martes, 24 de marzo de 2009

Marx: Filosofismo y Economicismo;

Cientificismo, Dogmatismo e Ideología Marxista.


«El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la Humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés» (V. I. LENIN. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

Las críticas profundas a Marx pueden sintetizarse en dos:

1º En un primer momento acoge muy en serio la filosofía nacionalista Alemana.

2º En un segundo momento, acoge muy en serio la economía política Inglesa.

Las reflexiones de Marx comienzan en un fluido humanismo y van transformándose paulatinamente hasta llegar a categóricas afirmaciones en las cuales el ser humano, se pierde en los sistemas filosóficos y económicos empleados. Engels lo explica, había que hacerlo ya que el cambio social y la fragilidad de la economía política eran cuestiones invisibilizadas, ellos se vieron obligados a hacer hincapié en estas dos cuestiones obvias y para ello utilizaron los sistemas de pensamiento incuestionados en su época: La Filosofía Hegeliana y la Economía Política Inglesa, en especial la de David Ricardo.

No se debe confundir la Filosofía Hegeliana con la Filosofía de Hegel. Hegel pasa de ser una víctima de Napoleón a un fervoroso esbirro del imperio Prusiano. Su obra es monumental ya que intenta justificar que el sistema político impuesto no solo es compatible con la libertad en sentido amplio reclamada en la Revolución Francesa, sino que sólo en ese Estado - prusiano- es posible hablar de libertad. El Estado Prusiano es portador del testimonio de Egipto, Grecia y Roma, es el resultado y el fin que perseguía toda la historia.

El mismo Estado que impidió que Marx fuera catedrático y que lo expulsó junto con muchos a peregrinar por Europa, es la obra culmine de la civilización, el espíritu absoluto de la Historia.

Por ello cuesta entender el uso, y posteriormente, el abuso de la filosofía Hegeliana en Marx. ¿Acaso Marx consideraba el pensamiento Hegeliano independiente de los propósitos políticos con que ellos fueron elaborados y pregonados?, ¿Se podía separar a Hegel de su pensamiento y a su pensamiento de su Praxis?. Desde luego que Marx no responde esta pregunta, su formación filosófica fue hegeliana y su profunda admiración inicial de Feuerbach, un revisionista de Hegel, le permite crear en su cabeza un Hegel propio en que la filosofía ya no es más el arte de la justificación del statu quo sino la metodología de su transformación. Pero esa afirmación categórica constrasta con el escaso aporte de la filosofía al cambio social en el transcurso de la historia de la humanidad. La sociedad al cambiar lo hace recurriendo a las primeras consignas que aparecen y al primer panfleto que tengan disponible. La dialéctica de la transformación no solamente es irrelevante de explicar en los momentos de la transformación, y sería esotérica en una sociedad tradicionalista que se ha mantenido estable por cientos de años. ¿Para quién va dirigida entonces esa prédica? ¿Los trabajadores que observan las dramáticas transformaciones en su sistema de vida y trabajo requieren que se les insista majaderamente de que es posible aquello que vivencian?

Desde luego que ese refinamiento tiene la finalidad de convencer a los intelectuales de su época. Debe hacerse entender en su comunidad intelectual. Hegel es el Teólogo1 y Feuerbach, uno de los tantos ideólogos que surgen a su sombra. Marx, en un principio es el iconoclasta y luego de haber borrado de un plumazo la filosofía anterior a él, la resucita con la finalidad de hacer posible la revolución en Europa.

Dicha finalidad es para Marx más importante que su coherencia intelectual. Para que los humanos se liberen de yugo deben primero organizarse, y para organizarse es preciso tener presente la concepción de mundo, la ideología de las clases dominantes que al ser hegemónica, es la ideología de la sociedad, y desde luego el sentido común.

Marx estudia filosofía Hegeliana y renuncia a utilizarla, luego la emplea y no es para capitalizar con esos conceptos improductivos en su cerebro. Debe hablarle en su idioma, a su época, para cumplir con la finalidad que el mismo había afirmado: Transformar al mundo, no explicarlo.

"El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación no obsta para que haya sido él quien primero supiera exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho, ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional. La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Pero en su forma racional provoca la cólera de la burguesía."

El Capital, Prólogo a la segunda edición.

Del mismo modo la Crítica que realiza a la Economía Política parece alevosa al día de hoy. No solamente se preocupa de denunciar al capitalismo como el responsable de la miseria en el mundo lo que es precisamente lo opuesto a lo que afirman los economistas clásicos. Sino que pretende que esa denuncia sea, en un primer momento, científica y luego, esa crítica adicionada a la filosofía Hegeliana made in Marx, sea entendida como “la ciencia”.

De este modo Marx se transforma en el mayor crítico del sistema capitalista y dediéndole a los administradores del sistema un amplio tratado de medicina sobre él. El exceso de Marx en este punto no es un enigma ya que al mismo tiempo como él le hablaba a los de su época, también él era un hombre de su época.

Sus furibundas críticas a los socialistas contemporáneos, a los cuales denomina utópicos, lo sitúa dentro de la camisa de once varas de fundar un socialismo científico. Muy fiel a su época el cree posible, un socialismo científico, y entiende a la ciencia de su época capaz de resolver cualquier dilema que se proponga. No cabe duda que en esa tarea sí fracasó Marx, aún peor, ese intento frustrado fue la antesala de todo el simplismo de la teoría marxista posterior salvo honrosas excepciones.

La Dialéctica Marxista, fundamentada materialmente en la crítica a la economía clásica, no deja de ser en todo momento una mera metodología. Transformar el mundo se reduce más que a una lucha política, a una intelectualidad; se debe aplicar esta metodología para comprender el cambio. No se recaba en que lo importante es el cambio mismo y el contenido de ese cambio. Aún peor, al ser una metodología universal, puede ser utilizada tanto para finalidades conservadoras, reformistas o revolucionarias.

Este es el momento en que el pensamiento de Izquierda se fractura, y queda el hombre desplazado de la contingencia por los conceptos. Aquí surge el maximalismo, que cree que la revolución llegará sola y sólo hay que enfriar la champagne para esperarla. Aquí surge la izquierda dogmática, disciplinada y fascista. Aquí surge la izquierda religiosa, dedicada a venerar a los santos caídos.

Del mismo modo que los protestantes criticaban a los católicos que su Iglesia dejó de ser una disciplina cristiana, que intenta pensar y actuar como cristo, para transformarse en una industria de administración de ritos y producción de ídolos; los socialismos reales mostraron de qué modo el loable fin de transformar a la humanidad se convertía en una industria del control, una producción de ídolos e idólatras, recitadores de textos metafísicos considerados revolucionarios, materialistas y científicos por decreto.

De este modo Marx se transforma en alguien que no habría avizorado ni en su peor pesadilla: Marx se transforma en Ideólogo. Sus esfuerzos obsesivos por ser recordado como un científico perecen cuando su monumental obra cae en mano de los bárbaros preocupados de que el prestigio de Marx valide sus acciones políticas.

Desde luego que la filosofía de la praxis de Marx, es mucho más compleja y rica de lo que fue recepcionada, incluso por su camarada Engels2, posteriormente. Pero es necesario tener presente el contexto del cual surge puesto que él relativiza los esfuerzos de ortodoxia de algunos que intentan, aún hoy, resucitar al viejo Hegel para reinterpretar y releer a Marx. Sin duda esos esfuerzos son loables cuando la filosofía es solo exégesis y glosa; pero cuando al que intentan emular fue el primero en concederle una finalidad al pensamiento - se piensa para cambiar - es pertinente preguntarse qué parte del pensar para cambiar no entendieron.

Somos esclavos de nuestras palabras y nuestras ideas son un engendro creada por el Dr. Frankestein. Por eso es importante hablar lo menos posible, escribir lo menos y más sintéticamente posible, y más aún, tener la humildad de reconocer que sólo combinamos palabras y nada más que eso.

1 Nietzsche le llamaba es el gran idiota Alemán, y además agregó: “Basta con decir: "Seminario de Tubinga", para saber lo que es la filosofía alemana: una teología en trasfondo de astucia”. (El Anticristo, I, 10.) Esto lo decía en alusión a los estudios de Teología en el Seminario de Tubinga y en el cual Hegel se interesó por la Filosofía. Se debe señalar que según Nietzche, Marx también era un idiota Alemán, pero llama la atención que el adjetivo de teólogo hacia Hegel lo comparten.

2 La superficialidad y el determinismo de Engels en “La lucha de Clases en Inglaterra”, es un ejemplo de lo repudiable del Marxismo no es solamente una conspiración capitalista. Que Fukuyama pudiera anunciar el “Fin de la Historia” está directamente relacionado con el añejo determinismo finisecular en que se transformó la filosofía de la praxis Marxista. Sus discipulos transformaron a Marx en un ideólogo, pero él también puso de su parte al incorporar el lastre de Hegel a su filosofía nueva y renovadora.

viernes, 20 de marzo de 2009

Libertad Natural.

Más allá del esencialismo.



La ciencia mecanicista explica todo lo existente menos el principio de lo existente, el origen de la civilización. Podrían tener razón autores que intentan superar ese marco teórico interpretando mecanicistamente la cultura como Luhmann, Freud o el conductismo, para quienes el hombre es tan sólo su historia; el sistema produciría a individuos funcionales, pues es el sistema el que se recrea en cada nuevo individuo. Esto explica todo, menos el cambio, por ende tampoco explica el origen.

Desde un naturalismo mecanicista el hombre sería un autómata, actúa según la influencia de su química corporal, la cual a su vez está programada genéticamente. Esta visión podemos mejorarla incluyendo lo cultural, en un sentido más complejo que el de los autores antes señalados, con lo cual nos enfrentaríamos a un hombre dual, similar a la de los ordenadores actuales, una fusión entre hardware y software. Pero esta visión es estrecha e incapaz de explicar dos cuestiones capitales: la primera es que, a diferencia de los ordenadores, el hardware produce el software y también, aunque no nos parezca así a simple vista, el software también produce o reproduce el hardware; la segunda cuestión es que la articulación hardware y software no explica el cambio, por ende tampoco el origen, salvo como un algo programado o como un error, lo cual también sería un asunto de diseño.

Es una visión típicamente occidental el enfocar la mirada en el individuo, incluso más allá del proceso de individuación moderno. Esto sería un individualismo epistemológico que de algún modo construye un sistema de conocimiento de acuerdo tales cánones sin que dichos cánones sean conclusiones científicas. Debido a ese sesgo al hombre se lo ha querido entender “libre”, tanto de la naturaleza extra humana como de sus congéneres. Esta visión ilustrada considera al hombre “libre” para salvarlo de las fauces del determinismo mecanicista. Kant crea la respuesta idónea, querida y necesitada por sus contemporáneos y por los gobernantes posteriores hasta hoy; pues es la justificación de un sistema político cultural estoico en un momento en que los conocimientos acumulados rebasaban el continente ideológico. Kant sentencia que el hombre es libre, y que está más allá de la naturaleza porque somos categoría, el que piensa, el que mira; dicha libertad difiere en gran medida a la que propone un siglo y fracción después Kelsen, utilizando la misma metodología crítica idealista, pues la despoja de su moral estoica dejándola tan sólo en la formalidad de posibilitar la imputación: Somos libres pues podemos conducirnos, o no, de acuerdo a un precepto, aunque dicho precepto sea una amenaza. Esto no lo hacen los animales que tan sólo pueden ser domesticados mediante los básicos estímulos placer y dolor, pues el hombre, tal cual lo enfatizaba antes Nietzche, es un ser esencialmente perverso pues elige aquello que le hace daño y renuncia a lo que le da placer. Los animales serían utilitaristas, quizá la naturaleza toda lo sea; menos el hombre pues no se gobierna necesariamente por los instintos básicos y su sistema cultural depende de una innovación anterior al software, o de un software básico integrante del lenguaje, la capacidad de motivar su conducta de acuerdo a preceptos.

Esto último pone en crisis tanto la base del pensamiento de Freud, Hobbes o Carl Schmitt, para citar sólo a algunos; el hombres no es esencialmente malo. Y también la tesis de aquellos que sostienen lo contrario con las distintas versiones del buen salvaje. Subsiste, empero, la visión de Montaigne: Los salvajes no son ni buenos ni malos, ni nosotros mejores (o peores) que ellos. Por lo tanto la civilización ni depende de la maldad desarrollada del hombre, ni de su bondad reprimida. Estas visiones son aprioris, lo ficciones en el sentido de Jeremy Bentham, creadas para entender la realidad, que al impedir precísamente aquello sólo cumplen la función de que aceptemos una doctrina anti científica.

La libertad de Kelsen carece de sentido y de contenido, pues es la radicalización de la libertad de Kant, emancipada del imperativo categórico. Dicha libertad es el presupuesto de la humanidad, incluso anterior a cualquiera civilización. Pero se trata de una libertad no libre en el sentido que, del mismo modo que el hombre puede optar resistir un mandato, el sistema funciona por ser excepcional esta resistencia; el sistema produce individuos funcionales por lo cual las “elecciones” de los individuos carecen de esa libertad entendida como la carencia de determinación o no la ejercen por regla general. Por lo tanto no debemos confundir ese pequeño margen de maniobra con la libertad y esto no porque adhiramos a un nuevo esencialismo sino por lo que paso a explicar a continuación:

El único modo de comprender el cambio, y por ende el origen, es mediante un concepto de libertad, como libre de determinación y creadora al mismo tiempo; una libertad en la creación y recreación del mundo mucho más allá de lo estrictamente humano sino que presente en la naturaleza toda.

Un animal marino comenzó a hacer habitual su presencia en las playas, mucho antes, eones antes, que un simio bajara del árbol; que quede claro, que decidió bajar de un árbol, otro ente biológico decidió salir del mar y establecerse en la tierra firme. Esta decisión, que Darwin llama procesos de adaptación, no se encuentran impresos en nuestros genes salvo en tanto como mero procedimiento; pues cada ente biológico que actúa con independencia de su determinación genética y cultural, determinada esta última para los seres básicos también por su genética, crea y recrea a la vida de acuerdo a su voluntad. Este acto por sí sólo no produce nada, pero sin estos actos la tierra no sería nada más que minerales.

La libertad por lo tanto es algo mucho mayor a lo que creían los ideologos ilustrados pues es el fundamento de la vida; no está más allá de la naturaleza sino que es inherente a la biósfera. Es nuestro punto de contacto no sólo con los demás seres humanos sino que con la naturaleza.

El hombre no sólo es libre, por tanto, de crear y recrear este sistema, sino que además de crear el que quiera e incluso crear al hombre o al ser superior que se proponga. La diferencia entre obtener lo uno o lo otro difiere en que para cambiar el sistema cultural requerimos unas cuantas generaciones y para lo otro decenas de miles de años por cada mutación genética. Esto ha sido siempre así, a voluntad, es lo que explica tanto la humanidad como la naturaleza de la cual somos parte. Libertad y vida se confunden.

jueves, 19 de marzo de 2009

Querido Santa Claus,

Sé que estamos recién en marzo y que no he sido un buen niño, ni conseguiré hacer méritos de aquí a diciembre, pero creo que me debes unas cuantas cosas de otras veces, en que sí lo fui.

No se trata de andar cobrando sólo entiendo tus millones de preocupaciones y los miles de millones de usuarios que requieren por tus servicios; por eso te escribo ahora pues creo que atiendes los pedidos por estricto orden de llegada.

Quiero pedirte que para esta navidad:

- Los empresarios prefieran perder dinero en vez que ganarlo, pues hay crisis.

- Que los gobiernos no abusen del populismo para gestionar el descontento social.

- Y que por favor la izquierda gane las elecciones aunque cualquiera sea el candidato, y con cualquiera me refiero a CUALQUIERA, pues así nomas estan las cosas.

Espero que este año no decepciones al único que sigue confiando en ti.

ariel

lunes, 2 de marzo de 2009

La Creencia en el Hombre Ajeno de Sí Mismo y su Reconciliación.

Una Crítica a la Ideología Alemana y también a su Filosofía.




El aporte de la filosofía alemana ha consistido en el vano intento de hacer coherente al hombre en tanto animal y en tanto miembro disciplinado en un sistema cultural específico, con una definición a priori del ser humano en tanto inherentemente libre.

No caben dudas acerca de la enorme influencia que han ejercido estos pensadores desde Goethe hasta Kurtz, y muchos pondrán el grito en el cielo por mi actitud desafiante de tratar indiferenciadamente a autores tan disímiles como Nietzche o Kant, pero no se trata de un alegato academicista, de una nueva relectura ingeniosa de los clásicos o de un infantil modo de capturar la atención de algún adolescente; es mi modo de contribuir a la construcción de una alternativa política, una que se emancipe de las taras del pasado, las cuales incluyen las teologías de distintos profetas como la de Hegel, sino que también la de Carlos Marx que incluso hoy sustenta fervientes feligreses que lo veneran en tanto pensamiento científico.

Hasta ahora había tratado de defender a Marx en tanto pensador válido e indispensable para la construcción de una teoría política de transformación de la civilización interpretandolo en el siguiente sentido: Toda estupidez proferida por Marx debía omitirse, jamás interpretarse exegéticamente como proponen algunos sacerdotes iluminándo sus textos con el tenebroso candil hegeliano, pues lo relevante del marxismo no es lo que dijo sino la razón por cual lo dijo. Olvídate de lo que dijo Marx, era mi planteamiento, piensa y actúa como Marx lo haría si estuviera vivo. Pero mi excepcional modelo interpretativo no alcanza ni siquiera a constituir una tendencia y si lo hiciera todavía me encontraría con el gran problema que si existiera Marx viviría en Cuba plácidamente (siempre y cuando no se lo haya tronado como anti fidelista). Tratar de autorizar mis fragmentados y modestos argumentos contribuye tanto a la beatería como a la demonología; decir “yo pienso” siempre será más arriesgado pero dudo que haya otro modo de ser honesto.

Es que Marx dijo que había que cambiar la realidad en vez que interpretarla, lo que se podría entender como el hacer ambas en simultáneo. Pero la interpretación de la realidad marxista pertenece a la especie más deleznable de la filosofía, el idealismo germánico que él mismo criticaba considerándolo teología; sus virulentas críticas a sus contemporáneos, por otra parte, ha producido un oscurantismo que ha sumido a la izquierda en una nueva escolástica. Marx estaba equivocado en cada una de sus tesis propias, así lo ha mostrado uno de sus principales detractores, la historia; pero sus argumentos bastaron para relegar al olvido a muchos pensadores y para sellar los caminos a múltiples desarrollos teóricos posibles. Su socialismo científico era tan sólo una mezcla entre una crítica al sistema capitalista, sin proponer un sistema económico que sostuviera la economía industrial, y un alegato redencional típicamente alemán basado en una moral estoica mediada por Kant y hablada por Hegel.

El soliloquio germano al ser tan extenso y complejo consigue ser autorizado de inmediato por aquellos pensadores burocráticos, preocupados por encontrar una excusa al pensamiento más que enfrentarse a la inconmensurabilidad de la ignorancia del ser humano e intentar trascenderla. Esto sucede así porque cada pensador germánico pretende construir un sistema nuevo en que quede todo explicado; por todo debemos entender aquello que dan por explicado sus contemporáneos recurriendo a su maestro respectivo. La vision mecanicista determinista no les basta pero no les desagrada por lo tanto le añaden al ser humano un origen mítico, una naturaleza moral o un destino. Esto zanja el asunto sin ponerlo en discusión. Cada uno de estos elementos significa al hombre de un modo distinto pero todos concuerdan en que el hombre no es un producto biológico cultural, por ende histórico, sino que esencial, meta social, metafísico. La libertad y la igualdad no son para Marx dignos anhelos del hombre moderno capaces de reivindicarse gracias a la exuberante productividad económica del sistema capitalista, sino que elementos esenciales de la humanidad que la lucha de clases suprime, que por tanto, al suprimir la lucha de clases reconciliaríamos al hombre con su esencia. El hombre así definido no es muy distinto al de los cristianos y es común a la filosofía alemana la cual sólo excepcionalmente difiere, aunque, claro está, para darle otra naturaleza a priori, metafísica, al ser humano.

La historia comienza con un grupo de intelectuales que pretendían henchir sus pulmones más allá de los límites de sus cajas toraxicas. Se sentían como dioses atrofiados, confinados a vivir y padecer en pequeñas aldeas mientras sus vecinos se erigían como estados. De la promiscuidad e inmediatez de la vida doméstica surgió esa lúdica complicación conceptual la cual no se satisfacía en los monasterios por ser mayoritariamente protestantes. El clima frío, los espesos bosques, la lejanía de la santa sede y la carencia de cortes cosmopolitas que permitieran hacer gala de su refinamiento cultural redundó en que se institucionalizara el deporte de la metafísica. La mala idea de la primera generación romántica de inventar una nación consistía en construir una cultura propia; ello exigió no sólo que se reinventara el pasado sino que desde él se interpretara el presente y proyectara el futuro.

Durante el siglo XIX se expresó la misma táctica y estrategia bélica del siglo XX e inspirada en la misma ideología, es decir Lebensraum + Blitzkrieg (Guerra rápida de conquista y anexión con el fin de adquirir el espacio que los alemanes sentían que se merecían) Y así como Hegel se le ocurrió un día inventar la filosofía otro se le ocurrió a Marx que el pueblo elegido no eran los israelitas, ni los alemanes como creían sus contemporáneos, sino que los proletarios industriales de ciertos estados comandados por profetas alemanes. Y diligentemente sus apóstoles se dedicaron a divulgar las buenas nuevas emprendiendo una guerra a muerte contra todos los herejes, principalmente sobre los pensadores eslavos, pero también en contra de aquellos que suscribían ideas británicas como las de Owen o francesas como las de Prouhdon. Al igual que en el siglo XX sólo atacaron a los franceses e ingleses alevosamente, es decir, sobre seguro, una vez que habían disciplinado a los inferiores; los primeros golpes fueron dados hacia el este, en contra de los subdesarrollados, en donde irónicamente sus ideas regirían absolutamente por más de ochenta años.

Para principios del siglo XX el pensamiento alemán campeaba en todos aquellos lugares en que no habían sido capaces de crear un pensamiento propio antes del siglo XIX y sus idealizaciones comenzaron a determinar la estructuración de los estados modernos “inventados” por los procesos de independencia forzados, tanto en Europa como América, por las guerras napoleónicas, y por los procesos de descolonización del siglo XX. Nociones como Folclore o Estado de Derecho se universalizaron del mismo modo que de contrabando se incorporaban otras como esas ideas típicamente germanas de que la única manera de realizar la libertad es mediante un Estado y que el ser humano ha sufrido una grave afectación en el pasado que es posible remediar por medio de la acción racional de modo de reconciliarlo con él mismo. Todas fundamentadas en el neo estoicismo kantiano con su dogma que existe una moral universal, inherente al hombre, la cual es posible conocer por medio de la razón.

Estos más que ser tópicos recurrentes de la filosofía alemana son sus axiomas. La excepcionalidad según muchos se encuentra en el supuesto materialismo marxista y en el idealismo antiromántico nietzcheano.

Pero esto sería así tan sólo aparentemente. Para Marx el hombre vivía en un mundo pre social en que regía un matriarcado y un comunismo primitivo pero que no se correspondía con la naturaleza del hombre. Toda la historiografía conocida ha sido un valle de lágrimas que el ser humano necesariamente debe transitar hasta redimirse. La historia no es un motor que se alimenta con las contradicciones sino que una trayectoria necesaria compuesta por estaciones. La dialéctica se deduce de una historia humana ya conocida por Marx y a la cual accedió por la única vía posible de conocer detalladamente lo meta empírico, es decir, mediante la revelación. O bien una meditación trascendental lo condujo a la epifanía o tal visión no era más que una reordenación ingeniosa del acervo metafísico que decía estar criticando. Mientras se mofa de la lógica hegeliana por ser vacía, del mismo modo que la moral kantiana es meramente formal, las dota a ambas de contenido creando un evangelio moderno que niega transitoriamente el universalismo católico cristiano profetizando que será restaurado una vez que la historia haga lo suyo. Los hombres son iguales unos de otros, pero no lo son en el Estado sino que en la mera formalidad; el hombre se emancipa en el momento que se reencuentra con su naturaleza organizándose políticosocialmente de una forma adecuada.

Para Nietzche la tragedia del hombre ha sido precisamente esta noción redencional cristiana. La igualdad original corporativa de la cual se compadecen los románticos germánicos, que se ha perdido en la antigua Atenas, es una mistificación carente de sentido pues el hombre se había perdido a sí mismo mucho antes. El origen de la tragedia estaría en Sócrates, en su visión absurda que existiría una realidad ideal a la cual deberíamos regirnos. El hombre perdió su capacidad de gobernarse a sí mismo - y en eso no podemos estar en desacuerdo con el célebre sifilítico - pero eso es contrario a su naturaleza, y ahí tenemos de vuelta la monserga mistificante y naturalizadora del hombre. Por más que Nietzche sea el mayor crítico y desmitificador de la filosofía alemana su empeño en polemizar dentro de su cultura lo hace cautivo de su lenguaje, y al parecer de sus axiomas. Las religiones universalistas son la expresión palmaria de la decadencia del hombre, pero el decaer (o progresar) supone un sistema valorativo meta histórico; el hombre estaba más cerca de Dios en un pasado idílico y si supera la hipocresía de las religiones, que en vez que contenerlo sólo lo limitan, podrá desatar toda la potencia contenida convirtiéndose en su propio Dios. Pero ¿Porqué sería mejor este hombre libre, desatado, al punto de ser arbitrario y déspota, que el diligente y sumiso hombre de familia? Porque el hombre libre, metafísicamente hablando, es un axioma de la filosofía moderna pero en específico de la alemana; la crítica nunca alcanzaría los axiomas sólo los argumentos anteriores construidos al alero de ellos.

Pero esta forma de razonar no es adjudicable a tan sólo una visión de mundo - para utilizar un concepto alemán - típicamente finisecular. Los alemanes perseveraron durante el siglo XX en la creación de nuevos banquetes utilizando los mismos ingredientes. La idea kantiana de conciliar el determinismo animal y la libertad, que definiría al hombre, y la idea conservadora del paraíso perdido, nostalgia de aquello que nunca existió, vuelve en Freud y Erich Fromm, el hombre nace libre y la sociedad lo reprime, lo que el lenguaje separó el lenguaje une; y el neo marxismo de Fráncfort insiste al igual que el neo neo de Krisis, en la monserga germánica de un hombre disgregado, esquizoide, enfrentado así mismo, posible de reconciliar. Al igual que Marx se reviste el idealismo moral y la nostalgia romántica de un materialismo que lo exime de rendir cuentas en algún tribunal metafísico. Si el hombre debe transformar su sistema social para ser hombre a cabalidad quiere decir que la idea de hombre trasciende la historia y todo aquello que conocemos por humanidad.

El hombre debe ser porque de algún modo es. El intento de falsificar una noción de hombre para justificar un determinado programa político ha sido la mayor la contribución de la filosofía alemana a la historia de la modernidad. Si somos animales que compartimos un acervo genético, que se nos ha impreso una cultura, y en la vida lidiamos entre rebelarnos y conformarnos a ella, no existe un hombre que sea, más o menos hombre, de lo que somos nosotros en este preciso momento. Y para comparar moralmente a los distintos sistemas culturales, que es lo que haría diferentes a los hombres, exigiría que contáramos con un punto de valoración del cual carecemos. La desesperación por poseer alguno ha llevado a que los metafísicos inventen el suyo para, o bien justificar el statu quo o la transformación política interesada. Esto olvida que la política no debe porqué fundamentarse en una idea trascendente pues bien puede ser un acuerdo entre algunos hombres en pos de materializar sus anhelos, sus razonamientos y hasta su mera voluntad caprichosa de imponerse, resistirse o conformarse. En síntesis, naturalizar al hombre es considerar su cambio o conservación como una necesidad lo que impide su desarrollo en tanto voluntad y proyecto; existen varios modos de naturalizar al hombre, por ejemplo la socrática, y la de Marx es otra aunque con luces de neón se escriba lo contrario.

Es y ha sido una peligrosa idea el que encontraremos la medicina frente a la hipocondría resolviendo la sensación de vacío que experimenta el hombre intelectualmente inquieto al contemplar la inconmensurabilidad de nuestra ignorancia. La ansiedad por restringir la búsqueda del conocimiento sentenciando respuestas no sólo es una típica actitud de ideólogos o de propagandistas, sino que es una vocación que ha asumido la filosofía en general y la alemana en particular, con Carlitos Marx de mascarón de proa.

sábado, 14 de febrero de 2009

La Presidenta en Tierra Santa.

Y el portazo del profeta Fidel.


No existe algo que retrate en cuerpo entero y diafanamente que la relación que los autodenominados izquierditas tienen con Cuba. Pues no existe algo, ni tampoco existió, en la isla algo que pudiera considerarse de izquierda salvo que nos preocupemos de los gestos o de los símbolos, de la cobertura de las cosas.

La revolución de Fidel fue una movilización de liberación nacional como muchas otras que existieron en el siglo XIX en toda América y en el siglo XX en todo el mundo. Su diferencia estriba en que se hizo en las barbas del imperio norteamericano y en su apogeo tal cual la de Haití con respecto de Francia, y por lo tanto motivó una reacción "machista" de los yanquis que terminó siendo un acto fallido (La bahía de cochinos). Desde entonces Cuba es un símbolo, lo grave es que es tan sólo eso.

Fidel viajó a los EE.UU a negociar la entrega de las fábricas confiscadas durante la revolución lo que fue tomado por los gringos, y de qué otra forma podría haber sido tomado, como un acto temerario. Los dueños no tenían nada que negociar, las empresas eran de ellos y punto ¿de cuando acá los usurpadores ponen las condiciones? La respuesta no se hizo esperar: Embargo. Aunque precisamente no se trate del mismo embargo que rige hoy sí se trataba de uno que impidiera que pusieran en marcha las industrias confiscadas, principalmente la del caucho perteneciente a la Goodyear, pues los dueños, tal cual ahora y siempre, no estaban dispuestos a lesionar el sacrosanto derecho de propiedad. Recordemos que el "socialista" Lula Da Silva hizo lo propio contra Bolivia para asegurar la propiedad de Petrobras.

La respuesta de Castro, propia de un buen gobernante autoritario, fue oportunista y autoritaria. Desde ahora la revolución cubana es socialista, y más aún, socialista a lo U.R.S.S. Eso produjo la conocida crisis de los misiles que enfrentó a Kennedy y a Kruschov. Quien crea que es tan sencillo para los gringos hacer las paces con Cuba, y en especial con Fidel y Raul Castro, por favor considere que una parte importante de la población estadounidense estuvo frenéticamente construyendo refugios antinucleares y que incluso a los niños, se les enseñaba a adoptar la posición de una tortuga en caso de escuchar un estallido.

Se trata de traumas tan severos como los que tienen y tendrán los iraquíes, la población de Dresde o del Japón de la fuerza aérea estadounidense, lo que en parte explica que un término unilateral y sin condiciones del bloqueo sea entendido como una señal de debilidad pero también, un acto de traición. Fidel se compró conscientemente el odio de los burgueses exiliados en Miami y de los industriales expropiados; pero también el de los ciudadanos yanquis que nunca, salvo esa vez, tuvieron que lidiar contra la amenaza de una guerra en su propio territorio: Una guerra que además era el exterminio nuclear total.

La confrontación con los EE.UU de parte de américa latina ha sido en gran parte en estos últimos años la de un adolescente con su padre tratando de afirmar su personalidad. Desde esa óptica el cese del bloqueo es una aspiración lógica del mismo modo que el retiro de cualquier ingerencia yanqui en la región. En un momento de adolescencia mundial, como a fines de los sesenta, el papel de rebelde sin causa de Fidel, y por sobre todo de Guevara, ejercieron un rol protagónico, aunque como digo sólo desde el trivial aspecto simbólico.

Todo esto es muy distinto a pretender que en Cuba se produjo una revolución. El mayor argumento en contra de aquella afirmación la da la propia cúpula gobernante cubana y sus defensores internacionales: Para ellos Cuba está aún en una revolución. Si una revolución requiere cincuenta años para recién estar comenzando y las estructuras de dominación no sólo permanecen intactas sino que se solidifican ¿cuantos milenios se requiere para salir de esta transición, o dictadura del proletariado, y disfrutar del socialismo?

Chavez se enfrenta a una cuestión similar en Venezuela, quizá por que se asesora al igual que Fidel de Sor Marta Harnecker, para continuar la revolución bolivariana tiene que necesariamente sostenerse en el poder. Eso no necesariamente es dictatorial porque existe un proceso electoral de por medio, uno de verdad no como las farsas cubanas; lo que sí está claro que de izquierda tiene bien poco porque este tipo de procesos liderados por caudillos que acumulan poder para realizar cambios nunca ha redundado en un beneficio colectivo que no sean limosnas. Actos refundacionales similares los han protagonizado O'Higgins en Chile, y antes Carrera, luego Portales; durante el siglo XX los nombres de Juan Domingo Perón y Getulio Vargas bastan y sobran. ...como diría Violeta Parra "y arriba quemando el sol". Refundaciones autoritarias, unilaterales, progresistas en su sentido industrializador y racionalizador del aparato estatal, pero en ningún caso una emancipación del hombre del dominio ejercido por el propio hombre; tampoco el principio de un largo sendero que nos conduzca hacia allá.

Una mera revolución en el sentido francés del término, generaciones de cubanos educados para venerar a Fidel como en los colegios de la Opus Dei lo hacen con Escriba de Balaguer; y ninguna posibilidad de una vuelta atrás.

Los autodenominados izquierdistas, los criollos, conservan esa relación romántico-mistica con la isla caribeña y no me caben dudas que muchos al cantar la internacional miran hacia la Habana como los musulmanes miran hacia la meca al rezar. Fidel y Guevara son algo así como los "padrinos mágicos", unos seres omnipresentes y nunca molestos que median entre la palabra revelada de Lenin y los fieles observantes del culto, a pesar del molesto ruido provocado por los agentes del capital trasnacional, y en especial por los conspiradores de la CIA.

Por eso que la visita de Bachelet a la isla era algo más que el rito de viajar, aunque fuera una sola vez, a la Habana; y qué mejor si eso incluye una reunión con el último profeta registrado.

Indignan los millones gastados en esta gira en plena crisis a fin de acarrear a cuanto pintamono con apellido de artisto existe y de sumarse acríticamente a actividades "culturales" sometidas a sistemas tan burdos de censura como los que existieron acá durante la dictadura: Sergio Bitar en su libro sobre su presidio en la isla Dawson - que motiva la filmación de una película que hoy se encuentra en pos producción- contaba que fueron castigados algunos reclusos por poseer algunos libros de Piccaso porque referían al "cubismo", para los militares eso se asociaba directamente con Cuba.

En la isla de Cuba, o más bien en tierra santa, están prohibidos a lo menos tres libros indispensables de la literatura nacional, no por su calidad sino por su indiscutida popularidad: Confieso que he vivido de Pablo Neruda, recolección de las memorias del poeta editadas tras su muerte; Persona non Grata de Jorge Edwards, que recoge las impresiones del autor mientras fue embajador de Chile en Cuba durante el gobierno de Allende; y, Nuestros Años Verde Olivo de Roberto Ampuero. Con Neruda hacen gárgaras moros y cristianos y de nada importa que en su fundación estén enquistados los más rancios y turbios empresarios, empezando por el Cucho Figueroa, a nadie se le ocurriría tildar al poeta de derechista menos de anticastrista ¿Cómo es posible que esté censurado en Cuba?

Hace muchos años leí "Confieso que he vivido" y pese a ser un mal libro, pésimamente titulado además, es un muy buen registro de los últimos tiempos del gobierno de Frei y los mil días de Allende. Que no se nos olvide que Neruda incluso postuló a la presidencia y fue senador así que sus memorias políticas no son las de un escritorcillo de poemitas. Tampoco existe ninguna acusación que conozca sobre que estas memorias sean apócrifas como sí lo son las de general Carlos Prats falsificadas por el beato del PC Volodia Teitelboim. El cuento es sencillo, Neruda se atreve a decir algo que lo dijo y sigue diciendo todo el mundo: Fidel Castro alargó su visita más de la cuenta generando más problemas que beneficios al complicado Allende. Pero Neruda no imputa a Castro la debacle e inclusive, benevolentemente lo excusa, como el único junto a Mao que apoyaron económicamente al gobierno de la Unidad Popular en los momentos en que este solicitó ayuda prácticamente de rodillas en la ONU para evitar la catástrofe. Italia ya lo había ayudado con los camiones Fiat 673 en el paro de los camioneros.

Ninguna maldad, ninguna injuria, menos alguna calumnia. Este pequeño ejemplo basta para comprender el mundo en que vive el señor Castro, y el aire irrespirable que se nos vende por revolucionario. Pero como dicen los hípicos, caballo bueno repite, Fidel Castro habló una hora y media con Bachelet, con lo que queda claro que no transaron más que un buenos días su señoría mandandirum dirum da considerando la locuacidad castrista. Cuando visitó la isla el candidato de la derecha integrista opus dei, Joaquin Lavin Infante, Castro le concedió una audiencia de ocho horas. Con Maradona creo que hasta han pichangeado. A nuestra presidenta que viajó del extremo del continente, acompañada de besabotas, empresarios y saltimbanquis, una hora y media, y quizá menos, y luego publica una crónica en que deja a su interlocutora como una señora a quien se le debe dar café pero que no se la debe tener en cuenta en los más mínimo.

Los chilenos deben devolver el cobre y el mar a los bolivianos pide Fidel, a horas de entrevistarse con nuestra presidenta. Esperemos que esto le sirva a nuestros creyentes gobernantes a que borren el asalto de cuartel moncada del santoral.

sábado, 31 de enero de 2009

La izquierda y la Crisis II.

A río revuelto ganancia de pescadores.


Del mismo modo que la izquierda carece de un plan de contingencia en caso de crisis esconómica, pese a que sea un hecho público y notorio que el capitalismo oscila entre auges y crisis, tampoco posee un discurso para enfrentar la reacción capitalista que con la excusa del desempleo avanza todo el terreno que puede hacia la precarización laboral.

Sindicatos que hace un año se encontrabn en pie de guerra en áreas tan sensibles como la pesca, la silvoindustria y la minería, hoy ofician de agentes de sus patrones. El primer caso se dio hace unos meses producto de la infección del virus Isa en plena huelga de los empleados de las salmoneras; de un día para otro los dirigentes sindicales dejaron de pedir aumento de sueldo para presionar al gobierno para que decretara concesiones (es decir regalara a las empresas) otros predios más al sur. Empleados pesqueros de la región del Bio-bio hoy piden algo similar, un aumento de las coutas de captura para sus empleadores para que les sea sustentable el negocio; en época de crisis es preciso dejar de lado no sólo las consideraciones laborales pues es mejor ser explotado que carecer de empleo, y tambien todas las sensiblerías ambientales pues para qué queremos peces mañana si hoy tenemos hambre. Dichos argumentos parecen incontestables y a nadie pareciera sospechoso que constituyen el núcleo argumental del neoliberalismo.

Para aquellos que se apuraron en dar la extrama unción al capitalismo ultra liberal de las últimas décadas deberían tener presente que lo que se viene es un tratamiento intensivo de la misma medicina: Velasco, nuestro yuppie ministro de economía, para palear la crisis no pretende ninguna medida estatal en el sentido keynesiano del término sino que puro intervencionismo monetario de parte del fisco, es decir, lo mismo que hizo Pinochet en los ochenta. Como dijo Julio Rodriguez, la onda ochentera parece imponerse en todos los aspectos de la vida. Incluso la política "contracíclica" de Bachelet es aún más neoliberal que la de Pinochet, puesto que en vez que PEM y POJ (Programa de empleo mínimo de Pinochet conocido por encomendar a una cuadrilla de operarios cavar una zanja y a otra a taparla, el objetivo era moral, que las personas se ganaran el sustento con su esfuerzo independiente que ese trabajo fuera provecho para alguien) lo que se pretende es una serie de obras públicas privatizadas, es decir, concesiones, con las cuales se pretende absorber la mano de obra perdida por el frenazo en la construcción. En materia de finaciamiento a las pequeñas y medianas industrias la política se conduce por la banca privada y se le regalan una infinidad de recursos, independiente que la banca esté con utilidades billonarias, para que el dinero lo invierta pero los usureros se lo guardan puesto que es mejor negocio seguir especulando con el peso porque el banco central mantiene las tasas de interés más caras del mundo.

Para evitar la inflación el banco central frena y frena el carro hace más de un año, recordemos la tonterita del dólar que no sólo costó milones de dinero fiscal sino que desaprovechó la infinidad de inversiones tecnológicas que eran posibles con un peso tan alto. La ministra del trabajo, socialista al igualq ue la presidenta, declaró al asumir: Soy de izquierda pero tambien soy pragmática. ¿Qué quiso decir? ¿Lo mismo que nos resulta evidente con Obama? Las declaraciones las efectuó pues al asumir debió hacerse cargo de la ley del pago del día domingo a los trabajadores a comisión, conocida como de la semana corrida. La direción del trabajo ya recortó el ochenta por ciento de su vigencia y el veinte por ciento lo harán los tribunales; si ambos cumplieran lealmente su rol esa ley no debería haberse promulgado pues lo que estaba haciendo el comercio era contrario a una interpretación pro operario que exigen los convenios internacionales. Es un caso muy similar al de la ley de subcontratación. ¿Lo que pragmática querrá decir una mayor flexibilización laboral, trabajo infaltil, vuelta al sistema de encomienda? Como ha sucedido tantas veces un paso para adelante y cinco para atrás.

Me gustaría saber qué a qué propone la izquierda en estos asuntos. Ya sabemos qué es ser pragmática para nuestra ministra del trabajo pero me gustaría saber cual es la alternativa. Cuatro años de crisis bastarán para aprobar hidroaysen y desmontar el precario sistema de protección social con que tanto se han lavado la cara nuestros gobernantes.

Obama y los biocombustibles.

El sueño hecho realidad es una pesadilla.


Todo ocurrió del modo que predije hace diez meses cuando Bush se reunión con Lula: Los biocombustibles serían el futuro de los EE.UU.

Ya lo anunció Obama, el gigante del norte dejará de ser dependiente del medio oriente a mediano y largo plazo, aprovechando las millonarias inversiones que se requerirán para reconvertirse para levantar su economía.

¿Porqué Bush, petrolero de familia petrolera, iba a celebrar un tratado con Lula para dejar de depender del petroleo? ¿Porque quería causar el hambre de millones de personas según los delirios castristas?

¿Porqué Obama cometería la torpeza de seguir tirando la cuerda que produjo la crisis según tantos reputados analistas?

Lo que ocurre es que lo único cierto que ha dicho Castro y Chavez en los últimos meses ha sido que Obama y Bush son casi la misma cosa.

El precio del petroleo y de los alimentos a los gringos los tiene sin cuidado pues aún comen y llenan el tanque; lo que les preocupa es la pérdida del dominio comercial de los EE.UU. Tampoco les interesa la crisis ambiental.

El asunto es más sencillo, los gringos se hicieron los dueños de casi todo porque dominaron la industria de la bencina (gas oil) lo que los llevó a ser los mayores productores de vehículos durante casi ciencuenta años. No se quería cambiar porque los números aún eran azules aunque eso se lograra a punta de bayonetas. Hoy, independiente que se quiera o no hacerlo, es imperativo cambiar. Lo que busca Obama es que los gringos retomen su liderzgo en la industria perdida bajo los japoneses, esta vez con un nuevo combustible made in usa, los de origen vegetal.

Los antiguos petroleros se transformaran en agricultores y nada bueno sucederá. Lo que estaba haciendo Lula y Bush era modelar el futuro mientras la voces histéricas del pasado no comprendían qué sucedía: Brasil será una economía aún más poderosa en veinte años, los EE.UU soportarán el vendabal como dos veces lo hicieron los alemanes y otra los japoneses (apelando a su población altamente instruida, emprendedora e ingeniosa). No serán lo que son hoy pero sin duda no se argentinizarán. Cuba y Venezuela seguirán siendo exáctamente lo mismo que siempre han sido: Colonias. Pues no basta una revolución independentista para independizarse, ni tampoco dinero en los bolsillos; hace falta entre otras cosas una visión de futuro que los países dominados parece que tuvieran atrofiada. Mientras en la Habana y Caracas se piensa cómo se mantienen a flote unos cinco años más los EE.UU y Brasil acuedan qué será el mundo durante la próxima centuria.