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Clase de Criminología, escuela de derecho de la universidad ARCIS, 02 de noviembre de 2010.
Criminología Crítica.
La Criminología Positiva.

Escuche la exposición de este trabajo dictada en el Arcis el martes 7 de agosto de 2010.
Un muerto que goza de muy buena salud.
Por Ariel Zúñiga Núñez (azetaene)
El gran error de los tratadistas de criminología es el ensayar una historia cronológica de la misma lo que no pasa de ser un sesgo positivista, evolucionista, idealista, en fin, un relato, ficticio sobre una disciplina ficticia que ha transitado desde lo primitivo en antaño hasta lo sofisticado de hoy. Tal modo de contar la historia no es consistente con la historia misma. Dicho de otro modo la historiografía de la criminología es tan compleja como la historiografía en general, y tal como ella no tiene un inicio preciso ni un final feliz.
La historia no se detiene tampoco debiera hacerlo la historiografía, y si, desde que existe Estado, es decir, desde hace unos doce mil años, se han realizado ceremonias en que los miembros de una comunidad son castigados, o sacrificados, ha existido una teoría, un conjunto de conocimientos, que fundamentara dicha reacción social institucionalizada.
Por lo tanto es un error, o un horror, dependiendo cuán rigurosos queramos ser, datar el origen de la criminología en la escuela positiva italiana.
Derecho penal existe desde que existe Estado, incluso es legítimo especular que existieron normas de castigo antes que otro tipo de legislación. El Estado no ha cambiado desde su estructuración en lo más mínimo, siempre ha requerido el monopolio de la fuerza y el convencimiento, asentimiento, de la población. Para regir un Estado en un territorio debe vencer y convencer.
Por lo tanto la función de jueces, sacerdotes, sabios, políticos o lobbistas ha existido siempre. Corresponde a una mitología moderna, un cuento con el cual intentamos tranquilizarnos a nosotros mismos, el creer que el mundo recién se forjó hace doscientos años, en Europa, y en francés e inglés.
Y también es un mito, apoyado de una teoría que goza de muy buena salud en las ciencias sociales con la casi total indiferencia de la Ciencia, o “ciencias duras” como le llaman los cientistas sociales. Me refiero a la teoría de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn.
En su conocido ensayo de principios de los sesenta “La estructura de las revoluciones científicas”, Kuhn afirma que la ciencia avanza del mismo modo en que lo creían los autores socialdemócratas de su época. Los conocimientos consolidados, el ejemplo que usa y es además casi el único que cabe, el de la física, es decir Escolástica-Newton-Einstein. Todo esto en progresión. Si hace un siglo la teoría de Einstein era revolucionaria, lo que generaba resistencias de la comunidad científica de su época, hoy sus concepto son la base de la física institucionalizada. Quien quiera revolucionar la ciencia deberá luchar contra todas las fuerzas conservadoras que erigen el conocimiento vigente como el único posible. Lo que ocurrió con Einstein sucedió en su momento con Newton. Sin embargo, la física bajo “el imperio” de Newton era igualmente científica que la de Einstein aunque este último haya demostrado que era incorrecta. Esa es la gracia de esta teoría pues consuela a los neuróticos cientistas sociales del presente, los que al parecer sufren el síndrome de Asperguer. Los abrumaba que Einstein haya invalidado con un par de tratados tantos siglos de saber acumulado, despertaban sudados en la noche acosados por la idea de que quizá los nuevos conocimientos son igualmente falsos y estamos pisando sobre la nada.
Sin embargo, para los científicos, es normal que los conocimientos se obtengan a empellones, que incluso sea la serendipia o el “eureka” la concreción de la epifanía.
Para los pensadores sociales, en especial en los tiempos de Kunh, este libertinaje era inaceptable. Todo el edificio de las ciencias sociales ha sido construido desde los pilares “sólidos” de la ciencia, en especial de la física. Tanto así que Aguste Comte, padre del positivismo, llamaba a su nueva disciplina “física social”. La provisionalidad del conocimiento científico, algo que asumen apriori los estudiantes de ciencia sin que nadie se los diga, parece una blasfemia para los científicos sociales que quieren validar sus investigaciones parodeando el método de las “duras”, el mentado “método científico”. Como dije los científicos no hablan ni escriben sobre ciencia, la hacen, y para hacerla deben asumir que todo, absolutamente todo, está en cuestión permanentemente. Y como es la epifanía la fuente de toda invención o descubrimiento, es decir ese punto de luz en el fondo de las tinieblas, saben que todo vale a la hora de obtener el resultado. El método científico por lo tanto no es, como lo creen los que no hacen ciencia pero hablan mucho sobre ella, un código de procedimiento sino que el resultado se obtiene a expensas de cualquier proceder, y si el descubrimiento es innovador deberá validarse, políticamente, en la comunidad científica. Es tan vertiginosa hoy la producción de las ciencias que los conocimientos innovadores demoran muy poco en ser aceptados como ciencia, a veces basta que pasen el control editorial de la revista Nature o Sciencie.
Sin embargo en otras áreas, más sensibles, como los supuestos de la biología, no existe una sola voz y tenemos en extremos opuestos el neo evolucionismo por un lado y por el otro el holismo de Maximo Sandin, por ejemplo.
A lo que voy es que los científicos no podrían hacer ciencia si creyeran que lo escrito es lo real o si descreyeran que lo sabido es lo real. Es decir, deben ser escépticos, quizá más que los nihilistas y posmodernos, pero al mismo tiempo no dudan ni por un segundo que es posible conocer, llegar a la verdad y que el saber acumulado es todo lo que poseemos.
La mala traducción de la teoría de los paradigmas a la criminología conduce a que se diga que “existió” una criminología naturalista, que evolucionó desde un idealismo ilustrado, iluminista, como el del marqués de Beccaría a un materialismo que incorporaba el saber de vanguardia de la época, la escuela positiva italiana. Esta historiografía, que encontramos en autores como Pavarini o Baratta, prosigue con la huida de la criminología de los laboratorios de frenología, el hito sería Enrico Ferri, a las facultades de sociología, por lo que esta disciplina se fusionaría con la misma y proseguiría su mismo curso “evolutivo”. Finalmente, y esto es optativo, se produciría la emancipación de la criminología, su consolidación como disciplina autónoma, los autores que defienden esta absurda tesis son abogados.
Es decir, el cuento chino de la criminología sería el siguiente:
La criminología comienza con Beccaría (escuela clásica), antes había derecho penal pero no un conocimiento sobre el mismo, todo se realizaba, incluyendo las espectaculares ejecuciones, en la inconsciencia de los actores. Por lo general se atribuye dicha inconsciencia a que se trataría de sociedades no “evolucionadas” aún teocráticas. La secularización emancipa al derecho penal de la costumbre y los ritos religiosos y paganos y los sujeta a la racionalidad moderna. Es preciso saber porqué y para qué se castiga. Eso lo trata con lujos de detalles Hobbes, Locke, Rousseau, sólo por nombrar a algunos notables, pero quien realiza la síntesis es Beccaría.
La criminología se emancipa de la idealismo liberal de base lockeana-rousoneana que propone Beccaría, es más se emancipa del derecho, antes lo había hecho de la teología, para recluirse en los laboratorios. El saber más avanzado de la época, lo que hoy consideramos un saber burdo (también fue la teoría de los humores de Paracelso pero salvó muchas vidas), era la frenología y salvo porque sus supuestos eran equivocados y sus instrumentos imprecisos en todo lo demás la escuela positiva italiana hizo lo mismo que hacen hoy los científicos. Ellos hacían ciencia aunque el conjunto de su saber nos parezca pseudociencia, es decir, y atentos a lo que estoy diciendo, desde las ciencias sociales se cree que el método es lo que hace que tal investigación sea o no científica cuando la demostración cabal de la astrología, la alquimia, la medicina galénica y la frenología, podríamos añadir el psicoanálisis, es que lo pseudocientífico lo juzgamos a posteriori, es decir, con una impostada lucidez retrospectiva. Si fuera el procedimiento lo que hace de tal o cual conocimiento válido las pseudociencias reseñadas aún lo serían. Lo que hace de la frenología una pseodociencia no es que sus cultores fueran unos charlatanes sino que no poseían los conocimientos que disponemos hoy y que nos permiten refutar sus axiomas e invalidar sus experimentos antes que se realicen. Echando a perder se aprende, quizá este es el único método científico. Para un abogado es sencillo comprender esto, al menos más que para un sociólogo, el que un procedimiento sea justo y legalmente tramitado no implica que el resultado de la investigación sea correcto. Son cuestiones distintas, muchas veces, diametralmente opuestas. Esa es la razón por la cual por más que la medicina galénica sea ciencia hoy en el sentido procedimental no es ciencia. Ciencia es el saber provisional, el acervo científico total y actual, decir qué es ciencia siempre será decir qué es hoy la ciencia, toda la ciencia.
El cuento chino aún no acaba y conduce a que la criminología es abducida por la sociología quien se alimenta de ella, y a la vez, le da de amamantar. En esta parte los tratadistas de criminología pretenden falsificar la historia de la sociología para que coincida con la falsificación que previamente han hecho de la criminología. En esta parte nos cuentan que sociología es funcionalismo sistémico estadounidense. Aquí, y quizá en ninguna otra parte del cuento chino, queda tan claro con la impunidad que se aplica la teoría de Kunh. Nos quieren decir que el funcionalismo sistémico yanqui se comió a la sociología weberiana y marxista, en otras palabras, es el nuevo paradigma o el paradigma de hace cincuenta años.
Lo anterior es compartidos por todos quienes han opinado sobre el asunto, menos por el que escribe, las diferencias surgen en el final del cuento Chino: Para unos, la criminología crítica es una vuelta al derecho; para otros sigue inscrita en la sociología pero ésta es la que cambia de paradigma con una revolución marxista dentro de la academia francesa que se expande por occidente; para otros más entusiastas, por ejemplo Carlos Elbert, esto implica la emancipación de la criminología la cual, desde entonces, sería una disciplina autónoma.
La tesis de Elbert es digna de ser tomada en cuenta. Más que defender a la autonomía de la criminología como valor en sí, cuestiona que esté hospedada en una vivienda tan precaria como lo es la sociología. Como lo escuché decir una vez en Santa María de la Pampa “Quizá existen unas tres o cuatro criminologías pero, si somos rigurosos, deberemos admitir que existen unas mil sociologías a lo menos”. A eso Elbert le llama asilarse en una embajada extranjera, pero peor, una legación diplomática de un estado fallido. Son menos los problemas epistemológicos, metodológicos y deontológicos dentro de la criminología que dentro de el derecho o de la sociología.
Sin embargo, tal cual lo dije hace ocho años atrás, en parte respondiéndole a Elbert, la teoría del cambio de paradigma es sólo un consuelo dentro de la complaciente y ensimismada ciencia social, nunca ha operado así en la ciencia, de hecho el ejemplo de la física es el único posible siempre y cuando omitamos todo lo que ocurre a partir de la década del treinta del siglo veinte en adelante. En las “ciencias sociales” jamás ha existido un cambio de paradigma. Lo que sí ha existido son cambios de gobierno. Y si lo que sabemos o podemos saber depende del poder político quiere decir que es absurdo pretender una autonomía disciplinar.
La criminología teológica, pre Beccaría, sigue existiendo y está rebosante de vitalidad. Siguen lapidando a mujeres adulteras como encarcelando a quienes producen drogas que alguien dijo, desde la teología no desde la razón, que eran malas para la salud; las normas antiterroristas son la máxima expresión de ese derecho penal arcaico que se decía extinto desde la toma de las Bastilla.
La criminología iluminista de Beccaría sigue en pleno vigor, está impresa en la mayoría de las constituciones del mundo y es la piedra angular de los tratados internacionales sobre derecho humanos.
La criminología de la escuela positiva italiana, Lombroso, Ferri y Garófalo, inspirada en la frenología de Franz Joseph Gall sigue en plena vigencia, incluso podemos decir que están últimas dos décadas han sido sus mejores años. Si bien la frenología ha sido excluida de su axiomática la nueva comprensión del cerebro, producto del auge de las neurociencias y posteriormente de las ciencias de la mente, potenciado por el proyecto genoma, hacen de la conceptuación de un hombre delincuente, un delincuente nato, algo científico propiamente tal no un disparate como lo quiere presentar la criminología crítica. Empero, la objeción sigue siendo la misma: Nuestro sistema de organización social no está incluido en nuestros genes, como en el caso de las hormigas, ovejas, delfines o abejas, son infinitas nuestras modalidades de organización. El Estado se consolida como organización dominante, en todo el mundo recién hace cien años, y por vez primera hace doce mil para una pequeña parte de la población humana. Nuestras normas legales, empezando por las penales, no están en nuestros genes sino que en nuestra cultura por lo tanto es absurdo buscar personas genéticamente o biológicamente “delincuentes”, tal paso obliga a dar por sentado que nuestra leyes sociales son naturales y que los procesos son tan justos que cada vez que analizamos el cerebro, o la mente, de un criminal tenemos la convicción de que él efectivamente lo es y que la población de control, es decir los no delincuentes, efectivamente no han cometido delitos. Es decir, nos obliga a una ceguera o quizá a una hipocresía metodológica. Por más que el neo lombrosianismo se asista del saber científico acumulado no implica que tropiece en la misma piedra, algo que podría haber refutado a Lombroso en su propia época, el que olvide la relatividad cultural, la infinita variedad de tipos penales en todo el mundo, los infinitos sistemas culturales posibles y, por último y lo más importante, que es el sistema penal quien hace de un inocente un delincuente no su acción. Un ejemplo y se entenderá: Un soldado vuelve a los EEUU condecorado en Iraq por matar a mujeres, niños y ancianos, al mismo tiempo en el callejón de la muerte de Texas una persona espera ser asesinada por el Estado, por asesina, debido a que mató con premeditación y alevosía a un vecino que tenía un perro que le ensuciaba su jardín. Para efectos del estudio neurobiológico el condenado a la espera de ser ejecutado es un delincuente, vamos a ver cómo funciona su mente dirán, y el condecorado militar arribado de Iraq es una persona normal.
El supuesto de la criminología positiva sigue inalterable, Baratta lo dice que este es la ideología de la defensa social y que es común a la criminología “precedente”. Sin embargo, a mi juicio, dicho axioma sería la existencia de existencia de delitos naturales, en oposición a otros “artificiales” que varían de acuerdo a las costumbres locales. Si analizamos con detalle tal pretensión nos encontramos con que el delito es una creación humana propio de una construcción artificial, el Estado, incluso inseparable de él. Si todo Estado es artificial no existirían delitos naturales. El hombre vivió, sin experimentar ninguna mutación genética, durante 190.000 años sin estados ni delitos y sólo bajo el imperio de los mismos los últimos doce mil. El Estado no está en nuestros genes ni tampoco responde a una evolución pues tal como lo afirma Robert Carneiro, autor de la teoría científica vigente sobre el origen de los estados, dicho modo de organización se produjo como una disfunción de las comarcas de en la revolución neolítica. Dicho con otras palabras, el Estado es una especie de tumor de la humanidad; algo muy similar nos dice Immanuel Wallerstein sobre el capitalismo (en el moderno sistema mundial).
Finalmente diré que la criminología, la burda criminología de la burda sociología, sigue estando donde está. Es la que promueven los thing thank neocon, aliñada con compuestos neo lombrosianos. Esta burda criminología está presente en los discursos de los gobiernos, en sus ministros del interior, en sus jefes de policía, en la prensa, en las escuelas de derecho, cuando quieren hacer cuenta que los DDHH no existen, son una carga o un idealismo para hippies de mierda, o en las escuelas de economía, ciencias políticas, administración pública, gobierno, sociología, etc. Tal criminología rige en su ámbito, sin que le perturben las colosales obras de demolición que ha construido la criminología crítica, y en total armonía con la criminología positiva. Es más, en ciertos casos autores críticos como Rosa del Olmo se han prestado para sofisticar la burda criminología de la burda sociología añadiendo palabrería insustancial ha razonamiento viciado en su origen. (Rosa del Olmo es una de las directoras de la prestigiosa escuela de criminología de Zulia, en Venezuela, cuna de la Criminología crítica)
¿Donde rige la criminología crítica? ¿Rige en alguna parte? En una que otra universidad, en la cátedra de uno que otro profesor, tachado por otros como hippie de mierda, en una que otra biblioteca, en alguna librería en la esquina de un sombrío pasaje, en algún sitio de internet al que es imposible llegar desde google. Todo esto equivale a reconocer que la criminología crítica no existe en ninguna parte.
Bibliografía recomendada para esta materia: Criminología crítica y crítica al derecho penal. Alessandro Baratta.
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2º Conversatorio Sobre Teoría del Estado, Crítica al Derecho y Represión.
Escúchelo aquí o en el podcast Violencia y Sociedad:
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En el taller del sol se realizó el segundo conversatorio “Aspectos Teóricos y Prácticos de la Resistencia contra de el Derecho Estatal Burgués”. Organizado por el Piquete Jurídico y el Taller de Crítica del Derecho y Pensamiento Jurídico Crítico, contó con la participación de:
Domingo Lovera, Profesor de la Universidad Diego Portales, quién expuso sobre los aspectos jurídicos de la protesta social en Chile.
José Luis Ugarte, Profesor de la Universidad de Chile y Diego Portales, quién expuso sobre el Derecho Laboral y el conflicto de clases.
Julio Cortés del Piquete Jurídico, quién efectuó una crítica a los DDHH.
Intervinieron a continuación algunos de los asistentes, entre ellos, Eugenio Baeza y Ariel Zúñiga.
A contar de marzo los conversatorios se realizarán con una periodicidad mínima de una vez al mes, se avisará con antelación.
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Clase Final del Curso de Criminología de Julio Cortés:

Invitado: Ariel Zúñiga Nuñez
La criminología nos
permite comprender el mundo con una precisión que otros sistemas de
pensamiento. Para cambiar el mundo debemos comprenderlo. El mundo
está estructurado como un Estado pero dicha estructuración no
depende ni de nuestra genética ni de nuestra voluntad. El Estado se
nos ha impuesto, y ha sido un accidente en el devenir humano.
¿Vivimos en un mundo más
controlado o tenemos más consciencia del control?
Noviembre de 2009, Facultad de Derecho Universidad Arcis.
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Teletontos:

Hoy comienza en Chile la Teletón, megaevento caritativo organizado por todos los canales de televisión abierta del país. Quizá es el mejor momento para referirse a la televisión, a los medios de comunicación de masas y a la televisión chilena en particular.
Las Críticas a la Televisión.
Todos coinciden en la banalidad de los contenidos que se exhiben por televisión. Cuando ésta fue inventada se pensó que iba a producir una revolución en el conocimiento humano al poder alcanzarse audiencias masivas a un costo muy bajo. Nuestra generación ha asistido a un momento muy parecido: Las promesas mesiánicas de Internet enfrentadas a la descarga cotidiana de videos de pastelazos.
Sin embargo un porcentaje ínfimo de la oferta televisiva escapa a la tendencia alienadora, banal y evasiva de la televisión del mismo modo que una minoría utiliza internet en actividades edificantes. Los empresarios de la TV se respaldan en el rating, ellos exhiben lo que se quiere ver. En la Internet, donde la oferta es ilimitada, las visitas y descargas demuestran que lo empresarios tienen la razón. Vox populi vox dei; sólo erigir un neo autoritarismo podría fundamentar una política cultural antidemocrática.
El grave problema de los contenidos de la televisión abierta es que los habitantes más vulnerables que no pueden elegir sus contenidos en la Internet o en la Televisión pagada, y que carecen de distracciones interactivas, quedan cautivos de la programación de televisión abierta. No quiero decir que los medios influencian de tal o cual modo a las personas pero sí que se transforman en la ventana con el cual miran el mundo millones de personas.
Es bueno entonces, desde un prisma democrático, que los televidentes participen de aquello que se les exhibe pero acaso ¿No es eso lo que ocurre? Cada vez que la televisión abierta se aleja de las mujeres semidesnudas, los balazos, los llantos y los accidentes de tránsito, es el público quien castiga cambiando de canal. El problema es que todos los oferentes buscan cautivar al mismo telespectador en vez que segmentarse y dirigir mensajes a públicos específicos. Esto último está ocurriendo pero no en los horarios conocidos como prime. La única excepción conocida es el programa de discusión "Tolerancia Cero" de Chilevisión.
La televisión digital obligará a la segmentación pero tal distribución de mensajes no necesariamente significará una diversidad en dichos mensajes. Puede cambiar el modo en que se presentan los temas o los temas mismos pero no necesariamente la orientación política y cultural de ellos.
El problema de la televisión entonces es que sólo cumple una función de entretención para el televidente y quien exige más de ella carece de una oferta para saciarla. En tal problematización existe un consenso entre todos los que han pensado sobre la TV. En lo que no existe consenso, y por lo general se confunde con lo primero, es sobre la causa de que una demanda de una parte importante del mercado no pueda ser satisfecha y sobre qué reformas podemos implementar para dejar que el mercado opere. La visión escéptica sobre el mercado autoregulado en éste punto ha llevado a muchos a proponer de plano la intervención estatal de la televisión.
Pero ni los sistemas de televisión estatal ni los sistemas de mercado regulado satisfacen a los críticos. Una televisión fuertemente regulada en sus contenidos es un fuerte aliciente para suscribirse a o interceptar canales de televisión extranjeros, o a migrar a otros medios como la Internet, los vídeo juegos o el DVD.
Por otra parte una gran diversidad de mensajes impide que los medios operen como una plaza pública y de este modo sujetos que comparten el mismo barrio y la locomoción colectiva pueden terminar viviendo una vida disociada.
La falta de comprensión de la relación jurídico económica que se da entre empresa de televisión y televidente es a mi juicio la causa de la incomprensión del fenómeno televisivo y lo que impide su reforma. Esta incomprensión crece geométricamente al mezclarse con la incomprensión generalizada que existe respecto de las instituciones jurídicas - económicas en general y de su instituto supremo, el Estado.
Explicar el Derecho y el Estado a los Legos.
Para los abogados legos son todos los demás. Aunque desde la sociología se pretenda reivindicar a la sociología del derecho; la historia a la historia del derecho y la filosofía a la filosofía del derecho, ciertos asuntos siguen siendo patrimonio exclusivo de los abogados y un terreno inexpugnable para los legos.
Es en este terreno es dónde se asienta la teoría pura del Derecho y la teoría jurídica del Estado del vienés Hans Kelsen.
Esta teoría no es hegemónica dentro del Derecho, incluso no se enseña por principio en algunas facultades porque negaría el principio elemental del Derecho Natural, esto es que la función del Derecho es la materialización de la Justicia.
Para Kelsen Derecho y Justicia son cuestiones completamente distintas e incluso, inconexas: Podemos saber qué es el Derecho y sin embargo nunca sabremos lo que es la Justicia.
La crítica usual a Kelsen es que construye una teoría meramente formal del Derecho sin preguntarse sobre su contenido pero eso es tanto lo que pretendía como lo que hace su tesis sólida y útil. El Derecho para Kelsen es el ejercicio del poder legitimado y la suma de todo el poder legitimado es el Estado.
En su "teoría del Estado" comienza criticando con fervor a las teorías "sociológicas del Estado" y en especial a la más sólida construida hasta ese momento: La teoría del Estado de Max Weber. Las teorías sociológicas concluyen en un dualismo entre Estado y Sociedad en el cual el primero es una institución creada por la segunda. Si eso fuera así, la Sociedad podría darse el Estado que quiera en el momento que quiera y con las limitaciones que quiera. Esto ocurre sólo si asumimos previamente que la ideología liberal democrática es una realidad sociológica. Desde luego esto no es así y Sociedad y poder van de la mano del mismo modo como el poder se encuentra asignado asimétricamente en la población. Ya que no existe un estado previo, algo así como el estado de naturaleza de los pactistas, en que todos los hombres se den un Estado para que los gobierne; el Estado moderno se erige sobre la estructura de poder asimétrica que le es legada por las monarquías, y en ese sistema asimétrico busca permanentemente su legitimidad sin democratizarse. No existe una "sociedad civil" que pueda controlar al Estado sino que las ONG, por ejemplo, disponen de poder en la estructura jerárquica y autorreferente de la legalidad moderna y ese poder está limitado por un poder superior y así sucesivamente. El poder que disponen las ONG lo ejercen sobre otros que disponen de menos poder que ellos y que se encuentran en una situación o de dependencia o de vulnerabilidad ante ellos. Las ONG producen normas jurídicas, es decir, ejercen un poder legítimo. La legitimación se obtiene en un proceso, es decir, en un conflicto. Quien vence en ese conflicto legitima sus decisiones y lo que se entiende previamente legítimo siempre es posible de cuestionarse.
No existe por lo tanto un catálogo de leyes que sumadas sean la legalidad de un Estado Nacional sino que las normas jurídicas se establecen en un conflicto cotidiano que es político y económico.
Dicha las cosas de ese modo los sociólogos, los filósofos y los antropólogos saben mucho menos de el Derecho de lo que son capaces de admitir y eso explica que luego de sendos análisis concluyan de que hay que dictar tal o cual norma. Pero no son todos ellos los que están equivocados como tampoco todos los abogados son conscientes de lo que acabo de señalar. Antonio Gramsci ya tenía un concepto de Estado Ampliado en la época que Kelsen construía el propio y autores actuales (Arrigui, Hopkins y Wallerstein) aplican un concepto muy similar.
Reconocer el poder en nuestra sociedad, tanto el que se ejerce en nuestra contra como el que ejercemos nosotros, la asimetría de ese poder, el carácter transnacional de ese poder, es el primer paso para separar ideología de ciencia social es decir, lo que queremos que sea la sociedad de lo que es la sociedad a nuestro pesar. No existe ni democracia ni justicia. Estamos sujetos al Derecho y somos sujeto de Derecho. El Estado es un subconjunto de la Sociedad en que se reúne todo el poder legítimo de ésta y sólo utilizamos ese concepto para poder entender mejor a la Sociedad porque Estado y Sociedad son inseparables.
Las Normas.
Sin embargo el poder se encuentre en permanente conflicto existen áreas en dónde se establece una regularidad que muchas veces se confunde con el Derecho positivo. Cuesta discernir si se respeta tal norma por que existe un castigo asignado para su contravención o si se respeta porque culturalmente no cuestionamos su vigencia. Este fenómeno sirve para que los ideólogos de la modernidad señalen de que el Derecho es generalmente observado y excepcionalmente contravenido. Desde luego que si legislamos señalando que para el territorio nacional regirá la ley de gravedad salvo declaración expresa en contrario, tal norma será regularmente observada pero eso no dice relación con que el sistema de control del Estado, o control social, sea eficiente. Sólo dice que se ha legislado sobre lo que ya por fuerza es regular, y en el ejemplo irrevocable.
Debería ser regular que cada quien utilice el transporte público pague su tarifa y el único modo en que se transforme en regular tal conducta es internalizando la norma mediante un sistema de disciplinamiento o de culturización interesada que programe al individuo desde la infancia para que no considere la opción de no pasar su tarjeta en los pórticos. Una campaña similar se realizó en Chile a finales de los setenta y principios de los ochenta, en plena dictadura, con el pago del IVA vía incentivos de exigencia de la boleta a los comerciantes: La Tomboleta.
El éxito de la Tomboleta sumado a un férreo control de los fiscalizadores del Servicio de Impuestos Internos, significó que hoy la evasión tributaria sea excepcional sin que exista ni la campaña de incentivos ni la campaña de castigos: Hoy es regular que los comerciantes den la boleta y que los clientes la exijan.
Del mismo modo hasta hace algún tiempo era regular que las personas pagaran sus deudas o los bienes que consumían o sacaban de los almacenes. El Derecho positivo siendo el mismo ha debido enfrentar el desvanecimiento de los principios culturales de la sociedad de consumo y la contención político criminal que se intenta hacer, sumado a las campañas moralizantes, sólo brindan un espectáculo patético de la impotencia de todo el Derecho y de todo el poder en contener ciertas conductas masivas cuando pierde la vigencia el cemento cultural que las hace obvias.
Fuera de este ámbito de regularidad existe otro que podríamos denominar convencional y que depende de la aplicación inmediata de los valores culturales más sólidos de nuestra sociedad: El ejercicio del egoísmo.
Doy para que me den no es un principio de la naturaleza humana pero sí es un supuesto del humano de nuestra sociedad y cada vez que se intenta una política que olvide este principio, independiente de las campañas moralizantes y penalizadores que se intenten, nos dirigimos a un inevitable fracaso: Obedecemos las normas de tránsito porque son obvias como las desobedecemos con frecuencia cuando dejan de parecernos así. No traspasamos el eje de la calzada sin visibilidad por altruismo sino porque queremos seguir viviendo.
Este ámbito de regularidad contractual es lo que podríamos denominar regulación económica de la sociedad y es aquello que algunos juristas denominan el sentido común puesto por escrito.
Pero el Derecho positivo más conocido es precisamente el que se aleja completamente del sentido común económico y de la regularidad cultural: Aquí tenemos a los DDHH, al Derecho "Social" y al Derecho Penal.
En éste sector es dónde lo que conocemos por Derecho muestra su mayor debilidad. No se trata de normas que se respeten o que se castigue a los que las incumplen sino que se trata de solamente de literatura - mala literatura - que sólo sirve como ideología en el sentido marxista1 del término.
Los DDHH no se respetan y no se respetan en NINGUNA parte. Decimos que existen ciertas "islas" en dónde sí se respetan pero en esas islas se comen alimentos, se usan vestidos y se utiliza energía obtenida mediante la esclavitud, el tráfico de seres humanos, el trabajo infantil, la polución ambiental y la desprotección social.
Las leyes "sociales" que surgieron para regular el libre mercado es decir, para ponerle el cascabel al tigre, han demostrado como sirven sólo donde no se necesitan y fracasan cada vez que se necesitan. Se protege a los trabajadores allí donde los sueldos que ofrece el mercado son mayores al nivel de subsistencia y el desempleo es evitable, y sin embargo nunca se respetan allí en donde hay un salario mínimo legal que a penas alcanza para subsistir y un desempleo generalizado.
El Derecho penal por su parte es arbitrariamente selectivo tanto en su criminalización primaria como secundaria de modo tal que se aplica para el cumplimiento de fines completamente diversos a los oficialmente reconocidos en incumplimiento flagrante de los DDHH.
Quién es el Cliente de los Medios.
El cliente siempre tiene la razón por eso es importante preguntarse, una vez que ya respondimos lo anterior, quién es el cliente de las empresas de televisión para saber a quién intentan satisfacer.
Como decía Rousseau, la ignorancia nada engendra, sólo el error es funesto. Nuestro error en éste punto nos hace exigirle a los medios el cumplimiento de normas imposibles de cumplir y el error en lo anterior (sobre qué es el Derecho y qué es el Estado) que a nuestros gobiernos formales le exijamos que dicten leyes literarias en ese sentido. Toda la energía que utilizamos en convencer y asociarnos la apostamos a un número que ni siquiera se encuentra en la ruleta.
Los medios de comunicación tienen por clientes a sus avisadores y los avisadores son las empresas que disponen de mayor dinero - poder y que les pagan lo que sea necesario para que capturen nuestra atención para poder ofertar sus productos. Para tal fin nos manipulan groseramente para que los prefiramos a ellos en desmedro de otros mejores o que consumamos productos innecesarios o lisa y llanamente fraudulentos.
Si la publicidad de los productos consistiera únicamente en describir las características de ellos para que el consumidor decida racionalmente, tal actividad debería realizarla un órgano imparcial o debería estar estrictamente regulado el operar de los productores en ese sentido, esto no es así.
Los medios cuando no están vendiendo productos están vendiendo la sociedad de consumo y por ese trabajo es que los avisadores les pagan suculentos cheques.
Si la televisión digital permite la diversidad de contenidos la torta de los avisadores seguirá siendo distribuida entre aquellos que harán lo que sea necesario para capturar la atención del televidente y de venderle productos al mismo tiempo.
Si se pretende regular a la televisión en nuestra actual sociedad dilapidamos ingentes cantidades de energía sin obtener nada a cambio. Si estatizamos a los medios, cómo lo que hizo Chávez con RCTV, los gobiernos tendrán que hacer cualquier cosa mediante sus bufones mediáticos para capturar la atención de los televidentes para que puedan publicitar sus políticas. Si fracasa en tal tarea otro canal, cualquiera, asumirá la misión de captar la atención del público a cualquier costo para vender productos y legitimar a la sociedad de consumo.
Regular a la televisión y democratizar los medios pasa entonces por democratizar a la sociedad, aminorando la asimetría de poder que existe, estableciendo un sistema económico que alimente a la población mundial existente y que sea distinto al feudalismo corporativo asentado en una cultura del consumo desenfrenado y banal.
La Teletontera.
Estaría demás criticar a la Teletón pero no hay que hacerle el quite al bulto. Para quien no haya pensado con detalle el punto viene el siguiente desarrollo:
1º Si existiera un interés de ayudar a los niños discapacitados se crearía una institucionalidad que los ayudara a ellos y que se pagara con fondos generales de la nación obtenidos por impuestos. Las empresas, que ayudan, no sólo lavan imagen, hacen publicidad a sus productos, venden sus productos en condiciones ventajosas y a un mayor precio durante dura la campaña, sino que además al donar una parte ínfima de sus utilidades obtenidas durante esa campaña, tal donación elude el pago de impuestos impidiendo que el gobierno pueda asistir en las carencias que tienen éstos y otros necesitados.
2º La filosofía de la solidaridad encubre la trágica antropofagia de nuestra sociedad en dónde unos se alimentan de otros.
3º Para quienes no les hace efecto la filosofía de la solidaridad se les vende conjuntamente un producto alternativo: La filosofía del "esto es mejor que nada". En rigor nada es mucho mejor que esto puesto que la asimetría de poder es la que genera la antropofagia y actividades como éstas son las que permiten que la asimetría se consolide y se refuerce. La antropofagia no cambia porque saquemos a los niños discapacitados de la dieta.
4º Los vendedores de productos refuerzan su posición y capitalizan su solidaridad en imagen la que luego revenden en su negociación de sueldos, en su participación en campañas, y en eventos públicos y privados.
5º Tanto la TV como las empresas muestran un lado amable que les permite vender a sus productos y a la sociedad de consumo con más efectividad que nunca.
6º Los millones que se exhiben en un letrero son una pequeña parte del total obtenido en esa operación la que se realiza sin ninguna fiscalización. Al ser una actividad "privada" nadie busca irregularidades y posibles actos de corrupción. Al actuar todos, se produce un régimen de omertá en que el que diga algo será expulsado de inmediato del paraíso mediático.
La impunidad con que actúan los medios y la TV en particular es un buen ejemplo del carácter ideológico del concepto Estado de Derecho: Un sistema en que la Sociedad controla al Estado, el Estado se autocontrola, y el Estado controla a los poderosos de la Sociedad. Tal equilibrio es una patraña. Los medios tienen un poder tal que impide que sean controlados y son la cara visible del feudalismo corporativo que nos rige. Los poderosos imponen sus términos en un sistema conflictivo en que se conjuga lo económico, lo cultural, lo endocrino y lo hipotalámico, pero en el que aún tenemos una cuota de poder y libertad que podemos utilizarlos para tornar la tragedia en drama.
Notas:
1 Me refiero al concepto que utiliza Marx en la "Ideología Alemana": Una idea falsa de la realidad destinada a encubrirla.
