. Se nos dijo que el estado capitalista tan criticado, se desvaneció al globalizarse, y podemos verificar cómo, en los países periféricos, la noción de Estado pierde significación, poder y autodeterminación. En nuestros países capitalistas del año 2001, el Estado es un rehén de grupos financieros de alta concentración y nos esforzamos en ver cómo salvarlo para que, al menos, preste alguna utilidad que, por ahora, parece estar integrada por puras expectativas.
Volviendo por un momento a los ochenta, recuerdo que, a quienes en aquél momento nos identificamos con la criminología crítica, se nos presentaba un escaso puñado de alternativas de cara al futuro. Yo identifico, arbitrariamente, seis caminos relevantes, de los que entonces se transitaron, ante la crisis de la criminología crítica:
a.- interpretar qué nos había ocurrido
b.- hacer como que nada hubiera ocurrido
c.- cambiar de vereda y asilarnos en una “embajada” (sociología)
d.- pasarnos al posmodernismo con armas y bagajes, sin complejos de culpa
e.- dedicarnos a otra cosa
f.- afirmar que lo que se está haciendo “es lo único posible” en el marco de las actuales circunstancias (el llamado “posibilismo”) .
Veamos, someramente, qué dificultades enfrentaron estos enfoques y cuáles fueron los rumbos que recorrieron en el plano de la realidad.
a.- La tentación de interpretar lo ocurrido a partir de la criminología crítica, con la intención de reactivar o resucitar una actividad comprometida, estuvo orientada por ideas precedentes, pero recicladas como resistencia a la exclusión y afán de cambios sociales capaces de cuestionar el “modelo único”, con la secreta esperanza de que no todo estuviera perdido. Uno de los problemas más evidentes con los que tropezó esta perspectiva ha sido que, en general, (y en particular desde cierta criminología empirista de Europa, muy satisfecha consigo misma) se descalifica, a quienes insisten en formular estos análisis, como “nostálgicos de tiempos pasados”, “técnicamente atrasados” “románticos” o “incapaces de comprender fenómenos tan decisivos como la globalidad y el fin de las ideologías”. A muchos se nos endilga, en suma, padecer de atraso y desubicación histórica, subestimando, mediante un prolijo y piadoso silencio, a los esporádicos intentos de replanteo crítico de procedencia latinoamericana.
La tarea autocrítica y reconstructiva es la que vengo intentando desde los años 90, con la publicación de varios trabajos, objeto de escasa polémica, y bastante ignorados. Pese a tan poca discusión teórica, esa elaboración epistemológica me permitió una fructífera labor académica de posgrado en numerosas universidades,tanto en el plano nacional como internacional (1). Otros intentos similares en
América Latina son los de Alicia González Vidaurri y Alejandro Colanzi Zeballos(2). Debo confesar, también, que mi escasa vocación electrónica me impide conocer, en gran medida, a una novel generación de latinoamericanos que se comunican casi exclusivamente por La Red.
La tarea de interpretar lo ocurrido con la criminología crítica fue dolorosa, porque obligaba a reconocer fracasos, temores, e inseguridades y esto la convertía en un esfuerzo pesado y “poco rentable” en el mercado de las ideas político criminales de vanguardia o de actualidad.
Cabe señalar que también hubo quienes hicieron importantes esfuerzos interpretativos de la criminología crítica, pero para desautorizarla o descalificarla hacia el futuro. Trabajos de suma importancia fueron, en este sentido, los de los Nuevos Realistas y los de Helena Larrauri ( 3 ).
También están, por último, quienes no simpatizaron nunca con la criminología crítica e incluso, se sintieron muy complacidos por su desarticulación, interpretándola como un progreso irreversible ante el arrollador avance de la interdependencia global.
La satisfacción por la muerte de la criminología crítica - que duda cabe - es una postura ideológica de derecha, e incluye a positivistas, posmodernistas y penalistas conservadores. Son corrientes de pensamiento que se sienten, expresa o implícitamente, conformes con la situación actual del quehacer criminológico, en el estado de río revuelto en que se encuentra, apelando desde Lombroso a Nietszche, para valorar esta etapa como parte del exterminio de los dinosaurios, o sea de los grandes discursos resultantes de la modernidad o del marxismo.
b.- La segunda posibilidad, continuar con lo mismo como si no hubiera pasado nada, se instaló, visiblemente, en Europa, en especial en Alemania y España. Allí se ha seguido, en general, con la producción en serie de investigaciones empíricas, frecuentemente al servicio de organismos estatales de control o mediante convenios con ellos, mirando con recelo y desconfianza los planteos de análisis teórico general o epistemológico. No cabe duda que esta postura es ideal para criminólogos que ejercen un oficio burocrático, recelosos de contextos que puedan opacar la actual apariencia obvia de su especialización laboral.
Dentro de este sector , también es dable encontrar prolíficos criminólogos críticos que abandonaron los grandes contextos previos, concentrándose en alguna temática particular, como cárceles, justicia o derechos de algunas minorías, dejando de lado análisis y referencias sociopolíticas generales .
Obviamente, todos estos criminólogos pueden haber tenido una abundante producción, dentro de las limitaciones del marco de referencia general (científico, filosófico o político ) que he señalado.
c.- Otro sector de criminólogos, ante la dura desilusión de la disciplina agonizante, abandonaron el concepto epistemológico de “criminología” para dedicarse a la sociología del control social, sin advertir que estaban asumiendo dificultades epistemológicas peores a las que era dable padecer dentro del campo interdisciplinario anterior. Advierto que esta producción, de aparente coherencia de objeto y método en la superficie, no posee, en realidad, un estado actual de solidez teórica en el marco de una ciencia claramente establecida ( 4 ).
También hay autores que venían trabajando en el campo sociológico, pero dentro del funcionalismo y alejados de la criminología crítica (5).
d.- Algunos autores críticos han optado, sin transiciones tras el derrumbe de sus elaboraciones críticas, por el subjetivismo cognoscitivo, que, como puede comprenderse, es una coraza que impide todo debate de ideas y en particular la evaluación de actividades históricamente previas. Un caso notable en tal sentido es el de Lola Aniyar de Castro (6). También debe recordarse que, en el primer mundo, hubo sectores importantes de la criminología ex - crítica de los Estados Unidos y Europa que se plegaron al posmodernismo, en especial los grupos feministas dominantes allí en los años 90.
En América Latina algunos autores han reivindicado expresamente la posmodernidad, saludándola como la nueva vía del progreso de las ideas, así Delgado Rosales (7), mientras que otros, como Zaffaroni, merecen una interpretación específica por las variaciones que se constatan a lo largo de su obra( 8 ).
e.- Lamentablemente, son muchos los casos de promisorios valores jóvenes de la criminología crítica, en particular de Colombia y Venezuela, que abandonaron la actividad teórica o de investigación, tras la crisis del paradigma crítico. Es posible que la falta de estímulos y la realidad adversa hayan producido un drenaje generacional, dando lugar a que muchos criminólogos se refugiasen en el ejercicio de sus respectivas profesiones.
f.- En nuestros países periféricos existe también una criminología administrativa, o sea inserta y ligada a organismos oficiales de control social, que tiende a presentar su tarea como una “Realpolitik”. Desde este enfoque, de mucha menor influencia que la de sus similares europeos, suele sostenerse que, el marco democrático por sí mismo, permite alcanzar institucionalmente el contacto con la realidad, o sea, la relación con los problemas que afectan a la gente y a la investigación empírica. Esta actitud colaboradora constituiría un verdadero “compromiso ideológico” o al menos, demostraría que lo que se está haciendo “es lo único posible” en el marco de las actuales circunstancias. Entiendo que, en espacios institucionales tan frágiles y limitados como los del tercer mundo actual, la criminología administrativa termina elaborando planes para dar seguridad a las clases medias, como utópico límite de realización de la participación comunitaria y la solución negociada de conflictos. Ya volveré sobre esta cuestión, que se inserta, al menos tangencialmente, en la vieja disputa de “teoría versus praxis”, ya francamente obsoleta.
II.- El marco histórico actual.
Llegados a este punto, se hace necesario ver si la situación histórica que denunciaba la criminología crítica desapareció con la globalización o, en defecto, cuál ha sido su desarrollo. En vista de que algunos - tal vez muchos - intelectuales proceden como si actualmente todo diera lo mismo, como si fuese inútil rebelarse contra la fatalidad de lo dado, como si las injusticias y atrocidades que se van sumando pertenecieran a la naturaleza de las cosas, porque la historia concluyó y el hombre ya no está en condiciones de influir la marcha de los acontecimientos, cabe formular este interrogante: ¿ha cambiado el capitalismo luego del fin de las ideologías? o ¿Se transformó en algo mejor?
Interpretar la sociedad vigente se ha tornado un desafío a la imaginación, en especial por la insuficiencia de las categorías explicativas en uso hasta comienzos de esta década, o peor todavía , si se intentan trazar proyecciones de futuro. La desarticulación social presente, los cambios en las tecnologías y los sistemas productivos y financieros, hacen que nos encontremos ante un capitalismo de características totalmente novedosas y en plena expansión. Tal vez ya no se deba seguir hablando de capitalismo, y de allí los neologismos en uso para denominar este proceso: "capitalismo salvaje", "neoliberalismo", "economías sociales de mercado" o "globalización económica", que no hacen sino aludir a un curso económico de temibles proyecciones y consecuencias. Desde el darwinismo social, el capitalismo nunca había sido tan descarnado y voraz en su codicia, ni había arriesgado tanto, convirtiendo al planeta en un casino de inversores inescrupulosos, en el cual las fichas en juego representan países, sociedades, destinos colectivos.
La prioridad en las políticas del Estado la tienen los hombres de negocios, que dictan a los gobernantes las medidas correctas según una lógica de rentabilidad excluyente, conforme a la cual, importan más las cifras que las personas. Como ya se ha adelantado, uno de los efectos más destructivos del actual proceso es el establecimiento de un agudo sistema de exclusión, en primer lugar del trabajo, luego de los servicios sociales y finalmente de la propia sociedad, denominación genérica colectiva que aludía a un ámbito general de repartos, que ya no posee generalidad.
El espacio dominante, de sociedad mínima y hegemónica, merece un estudio particularizado, porque sus pautas culturales, políticas, morales y económicas son la cosmovisión que determina la realidad, desde las leyes hasta los usos culturales, implantadas con una soberbia que se parece sospechosamente al autoritarismo más descarnado. La relación de causa a efecto entre el modelo económico dominante y la marginalidad de grupos sociales crecientes es casi obvia, y surge de factores específicos de un orden mundial cuya fuerza motriz es el modelo neoliberal ya analizado. Pocas veces ha sido tan clara la sentencia de MARX, de que la organización de las fuerzas productivas determina la realidad social, sólo que hoy es preciso adicionar varias novedades: La mayor riqueza no se obtiene de la producción de bienes, los bienes no tienden a satisfacer necesidades reales de la vida material comunitaria, y los desocupados no son el ejército de reserva, sino un mero excedente no aprovechable, deshechos, escoria humana. Se los excluye para no pensar más en ellos, no para reincorporarlos en una curva expansiva posterior del desarrollo capitalista. Lo cierto es que, como dice Rifkin, "el trabajo se acabó", y ahora somos demasiados para alimentar, en condiciones contradictorias ( 9 ).
Un interesante estudio de Villarreal sobre el tema, señala que las formas de dirimir conflictos ya no responden a la clásica división horizontal en clases, sino que ahora se observan cortes verticales, de base más sociocultural que económica, y se verifica marginalidad por razones de sexo, edad, salud, identidad cultural, etc. Este autor atribuye una función disciplinaria a la marginación, para que quienes conservan algún trabajo o fuente de recursos, lo acepten en cualquier condición (10).
Se diría que la conciencia a la que pueden apelar los excluidos es la de la astucia para sobrevivir sin recursos, en medio de la indiferencia, la anomia, el pesimismo del empeoramiento constante y la fragmentación de los sentimientos solidarios.
No van quedando valores que cohesionen, sino apremios que dividen. La conciencia social de quien está excluido de la sociedad es el sentimiento de insignificancia e inutilidad, de falta de futuro, de odio o tal vez de envidia enfermiza hacia quienes tienen lo que se necesita para vivir, o hacia quienes nadan en la abundancia y la exhiben con modales de raza superior.
De este cuadro de deterioro psicosocial a la violencia y el delito no median más que circunstancias. La desigualdad social y la disparidad en la distribución de oportunidades terminan con las últimas ilusiones sobre un contrato social que sólo convoca a votar, convalidando la constante reproducción del modelo.
La inseguridad que generan estos factores de la realidad abarca tanto lo público como lo privado y en todas las esferas se van imponiendo, como modelos de conducta, la agresividad y el conflicto. Actualmente parece notorio que el estado normal de la comunidad humana es el enfrentamiento y no la cooperación.
Tal vez se pretenda justificar nuestra situación, con el argumento de que América Latina fue siempre un territorio de exclusión, que pese a las coyunturas favorables, nunca se logró alcanzar el modelo de estado social o "providencial" de los países europeos. Nuestra región fue siempre productora de pobreza, como resultado de una tradición histórica, de una cultura de la desigualdad que arranca en las gestas de independencia y de las relaciones económicas subordinadas al intercambio internacional. Sin embargo, los procesos pauperizantes experimentan hoy una aceleración que multiplica la decadencia, alcanzando sectores cada vez más altos de la pirámide social. Esto se aprecia claramente en países como Argentina y Uruguay, que contaron por largo tiempo con clases medias cultas estabilizadas, que incluso reprodujeron generacionalmente sus valores socioculturales. Actualmente, en Argentina, se está cuantificando un crecimiento de pobreza y desocupación nunca vistos en la historia previa, ni siquiera en la crisis de 1930. Un porcentaje altísimo de la población está sufriendo restricciones que afectan su canasta de alimentos y sus posibilidades de acceso a la salud, la educación, la vestimenta y la movilidad. Pero lo más notable es que, ahora, uno de cada cuatro desocupados o subocupados pertenece a la clase media ( 11 ).
La situación vigente ha promovido rápidos cambios psíquicos y morales en los individuos en general, agudizados en los excluidos, que siguen viendo, especialmente por televisión, la versión urbana del mundo ancho y ajeno.
Psicológicamente, los individuos en sintonía con el modelo cultural hegemónico necesitan ser consumidores, y además ser visualizados como tales, porque consumir es la expresión suprema del ser en la sociedad global.
En grandes sectores de la población, pero muy acentuadamente en las clases medias, se ha producido un vacío de proyectos de vida, en el sentido prospectivo de la palabra "proyecto", implicando un futuro, aspiraciones de progreso gradual, relaciones de consideración, de afecto por el modo de vida adoptado.
Un proverbio oriental dice: "No tengas ningún trato con el que padece desgracias", reflejando una creencia ancestral, según la cual todo fracaso del hombre encierra un sentido moral: el mal debe ser siempre un castigo por los propios defectos. Spencer y sus epígonos dejaron cientos de páginas fundamentando porqué la miseria de los marginados era resultado de su propia desidia y por lo tanto, merecían padecerla.
En nuestra área cultural siempre existió la marginación de conjuntos importantes de personas, e incluso de culturas y etnias, en algunos casos mayoritarias. En muchos de nuestros países, la exclusión se manifestaba o sigue manifestando en toda su crudeza en el ámbito rural. Los "sin tierra" de Brasil, los pueblos indígenas de México, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay son claros ejemplos de segregación campesina, a modo de máxima explotación de productores artesanales reducidos a la supervivencia, en el mejor de los casos.
Esta realidad está presente, por supuesto, en este fin de siglo de nuestros países, pero no constituye la impronta característica del momento histórico actual, acaparada ahora por el fenómeno de la concentración urbana. Distintas proyecciones indican que en el año 2015 el 56% de la población mundial vivirá en ciudades o áreas urbanas. En 1975 la población urbana de países subdesarrollados era de un 26% del total, y en el año 2015 superará el 50%. Para apreciar mejor la velocidad notable de este crecimiento, cabe recordar que en 1950 el 83% de la población de los países subdesarrollados vivía en zonas rurales. Según informes de 1996 de la Organización Panamericana de la Salud, la población rural de América latina disminuirá en 15 millones en los próximos 30 años, pasando de 121 millones en 1995 a 106 millones en el 2025.
En Brasil, la meta de la migración interior es San Pablo, adonde llegan diariamente miles de nordestinos escapando de la miseria extrema, para sumarse a la vida marginal terrible de esa megalópolis, cuarta en el mundo por cantidad de habitantes. La población paulista aumenta cada año en 250.000 habitantes. Un proceso similar se verifica en ciudad de México, tercera ciudad más habitada del mundo. En Argentina, un país de poca población y mucha superficie, se registran en los últimos diez años corrientes migratorias internas de movilidad súbita, que se concentran en torno a las tres ciudades más grandes: Buenos Aires, Rosario y Córdoba. En cuanto a esta última, se había registrado - ya en 1994 - que 1200 personas por día llegaban a Córdoba para radicarse permanentemente ( 12 ).
Mientas tanto, en relación a 1950, Río de Janeiro, Bogotá, y México acrecentaron seis veces su población. En 1950 había en toda América 22 ciudades de más de un millón de habitantes, 15 en América del Norte y 7 en América Latina. En la actualidad son 36 en el norte y 40 en el centro y sur.
La miseria suburbana alcanza, en algunos sitios de América Latina, niveles de pesadilla, con una degradación que empieza en la cadena alimentaria y abarca todas las expresiones de existencia individual y colectiva, conformando una vida cotidiana plagada de privaciones, violencia, alcohol, drogas, prostitución, incesto, promiscuidad y muchos otros dramas.
En la III conferencia de la Red Social de Naciones Unidas que auspicia la OEA, realizada en Panamá en 1996, se declaró que el 40% de la población latinoamericana asentada en las grandes urbes vive en la pobreza, mientras que en las zonas rurales alcanza al 65%.Estas condiciones miserables, están provocando, en el mundo, el mayor desplazamiento de población de todos los tiempos, constituyendo una grave amenaza para la estabilidad política, económica y social de muchos países y regiones.
La migración mexicana alcanza a casi 700.000 personas por año y según Estados Unidos, serían un millón 300 mil los mexicanos que ingresan ilegalmente cada año. El desborde de la cuota inmigratoria de Estados Unidos, favoreció la aprobación por el Senado, en mayo de 1996, de la construcción de una triple verja de metal de tres metros de altura y casi 23 kilómetros de largo, en la frontera con México a la altura de San Diego y Tijuana, a un costo de 12 millones de dólares. La verja tendrá sensores y un enorme sistema de iluminación.
También se previó la duplicación de los miembros de la patrulla fronteriza, llevándolos a 10.000 y se acumulan, además, proyectos de legisladores y gobernadores radicalizados, proponiendo medidas como el retiro de nacionalidad, expulsiones masivas, deportaciones, retiro de servicios sociales, etc.
Podrían seguir agregándose datos que nos hablan de un presente desesperanzado y de un futuro angustioso y fuera de control. Por razones de espacio, remito a las estadísticas e informes anuales sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas , que causan una impresión deprimente, en particular por el significado de la proyección en el tiempo de tales datos.
En suma, para cerrar este acápite y responder a los interrogantes del principio, podemos decir que el mundo ha empeorado aceleradamente, en un proceso implacable y que los países periféricos son víctimas directas y visibles de la aguda concentración financiera planetaria.
Repito la pregunta inicial: ¿ha cambiado el capitalismo luego del fin de las ideologías? ¿Se volvió algo mejor o, por lo menos, algo distinto? Podemos responder, sin hesitar, que cambió profundamente, pero en un sentido tan irracional, que va preanunciando una pronta debacle global. Aquí será preciso, entonces, que nos preguntemos por la actitud a asumir en el campo intelectual, en general y desde la criminología en particular. Doy por sentado que el cuadro de cosas descripto no puede satisfacer a nadie ; más aún, que la tolerancia o coexistencia científica con semejante realidad social, se está tornando cada vez más insostenible. Por ello, no vendrá mal recapacitar sobre nuestros recursos teóricos y los posibles caminos a seguir.
III.- El rol de los intelectuales en la hora actual.
En la actual situación de crisis del Estado de Bienestar, del Estado Social, del interés por los temas y las ciencias sociales, es evidente que a una gran cantidad de académicos, científicos e investigadores se les ha restringido mucho la salida profesional; incluso, aquellos que mantienen cierta inserción en aparatos públicos de ciencia e investigación o del control social , suelen atravesar malos momentos,por los salarios y compensaciones alarmantemente bajos. En estas condiciones de semi - exclusión, los profesionales de las ciencias sociales deben colocarse como pueden, sea en la actividad privada, sea ocupando los pocos resquicios que han dejado los restos del Estado y la política.
Nadie puede objetar el ejercicio de la defensa propia de sobrevivir material e intelectualmente en estados empobrecidos y en retroceso, dentro de condiciones adversas en constante deterioro. Como ya dije en tomo I de mi criminología, ello no es reaccionario o progresista, bueno ni malo en sí mismo, y para dar un juicio de valor, todo depende de las condiciones y ejercicio de esa inserción. Ejemplo: continuar durante una dictadura militar en el cargo, como si nada pasara y colaborar con las autoridades constituiría una actitud difícil de justificar éticamente. Mas, si puede considerarse legítimo que todos puedan trabajar, otra cosa es olvidarse de los objetivos y las condiciones para las que los cargos se ejercen. En el ámbito intelectual suele incurrirse en el error de estimar a la política criminal como algo abstracto, al servicio de los fines de determinado sistema, en nombre de datos genéricos, como la democracia, por ejemplo, omitiendo explicar cuál es la base de sustentación democrática, cuando se torna, como dije, una mera convocatoria formal de los ciudadanos, sin darles la posibilidad de participar del contrato social impulsando políticas concretas.
Peor todavía es cierta tendencia a identificarse con los objetivos de la tarea profesional, considerándolos como la “meta de la investigación” o el “objetivo lógico y correcto”. Algo así sucede con el peligroso tema de la seguridad pública.
Es cierto que crecieron la violencia y los delitos contra la propiedad y que algo debe hacerse; pero la participación en tales planes, dentro de marcos democráticos de gestión encierra el riesgo de legitimación de experiencias que muchas veces apuntan a devolver cierta seguridad psicológica a sectores medios, ignorando al resto de la sociedad.
No basta entonces, con mostrar orgullosos los diplomas de la democracia y la participación, sin admitir la contrapartida de todo lo que se oculta más allá del islote de las buenas costumbres. Puede haber tareas concretas de integración social, pero ellas pueden resultar exageradamente parciales: un barrio, un sector social de clase media con mediana homogeneidad, etc. El verdadero desafío radica en las estrategias sociales de integración general, aún reconociendo que en las actuales circunstancias, algo así sea casi impensable. Y si realmente es tarea dura, allí radica, justamente, la disparidad que debe ser nivelada, que debe convocar al compromiso intelectual de denuncia y resistencia.
Debemos tener presente que, problemas como el delito, ya no son vistos como problemas sociales a resolver, sino como factores de riesgo (abstracto) a controlar. Si los excluidos no tienen valor, ¿Qué valor puede tener un excluido que además es delincuente?
Es cierto que la criminología crítica se apartó, en cierto momento, de muchos problemas concretos de la sociedad, pero ahora, paradójicamente, el ensimismamiento en “lo que quiere la sociedad” hace perder de vista a qué clase de sociedad se está tratando de consolar y satisfacer. De este problema se deriva la glorificación del empirismo, que es una discusión independiente y plagada de riesgos, ya suficientemente abordada en el curso del siglo pasado en epistemología y en particular, dentro de la metodología. Lo peor es que se podría desembocar , desde allí, en la unión estrecha de pragmatismo con empirismo, que yo definiría como el “soldado sin cabeza”.
Es muy seductora la idea de una “praxis emancipatoria” de que nos hablaban los abolicionistas, siguiendo a Foucault, pero conviene echar un vistazo a la coherencia teórica del abolicionismo y su vínculo (romántico) con la realidad (13).
Debe enfatizarse que no se puede congelar a la criminología en el interés por algún experimento social, por democrático y progresista que parezca, en tanto dato exiguo, parcial y seguramente provisional. Hacerlo, sería como festejar la inauguración de una cárcel nueva (sana y limpia) o la asunción del cargo por un funcionario progresista (14). La fugacidad de lo real, tan cacareada a la hora de subestimar y menospreciar las utopías y la crítica, resulta ser fácilmente ignorada al momento de enamorarse de la propia criatura, elevándola al rango de "creación posible desde la realidad".
Deseo enfatizar que es correcto ampliar la democracia, los espacios democráticos y las experiencias de progreso y mejora social, por mínimos que parezcan. Pero de ello no puede deducirse que cada uno de estos gestos aisladamente o en conjunto, permitan hablar de una criminología, porque la Criminología no es un recetario de actividades prácticas ni tampoco se identifica con alguna gestión política ni puede desentenderse de la totalidad de lo social, que, como se dijo, ES SIEMPRE TRANSITORIA. En tal sentido, he afirmado que la criminología no se sujeta ni siquiera a cambios revolucionarios, porque tiene sus propias metas que los trascienden. Un ejemplo interesante en este aspecto, es el de la defensa política que algunos criminólogos cubanos hacen de la pena de muerte, poniendo en contradicción ideas políticas con objetivos humanitarios.
Volviendo al tema de este punto, cabe decir que en el ámbito capitalista nada ha mejorado y por el contrario, se optimizó la expoliación y la destrucción de las culturas precedentes, dejando de lado cualquier consideración ética. De modo tal, aún en democracia, mientras no cambie el modelo, uno podría estar siendo cómplice de algo horrible, haciendo como que trabaja para mejorar el mundo.
Las verdaderas preguntas de fondo para evitar tal equívoco, consisten en preguntarse: ¿Qué mundo? o ¿Cómo mejorarlo con estas limitaciones?. Las respuestas posibles se conectan con el interrogante que trataré de responder a continuación.
IV.- ¿Qué clase de Criminología reclama el mundo actual?
Un criminólogo belga que recientemente nos visitó, Ronnie Lippens, se ocupa de un intento por demás atractivo: El de universalizar la criminología tomando en cuenta todas las imperfecciones que son fuente de desilusión, pero que mantienen posibilidades abiertas de comunicación y democracia. En un reportaje que se le hiciera en Buenos Aires en Octubre (15), a la pregunta: ¿Cree usted que uno de los objetivos de la criminología crítica es dar soluciones a los conflictos sociales? Respondió que sí, por creer que una criminología verdaderamente crítica tiene el deber de analizar los temas de conflicto social , así como de pensar y formular caminos hacia formas más justas de regulación social. Sin embargo, también agregó que ha llegado la hora de que los criminólogos críticos se den cuenta de que la suya es apenas una voz entre muchas otras. Lippens opina que los criminólogos críticos, más que seguir hablándose entre ellos, deberían intentar construir conexiones con los otros grupos, como los “excluidos”, por ejemplo.
Sería muy bueno, sostuvo, que en su trabajo, abrieran espacio para que esta gente manifieste sus preocupaciones, intereses y aspiraciones con sus propias palabras.
Comparto plenamente estos puntos de vista, porque, según entiendo, con la crisis de la criminología crítica desapareció la utopía de futuro, pero no la crítica a un modelo de estado y particularmente a un sistema, cuestiones sustanciales del análisis crítico. La criminología generó un arma muy poderosa y simple, consistente en poder apreciar el manejo y las funciones político económicas de los modelos de control social formal , DESDE FUERA DE LOS MISMOS, o sea, desde un NO - compromiso con algún modelo particular. De este modo, la existencia de una criminología capaz de realizar tal tarea, resulta claramente disfuncional a quienes pretenden hacer criminología dentro del estado, enamorándose de un modelo circunstancial, de los varios que se van sucediendo.
Esto fue lo que ocurrió a los Nuevos Realistas ingleses, quienes desarrollaron una propuesta minúscula y transitoria para el modelo de control concreto de un país, que se fue deslizando, como dicen Touraine y Zuñiga ( 16 ) en la legitimación de las terceras vías, fórmulas de los viejos socialismos para legitimarse ante el poder financiero, haciendo políticas de centro - derecha. Ciertamente, quienes se suman a proyectos de este tipo, pueden hacer, con buena conciencia, una política criminal “de izquierda” , porque ello implica poseer sensibilidad social, “arrimándose a la comunidad para satisfacer sus necesidades, y calmar sus angustias”. Se legitima, así, la “inserción social” como gestión administrativa del miedo de la gente, para que no termine alejándose de la democracia o busque la justicia por mano propia. Muchos intelectuales, para seguir “produciendo” (existiendo como tales) se adaptan a los límites de lo permitido, de lo que “puede y debe” ser investigado. Por su parte, las universidades, por la crisis y sus propias limitaciones, ponen fuertes obstáculos a las posibilidades de contar con científicos sociales integrados. Queda muy claro, entonces, que una criminología que desnude la pobreza de esos enfoques, que les muestre sus límites, su complacencia, será una criminología indeseable. Se sostendrá que no existe, que está perimida, que es inviable o incapaz de influir en la sociedad, o se le exigirá que, si quiere hacer algo, “proponga proyectos” para que “pruebe su eficacia”. Por supuesto, los reclamos por mayor “realismo”, el “posibilismo” y la “defensa social de tercera vía”, contribuyen, mal que nos pese, a legitimar y fortalecer el modelo social en curso de ejecución, aunque se lo haga en nombre de las mejores intenciones. De este modo, queda muy claro, también, que se preserva para unos pocos participantes en el reparto de lo posible, al manejo de un saber criminológico “sustentable” .
IV.- Algunas conclusiones.
Todo lo dicho demuestra que intentar hacer criminología del primer mundo en el tercero, resulta muchas veces patético y estéril. Así lo han demostrado las malas copias tomadas de los nuevos realistas y Tony Blair para consumo interno. Lo cierto es que, en las condiciones locales, cuanto menos criminología cuestionadora se pueda hacer, tanto mejor para la vigencia del modelo social implantado. En el derecho penal ocurren cosas parecidas, mientras se derrumba la teoría del delito y triunfan las soluciones funcionales al modelo. Sin embargo, hay datos que pueden llevar a un cambio repentino - como siempre de empeoramiento - en el tema del control social en nuestra región. Me refiero a lo acontecido en las torres gemelas y a la presente guerra imperial contra el terrorismo, que militariza el tema de la seguridad interior y lo coloca bajo parámetros completamente globales. Parece prematuro pronunciarse sobre la intensidad con que pueden afectar a nuestra región, pero las tendencias fascistas instauradas en el plano interno por el gobierno de Estados Unidos, hacen presagiar momentos terribles para el resto de la humanidad. Esta es la clase de circunstancias que podrían aproximar, en el marco de la realidad, las necesidades de la criminología al uso en los países centrales y las de los países periféricos, aún con nuestra carga de urgentes padecimientos e injusticias sociales . Tal vez ese tipo de coyunturas pudieran acelerar el proceso de búsqueda de una criminología holística, en el sentido que propone Lippens, tras un camino fructífero de búsqueda e investigación universal.
De acuerdo a lo expuesto hasta aquí, trazaré un balance provisional, respecto a la necesidad de contar con una criminología y entrever cuál es el rumbo que debería asumir:
1.- Nada indica que la tarea de rescate, reformulación y consolidación epistemológica de la criminología haya fracasado o que no haya hecho un aporte positivo, pese a la relativa indiferencia con la que estos esfuerzos fueron recibidos por parte de la comunidad criminológica.
2.- Si se logra ponerla en marcha con nuevos proyectos propios, la criminología tiene la obligación de interpretar la realidad de deterioro que posibilita el control social spenceriano implantado en éste momento histórico.
3.- Deberá estudiarse responsablemente en qué medida la disciplina criminológica que nos impone nuestra realidad, es compatible con la investigación y la elaboración teórica de países centrales. Si no se alcanza una convergencia, se hará apremiante la necesidad de contar aquí con algo como intentó ser la Criminología de la Liberación, o sea una herramienta con fuerte identidad local, pero ahora con alternativas lo suficientemente originales como para enfrentar a la globalización y sus consecuencias.
4.- La aguda crisis del derecho penal y de la política criminal indican la urgencia de reforzarlas o cuestionarlas, según los casos, porque en el mundo jurídico penal coexisten diversos idiomas con distintos efectos: No es lo mismo la hegemonía de propuestas como las de Ferrajoli y Zaffaroni, que las que pueden resultar del funcionalismo sistémico o de la Tolerancia Cero (17).
5.- Suponiendo que lo dicho en 3 y 4 sea compartido, la primera misión de los criminólogos es elegir caminos adecuados para una actividad científica consecuente. Plantear la cuestión teoría versus praxis es una alternativa falsa, tanto en lo epistemológico como en lo político. Que lo empírico determine los contextos teóricos es tan absurdo como pretender que las teorías tengan el poder de configurar la realidad.
En ciencia, lo teórico y lo práctico son inescindibles, y la criminología, como amalgama de ambos, no “se casa” con un modelo de control de manera definitiva. Puede apoyar hoy lo que rechace mañana, porque si no se comparte un modelo social único, no puede haber tampoco un romance criminológico - político - criminal estable. La criminología que deja de ser crítica, que se conforma con una situación dada, deja de ser criminología y pasa a ser una herramienta funcional a algún interés político particular. El único final definitivo y legítimo de esta disciplina sólo puede producirse si dejase de existir el control formal. Por estos motivos, por las limitaciones de la tarea, su complejidad, y la pluralidad de vías de acceso al conocimiento, no parece una tarea simple ni pacífica la de hacer criminología, y es posible que muchas deserciones de este campo se deban a las dificultades a enfrentar. No parece tampoco que la obra criminológica a realizar sea posible por el hallazgo interpretativo de algún Individualismo Providencial, sino que resultará, seguramente, de una laboriosa construcción interdisciplinaria.
6.- Antes de suscribir propuestas interesantes como la de Lippens, es preciso evaluar si el deterioro de nuestras sociedades no torna inviable las posibilidad de analizarlas como un todo de pertenencia común.
7.- No debemos perder de vista que la búsqueda del cambio - por lo menos de funcionamiento - del actual sistema no es un objetivo revolucionario ni la pretensión de tomar el palacio de invierno para hacernos del poder. Es, apenas, un requisito indispensable para neutralizar los efectos de una filosofía tecnocrática, inhumana y fanática, que está llevando la humanidad, a gran velocidad, camino al precipicio.
Para concluir, a la pregunta ¿tiene futuro la criminología? Respondo que sí, que creo que debería ser el aquí delineado, o sea , en modo alguno apto para la clarividencia ni para la ingenuidad.
NOTAS:
(1).- Elbert Carlos: Criminología Latinoamericana. Teoría y propuestas sobre el control social del tercer milenio. Editorial Universidad, Buenos Aires 1996 (parte primera)
- Mismo título y editorial, parte segunda, Buenos Aires, 1999. - Manual básico de Criminología, Eudeba, segunda edición, Bs. Aires, 2001.
(2).- Ver de la primera “Criminología: vida y movimiento” en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina,Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999, y del segundo “Búsqueda criminológica” Nueva Generación, Editorial de la fundación Siglo XXI, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1995.
( 3 ) Lea, John y Young, Jock “¿Qué hacer con la ley y el orden?” Editores del Puerto, Buenos Aires, 2001.
- Larrauri, Helena, “La herencia de la criminología crítica”, Ed. Siglo XXI, México, 1991.
(4).- Ver en mi Criminología...(parte primera) citada, capítulo II
( 5 ).- Ver: Silva García Germán: "Criminología: bases para una teoría sociológica del delito”, en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina, Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999.
( 6 ).- Aniyar de Castro Lola: “El triunfo de Lewis Carroll”, en el libro La criminología del siglo XXI en América Latina, Rubinzal y Culzoni, Santa Fé, 1999.
( 7 ).- Delgado Rosales, Francisco, “La criminología latinoamericana del siglo XXI: hacia nuevas formas de control social” en Capítulo Criminológico, Vol.27, 3, diciembre de 1999.
( 8 ).- Ver la línea evolutiva que se registra en sus trabajos:
* Política criminal latinoamericana, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1982.
* Criminología, aproximación desde un margen, Ed. Temis, Bogotá, 1988.
* En busca de las penas perdidas, Ediar, Buenos Aires, 1989,
* El curso de la criminología, en Capítulo Criminológico, Vol. 27, 3, diciembre de 1999, en conferencias, pag. 151, trabajo al que hemos dado la calificación de posmoderno, en el trabajo compartido con Murillo, Susana, Un análisis crítico de la visión de Zaffaroni sobre el curso de la criminología, en Capítulo Criminológico, Maracaibo, Vol.28 Nº3, septiembre de 2000, pag.19. Sin embargo, Zaffaroni critica a la posmodernidad en su posterior Tratado de Derecho Penal, Ediar, Buenos Aires, capítulo 9, pag. 346 y s.s.
( 9 ).- Rifkin, Jeremy, “El fin del trabajo”, Ed. Paidós, Bs. Aires, 1997.
( 10 ).-Villarreal, Juan, La exclusión social, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996.
(11).- "Clarín", Buenos Aires, 8. 9. 1996.
(12).- "Clarín", Buenos Aires, editorial del 25. 11. 1994. Para ampliar el tema ver capítulo... de mi libro
(13 ).- Ver mi trabajo: “Abolicionismo: ¿eclecticismo o integración en la criminología?”, en libro de homenaje al Profesor David Baigún, Editores Del Puerto, Buenos Aires, 1995.
(14 ).- Ver el desarrollo de este tema en mi Manual, obra citada, capítulo 7.
(15).- Para Derecho Penal Online, octubre 2001.
(16).- Zuñiga Núñez, Ariel, “Criminalización de tercera vía, sufrimiento de última generación”, en Derecho Penal Online del 7.11.2001.
(17).- Ver mi ponencia “El sistema penal ante las exigencias del presente”, en el Primer Encuentro argentino de Profesores de Derecho Penal, Santa Fé, septiembre de 2001.
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jueves, 6 de diciembre de 2007
Una Semana Para Olvidar.

Los dueños del país sacaron al pizarrón a la Presidenta, y pasó el exámen con un cuatro; Se sustituyó al presidente del banco central y la oposición vociferó; se hizo un enroque entre dos payasos en la vocería de gobierno; la inflación del año va a ser superior al crecimiento económico; no hay soluciones para el Transantiago; Gendarmería va a pagar multas por sobrepoblar las cárceles concesionadas; se quemó uno de los mayores centros de investigación científica del país; queda paralítico un joven por hacerle caso a la campaña de gobierno en contra de los femicidios...
Estoy relatando someramente algunas de las noticias nacionales de esta última semana. Y, aunque parezcan hechos dispersos, todos se encuentran relacionados.
Los gobiernos de la Concertación cambiaron la canasta básica mediante la cual se mide la inflación. Incluyeron entre otros artefactos a los teléfonos celulares. La idea era "modernizar la canasta" y para ésto incluyeron a los artículos más consumidos en el país pero, los mayores consumidores son las personas con mayores ingresos. El resultado es que las alzas en la electricidad, agua, gas, transporte, harina y sus derivados, leche, verduras, carnes y créditos, no necesariamente son reflejadas por el los índices de inflación es decir, el aumento del costo de la vida de los pobres ha aumentado mucho más en el último semestre que lo que ha aumentado la inflación y los sueldos se han mantenido. Eso significa que a los pobres se le han reducido sus ya esmirriados ingresos mientras se parlotea sobre un nuevo "pacto social" y de "salarios éticos". Si esta tendencia no se revierte podemos desandar en pocos años todo lo avanzado en nuestra carrera de Sísifo en contra del subdesarrollo.
El gobierno de Lagos intentó "modernizar" el transporte en Santiago lo que perseguía dos intereses capitales: Hacer más eficiente el desplazamiento de los asalariados en la ciudad de modo que los pobres pudieran trabajar en los barrios ricos o descansar la clase menos pobre en las comunas dormitorio; y que algunas comunas se sintieran en deuda con el gobierno de modo que no pudieran sino votar por él. Para este último objetivo se construyó una línea de Metro a Puente Alto en donde residen un millón de personas destruyendo cualquier posibilidad de una planificación medianamente racional de la ciudad pero, Bachelet ganó las elecciones. Para ganar las próximas presidenciales se construirá una línea de Metro a Maipú lo que hará que algunas personas se vayan a vivir más allá de la Ciudad Satélite lo que hipertrofiará la ciudad prácticamente hasta Peñaflor. Por una parte pequeña del presupuesto empleado en esas obras faraónicas se solucionarían todos los problemas de transporte público en superficie. Y se deja que el mercado regule la venta de vehículos mientras se aprueban millonarios planes para fomentar su uso.
Lagos también quiso "modernizar" las prisiones y no encontró nada mejor que privatizar su construcción y su "gestión". En cuanto a la construcción, el escándalo de corrupción es dantesco, sólo comparable con el de ferrocarriles, con la diferencia en que se ha silenciado y aún no rueda ninguna cabeza ni siquiera la de un chivo expiatorio. En cuanto a la "gestión", los suicidios han aumentado en los nuevos recintos en forma dramática sin que se hayan implementado medidas para inhibirlos. Parece que es un medio de combatir la superpoblación carcelaria. Si eso fuera poco, se ha debido reconocer que se van a sobrepoblar las nuevas cárceles lo que de paso, autoriza el pago de suculentas multas a las empresas dedicadas a la "hotelería" en estos lúgubres resort.
En el presupuesto de este año se redujo estrepitosamente los recursos dedicados a la investigación científica universitaria y a menos de un mes de que ello quedará fijado en la ley se incendia uno de los centros de investigación científica más importantes del país: El de la Universidad Austral en la ciudad de Valdivia. De paso el incendio benefició a la celulosa Celco ya que se quemaron los estudios acerca de la contaminación en el río Cruces. Centros de investigación científica en Chile no abundan, menos en las universidades. Las universidades se dedican al viejo fraude de la pirámide vendiendo ilusiones a los primeros que llegan y fracaso a todos los demás. En este juego participan todas las universidades sean públicas o privadas, pero algunas públicas y algunas privadas dignas de alabanzas, van en contra de la norma e investigan a pesar de todos los estímulos en contra. En éste último caso se encuentra la Universidad Austral de Chile. Cualquier posibilidad de crecimiento sostenido y desarrollo de la economía chilena se encuentra en la educación y la innovación científica. Se ha aprobado un presupuesto paupérrimo para la educación, se ha consensuado una reforma cosmética a la educación secundaria dejando intacta a la universitaria, y se ha reducido el presupuesto para la investigación científica universitaria. La lápida la ha puesto un incendio.
Un joven, a dos días que comenzara la Teletón, intercede en una discusión doméstica y recibe un artero disparo en su médula espinal. El ministerio de la mujer (SERNAM) lleva meses instigando a los hombres a que intercedan en estos asuntos. Una campaña televisiva llama a "hacer algo" en una discusión de una pareja en un restaurante en que el hombre es el agresor psicológico y los espectadores hombres indiferentes. El director general de Carabineros, en un estilo inaugurado en el último asalto bancario, felicitó al muchacho por actuar "como hombre". Desde luego que la ministra Albornoz no le restregó eso de que "el machismo mata", sólo guardó un cómplice silencio. Por una parte se dice que el hombre debe actuar civilizamente y por la otra se lo instiga a actuar como bestias (Mientras el Sheriff llama a actuar como hombres su institución financia una campaña para evitar el maltrato físico y verbal en las parejas adolescentes en una campaña que muestra a la violencia como una relación en que tanto hombres como mujeres participan, felicitaciones para tal campaña pero es una sóla campaña entre muchas y al parecer el alto mando no la comprende) . El populismo en materia político criminal de la Concertación tiene la expresión máxima en levantar el tema de la violencia en contra de la mujer, impulsando leyes muertas y campañas venales que apuntan a la dirección opuesta, mientras el problema no se intenta siquiera mitigar ya que eso implica la inversión de cuantiosos recursos que el gobierno prefiere ahorrar o malgastar. Junto con la violencia que deben tolerar las mujeres, los hombres pobres deben soportar un sistema criminal dedicado exclusivamente a perseguirlos y encarcelarlos. La violencia en la sociedad en vez que neutralizarse se aumenta al disminuir los ingresos de los asalariados y los independientes; al tratar penalmente a los excluidos por el sistema productivo; al entorpecer el transporte de los menos favorecidos en Santiago, Concepción y Rancagua; al condenar a la miseria a los que hoy están en la miseria ya que atrofia la investigación científica y la educación; al no proponer ninguna medida que disminuya la abismante diferencia entre ricos y pobres...
Si esto fuera poco la Presidenta cambió excremento por mierda, sustituyendo a Ricardo Lagos Weber de la vocería del gobierno por Francisco Vidal. Darío Paya de la UDI no pudo decirlo mejor: "Se cambió al hijo por el cómplice". Sólo en un país en que el analfabetismo funcional alcanza el ochenta por ciento y en que no se invierte en educación ni en investigación, pueden ser voceros quienes han sido en el nuestro. Francisco Javier Cuadra debe regocijarse en su casa al saber que cada vocero es peor que lo que fue él en su momento: Cada uno más cínico,más mentiroso y más incompetente. José Joaquín Brunner era capaz de justificar lo injustificable pero al menos no era un payaso, cara tiene, pero no se maquillaba ¿Qué podemos decir de Puccio, Vidal y Laguitos Wea en su defensa? Nada, al menos nada que sea cierto.
La elite del país aprobó a la Presidenta con la nota mínima contribuyendo a la mediocridad que se ha impuesto. Han dejado que gobiernen sus mayordomos porque ellos por sí mismos no harían algo diferente. Su fundamentalismo religioso les impide crear una educación pública de calidad por el miedo de perder la batalla por las almas de los educandos. Sí los ricos se preocuparan de ganar mucho dinero en vez que de andar evangelizando, Chile sería mucho más de lo que hoy es ¿Cómo pueden haber objeciones al nuevo Presidente del Banco Central? Se cambió una ampolleta por otra. Los más radicales de la Concertación proponen a Ffrech Davis que no es otra cosa que un ultraneoliberal con sentimientos de culpa. Más que buscar que el sistema capitalista neoliberal se conserve hay fundamentalistas que quieren que se inculque su respeto y devoción desde la cuna, y para eso quieren a los colegios a su cargo.
Si fuera el dinero y sólo el dinero la razón de Estado, no habrían objeciones en invertir en educación, investigación y tecnología ya que eso dejaría a los pobres tan lejos como están hoy de los ricos pero a los ricos mucho más ricos de lo que hoy están. Esa no es su ambición, sino que seguir parasitando económica, moralmente y culturalmente de la pobreza. La elite Chilena tiene al país que se merece.
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viernes, 30 de noviembre de 2007
Teletontos:
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Hoy comienza en Chile la Teletón, megaevento caritativo organizado por todos los canales de televisión abierta del país. Quizá es el mejor momento para referirse a la televisión, a los medios de comunicación de masas y a la televisión chilena en particular.
Las Críticas a la Televisión.
Todos coinciden en la banalidad de los contenidos que se exhiben por televisión. Cuando ésta fue inventada se pensó que iba a producir una revolución en el conocimiento humano al poder alcanzarse audiencias masivas a un costo muy bajo. Nuestra generación ha asistido a un momento muy parecido: Las promesas mesiánicas de Internet enfrentadas a la descarga cotidiana de videos de pastelazos.
Sin embargo un porcentaje ínfimo de la oferta televisiva escapa a la tendencia alienadora, banal y evasiva de la televisión del mismo modo que una minoría utiliza internet en actividades edificantes. Los empresarios de la TV se respaldan en el rating, ellos exhiben lo que se quiere ver. En la Internet, donde la oferta es ilimitada, las visitas y descargas demuestran que lo empresarios tienen la razón. Vox populi vox dei; sólo erigir un neo autoritarismo podría fundamentar una política cultural antidemocrática.
El grave problema de los contenidos de la televisión abierta es que los habitantes más vulnerables que no pueden elegir sus contenidos en la Internet o en la Televisión pagada, y que carecen de distracciones interactivas, quedan cautivos de la programación de televisión abierta. No quiero decir que los medios influencian de tal o cual modo a las personas pero sí que se transforman en la ventana con el cual miran el mundo millones de personas.
Es bueno entonces, desde un prisma democrático, que los televidentes participen de aquello que se les exhibe pero acaso ¿No es eso lo que ocurre? Cada vez que la televisión abierta se aleja de las mujeres semidesnudas, los balazos, los llantos y los accidentes de tránsito, es el público quien castiga cambiando de canal. El problema es que todos los oferentes buscan cautivar al mismo telespectador en vez que segmentarse y dirigir mensajes a públicos específicos. Esto último está ocurriendo pero no en los horarios conocidos como prime. La única excepción conocida es el programa de discusión "Tolerancia Cero" de Chilevisión.
La televisión digital obligará a la segmentación pero tal distribución de mensajes no necesariamente significará una diversidad en dichos mensajes. Puede cambiar el modo en que se presentan los temas o los temas mismos pero no necesariamente la orientación política y cultural de ellos.
El problema de la televisión entonces es que sólo cumple una función de entretención para el televidente y quien exige más de ella carece de una oferta para saciarla. En tal problematización existe un consenso entre todos los que han pensado sobre la TV. En lo que no existe consenso, y por lo general se confunde con lo primero, es sobre la causa de que una demanda de una parte importante del mercado no pueda ser satisfecha y sobre qué reformas podemos implementar para dejar que el mercado opere. La visión escéptica sobre el mercado autoregulado en éste punto ha llevado a muchos a proponer de plano la intervención estatal de la televisión.
Pero ni los sistemas de televisión estatal ni los sistemas de mercado regulado satisfacen a los críticos. Una televisión fuertemente regulada en sus contenidos es un fuerte aliciente para suscribirse a o interceptar canales de televisión extranjeros, o a migrar a otros medios como la Internet, los vídeo juegos o el DVD.
Por otra parte una gran diversidad de mensajes impide que los medios operen como una plaza pública y de este modo sujetos que comparten el mismo barrio y la locomoción colectiva pueden terminar viviendo una vida disociada.
La falta de comprensión de la relación jurídico económica que se da entre empresa de televisión y televidente es a mi juicio la causa de la incomprensión del fenómeno televisivo y lo que impide su reforma. Esta incomprensión crece geométricamente al mezclarse con la incomprensión generalizada que existe respecto de las instituciones jurídicas - económicas en general y de su instituto supremo, el Estado.
Explicar el Derecho y el Estado a los Legos.
Para los abogados legos son todos los demás. Aunque desde la sociología se pretenda reivindicar a la sociología del derecho; la historia a la historia del derecho y la filosofía a la filosofía del derecho, ciertos asuntos siguen siendo patrimonio exclusivo de los abogados y un terreno inexpugnable para los legos.
Es en este terreno es dónde se asienta la teoría pura del Derecho y la teoría jurídica del Estado del vienés Hans Kelsen.
Esta teoría no es hegemónica dentro del Derecho, incluso no se enseña por principio en algunas facultades porque negaría el principio elemental del Derecho Natural, esto es que la función del Derecho es la materialización de la Justicia.
Para Kelsen Derecho y Justicia son cuestiones completamente distintas e incluso, inconexas: Podemos saber qué es el Derecho y sin embargo nunca sabremos lo que es la Justicia.
La crítica usual a Kelsen es que construye una teoría meramente formal del Derecho sin preguntarse sobre su contenido pero eso es tanto lo que pretendía como lo que hace su tesis sólida y útil. El Derecho para Kelsen es el ejercicio del poder legitimado y la suma de todo el poder legitimado es el Estado.
En su "teoría del Estado" comienza criticando con fervor a las teorías "sociológicas del Estado" y en especial a la más sólida construida hasta ese momento: La teoría del Estado de Max Weber. Las teorías sociológicas concluyen en un dualismo entre Estado y Sociedad en el cual el primero es una institución creada por la segunda. Si eso fuera así, la Sociedad podría darse el Estado que quiera en el momento que quiera y con las limitaciones que quiera. Esto ocurre sólo si asumimos previamente que la ideología liberal democrática es una realidad sociológica. Desde luego esto no es así y Sociedad y poder van de la mano del mismo modo como el poder se encuentra asignado asimétricamente en la población. Ya que no existe un estado previo, algo así como el estado de naturaleza de los pactistas, en que todos los hombres se den un Estado para que los gobierne; el Estado moderno se erige sobre la estructura de poder asimétrica que le es legada por las monarquías, y en ese sistema asimétrico busca permanentemente su legitimidad sin democratizarse. No existe una "sociedad civil" que pueda controlar al Estado sino que las ONG, por ejemplo, disponen de poder en la estructura jerárquica y autorreferente de la legalidad moderna y ese poder está limitado por un poder superior y así sucesivamente. El poder que disponen las ONG lo ejercen sobre otros que disponen de menos poder que ellos y que se encuentran en una situación o de dependencia o de vulnerabilidad ante ellos. Las ONG producen normas jurídicas, es decir, ejercen un poder legítimo. La legitimación se obtiene en un proceso, es decir, en un conflicto. Quien vence en ese conflicto legitima sus decisiones y lo que se entiende previamente legítimo siempre es posible de cuestionarse.
No existe por lo tanto un catálogo de leyes que sumadas sean la legalidad de un Estado Nacional sino que las normas jurídicas se establecen en un conflicto cotidiano que es político y económico.
Dicha las cosas de ese modo los sociólogos, los filósofos y los antropólogos saben mucho menos de el Derecho de lo que son capaces de admitir y eso explica que luego de sendos análisis concluyan de que hay que dictar tal o cual norma. Pero no son todos ellos los que están equivocados como tampoco todos los abogados son conscientes de lo que acabo de señalar. Antonio Gramsci ya tenía un concepto de Estado Ampliado en la época que Kelsen construía el propio y autores actuales (Arrigui, Hopkins y Wallerstein) aplican un concepto muy similar.
Reconocer el poder en nuestra sociedad, tanto el que se ejerce en nuestra contra como el que ejercemos nosotros, la asimetría de ese poder, el carácter transnacional de ese poder, es el primer paso para separar ideología de ciencia social es decir, lo que queremos que sea la sociedad de lo que es la sociedad a nuestro pesar. No existe ni democracia ni justicia. Estamos sujetos al Derecho y somos sujeto de Derecho. El Estado es un subconjunto de la Sociedad en que se reúne todo el poder legítimo de ésta y sólo utilizamos ese concepto para poder entender mejor a la Sociedad porque Estado y Sociedad son inseparables.
Las Normas.
Sin embargo el poder se encuentre en permanente conflicto existen áreas en dónde se establece una regularidad que muchas veces se confunde con el Derecho positivo. Cuesta discernir si se respeta tal norma por que existe un castigo asignado para su contravención o si se respeta porque culturalmente no cuestionamos su vigencia. Este fenómeno sirve para que los ideólogos de la modernidad señalen de que el Derecho es generalmente observado y excepcionalmente contravenido. Desde luego que si legislamos señalando que para el territorio nacional regirá la ley de gravedad salvo declaración expresa en contrario, tal norma será regularmente observada pero eso no dice relación con que el sistema de control del Estado, o control social, sea eficiente. Sólo dice que se ha legislado sobre lo que ya por fuerza es regular, y en el ejemplo irrevocable.
Debería ser regular que cada quien utilice el transporte público pague su tarifa y el único modo en que se transforme en regular tal conducta es internalizando la norma mediante un sistema de disciplinamiento o de culturización interesada que programe al individuo desde la infancia para que no considere la opción de no pasar su tarjeta en los pórticos. Una campaña similar se realizó en Chile a finales de los setenta y principios de los ochenta, en plena dictadura, con el pago del IVA vía incentivos de exigencia de la boleta a los comerciantes: La Tomboleta.
El éxito de la Tomboleta sumado a un férreo control de los fiscalizadores del Servicio de Impuestos Internos, significó que hoy la evasión tributaria sea excepcional sin que exista ni la campaña de incentivos ni la campaña de castigos: Hoy es regular que los comerciantes den la boleta y que los clientes la exijan.
Del mismo modo hasta hace algún tiempo era regular que las personas pagaran sus deudas o los bienes que consumían o sacaban de los almacenes. El Derecho positivo siendo el mismo ha debido enfrentar el desvanecimiento de los principios culturales de la sociedad de consumo y la contención político criminal que se intenta hacer, sumado a las campañas moralizantes, sólo brindan un espectáculo patético de la impotencia de todo el Derecho y de todo el poder en contener ciertas conductas masivas cuando pierde la vigencia el cemento cultural que las hace obvias.
Fuera de este ámbito de regularidad existe otro que podríamos denominar convencional y que depende de la aplicación inmediata de los valores culturales más sólidos de nuestra sociedad: El ejercicio del egoísmo.
Doy para que me den no es un principio de la naturaleza humana pero sí es un supuesto del humano de nuestra sociedad y cada vez que se intenta una política que olvide este principio, independiente de las campañas moralizantes y penalizadores que se intenten, nos dirigimos a un inevitable fracaso: Obedecemos las normas de tránsito porque son obvias como las desobedecemos con frecuencia cuando dejan de parecernos así. No traspasamos el eje de la calzada sin visibilidad por altruismo sino porque queremos seguir viviendo.
Este ámbito de regularidad contractual es lo que podríamos denominar regulación económica de la sociedad y es aquello que algunos juristas denominan el sentido común puesto por escrito.
Pero el Derecho positivo más conocido es precisamente el que se aleja completamente del sentido común económico y de la regularidad cultural: Aquí tenemos a los DDHH, al Derecho "Social" y al Derecho Penal.
En éste sector es dónde lo que conocemos por Derecho muestra su mayor debilidad. No se trata de normas que se respeten o que se castigue a los que las incumplen sino que se trata de solamente de literatura - mala literatura - que sólo sirve como ideología en el sentido marxista1 del término.
Los DDHH no se respetan y no se respetan en NINGUNA parte. Decimos que existen ciertas "islas" en dónde sí se respetan pero en esas islas se comen alimentos, se usan vestidos y se utiliza energía obtenida mediante la esclavitud, el tráfico de seres humanos, el trabajo infantil, la polución ambiental y la desprotección social.
Las leyes "sociales" que surgieron para regular el libre mercado es decir, para ponerle el cascabel al tigre, han demostrado como sirven sólo donde no se necesitan y fracasan cada vez que se necesitan. Se protege a los trabajadores allí donde los sueldos que ofrece el mercado son mayores al nivel de subsistencia y el desempleo es evitable, y sin embargo nunca se respetan allí en donde hay un salario mínimo legal que a penas alcanza para subsistir y un desempleo generalizado.
El Derecho penal por su parte es arbitrariamente selectivo tanto en su criminalización primaria como secundaria de modo tal que se aplica para el cumplimiento de fines completamente diversos a los oficialmente reconocidos en incumplimiento flagrante de los DDHH.
Quién es el Cliente de los Medios.
El cliente siempre tiene la razón por eso es importante preguntarse, una vez que ya respondimos lo anterior, quién es el cliente de las empresas de televisión para saber a quién intentan satisfacer.
Como decía Rousseau, la ignorancia nada engendra, sólo el error es funesto. Nuestro error en éste punto nos hace exigirle a los medios el cumplimiento de normas imposibles de cumplir y el error en lo anterior (sobre qué es el Derecho y qué es el Estado) que a nuestros gobiernos formales le exijamos que dicten leyes literarias en ese sentido. Toda la energía que utilizamos en convencer y asociarnos la apostamos a un número que ni siquiera se encuentra en la ruleta.
Los medios de comunicación tienen por clientes a sus avisadores y los avisadores son las empresas que disponen de mayor dinero - poder y que les pagan lo que sea necesario para que capturen nuestra atención para poder ofertar sus productos. Para tal fin nos manipulan groseramente para que los prefiramos a ellos en desmedro de otros mejores o que consumamos productos innecesarios o lisa y llanamente fraudulentos.
Si la publicidad de los productos consistiera únicamente en describir las características de ellos para que el consumidor decida racionalmente, tal actividad debería realizarla un órgano imparcial o debería estar estrictamente regulado el operar de los productores en ese sentido, esto no es así.
Los medios cuando no están vendiendo productos están vendiendo la sociedad de consumo y por ese trabajo es que los avisadores les pagan suculentos cheques.
Si la televisión digital permite la diversidad de contenidos la torta de los avisadores seguirá siendo distribuida entre aquellos que harán lo que sea necesario para capturar la atención del televidente y de venderle productos al mismo tiempo.
Si se pretende regular a la televisión en nuestra actual sociedad dilapidamos ingentes cantidades de energía sin obtener nada a cambio. Si estatizamos a los medios, cómo lo que hizo Chávez con RCTV, los gobiernos tendrán que hacer cualquier cosa mediante sus bufones mediáticos para capturar la atención de los televidentes para que puedan publicitar sus políticas. Si fracasa en tal tarea otro canal, cualquiera, asumirá la misión de captar la atención del público a cualquier costo para vender productos y legitimar a la sociedad de consumo.
Regular a la televisión y democratizar los medios pasa entonces por democratizar a la sociedad, aminorando la asimetría de poder que existe, estableciendo un sistema económico que alimente a la población mundial existente y que sea distinto al feudalismo corporativo asentado en una cultura del consumo desenfrenado y banal.
La Teletontera.
Estaría demás criticar a la Teletón pero no hay que hacerle el quite al bulto. Para quien no haya pensado con detalle el punto viene el siguiente desarrollo:
1º Si existiera un interés de ayudar a los niños discapacitados se crearía una institucionalidad que los ayudara a ellos y que se pagara con fondos generales de la nación obtenidos por impuestos. Las empresas, que ayudan, no sólo lavan imagen, hacen publicidad a sus productos, venden sus productos en condiciones ventajosas y a un mayor precio durante dura la campaña, sino que además al donar una parte ínfima de sus utilidades obtenidas durante esa campaña, tal donación elude el pago de impuestos impidiendo que el gobierno pueda asistir en las carencias que tienen éstos y otros necesitados.
2º La filosofía de la solidaridad encubre la trágica antropofagia de nuestra sociedad en dónde unos se alimentan de otros.
3º Para quienes no les hace efecto la filosofía de la solidaridad se les vende conjuntamente un producto alternativo: La filosofía del "esto es mejor que nada". En rigor nada es mucho mejor que esto puesto que la asimetría de poder es la que genera la antropofagia y actividades como éstas son las que permiten que la asimetría se consolide y se refuerce. La antropofagia no cambia porque saquemos a los niños discapacitados de la dieta.
4º Los vendedores de productos refuerzan su posición y capitalizan su solidaridad en imagen la que luego revenden en su negociación de sueldos, en su participación en campañas, y en eventos públicos y privados.
5º Tanto la TV como las empresas muestran un lado amable que les permite vender a sus productos y a la sociedad de consumo con más efectividad que nunca.
6º Los millones que se exhiben en un letrero son una pequeña parte del total obtenido en esa operación la que se realiza sin ninguna fiscalización. Al ser una actividad "privada" nadie busca irregularidades y posibles actos de corrupción. Al actuar todos, se produce un régimen de omertá en que el que diga algo será expulsado de inmediato del paraíso mediático.
La impunidad con que actúan los medios y la TV en particular es un buen ejemplo del carácter ideológico del concepto Estado de Derecho: Un sistema en que la Sociedad controla al Estado, el Estado se autocontrola, y el Estado controla a los poderosos de la Sociedad. Tal equilibrio es una patraña. Los medios tienen un poder tal que impide que sean controlados y son la cara visible del feudalismo corporativo que nos rige. Los poderosos imponen sus términos en un sistema conflictivo en que se conjuga lo económico, lo cultural, lo endocrino y lo hipotalámico, pero en el que aún tenemos una cuota de poder y libertad que podemos utilizarlos para tornar la tragedia en drama.
Notas:
1 Me refiero al concepto que utiliza Marx en la "Ideología Alemana": Una idea falsa de la realidad destinada a encubrirla.

Sacando de la Dieta Antropófaga a un Puñado de Niños y Ganando Millones a Cambio.
Hoy comienza en Chile la Teletón, megaevento caritativo organizado por todos los canales de televisión abierta del país. Quizá es el mejor momento para referirse a la televisión, a los medios de comunicación de masas y a la televisión chilena en particular.
Las Críticas a la Televisión.
Todos coinciden en la banalidad de los contenidos que se exhiben por televisión. Cuando ésta fue inventada se pensó que iba a producir una revolución en el conocimiento humano al poder alcanzarse audiencias masivas a un costo muy bajo. Nuestra generación ha asistido a un momento muy parecido: Las promesas mesiánicas de Internet enfrentadas a la descarga cotidiana de videos de pastelazos.
Sin embargo un porcentaje ínfimo de la oferta televisiva escapa a la tendencia alienadora, banal y evasiva de la televisión del mismo modo que una minoría utiliza internet en actividades edificantes. Los empresarios de la TV se respaldan en el rating, ellos exhiben lo que se quiere ver. En la Internet, donde la oferta es ilimitada, las visitas y descargas demuestran que lo empresarios tienen la razón. Vox populi vox dei; sólo erigir un neo autoritarismo podría fundamentar una política cultural antidemocrática.
El grave problema de los contenidos de la televisión abierta es que los habitantes más vulnerables que no pueden elegir sus contenidos en la Internet o en la Televisión pagada, y que carecen de distracciones interactivas, quedan cautivos de la programación de televisión abierta. No quiero decir que los medios influencian de tal o cual modo a las personas pero sí que se transforman en la ventana con el cual miran el mundo millones de personas.
Es bueno entonces, desde un prisma democrático, que los televidentes participen de aquello que se les exhibe pero acaso ¿No es eso lo que ocurre? Cada vez que la televisión abierta se aleja de las mujeres semidesnudas, los balazos, los llantos y los accidentes de tránsito, es el público quien castiga cambiando de canal. El problema es que todos los oferentes buscan cautivar al mismo telespectador en vez que segmentarse y dirigir mensajes a públicos específicos. Esto último está ocurriendo pero no en los horarios conocidos como prime. La única excepción conocida es el programa de discusión "Tolerancia Cero" de Chilevisión.
La televisión digital obligará a la segmentación pero tal distribución de mensajes no necesariamente significará una diversidad en dichos mensajes. Puede cambiar el modo en que se presentan los temas o los temas mismos pero no necesariamente la orientación política y cultural de ellos.
El problema de la televisión entonces es que sólo cumple una función de entretención para el televidente y quien exige más de ella carece de una oferta para saciarla. En tal problematización existe un consenso entre todos los que han pensado sobre la TV. En lo que no existe consenso, y por lo general se confunde con lo primero, es sobre la causa de que una demanda de una parte importante del mercado no pueda ser satisfecha y sobre qué reformas podemos implementar para dejar que el mercado opere. La visión escéptica sobre el mercado autoregulado en éste punto ha llevado a muchos a proponer de plano la intervención estatal de la televisión.
Pero ni los sistemas de televisión estatal ni los sistemas de mercado regulado satisfacen a los críticos. Una televisión fuertemente regulada en sus contenidos es un fuerte aliciente para suscribirse a o interceptar canales de televisión extranjeros, o a migrar a otros medios como la Internet, los vídeo juegos o el DVD.
Por otra parte una gran diversidad de mensajes impide que los medios operen como una plaza pública y de este modo sujetos que comparten el mismo barrio y la locomoción colectiva pueden terminar viviendo una vida disociada.
La falta de comprensión de la relación jurídico económica que se da entre empresa de televisión y televidente es a mi juicio la causa de la incomprensión del fenómeno televisivo y lo que impide su reforma. Esta incomprensión crece geométricamente al mezclarse con la incomprensión generalizada que existe respecto de las instituciones jurídicas - económicas en general y de su instituto supremo, el Estado.
Explicar el Derecho y el Estado a los Legos.
Para los abogados legos son todos los demás. Aunque desde la sociología se pretenda reivindicar a la sociología del derecho; la historia a la historia del derecho y la filosofía a la filosofía del derecho, ciertos asuntos siguen siendo patrimonio exclusivo de los abogados y un terreno inexpugnable para los legos.
Es en este terreno es dónde se asienta la teoría pura del Derecho y la teoría jurídica del Estado del vienés Hans Kelsen.
Esta teoría no es hegemónica dentro del Derecho, incluso no se enseña por principio en algunas facultades porque negaría el principio elemental del Derecho Natural, esto es que la función del Derecho es la materialización de la Justicia.
Para Kelsen Derecho y Justicia son cuestiones completamente distintas e incluso, inconexas: Podemos saber qué es el Derecho y sin embargo nunca sabremos lo que es la Justicia.
La crítica usual a Kelsen es que construye una teoría meramente formal del Derecho sin preguntarse sobre su contenido pero eso es tanto lo que pretendía como lo que hace su tesis sólida y útil. El Derecho para Kelsen es el ejercicio del poder legitimado y la suma de todo el poder legitimado es el Estado.
En su "teoría del Estado" comienza criticando con fervor a las teorías "sociológicas del Estado" y en especial a la más sólida construida hasta ese momento: La teoría del Estado de Max Weber. Las teorías sociológicas concluyen en un dualismo entre Estado y Sociedad en el cual el primero es una institución creada por la segunda. Si eso fuera así, la Sociedad podría darse el Estado que quiera en el momento que quiera y con las limitaciones que quiera. Esto ocurre sólo si asumimos previamente que la ideología liberal democrática es una realidad sociológica. Desde luego esto no es así y Sociedad y poder van de la mano del mismo modo como el poder se encuentra asignado asimétricamente en la población. Ya que no existe un estado previo, algo así como el estado de naturaleza de los pactistas, en que todos los hombres se den un Estado para que los gobierne; el Estado moderno se erige sobre la estructura de poder asimétrica que le es legada por las monarquías, y en ese sistema asimétrico busca permanentemente su legitimidad sin democratizarse. No existe una "sociedad civil" que pueda controlar al Estado sino que las ONG, por ejemplo, disponen de poder en la estructura jerárquica y autorreferente de la legalidad moderna y ese poder está limitado por un poder superior y así sucesivamente. El poder que disponen las ONG lo ejercen sobre otros que disponen de menos poder que ellos y que se encuentran en una situación o de dependencia o de vulnerabilidad ante ellos. Las ONG producen normas jurídicas, es decir, ejercen un poder legítimo. La legitimación se obtiene en un proceso, es decir, en un conflicto. Quien vence en ese conflicto legitima sus decisiones y lo que se entiende previamente legítimo siempre es posible de cuestionarse.
No existe por lo tanto un catálogo de leyes que sumadas sean la legalidad de un Estado Nacional sino que las normas jurídicas se establecen en un conflicto cotidiano que es político y económico.
Dicha las cosas de ese modo los sociólogos, los filósofos y los antropólogos saben mucho menos de el Derecho de lo que son capaces de admitir y eso explica que luego de sendos análisis concluyan de que hay que dictar tal o cual norma. Pero no son todos ellos los que están equivocados como tampoco todos los abogados son conscientes de lo que acabo de señalar. Antonio Gramsci ya tenía un concepto de Estado Ampliado en la época que Kelsen construía el propio y autores actuales (Arrigui, Hopkins y Wallerstein) aplican un concepto muy similar.
Reconocer el poder en nuestra sociedad, tanto el que se ejerce en nuestra contra como el que ejercemos nosotros, la asimetría de ese poder, el carácter transnacional de ese poder, es el primer paso para separar ideología de ciencia social es decir, lo que queremos que sea la sociedad de lo que es la sociedad a nuestro pesar. No existe ni democracia ni justicia. Estamos sujetos al Derecho y somos sujeto de Derecho. El Estado es un subconjunto de la Sociedad en que se reúne todo el poder legítimo de ésta y sólo utilizamos ese concepto para poder entender mejor a la Sociedad porque Estado y Sociedad son inseparables.
Las Normas.
Sin embargo el poder se encuentre en permanente conflicto existen áreas en dónde se establece una regularidad que muchas veces se confunde con el Derecho positivo. Cuesta discernir si se respeta tal norma por que existe un castigo asignado para su contravención o si se respeta porque culturalmente no cuestionamos su vigencia. Este fenómeno sirve para que los ideólogos de la modernidad señalen de que el Derecho es generalmente observado y excepcionalmente contravenido. Desde luego que si legislamos señalando que para el territorio nacional regirá la ley de gravedad salvo declaración expresa en contrario, tal norma será regularmente observada pero eso no dice relación con que el sistema de control del Estado, o control social, sea eficiente. Sólo dice que se ha legislado sobre lo que ya por fuerza es regular, y en el ejemplo irrevocable.
Debería ser regular que cada quien utilice el transporte público pague su tarifa y el único modo en que se transforme en regular tal conducta es internalizando la norma mediante un sistema de disciplinamiento o de culturización interesada que programe al individuo desde la infancia para que no considere la opción de no pasar su tarjeta en los pórticos. Una campaña similar se realizó en Chile a finales de los setenta y principios de los ochenta, en plena dictadura, con el pago del IVA vía incentivos de exigencia de la boleta a los comerciantes: La Tomboleta.
El éxito de la Tomboleta sumado a un férreo control de los fiscalizadores del Servicio de Impuestos Internos, significó que hoy la evasión tributaria sea excepcional sin que exista ni la campaña de incentivos ni la campaña de castigos: Hoy es regular que los comerciantes den la boleta y que los clientes la exijan.
Del mismo modo hasta hace algún tiempo era regular que las personas pagaran sus deudas o los bienes que consumían o sacaban de los almacenes. El Derecho positivo siendo el mismo ha debido enfrentar el desvanecimiento de los principios culturales de la sociedad de consumo y la contención político criminal que se intenta hacer, sumado a las campañas moralizantes, sólo brindan un espectáculo patético de la impotencia de todo el Derecho y de todo el poder en contener ciertas conductas masivas cuando pierde la vigencia el cemento cultural que las hace obvias.
Fuera de este ámbito de regularidad existe otro que podríamos denominar convencional y que depende de la aplicación inmediata de los valores culturales más sólidos de nuestra sociedad: El ejercicio del egoísmo.
Doy para que me den no es un principio de la naturaleza humana pero sí es un supuesto del humano de nuestra sociedad y cada vez que se intenta una política que olvide este principio, independiente de las campañas moralizantes y penalizadores que se intenten, nos dirigimos a un inevitable fracaso: Obedecemos las normas de tránsito porque son obvias como las desobedecemos con frecuencia cuando dejan de parecernos así. No traspasamos el eje de la calzada sin visibilidad por altruismo sino porque queremos seguir viviendo.
Este ámbito de regularidad contractual es lo que podríamos denominar regulación económica de la sociedad y es aquello que algunos juristas denominan el sentido común puesto por escrito.
Pero el Derecho positivo más conocido es precisamente el que se aleja completamente del sentido común económico y de la regularidad cultural: Aquí tenemos a los DDHH, al Derecho "Social" y al Derecho Penal.
En éste sector es dónde lo que conocemos por Derecho muestra su mayor debilidad. No se trata de normas que se respeten o que se castigue a los que las incumplen sino que se trata de solamente de literatura - mala literatura - que sólo sirve como ideología en el sentido marxista1 del término.
Los DDHH no se respetan y no se respetan en NINGUNA parte. Decimos que existen ciertas "islas" en dónde sí se respetan pero en esas islas se comen alimentos, se usan vestidos y se utiliza energía obtenida mediante la esclavitud, el tráfico de seres humanos, el trabajo infantil, la polución ambiental y la desprotección social.
Las leyes "sociales" que surgieron para regular el libre mercado es decir, para ponerle el cascabel al tigre, han demostrado como sirven sólo donde no se necesitan y fracasan cada vez que se necesitan. Se protege a los trabajadores allí donde los sueldos que ofrece el mercado son mayores al nivel de subsistencia y el desempleo es evitable, y sin embargo nunca se respetan allí en donde hay un salario mínimo legal que a penas alcanza para subsistir y un desempleo generalizado.
El Derecho penal por su parte es arbitrariamente selectivo tanto en su criminalización primaria como secundaria de modo tal que se aplica para el cumplimiento de fines completamente diversos a los oficialmente reconocidos en incumplimiento flagrante de los DDHH.
Quién es el Cliente de los Medios.
El cliente siempre tiene la razón por eso es importante preguntarse, una vez que ya respondimos lo anterior, quién es el cliente de las empresas de televisión para saber a quién intentan satisfacer.
Como decía Rousseau, la ignorancia nada engendra, sólo el error es funesto. Nuestro error en éste punto nos hace exigirle a los medios el cumplimiento de normas imposibles de cumplir y el error en lo anterior (sobre qué es el Derecho y qué es el Estado) que a nuestros gobiernos formales le exijamos que dicten leyes literarias en ese sentido. Toda la energía que utilizamos en convencer y asociarnos la apostamos a un número que ni siquiera se encuentra en la ruleta.
Los medios de comunicación tienen por clientes a sus avisadores y los avisadores son las empresas que disponen de mayor dinero - poder y que les pagan lo que sea necesario para que capturen nuestra atención para poder ofertar sus productos. Para tal fin nos manipulan groseramente para que los prefiramos a ellos en desmedro de otros mejores o que consumamos productos innecesarios o lisa y llanamente fraudulentos.
Si la publicidad de los productos consistiera únicamente en describir las características de ellos para que el consumidor decida racionalmente, tal actividad debería realizarla un órgano imparcial o debería estar estrictamente regulado el operar de los productores en ese sentido, esto no es así.
Los medios cuando no están vendiendo productos están vendiendo la sociedad de consumo y por ese trabajo es que los avisadores les pagan suculentos cheques.
Si la televisión digital permite la diversidad de contenidos la torta de los avisadores seguirá siendo distribuida entre aquellos que harán lo que sea necesario para capturar la atención del televidente y de venderle productos al mismo tiempo.
Si se pretende regular a la televisión en nuestra actual sociedad dilapidamos ingentes cantidades de energía sin obtener nada a cambio. Si estatizamos a los medios, cómo lo que hizo Chávez con RCTV, los gobiernos tendrán que hacer cualquier cosa mediante sus bufones mediáticos para capturar la atención de los televidentes para que puedan publicitar sus políticas. Si fracasa en tal tarea otro canal, cualquiera, asumirá la misión de captar la atención del público a cualquier costo para vender productos y legitimar a la sociedad de consumo.
Regular a la televisión y democratizar los medios pasa entonces por democratizar a la sociedad, aminorando la asimetría de poder que existe, estableciendo un sistema económico que alimente a la población mundial existente y que sea distinto al feudalismo corporativo asentado en una cultura del consumo desenfrenado y banal.
La Teletontera.
Estaría demás criticar a la Teletón pero no hay que hacerle el quite al bulto. Para quien no haya pensado con detalle el punto viene el siguiente desarrollo:
1º Si existiera un interés de ayudar a los niños discapacitados se crearía una institucionalidad que los ayudara a ellos y que se pagara con fondos generales de la nación obtenidos por impuestos. Las empresas, que ayudan, no sólo lavan imagen, hacen publicidad a sus productos, venden sus productos en condiciones ventajosas y a un mayor precio durante dura la campaña, sino que además al donar una parte ínfima de sus utilidades obtenidas durante esa campaña, tal donación elude el pago de impuestos impidiendo que el gobierno pueda asistir en las carencias que tienen éstos y otros necesitados.
2º La filosofía de la solidaridad encubre la trágica antropofagia de nuestra sociedad en dónde unos se alimentan de otros.
3º Para quienes no les hace efecto la filosofía de la solidaridad se les vende conjuntamente un producto alternativo: La filosofía del "esto es mejor que nada". En rigor nada es mucho mejor que esto puesto que la asimetría de poder es la que genera la antropofagia y actividades como éstas son las que permiten que la asimetría se consolide y se refuerce. La antropofagia no cambia porque saquemos a los niños discapacitados de la dieta.
4º Los vendedores de productos refuerzan su posición y capitalizan su solidaridad en imagen la que luego revenden en su negociación de sueldos, en su participación en campañas, y en eventos públicos y privados.
5º Tanto la TV como las empresas muestran un lado amable que les permite vender a sus productos y a la sociedad de consumo con más efectividad que nunca.
6º Los millones que se exhiben en un letrero son una pequeña parte del total obtenido en esa operación la que se realiza sin ninguna fiscalización. Al ser una actividad "privada" nadie busca irregularidades y posibles actos de corrupción. Al actuar todos, se produce un régimen de omertá en que el que diga algo será expulsado de inmediato del paraíso mediático.
La impunidad con que actúan los medios y la TV en particular es un buen ejemplo del carácter ideológico del concepto Estado de Derecho: Un sistema en que la Sociedad controla al Estado, el Estado se autocontrola, y el Estado controla a los poderosos de la Sociedad. Tal equilibrio es una patraña. Los medios tienen un poder tal que impide que sean controlados y son la cara visible del feudalismo corporativo que nos rige. Los poderosos imponen sus términos en un sistema conflictivo en que se conjuga lo económico, lo cultural, lo endocrino y lo hipotalámico, pero en el que aún tenemos una cuota de poder y libertad que podemos utilizarlos para tornar la tragedia en drama.
Notas:
1 Me refiero al concepto que utiliza Marx en la "Ideología Alemana": Una idea falsa de la realidad destinada a encubrirla.
Transmisiones Indiscretas.
Este “cuento” fue escrito en 1997 y se lo transcribió en el año 2000 en que se le hicieron algunas modificaciones. No se había intentado publicar ya que parece banal pero, no hay temas banales sino que formas banales de tratar los temas.
Es difícil contar ésta historia. Como ninguna es conocida por todos pero al faltar una letra o una frase para relatarla públicamente ha quedado guardada en cada uno de nosotros entre una maraña de recuerdos, que a veces se transforman en sueños o pesadillas que olvidamos al despertar.
Pero por favor acordémonos de aquel 31 de Diciembre, más bien del final de ese día y el comienzo del siguiente año. Se llegó por vez primera al cien por ciento de raiting, quiere decir que no puede usted, decir que no lo vio pero sí le creeré si dice que no se acuerda.
Pero cómo cantamos tal melodía, ¿en que momento entramos si nadie se atreve a dar los primeros acordes de la música de fondo?
Comenzaré por refrescarle la Memoria. Durante más de treinta años trabajé en la televisión - no digan que no se acuerdan de mi, estuvieron obligados a escucharme, hasta encontrarme simpático- estuve en los duros tiempos - del blanco y negro- hasta el pasado primero de Enero. Cierto es que hace mucho me encontraba trabajando con un perfil bajo, estaba aburrido de ser el centro de atracción y cada cierto tiempo aparecía de voz en off en los matinales de la mañana, de la tarde y de la noche; se me cambiaba la voz en cada uno de ellos y los pocos que sabían tal juego lo celebraban más que un triunfo de "la Roja". Se preguntará Ud. Señor lector de porqué alguien se puede aburrir de la fama, sin duda Ud. creerá que le estoy mintiendo y que estoy inventando ese cuento de la omnisciencia, pero no, la televisión era toda una familia, bueno es toda una familia puesto que yo fui expulsado de aquel océano de pirañas. Una familia emparentada con las tres familias nacionales que algunos suspicaces ya habrán pensado que es una sola. Disfrutaba hace unos meses el rol de pater de ésta gran alianza y controlaba todo cuanto aparecía y había aparecido en la caja chica desde hace más de treinta años; con ello cual gran hermano "sugería" desde las conversaciones de las viejas guatonas mientras hacían pan amasado hasta la nómina de los futuros jueces de la Suprema. Mientras Ud. buscaba libertad con su control remoto yo me aseguraba que vieran, escucharan y sintieran lo que a mí se me antojaba y desde mí sofá apretaba los botones del teléfono para tener algo entretenido para las noticias de la noche. Hacía Zaping con Ud. ¿Cómo dejó de ser entretenido?. Bueno, ocurre que no es difícil aburrirse teniendo en la mano la varita mágica, ¿Y cómo los demás no se aburren?, es que los demás nunca han tenido la varita, sólo yo podía estar dentro y controlar. Quienes disputaban mi poder siempre criticaban ante el "Consejo" que a mi me gustaba mucho la farándula, que no es digno del jefe ensuciarse las manos. Me defendí siempre como gato de espaldas y logré que los viejos me renovaran la confianza con el gastado argumento de la televisión es el futuro, el poder y que sólo desde dentro, pareciendo uno de ellos podría comprenderla. ¿Para qué comprender si basta dominar? me replicaban mis adversarios: Para dominarla más cabalmente era mi respuesta.
Los viejos del consejo tenían una confianza ilimitada tanto en mí como en ellos mismos. Mi bajo perfil televisivo era visto como el anuncio de mi retirada táctica, el fin de mis jugarretas y un futuro próspero en el consejo. Me habían permitido esas insolencias porque había demostrado con creces mi jerarquía y por que mi pedigrí los obligaba a llamarme niño terrible en vez que cabro culiao. Disculpe señor que diga garabatos es que aún es placentero decirlos después de treinta años en la televisión. Bueno, donde iba, ah, si, los viejos me daban y daban hilo porque aunque tuviera toda la baraja ellos habían entregado los naipes marcados. Nunca recibí más que sus sonrisas pero había visto morir a tanta gente luego de haberles desobedecido que no era necesario ser adivino que hasta yo estaba en peligro. Pero fue luego de una infernal resaca que comprendí que o yo estaba muy viejo o que todos muy niños. Me encerré en el baño como de costumbre, desarmé una toalla higiénica y me inyecté gel sec como de costumbre, miré mis ojos y brillaban más azules que nunca, volví a la pista de baile y en su barra pedí un emulsionado doble babylee:
- Con hielo o sin...
- Seco - le respondí, mientra tosía.
- Seco le puede caer mal señor.
- Mira saco de huea. Cuando alguien pide un largo de aceite emulsionado tu debes servirlo y no preguntar huevadas. Si me das de elegir debes atenerte a tus consecuencias.
- Pero señor pregunté de volao que soy no más, si no le echo hielo capaz que...
Bastó una intensa mirada para que el joven me trajera en vaso con su frío contenido blanco, cortado en el fondo con tres cubos grandes de hielo seco. Lo miré a sus ojos, sentía más miedo que cuando me lo había violado a sus cortos - pero sensuales- nueve años. De un salto cambió el vaso por uno de emulsionado sin hielo. Tomé el contenido al seco, cerrando un ojo le ordené que limpiara mis bigotes con un gran beso. Saltó la barra hacia mi lado y me dio su espalda, se bajó los pantalones esperando recibir su merecido vaso en el culo. Casi se desmaya cuando golpeé el vaso en la barra indicándole que no habría castigo, le di una propina lo que hizo que la música se detuviera, la nueva modelo del venga conmigo se sacó la verga de burro que había estado chupando. Los locos bajitos aprovecharon el descalabro y comenzaron a vestirse. Kike Morandé, dejó por un instante de jalar veneno para ratones y ordenó que le sacaran los grilletes a Jorge Hevia. Una cosa fue llevando a la otra y de pronto comenzó a parecerme extraña tal familia. Felipe Camiroaga -que se inyectaba hipoclorito- largó una risa estrepitosa que llevó a los presentes a considerar broma, mi mejor broma, el haberle dado propina al barman. Pero la música no volvió a detenerse sino dos meses después. Seguí tomando altas dosis de emulsionado sec y toallas higiénicas. Lo hacía en privado, me cuidaba de traer en una petaca de plata el tan preciado tesoro y lo tomaba cuando mis amantes me daban la espalda o las luces a una nueva estrella. Cuando llegué con la gran idea de fusionar todos los canales por un día - como en la teletón- para celebrar el año nuevo, aún me creían tanto que las trabas que pusieron sólo fueron burocráticas. La Cocacola pagó su publicidad televisiva más millonaria de toda latinoamérica y con mi contador nos aseguramos que cada uno de los conductores e invitados ganara el doble que en sus canales de origen. Transmitimos en el canal 3 desde las dos de la tarde del 31 y la idea era continuar durante veinticuatro horas. Los actores, escenógrafos, coreógrafos, vestuaristas, animadores, celebridades varias habían echo la cimarra de sus canales de origen. En un principio como era previsto, los directores de las estaciones me mandaron flores, besos, felicitaciones y luego ramos de ortigas. Pero a las siete de la tarde ya estaban sentados participando del Gran Viva el Lunes Todo TV veinticuatro horas y yo como la voz en off más encendida de la TV Mundial. Manejaba desde mi pequeña oficina las cámaras, los micrófonos y a los garzones que no dejaban de servir en frondosos vasos de ácido muriático, hipoclorito, cutex, quix ollas y sartenes, bueno un gran coctel líquido y sólido, durante los compactos y las propagandas de cocacola. La algarabía era tal como en los mejores momentos de un canal pero multiplicado por cuatro. A las once y media cualquier televidente podía preguntarse como Jorge Hevia y Paulina Nin se mantenían frescos como una lechuga luego de más quince horas de reírse tirar tallas y dar consejos a la opinión pública sobre el tránsito, las compras, cómo vestirse y peinarse. Pero esa pregunta podría haberse hecho en cualquier teletón o en cualquier estelar, la diferencia es que el zapping no permitía comparar haciendo el jolgorio demasiado evidente. Don Francisco regaló dos automóviles, que obviamente no eran de él, y Vodánovic se disfrazó por un rato del Chacal de la trompeta. Nelson Avila y el cura Errazuriz ganaban cámara mirándole su entrepierna depilada a la Cecilia Boloco, el primero de envidia y el segundo con una promitente erección que traslucía su sotana. Los bufones oficiales, ante tanta competencia, tonteaban al punto de arriesgar sus vidas: Felipe Izquierdo se tiró de la Torre Entel cayendo en una bacinica que habían llenado los hermanos Larraín, luego que los periodistas de los matinales se batieran a duelo con los del espectáculo jugando al pillarse en pleno centro de Santiago. Las mujeres para lucir cada vez se sacaban más ropa y el aire en el estudio era caldeado, chillón y sobrecargado: Un Éxito. Cuando a las once y media se llegó al raiting cien, ya se llegaba a la borrachera mil que se escondía con los dos container de cocaína que ya se habían jalado. Todo era una fiesta, editar el programa sobre la marcha se había convertido en una odisea, viéndose tetas, potos y picos en primeros planos con mayor frecuencia y escuchándose algunos jadeos sin que pudiera hacer nada en contra de ello.
Mi último Emulsionado sec y lo que todos Uds. vieron. Dejé de editar y me contenté con un primer plano mientras llamaba a comerciales. Nunca di el pase de vuelta de los avisos publicitarios, los doscientos invitados y 43 animadores en su paroxismo aceptaban mi respuesta de problemas técnicos y caída del satélite.
Gracias a esa gran gesta patriótica todos Uds. pudieron ver a su presidente inyectándose Tanax y a la primera dama besándose apasionadamente con Margot Kall en vivo y en directo durante treinta minutos de transmisiones indiscretas.
Se imaginarán que cuando el regimiento Buin cortó la Luz de los estudios y le explicó a gritos y culatazos lo que pasaba yo ya viajaba en mi helicóptero rumbo a Mendoza donde hoy me encuentro.
Gracias a telefonazos y cartas electrónicas, supe que la "Junta" se constituyó ese mismo día y resolvió que los medios harían cuenta que nada de eso había sucedido y que al otro día habría matinal, el Domingo Chile Tu Day y el Lunes Viva El Lunes, como si nada. Es por eso que hasta hoy trato que todos Uds. se informe de aquello que vieron, escucharon y sintieron por mediahora. Si te llega ésta carta por lo menos admítelo como posibilidad.
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Tan Lejos, tan cerca:
El circulo rojo y negro a una Legua del centro de Santiago.
Este artículo se escribió en Marzo de 2002 después de la primera "Intervención" a la Legua Emergencia.
Este artículo se escribió en Marzo de 2002 después de la primera "Intervención" a la Legua Emergencia.
Las imágenes televisivas de ese día hablan[1]por sí solas: Carabineros por todas partes, lanzando personas de sus casas, éstos incautos se disculpan ante las cámaras diciendo "no somos delincuentes"; un juez recorre las calles y declara que no han encontrado los túneles, que los rastrean por satélite, que se está limpiando ésta población de los narcotraficantes que la denigran. Después de la tempestad, la calma, pero solo para quienes no vivimos en la Legua. No somos nosotros - son ellos- los que no serán contratados en el próximo empleo por vivir en el lugar en que nacieron y que serán considerados de antemano delincuentes si traspasan las invisibles murallas del gueto.
"Dijeron que allí se escondían armas. ¿Por qué en vez de buscar armas no buscan quiénes son los que las venden, o quién les vende las balas? Ellos mismos deberían revisarse, la policía, los jueces, y después salir a la calle a revisar a los demás. ¡Con qué moral vienen a molestar a los trabajadores de La Legua!"[2].
El último libro del profesor de Berkley Loïc Wacquant, Parias Urbanos[3], recopila artículos de éste escritos entre 1991 y 1999. Al leerlos uno quisiera que se tratara tan solo de una alucinación primermundista y estar inmune a sus lúcidas explicaciones ante la emergencia de la Seguridad Ciudadana en la discusión pública. La conclusión de Wacquant es la siguiente: La sociedad capitalista posindustrial requiere cada vez menos mano de obra por tanto surgen numerosas categorías de personas de la cuales "la sociedad no hace ningún uso político ni económico de ellos", éstas personas son acopiadas en un reservorio que el denomina "hipergueto" y en él, libradas a su suerte. De éste hipergueto no hay salida más que la cárcel ya que la sociedad se preocupa en estigmatizarlos y ellos en diferenciarse de la sociedad que los rechaza como única identificación posible. La situación de carenciados y acopiados posibilita tan solo tres posibilidades de ingresos económicos para el habitante del gueto: La primera y más importante es el ingreso que proviene del Estado; la segunda es la economía informal, la que siempre se encuentra fuera de la ley sea ésta sanitaria, tributaria o legal; la tercera es la distribución violenta de los pocos bienes existentes dentro del gueto por medio de la misma economía exterior pero en un contexto en que existen necesidades mayores y bienes más escasos. El aumento de la violencia en el primer mundo – según Wacquant- se explicaría por la guetificación, la retirada del Estado como sustentador del gueto (Estado providencia) y un nuevo rol que asume el estado para contener penalmente a éste reservorio (Estado penitencia). Que el Estado deje de proveer de sustento económico a los habitantes de los sectores marginados o que en ello se invierta una suma mucho menor que en castigarlos, explica el aumento de la economía informal de la venta de drogas y el aumento de la violencia al interior del gueto. La droga es una posibilidad de conseguir ingresos pero todo ingreso que se consigue es menor en comparación a las necesidades de los habitantes del gueto: Esto lleva a que aumente la delincuencia propietaria de poca monta en las que el actor como la víctima son habitantes del gueto; esto se ve reforzado cuando el habitante del gueto no puede salir de él ya que de inmediato sería detenido como sospechoso y a la vez la policía no ingresa al gueto sino para castigar a individuos sospechosos de haber delinquido fuera del mismo. El estado se retira para los habitantes del gueto pero se refuerza en sus fronteras para contener su efervescente marginación.
Esta marginación se gestiona además endureciendo su sistema penal con lo que se consigue encarcelar a más personas aumentando la demanda por centros de detención: Esto permite que la política de vivienda del Estado varíe desde la vivienda social a la cárcel, un lugar más barato y más rentable de acopio de los nuevos pobres[4]. Este endurecimiento del Estado - que algunos llamarían criminalización de la pobreza[5]- es correlativo al aumento de la riqueza y ello explica en porqué los mayores índices de violencia y encarcelamiento sean donde la brecha entre opulencia y miseria sean los más altos como en Nueva York y Hamburgo.
El pensamiento de Wacquant no es posible importarlo a Chile sin previamente aplicar la siguiente corrección monetaria: Primero, la unidad de análisis de Wacquant es muy limitada (Estados Unidos, Europa, la ciudad de Chicago, el gueto) lo que impide observar de qué manera este cambio del Estado del primer mundo se relaciona con lo que sucede en el “sistema mundo[6]”; segundo, la relación raza- marginación en Chile adquiere formas muy distintas a los Estados Unidos (Los Afroamericanos) o Francia (Argelinos o Norafricanos) y aún no cabalmente estudiadas por las ciencias sociales dentro del ámbito urbano[7]; tercero, en Chile no es posible observar el tránsito Estado providencia a Estado Penitencia ya que Chile no tuvo un Welfare o éste fue muy disimil a lo ocurrido en el primer mundo y la intensidad del control social formal para la población marginada no ha variado sustancialmente de la dictadura militar hasta la fecha sino solo se ha dejado de marginalizar a sectores por sus tendencias políticas. El desempleo tampoco es producto de la desindustrialización sino que de una industrialización inacabada; la última prevención es que no se puede verificar éste modelo explicativo en nuestro país no por que no exista la guetificación sino por que en Chile la delincuencia se ha mantenido estable en los últimos veinte años y se ha mantenido estable la tasa de homicidios que dicho sea de paso es la más baja de Latinoamérica y cinco veces menor al promedio regional. Pero es interesante observar que los niveles de miedo a la delincuencia de parte de la población son comparables a los de las ciudades más violentas de América y que la población penal se haya triplicado en las últimas dos décadas: Lo anterior se encuentra ligado a un crecimiento sostenido de la economía, aumento de la brecha entre ricos y pobres y una deseguritización social.
En fin, Wacquant se ha convertido en una lectura indispensable en éstos momentos de Insegurización Ciudadana - más aún cuando en Chile nos encontramos con una privatización carcelaria en ciernes - no para importar la última novedad de Paris al debate público sino que para comenzar a racionalizar la discusión acerca de la violencia urbana y el control Estatal.
[1] Operativos en la población La Legua de la comuna de San Joaquín en Santiago en busca de “cavidades sospechosas” (desde el 7 al 9 de Enero del 2002). Hay que mencionar que se han efectuado operativos policiales similares en varias oportunidades (Octubre del 2001 y el 8 de Enero de 1998)
[2] El Mercurio. Cuerpo D, pág 6 11 de Ocubre del 2001: “La Legua por Recorrer”.
[3] Loïc Wacquant, “Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio”. Manantial 2001.
[4] Loïc Wacquant: Las cárceles de la miseria. Manantial, 2000, 192 pág.
[5] Por ejemplo: Zygmunt Bauman, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Barcelona, Gedisa, 2000.
[6] WALLERSTEIN, I. [1991](1998): Impensar las ciencias sociales. Siglo XXI. México.
[7] Me refiero a un estudio que problematice no solo la relación de los pueblos indígenas con el huinca sino a la influencia del fenotipo en la marginación v.gr El Punga.
"Dijeron que allí se escondían armas. ¿Por qué en vez de buscar armas no buscan quiénes son los que las venden, o quién les vende las balas? Ellos mismos deberían revisarse, la policía, los jueces, y después salir a la calle a revisar a los demás. ¡Con qué moral vienen a molestar a los trabajadores de La Legua!"[2].
El último libro del profesor de Berkley Loïc Wacquant, Parias Urbanos[3], recopila artículos de éste escritos entre 1991 y 1999. Al leerlos uno quisiera que se tratara tan solo de una alucinación primermundista y estar inmune a sus lúcidas explicaciones ante la emergencia de la Seguridad Ciudadana en la discusión pública. La conclusión de Wacquant es la siguiente: La sociedad capitalista posindustrial requiere cada vez menos mano de obra por tanto surgen numerosas categorías de personas de la cuales "la sociedad no hace ningún uso político ni económico de ellos", éstas personas son acopiadas en un reservorio que el denomina "hipergueto" y en él, libradas a su suerte. De éste hipergueto no hay salida más que la cárcel ya que la sociedad se preocupa en estigmatizarlos y ellos en diferenciarse de la sociedad que los rechaza como única identificación posible. La situación de carenciados y acopiados posibilita tan solo tres posibilidades de ingresos económicos para el habitante del gueto: La primera y más importante es el ingreso que proviene del Estado; la segunda es la economía informal, la que siempre se encuentra fuera de la ley sea ésta sanitaria, tributaria o legal; la tercera es la distribución violenta de los pocos bienes existentes dentro del gueto por medio de la misma economía exterior pero en un contexto en que existen necesidades mayores y bienes más escasos. El aumento de la violencia en el primer mundo – según Wacquant- se explicaría por la guetificación, la retirada del Estado como sustentador del gueto (Estado providencia) y un nuevo rol que asume el estado para contener penalmente a éste reservorio (Estado penitencia). Que el Estado deje de proveer de sustento económico a los habitantes de los sectores marginados o que en ello se invierta una suma mucho menor que en castigarlos, explica el aumento de la economía informal de la venta de drogas y el aumento de la violencia al interior del gueto. La droga es una posibilidad de conseguir ingresos pero todo ingreso que se consigue es menor en comparación a las necesidades de los habitantes del gueto: Esto lleva a que aumente la delincuencia propietaria de poca monta en las que el actor como la víctima son habitantes del gueto; esto se ve reforzado cuando el habitante del gueto no puede salir de él ya que de inmediato sería detenido como sospechoso y a la vez la policía no ingresa al gueto sino para castigar a individuos sospechosos de haber delinquido fuera del mismo. El estado se retira para los habitantes del gueto pero se refuerza en sus fronteras para contener su efervescente marginación.
Esta marginación se gestiona además endureciendo su sistema penal con lo que se consigue encarcelar a más personas aumentando la demanda por centros de detención: Esto permite que la política de vivienda del Estado varíe desde la vivienda social a la cárcel, un lugar más barato y más rentable de acopio de los nuevos pobres[4]. Este endurecimiento del Estado - que algunos llamarían criminalización de la pobreza[5]- es correlativo al aumento de la riqueza y ello explica en porqué los mayores índices de violencia y encarcelamiento sean donde la brecha entre opulencia y miseria sean los más altos como en Nueva York y Hamburgo.
El pensamiento de Wacquant no es posible importarlo a Chile sin previamente aplicar la siguiente corrección monetaria: Primero, la unidad de análisis de Wacquant es muy limitada (Estados Unidos, Europa, la ciudad de Chicago, el gueto) lo que impide observar de qué manera este cambio del Estado del primer mundo se relaciona con lo que sucede en el “sistema mundo[6]”; segundo, la relación raza- marginación en Chile adquiere formas muy distintas a los Estados Unidos (Los Afroamericanos) o Francia (Argelinos o Norafricanos) y aún no cabalmente estudiadas por las ciencias sociales dentro del ámbito urbano[7]; tercero, en Chile no es posible observar el tránsito Estado providencia a Estado Penitencia ya que Chile no tuvo un Welfare o éste fue muy disimil a lo ocurrido en el primer mundo y la intensidad del control social formal para la población marginada no ha variado sustancialmente de la dictadura militar hasta la fecha sino solo se ha dejado de marginalizar a sectores por sus tendencias políticas. El desempleo tampoco es producto de la desindustrialización sino que de una industrialización inacabada; la última prevención es que no se puede verificar éste modelo explicativo en nuestro país no por que no exista la guetificación sino por que en Chile la delincuencia se ha mantenido estable en los últimos veinte años y se ha mantenido estable la tasa de homicidios que dicho sea de paso es la más baja de Latinoamérica y cinco veces menor al promedio regional. Pero es interesante observar que los niveles de miedo a la delincuencia de parte de la población son comparables a los de las ciudades más violentas de América y que la población penal se haya triplicado en las últimas dos décadas: Lo anterior se encuentra ligado a un crecimiento sostenido de la economía, aumento de la brecha entre ricos y pobres y una deseguritización social.
En fin, Wacquant se ha convertido en una lectura indispensable en éstos momentos de Insegurización Ciudadana - más aún cuando en Chile nos encontramos con una privatización carcelaria en ciernes - no para importar la última novedad de Paris al debate público sino que para comenzar a racionalizar la discusión acerca de la violencia urbana y el control Estatal.
[1] Operativos en la población La Legua de la comuna de San Joaquín en Santiago en busca de “cavidades sospechosas” (desde el 7 al 9 de Enero del 2002). Hay que mencionar que se han efectuado operativos policiales similares en varias oportunidades (Octubre del 2001 y el 8 de Enero de 1998)
[2] El Mercurio. Cuerpo D, pág 6 11 de Ocubre del 2001: “La Legua por Recorrer”.
[3] Loïc Wacquant, “Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio”. Manantial 2001.
[4] Loïc Wacquant: Las cárceles de la miseria. Manantial, 2000, 192 pág.
[5] Por ejemplo: Zygmunt Bauman, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Barcelona, Gedisa, 2000.
[6] WALLERSTEIN, I. [1991](1998): Impensar las ciencias sociales. Siglo XXI. México.
[7] Me refiero a un estudio que problematice no solo la relación de los pueblos indígenas con el huinca sino a la influencia del fenotipo en la marginación v.gr El Punga.
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