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Los de Ayer ya no son los Mismos ¿O si?

Crónicas de una irregular militancia, II Parte.
Marzo de 1991, la sala de vídeo del liceo de Aplicación exhibe un aburrido y mal grabado concierto de Ac&Dc en Betamax. El sonido monoaural y a bajo volumen impide escuchar y las cabezas de los asistentes ver. La sala, a pesar de eso, está abarrotada; la alternativa es estar en clases. La mayor parte del auditorio es de séptimo y octavo básico; en la parte de atrás unos cuantos afortunados de primero, entre ellos el "J" en pleno.
Desde la primera fila los convocantes de esa reunión capeadora de clases, alumnos de tercero y cuarto medio, es decir, de la jornada de la mañana, apagan el video y colocan una película porno. Era la primera que muchos veíamos en nuestra vida. Una porno hardcore, además, nunca olvidaré el tamaño del clítoris de la mujer de la primera escena, completamente inusual en la pornografía heterosexual. En fin, diez minutos de porno extremo y el público extasiado. Entró Julia, la inspectora del Cumming 21, y el pornógrafo cambió de un triz el trío HMH por ACDC, la inspectora sorprendida por nuestra melomanía, pues los gritos se escuchaban desde la Alameda, preguntó:
- ¿Les gusta la música?
Y todos respondimos al unísono:
- Siiii.
Mientras comenzaban las chifladeras por la interrupción, tanto de los que querían que la Julia se fuera como de aquellos que deseaban que se quedara y bailara desnuda.
Un espigado colorín, el pornógrafo, se paró, y dijo solenmenente:
- Compañeros, si ustedes votan por la lista "B" siempre tendremos videos como "estos" en esta sala.
El público lo ovacionó, y yo me retiré indignado. Fue mi bautizo político en el liceo de Aplicación.
Otoño de 1995, la Corte Suprema ha acogido un recurso de protección interpuesto a favor de "Don Jesus de Nazaret, profesión u oficio desconocido, domiciliado en Teatinos ... oficina ... representado mediante mandato en escritura pública bla bla bla, por cuanto se ha afectado su integridad moral por la exhibición del filme "La última tentación de Cristo... Por lo tanto se prohibe la difusión pública de dicho material filmico mientras no se resuelva en definitivas"
En Valdivia pese al satélite la noticia llegó, como todo, con unos cuantos días de retardo. La película que con suerte se estrenaría en el único cine comercial de la ciudad para el verano del 98 era prohibida en Santiago casi diez años después de su estreno mundial.
La censura abrió la posibilidad que se confeccionaran copias piratas, al igual que lo ocurrido con "Impunidad Diplomática" de Martorell y luego con "El Libro Negro de la Justicia" de Alejandra Matus; la censura era el mejor gancho publicitario para el creador pero un severo daño para su economía.
Para el jueves ya circulaban dos copias de la peor película de Scorsese en Valdivia, nunca hasta ese entonces se había dado la posibilidad de estrenar un filme primero en la perdida ciudad del sur que en la capital y nadie quería desperdiciarla. El asesor jurídico de la Universidad Austral abrió la puerta a esa opción, con una carta publicada en el periódico local: "Lo que está prohibido es la exhibición pública de la película, si unos alumnos se organizan para ver una obra es una exhibición privada". Entre el viernes y el sábado reproducciones rotativas en multisalas improvisadas en el gimnasio y el auditorio de la ciudad universitaria permitió a unas catorce mil personas ver, privadamente, la película. Nació la ley y la trampa adherida una a otra como imagen y sombra. En los tiempos en que medio Chile se anulaba pues no había divorcio, asistir a una exhibición privada junto a dos mil desconocidos no era algo insólito.
Como era viernes teníamos clases en el salón auditorio en donde apretados podíamos entrar unos trescientos cincuenta alumnos, nuestro curso de Introducción al Derecho, con Jesus Escandón (tocayo del afectado), tenía casi ciento veinte inscritos. Mientras recogíamos los cuadernos ingresó un hombre con un largo pelo canoso de unos treinta años y una chaqueta de cuero de aviador. Colocó en medio de la mesa del profesor un VHS y un proyector, mientras ordas de curiosos entraban por las puertas abiertas de par en par. Colocó la cinta, y ajustó la imagen. Luego se paró arriba de una silla y dijo, con la voz egolada y el ceño fruncido, cual Aruro Prat en la borda de la Esmeralda:
- Compañeros, hoy libramos una lucha contra el enemigo quien intenta censurar cada una de nuestras manifestaciones. En la Federación Internacional Contra el Neoliberalismo pensamos que esto no puede seguir así, por lo tanto hemos decidido, luego de una ardua deliberación, proyectar la película que el capitalismo neoliberal quiere que no veamos. ¡Compañeros! Ante ustedes, La última tentación de Cristo.
Se bajó de la silla, colocó play, y se retiró de la sala apagando la luz.
La lista "B" no varió su linea populista buena onda, aunque nunca más hubo ni pornografía ni alegría. Antes del cambio de mando falleció el presidente del Centro de Alumnos del periodo anterior, Pablo Huapaya, quien a su vez lo era de la FESES, en ese tiempo Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago. Falleció en un lamentable accidente en el sector del Jaboncillo en el cajón del río Maipo. Su mejor amigo vagó por casi dos semanas hasta que fue encontrado, la primera pregunta de la prensa fue:
- ¿Te sientes responsable por la muerte de Huapaya?
Ese día los estudiantes hicimos turnos para que la prensa no ingresara ni a dos cuadras del liceo y lo conseguimos. Así como también unos cuantos perioidiotas se llevaron unos buenos combos y equipos en pedazos.
El velatorio se realizó en el gimnasio, en Cumming 29, una bandera del liceo, roja y amarilla, tapaba el ataud. Dos alumnos, puesto en que nos turnamos casi todos, hacíamos de edecanes en un ambiente triste y solemne, mientras se escuchaba incesante la "Carmina Burana".
Con Huapaya fallecia una generación, la de los "Actores Secundarios", y quedábamos nosotros para hacernos cargo del futuro con las formas del pasado pero en una realidad absolútamente diversa.
Primavera del año dos mil ocho, me sentí convocado a una actividad en la Universidad de Valparaíso. Diversas organizaciones se habían percatado súbitamente que en nuestro país la represión policial había aumentado, se debía hacer algo y urgente.
A principios del dos mil algunas de mis intervenciones sacaban ronchas dentro del foro sobre violencia y control social del centro de estudios sociales del Arcis: "Tal cual nos preocupan aquellos que están presos por luchar por un mundo mejor deberían importarnos aquellos que deben padecer el mundo peor". Lo decía con frecuencia e incluso lo consigné por escrito en mi memoria de título en la Universidad Diego Portales, institución que con cariño denomino la UDIpe.
La separación de los pobres entre proletariado y lúmpen es una de las cuantas taras ha superar por la izquierda, en especial en nuestro país. Por esta razón no existió oposición alguna para crear un sistema represivo, intenso y sofisticado, entre 1995 y el 2005 sin que ningún personero de izquierda se incomodara. Aún hoy la izquierda no posee un programa sobre seguridad pública que enfrente el asunto en su real dimensión: Como un sistema clasista, opresivo e irracional. Una centena de "presos políticos" valen más que cincuenta mil pobres, los cuatro mil muertos de dictadura valen mucho más que los doce mil que han muerto producto de la violencia policial, poblacional y carcelaria durante la dictadura. Ante dichas calamidades la izquierda ha guardado riguroso silencio siendo cómplice de todo ese sufrimiento, de todas aquellas violaciones a los DDHH que no afectan a sus "compañeros".
La reunión de Valparaiso era la instancia correcta de hacer ver ese malestar y solicitar la rendición de cuentas de modo que el "Nunca Más" no sea de los dientes hacia afuera.
Muchas veces los cerebros tras las convocatorias ámplias quieren que los asistentes sólo ocupen una silla y aplaudan; si es que además al final profieren loas genuflectándose, felicitando al panel y a los anfitriones mucho mejor, todo eso es lo esperado en nuestras precarías instancias democráticas. En esa reunión los organizadores eran jóvenes estudiantes de Derecho, un tanto ajenos a este maniqueísmo. Por lo mismo el control de la situación lo asumieron rápidamente algunos de los invitados.
La actividad duraría entre la tarde del viernes y el domingo. Para la reunión del día viernes los panelistas llegaron puntualmente: Un dirigente de los trabajadores de CODELCO división Andina, un representante de Amnistía Internacional, un activista del Comité Ético en contra de la Tortura, y Paulina Acevedo, comunicadora popular. Digo esto tal cual fue dicho, comunicadora popular, pues la división del trabajo es un asunto basal en nuestras organizaciones. El panel lo moderaba uno de los organizadores. En el público habíamos cuatro personas.
Debido a la falta de asistentes se optó a que el panel mudara en una mesa redonda, sin embargo los expositores intentaban hacer valer su autoridad cuestión nada de dificil ya que nos superaban en relación de dos a uno al público. El activista de la Comisión Ética contra la Tortura abrió los fuegos sintiendose obligado a contextualizar el momento del mundo que habitamos, desde luego que desde su punto de vista. La validez intersubjetiva de su planteo quedó trastabillando luego que le dijiera lo siguiente, sin pedir la palabra pues era casi una reunión en un bar:
- Usted nos ha dado un perfecto resumen de los lugares comunes de la izquierda que en este momento se encuentran en crisis. La pobreza no aumenta ni la delincuencia ni la violencia, sólo la violencia estatal es la que produce y aumenta o disminuye ambas. La violencia de estado sea en contra de delincuentes o de enemigos políticos es lo mismo puesto que al sistema le basta llamar delincuentes a los políticos y asunto terminado. Sería bueno que hablarámos de estos asuntos por lo mismo es prioritario salir del terreno de los discursos que se dan a la galería, aprovechemos que estamos dentro de una universidad.
Era primavera, en Valparaíso, en la universidad homónima, pero en el año 2002. Habíamos logrado constituir un pequeño grupo de estudios que pretendía, al menos en las intenciones, competir contra Paz Ciudadana. Para quien conozca la poca rigurosidad de la fundación de Agustín Edwards comprende que académicamente el asunto ni era imposible ni tampoco tan ambicioso; lo que sí estaban claros eran los riesgos de intentarlo en un país que es un fundo y nada más que eso.
Me enfretaba a mi segunda exposición, sobre mi ponencia ya publicada "Medios de Comunicación, Violencia y Control Social, breves notas sobre la justicia mediática." Dicho artículo lo realicé en mi breve estadía de ayudante de investigación en el Centro de Estudios sobre Seguridad Ciudadana, dependiente del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Lucía Damert, una de las investigadoras y quien hoy dirige una oficina del mismo tópico en FLACSO, me propuso que escribiera un artículo pues el "Centro quería hacer una revista". Ni se publicó dicha revista ni duré un mes luego de presentado el artículo; eso había sido a mediados de ese año. El en panel exponían mis compañeros de VICSO, así habíamos llamado al grupo luego de intensas deliberaciones, Javiera Díaz y Jorge Ojeda, e Iban de Rementería de Ciudadanía y Justicia. La mesa era moderada nada más y nada menos que por Lucía Damert.
De Rementería leía una ponencia escrita hace un par de años y seguramente copiada de otra con modestas actualizaciones. De eso doy fe, y en ese momento lo mencioné, puesto que dicho trabajo estaba citado en uno de los míos. El trabajo se llamaba algo así como "El Estado y la Sociedad en la lucha contra las Drogas". Los términos "Estado" y "Sociedad" los pronunció a lo menos veinte veces cada uno. Damert preguntó al público:
- ¿Hay una pregunta para el señor de Rementería?... ¿No?... Bueno, pasemos a la exposición de Ariel.
- Gracias Lucía, pero quería aprovechar antes de hacerle una pregunta al Señor de Rementería.
- Por favor Ariel - dijo Lucía- confingida cordialidad.
- Señor de Rementería, nos podría clarificar ¿qué entiende por Estado y qué por Sociedad?
Son las ocho de la noche y la discusión sube de tono, escala pero no por eso se eleva. La comunicadora popular me reprocha mi falta de respeto ante las credenciales de los presentes; eso para mi fue un alago pues no tenía que ver con otra cosa que con los años. Insistí en mi tesis, la represión que para todos era evidente era producto de la "lucha contra el delito" de los noventa y esa máquina se debía desmontar antes que termináramos todos presos. Las víctimas emblemáticas no eran el problema sino las lógicas que los llevaron a ser víctimas. Del otro lado me decían que dichas opiniones no hacían otra cosa que menoscabar el trabajo serio y constante de muchos compañeros, sin explicar el porqué. Mi crítica se refería a lo insuficiente de los esfuerzos no necesariamente eso tenía que ver con cesar las actividades en curso. Al no encontrar un modo de que se hiciera comprensible mi punto opté por hablar fuerte:
- La izquierda no está para llorar muertos, está para hacer reales sus proyectos políticos.
Al día siguiente cuarenta personas en una pequeña sala trataban de ubicarse. Los panelistas del día anterior, menos el dirigente sindical, y más uno recién llegado de Santiago, Helmut Helmix, dijeron desganadamente:
- Hola compañeros, hoy empieza el trabajo de comisiones, la comisión de bla bla bla, va a la sala tanto, la de bla bla bla...
- Disculpa -interrumpí- quizá sería prudente discutir la pertinencia de dividir la escasa concurrencia en cuatro comisiones.
- Compañero, -me dijo Helmut- eso se discutió ayer.
- Lo siento - le respondí- estuve entre los doce asistentes el día de ayer y eso no se disutió precisamente.- Un asistente del día anterior, sentado en primera fila, asintió con la cabeza.
La comunicadora popular junto al compañero del Comité Ético en Contra de la Tortura atacaron con furia y coordinadamente.
- Usted discutió sobre otras cosas -dijo el hombre- pero de todos modos se discutió sobre esto y ya es un tema decidido y no podemos volver sobre él. ¿A quién representa usted?
La Comunicadora, sin embargo, fue más allá, dijo:
- El compañero se dedicó ayer a denostar a los demás compañeros, a menospreciar la defensa de los derechos humanos, hablo por todos los asistentes del día de ayer al manifestar que todos estamos agraviados por sus palabras.
Su discurso parecía coherente, sobre todo para los que no habían asistido a esa reunión y se habían perdido mis "graves descalificaciones", sin embargo sus palabras no iban dirigidas a que yo pidiera excusas sino a que no pudiera seguir hablando.
De Rementería se negó a responder a mi pregunta y yo me negué a proseguir con mi exposición. Durante media hora, tal cual como en la misma sala siete años más tarde, se discutió acerca si era posible discutir sobre algo. Todo ello en auditorios compuestos exclusivamente por militantes de izquierda. En un momento álgido espeté a De Rementería lo siguiente:
- Lo que ocurre es que todos aquí somos o fuimos alumnos universitarios y a ninguno se le aprobó un trabajo en el cual no definiera los términos que empleaba o por lo menos refieriera a un texto que los significara.
De Rementería comprendía los alcances nefastos que podría tener el enfrascarse en una discusión que lo sobrepasaba teóricamente. Su discurso liberal de Estado versus Sociedad que daba origen a otras entelequias como el de "ciudadanía" o "sociedad civil" no parecía adecuado en un congreso de criminología, en donde las teorías críticas desnudaban precisamente ese y otros asuntos. Prefirió guardar silencio y soportar estoicamente las pifias. Su discurso superficialmente progresista, porque criticaba la penalización de las drogas, contenía un vicio de origen vergonzante que pocos habían advertido y que seguramente nunca antes nadie se lo había hecho ver.
Julio Cortés, abogado, cuando aún no usaba el pelo largo, se acercó mientras me retiraba caminando por avenida Errázuriz y me entregó su tarjeta:
- Tienes mucha razón en muchas cosas que dijiste -me dijo-, pero quizá el tono no fue el correcto. Eso hizo que se perdiera el mensaje.
Quizá tenía razón, aunque creo que a De Rementería y Damert les quedó muy claro que no es tan fácil ir a vender espejos a los indios y que la pensarán dos veces la próxima vez que se les dé en gana los aplausos fáciles de los habitantes de la jungla.
Siete años después en Valparaiso los pocos asistentes a un espacio de reflexión fueron nuevamente divididos en comisiones. Ese es el modo perfecto para que todos salgan habiendo aprendido un poco de nada en vez que un poco del todo. Este método ha sido un fracaso constante, tanto así que durante los congresos de criminología que asistí los temarios y las comisiones fueron los mismas desde 1998 a 2002, considerando entre dos a tres encuentros al año. Siete años después las comisiones fueron las mismas y las conclusiones también, al final aplausos y loas por habernos juntado, y que sean todos muy felices.
Propuse grabar en audio el plenario para que de ese modo nuestras conclusiones sirvieran a otros que quisieran hacer lo mismo, para que retomen la senda desde el punto al que habíamos llegado, aunque ese fuera modesto; a veces ilustrar los fracasos es un modo de producir avances pues otros podrán actuar sin cometerlos. Se grabó la reunión, sin embargo se objetó su publicación puesto que no todos habían dado su autorización para ello. En una jornada de discusión sobre la represión del Estado y la censura se optó democráticamente por censurar por tercera vez.
Era invierno en 1992, cursaba el segundo medio del liceo de Aplicación. Terminé siendo el delegado de la tarde de la comisión azul del centenario. El liceo estaba dividido en cuatro, casi del mismo modo que el centro de alumnos. Gobernaba una fórmula de consenso donde no estaba claro quién era el presidente; la división de las alianzas parecía dar el gusto a cada uno de los figurines, cada uno aceptó gustoso su feudo. El Turko, la alianza roja, qué mejor para él que ondear banderas bermellón en el Estadio Chile (El que aún no se llamaba Victor Jara). Era el Presidente y reputada figura de la izquierda aplicacionista.
Me encontré con el Turko el año pasado, al principio era un eco que interrumpía cada una de mis intervenciones, después comprendí que eran descalificaciones.
- Claro, él..., ¿quién se cree? ¿porqué?, ¿cuando? ¿Donde?, etc., el resto del tiempo interjectaba. Parecía una versión en negativo del asistente de un pentecostal.
No lograba recordar quién era, y dudo que él me haya recordado a mi. Sin embargo le caí mal y frente a eso en este país no se puede hacer casi nada.
La ocasión, para caerse mal, fue la convocatoria amplia a los ex alumnos para que se movilizaran debido a los serios riesgos que existían, y existen, de clausurar el edificio del Aplicación. El derrumbe de un tunel, en circunstancias similares a cuando protestamos los del "2 J" por falta de clases, hacía indispensable nuesta colaboración.
Un pequeño grupo comenzó a "poner orden" una vez que sumábamos unos treinta que conversabamos animadamente en el pasaje Romero.
- Bueno -dijo uno- tenemos una reunión con el Rector así que no podemos seguir hablando con los del Centro de Alumnos.
Alguien preguntó:
- ¿Tenemos?
- Claro, nosotros somos los que organizamos esto y tenemos que ponernos de acuerdo en bla, bla, bla, y no podemos hablar con los de Centro de Alumnos pues debemos tener una posición neutral, no política, y que bla bla bla.
Simple, ellos, unos siete u ocho entre los que estaba el Turko eran los tontos vivos y el resto, unos veinticinco, éramos representantes de la fauna urbana, meras figuritas de papel maché, en buen chileno los tontos útiles. El chancho ya estaba cocinado y la convocatoria ámplia era tan sólo para la fotografía de rigor, para lo cual ya habían convocado al "estafa". El asunto ya estaba conversado con el Rector, a quien se le solicitó nos diera una "declaración pública", una especie de rueda de prensa a la chilena, sin posibilidad de preguntar o contrapreguntar. El Centro de Alumnos no era una institución representativa tampoco el de Padres o el sindicato de profesores. Ya estaba lanzada la propuesta de un centro de ex alumnos, y sólo se debía firmar en el borde inferior derecho. La instancia sirvió para planificar un par de emprendimientos menores que no llegaron a destino.
Noviembre de 2008, tercera reunión de los ex alumnos. Esta vez ha sido convocada por un profesor que diseña el proyecto educativo. A la cita concurrimos cinco ex alumnos y un profesor. Uno de ellos es el Turko quien arroja sobre la mesa el doctorado en educación que cursa en la Universidad Católica. En un momento dice lo siguiente:
- El problema es que este liceo se ha llenado de flaites, en nuestros tiempos era muy distinto.
Con mesura le respondo:
- ¿Te acuerdas cuando salimos persiguiendo a los del San Ignacio?
- Si poh, ese debí haber sido tu, - me contestó coloquialmente el doctorando en educación-.
- Si poh, era yo, y también estuve el otro día cuando los del Valentín Letelier nos amenzaron con un palo con clavos y tuvimos que arrancar nosotros, o cuando volcamos el minibus del Liceo Uno. También cuando un compañero me amenazó con una cortaplumas en nuestro refugio de San Sebastián. Esos flaites éramos nosotros.
La celebración duró algo más que un mes. Junto a Pablo Flores recorrimos la ciudad, incluso para ganar puntos llegamos al liceo con la ropa interior de una de sus vecinas. De todos modos ganó la alianza roja, tal cual estaba escrito de antemano, nosotros, la azul, en segundo lugar. Nuestra candidata a reina ,que tuve que elegir junto a las monjas en el liceo Blas Cañas en una extraña actividad que quizá algún día cuente, ganó y uno de los azules se llevó el trofeo hasta su casa. La fiesta final fue en el Cumming 21 y duró casi hasta las dos de la mañana. Al final , mientras nos despedíamos en la puerta del liceo, me llamaron los dirigentes del Centro de Alumnos los que habían mezquinado hasta el último peso en todas y cada una de las actividades, sumaban unos treinta en total pues se encontraban junto a algunos profesores y dirigentas de otros liceos:
- ¡Putas Ariel!, acompáñanos.
- ¿A donde?- pregunté ingénuamente-
El mensajero miró hacia atrás e hizo unos cuantos gestos de incomodidad y otros de sorpresa.
- A comernos unas parrilladas, dónde más - me dijo-.
- No tengo plata -contesté-.
- ¡Vamos!, no seay hueón, nos quedaron doscientas lucas, hay que hacerlas mierda pa cuadrar la caja.
- No gracias.
Ví sus caras de desagrado, entre ellas las del Turko. Me di el gusto de verlos enfilar hacia "Los Buenos Muchachos" mientras yo viraba hacia la Alameda por si aún atajaba la Tobalaba Las Rejas.
Leer la primera parte.
Una Bomba, una Denuncia, unas cuantas Amenazas y Pintadas de Monos.

Crónica de una irregular militancia, Primera Parte.
Hace exáctamente dieciseis años, a las siete con cuarenta y cinco minutos realizaba una llamada al 133 de la policía:
- Carabineros de Chile buenos días.
- Hay una bomba en el liceo de Aplicación, avenida Cumming número 21, explota a las ocho en punto.
- Aló, aló, diga...
Y colgué. Abandoné presuroso pero discretamente el teléfono público de la estación de metro República hacia la salida norte. Si llegaba al liceo antes de la ocho o a las ocho en punto causaría sospechas pues nunca ingresaba puntualmente. Caminé por Concha y Toro y luego enfilé por Maturana. Una vuelta de manzana me permitiría llegar con un par de minutos de retraso y escuchar la detonación y el operativo, o ambos. Mientras rasgaba la cola fría de mis dedos, protección adicional pues en esa época no me sacaba nunca los guantes de lana, dieron las ocho. Ocho y cinco minutos y doblaba hacia Cumming desde Erasmo Escala. Ni detonación ni sirenas. Una serie de dudas me asaltaba: ¿La humedad del baño habrá estropeado el detonador? ¿José estará detenido? ¿El ruido de la estación de metro impidió que los pacos me escucharan?
Hace una semana unos "amigos" de la Jota, que decían contar además con la franquicia del Frente, me habían solicitado ese pequeño favor. Carabineros de Chile celebraría el día institucional en el patio principal del Liceo, lugar al que nunca habían logrado ingresar ni en los peores momentos de dictadura. Corrían otros tiempos, Lagos era el ministro de educación, Chile era un país normal y progresaba; nosotros debíamos aceptar que los representantes de los infames, que hace a penas unos años habían asesinado a los hermanos Vergara en la más absoluta impunidad, se solazaran en el mismo patio en donde ellos se formaban los lunes para cantar el himno nacional y del liceo.
Un mes antes con José nos entrevistamos con una abogada del CODEPU, luego con un colega suyo. Ante ambos relatamos nuestra historía, regada de sabrosos detalles. Hace un par de meses habíamos lanzado una candidatura al centro alumnos de forma independiente esto es, sin la autorización de ninguno de los partidos. Para la Jota yo era el cura de Catapilco, infame personaje que impidió que ganara Allende; para la concertación sin embargo yo era el demonio, al igual que para los momios, escasos pero bulliciosos, los cuales para resguardar sus intereses se candidateaban en una lista conjunta con los gobernistas. La elección es una farsa, denuncié en los patios, en las últimas elecciones la abstención rondaba en el ochenta por ciento y la mitad de los votantes anulaban o votaban en blanco. Dicha información me la había confidenciado el rector, ya que me reunía con él al menos dos veces a la semana para jugar ajedrez. A los dirigentes les daba lo mismo, ese asunto ya lo conocían pues los partidos estaban instalados confortablemente en "el liceo más grande del mundo y sus alrededores", por lo cual no les importaba turnarse un año cada uno mientras prodigaban encedidas arengas arriba de la pileta de la esquina. De casi tres mil alumnos había que convencer, casi siempre tan sólo impresionar, a unos cien borregos y el asunto estaba cocinado. Eso ocurría en el Liceo más movilizado y politizado del centro de Santiago, un escándalo; no sólo la participación política era una farsa sino que lo que existía resultaba ser una fachada abalada por los dirigentes estudiantiles y del profesorado.
Para esa época el liceo y la educación pública se caían a pedazos pero lo peor de todo es que la organización política se reducía a una réplica a escala de lo que había sido en dictadura, la que además se autocensuraba porque parecía injusto pelear contra los recientes socios. Si se avanzaba contra lo que pensaban las cúpulas pronto se era reprendido, amenzado y finalmente sancionado. El Centro de Alumnos oficiaba como un sistema de control más en dónde se moderaban las opiniones radicales, a cambio ellos hablaban de revolución por los patios, quedando todos de algún modo reconfortados, y todo en el mismo sitio.
Craso error el de intentar hacer política en una época como esa. Mayor error el ir al CODEPU a denunciar la persecusión de la que éramos blanco, buscando un recurso de protección o de amparo:
- ¿Algún militar o policía los ha amenzado?
- Salvo que algún profesor sea militar, asunto que desconozco, sólo hemos sido amenazados por docentes, ni siquiera por inspectores.
José, un tanto más inquieto que yo ante la desidia los defensores de los perseguidos dijo:
- Señora, estamos denunciando que seremos expulsados del liceo por organizarnos y luchar, y por expresarnos.
Los abogados se miraron y luego nos dijieron con cierto malestar.
- Lo que pasa jóvenes es que su problema no es un tema de derechos humanos.
Primeros días de Junio de 2007, asisto a una conferencia de un profesor de la universidad de Wysconsin en la facultad de sociología de la universidad Diego Portales. El panel se titula "Las posibilidades del Marxismo". En primera fila está sentado el abogado Hugo Gutierrez, Nicolás Espejo y el hijo de Osvaldo Puccio. En la testera un pelmazo, quien me parece debe haber sido Andrés Haye, quien secunda al expositor. El orador es gringo, y su discurso es en inglés. Los equipos de traducción simultánea alcanzan para el treinta por ciento del auditorio.
La charla defrauda, el título de la conferencia, pese a su mala calidad, está sobredimensionado. El tópico no es sobre si es posible el marxismo políticamente sino de qué modo es posible seguir explotándolo retóricamente. Desde luego que a los asistentes, que abarrotan el lugar, no parece importarles en lo más mínimo. Me siento llamado a un mínimo acto de defensa intelectual y en vez que retirarme del foro espero con paciencia su término y pido la palabra para intervenir. Quizá no fui lo certero y lo conciso que soy por lo general en dichas oportunidades, quise dejar muy claro mi punto en vez que estampar simplemente una molestia, pero cuando remataba, el pelmazo de turno me dijo:
- Su pregunta ha demorado más de lo debido y debemos seguir avanzando, así que pasaremos a la próxima...
- Lo que ocurre es que no es una pregunta sino que un comentario -dije- y si me interrumpe ahora mi intervención no habrá tenido ningún sentido pues eran las premisas y faltan las conclusiones.
- No, no, ya ocupaste tu tiempo así que continuemos.
Me senté, el micrófono aún descanzaba en mi mano. Se acercó una bella mujer con una ámplia sonrisa la que matizaba con unos gestos de compasión ante mi intervención frustrada. Me dijo:
- Lo siento - mientras extendía su mano para que le regresara el micrófono.
Con una sonrisa tan amplia, y con unos gestos que imitaban su compasión le dije:
- Yo también lo siento - mientras empuñaba el aparato-.
El "moderador" de la testera dijo:
- Ya poh, pasa el micrófono si ya te tocó opinar.
- Pienso que no fui tratado con deferencia, por lo mismo no lo devolveré.
El público se dividió entre los que me insultaban y aquellos que miraban todo con estupor. Un matón apareció de la trastienda y me dijo sin mesura:
- Ya hueón, pasa el micrófono.
Yo le respondí todo lo tranquilo que se podía en aquel momento:
- El micrófono me lo pasaron pacíficamente, pacíficamente lo devuelvo.
El gringo me puteó en inglés reprochando mi desconocimiento de las normas básicas de urbanidad, de libertad de expresión, que acciones como la mía provocaban crisis en vez que diálogos.
En un ánimo similar el matón, quien parecía el ejecutor de dichos altos principios acadeḿicos, extendió su mano e intentó quedarse con el micrófono a la fuerza. Para mala fortuna de él, y de los que querían la traducción simultanea (ese micrófono era el único disponible para la traductora), el matón rompió el aparato quedándose con la cápsula en su mano y yo con el mango y la antena, los que luego devolví al retirarme. Cuando lo hacía el matón se arrojó a insultarme a garabatos, en el lobby de la facultad de sociología de la UDP, sin que respondiera a su provocación. Me tomó del cuello apretándome a una pared. De reojo miré que al lado mio rengaba Hugo Gutierrez, el abogado de Derechos Humanos, quien al ver la bizarra imagen de un hombre insultando a otro y a punto de golpearlo, miró hacia otra parte y se retiró compensando su cojera con su bastón de caoba.
El los boys scouts del Liceo de Aplicación algunos jefes realizaban juegos nocturnos utilizando bombas de carburo. Era un modo sencillo y barato de crear conmoción; un inocente juego que hoy causaría escándalo.
La bomba de ruido con carburo es muy simple: Se necesita un tarro de leche nido de tres kilos (quizá ahora eso es más dificil de conseguir que todo lo demás) un puñado de carburo, un escupo y un fósforo. La tapa, que en esos tiempos era de latón, se perforaba en el medio para que alcanzara a arrojarse por él un fósforo encendido y que éste no se apagara. Se vierte el carburo, se escupe en él, un gargajo regular ojalá más líquido que mucoso, se tapa, se bate, se arroja el tarro, en lo posible rodando y la bomba explota provocando un ruido parecido al de un cartucho de dinamita. Al igual que la bomba de aluminio y ácido, en botella plástica, es prácticamente inofensiva y quien está expuesto al golpe de la tapa de latón o de un par de monedas de peso, o de un shock acústico, es el autor pues no existen modos probados y seguros para que estas exploten con efecto retardado.
Después de haber conspirado en mi contra los jotosos, a comienzos del año 93, ofrecieron apoyar nuestra causa que en lo inmediato implicaba evitar la expulsión, pero que se relacionaba con la construcción de un movimiento estudiantil autónomo de los partidos políticos y sus mezquinos intereses creados. Ellos me apoyarían, al menos eso prometieron, a cambio de que realizara un pequeño acto de fogueo. Desde luego que ellos me reclutaban en calidad de "tonto útil", nada extraño pues para la jota y el PC todo el mundo es tonto, menos ellos, y casi todos pueden ser útiles. Con cara de póquer me entrevisté con ambos dirigentes, aceptando sus modismos; ese ritual de "nosotros sabemos más que tu y sólo debes saber esto" que es su marca registrada, no lo quise quebrar con ironía como en otras oportunidades. Represente el papel de colaborador diligente y no deliberante.
- Van a celebrar el día del paco aquí.
- ¿Los pacos?
- Si, van a venir los pacos y varias autoridades. Dicen que también estará Lagos. ¿Qué puedes hacer tu?
Los miré con frialdad, como miraba al rector y a los viejos del club de ajedrez:
- Puedo hacer una bomba de ruido, y puedo hacer que funcione retardadamente, unos diez o quince minutos después de armada.
Ellos se miraron con esos ojos vidriosos de conspiradores profesionales adictos a la mariguana paraguaya, mi ofrecimiento excedía con creces su burocrática petición.
Era esta misma época pero en 1996. La facultad de derecho, una de las más numerosas y respetadas del campus isla teja de la Universidad Austral en Valdivia, adhería a un paro en repudio a la ley que permitía que los alumnos de las universidades privadas, y quien lo deseara en las públicas, accedieran a un crédito bancario con aval del Estado: El tristemente célebre crédito CORFO. El argumento de la FECH, que pronto fue el de la CONFECH, era descabellado: Se exigía de inmediato la desprivatización de las universidades, la derogación de la ley CORFO, y la gratuidad de la educación superior.
De nada sirvieron las jornadas de trabajo convocadas unas semanas antes y en las cuales participé: En Valdivia un porcentaje muy pequeño del estudiantado obtenía beneficios los cuales además a penas eran el financiamiento del 20% o menos del arancel. Para pedir algún beneficio había que estar bajo la linea de la pobreza. Las personas que no eran absolutamente pobres debían abandonar sus carreras ante una contingencia; el crédito CORFO era una buena salida para muchos los cuales no serían ayudados por el sistema fiscal salvo en una catástrofe. Era preciso presionar por más recursos públicos, como todos los años, por rebaja del arancel y aumento en los beneficios. Pero la negativa tajante al crédito CORFO no provenía de que éste implicara la disminución de beneficios, no se desvestía a un santo para vestir a otro, lo que molestaba a la Universidad de Chile, y luego a la CONFECH, era que de ese modo alumnos de las universidades "privadas" podrían financiar sus carreras. En esa época las universidades "públicas" discriminaban a las "privadas" por sus bajas exigencias académicas, reclamo en la mayoría de los casos infundados, y sus alumnos eran acusados de dóciles consumidores de titulaciones expresas.
El sistema CORFO permitía, bien orientado, que muchos que no podían acceder a la educación lo hicieran. Es absurdo que el Estado invierta recursos que debieran ir a la extrema pobreza en financiar carreras y futuros a quienes lo podían pagar, aunque eso fuera en cuotas. En aquella época la universidad aún era un trampolín socioeconómico pero la inflexibilidad de los dirigentes de izquierda de la época, preocupados en "extremar las contradicciones" o "aprovechar la coyuntura" cualquiera esta fuera, impidió un diálogo o una presión que pudiera evitar el colapso de la educación pública. Muchos pedían como si los avalara la URSS o la mitad más uno de la población, el resultado fue el predecible: Se fue por lana y se volvío esquilado.
Se reiteraban las lógicas conocidas al revés y al derecho en el liceo de Aplicación y en la FESES unos años antes, en los tiempos que luchábamos en contra de Ricardo Lagos y después en contra de su sucesor: Jorge Arrate., el flamante candidato del socialismo allendista. Dirigentes ansiosos de exhibir resultados a sus jefes locales, tal cual mezquinos capataces: "Tenemos tantos centros de alumnos, paramos tantos días, hicimos tantos paros, tomamos tantos hectolitros de vino navegao, etc". Por su parte los dirigentes locales, y los nacionales, todavía cantaban la internacional arrodillados con el puño levantado hacia Moscú y el pene en ristre hacia La Habana.
Era 1992 y gobernaba sin contrapesos la Jota en el Aplicación. Ese año era el centenario del liceo. Cuadrillas de obreros pintaban el exterior del edificio en forma prolija, quizá por vez primera desde su fundación. Los recursos llegaron gracias a los buenos oficios de un ex alumno, Patricio Rojas, quien en ese momento era ministro de defensa. Otro notable de la época era Gutemberg Martinez.
Para el segundo "J", mi curso, un minúsculo grupo de veintidós desarreglados quinceañeros, no eran días felices. Éramos el curso más pequeño de todo el liceo y quizá de toda la enseñanza pública del país, la razón, habíamos elegido francés como idioma en vez que el inglés y muchos compañeros se habían retirado en primero como el caso de Mendez y el de Munita. Ocupábamos una sala que antes debió ser una oficina administrativa, tres veces más pequeña que una sala normal, situada en frente del inspector de patio: El Lechero.
Era mediados de abril y faltaba que nos asignaran la mitad de los profesores el resultado, exceso de horas libres las que además nos obligaban a soportar encerrados en esa lúgubre mazmorra, adornada tan sólo con una insignia aplicacionista pintada en la pared un día sábado junto a Erick Pradenas. Más de la mitad del curso estaba con anotaciones negativas y condicionalidad por conducta, entre ellos el que escribe; no tener clases era un caldo de cultivo para generar problemas además que no se cumplía la razón por la cual habíamos emigrado de Conchalí, Lo Prado, San Ramón o Maipú: A ese ritmo terminaríamos ignorantes y expulsados.
Como presidente de curso propuse marchar a la rectoría, para lo cual había que cruzar el subterráneo algo que estaba prohibido sin mediar autorización. Lo hicimos, conversamos, y la respuesta no llegó pero sí más rondas de los inspectores. Entonces propuse que marcháramos al Ministerio de Educación, lugar en donde moraba apoltronado Ricardo Lagos Escobar. En vez que entrar a clases nos juntamos en la esquina y caminamos las doce cuadras entre Cumming y Amunategui; fue la primera de una serie de cimarras colectivas aplicadas maquiavélicamente en tercero medio con las que extorsionabamos al liceo con las subvenciones. En el ministerio ya cerraban, pero un funcionario aprovechó nuestra visita para informarnos que la educación estaba municipalizada así que debíamos pedir explicaciones a Ravinet no a Lagos, que lo mejor era ir a la Dirección de Educación Municipal que se encontraba -quizá aún- a un costado de la Estación Mapocho. Caminamos con un abrasador calor de abril por avenida Bandera, las dos últimas cuadras fueron las que pusieron a prueba nuestra convicción cuando las prostitutas nos invitaron a tomarnos unos trago. Sin embargo llegamos todos, hasta los más pelusones: Zunino, Muñoz, Aguirre y Andrews. La reunión fue breve y productiva: El director de educación nos mostró su comprensión, nos ofreció agua, y me pidió conversar en su oficina "para solucionar esto de inmediato". No cabíamos en el asombro, antes de que entráramos dijo golpeado a su secretaria: Llama a Cárcamo de inmediato.
El pelao Cárcamo era nada más y nada menos que el rector y delante mío se dio la siguiente conversación:
- Puta pelaíto, como estay.
- ......
- Putas, estoy aquí con un alumno tuyo, se llama....
- Zúñiga, Ariel Zúñiga, del segundo Jota.
- Zúñiga del Jota.
- ......
- Putas y me dice que todavía no tienen clases. Acuerdate que ya les mandé los profes hace rato.
- ......
- ¿Mañana?
- ......
- Ya pelaito, no se hable más, que estés bien.
- ¿Y qué paso? -pregunté aún incrédulo-.
- Mañana están los profes y van a haber clases.
- ¿Normales?
- Sí, desde mañana, y cualquier cosa me llaman, ahí está mi tarjeta.
- Muchas gracias, y qué debemos hacer ahora ¿Irnos de vuelta al colegio?
- No, no sean lesos. Tomense la tarde libre ¿No ven lo bonito que está el día?
Gracias a la oportunidad pudimos conocer los alrededores de la Estación Mapocho. Al día siguiente tuvimos clases, nadie fue expusado ese año aunque costó bastante conseguirlo. Pronto se reanudaron los juegos de ajedrez con el pelao Cárcamo sin que nunca más hablaramos del asunto.
La profesora Fariña debe haber tenido un poco más de cuarenta pero de acuerdo a los juicios autorizados, en especial el de Carlos Gleisner el cual compartía, "todavía estaba rica". Usaba lentes gruesos y su figura era estilizada, algo así como una intelectual erótica. En un curso de cuarenta hombres de dieciseis años se tiene tiempo de sobra para convertir a una sombría profesora de química en un sex symbol.
Nunca entendí una coma de todas sus clases. Para ella la química eran las fórmulas que escribía en el Pizarrón las cuales nunca supe qué representaban. Jamás conocimos un laboratorio; entré por primera vez en uno en el Liceo Pablo Neruda, de Temuco un año más tarde, en un electivo de genética, perplejo pues nunca había pasado del dibujo de una célula. No sabía de química pero eso no significa que no haya realizado algunos "experimentos".
De niño fui intelectualmente inquieto y la existencia de un taller en la casa, propiedad de mi abuelo, me permitió desarrollar muchas de esas habilidades aunque en la más supina ignorancia de los principios que gobernaban los elementos.
Con esos rudimentarios conocimientos me avoqué a la ardua tarea de construir una bomba de ruido con efecto retardado. Disponía de los conocimientos de maestro chasquilla y de otros dispersos sobre primeros auxilios. Como me la pasaba en la ferretería comprando pernos coche o tornillos bronceados no me fue dificil conseguir carburo; tampoco una bolsa de guantes de látex. Unos cuantos paquetes de velas y fósforos faltaban, los compré en el supermercado Toqui en donde ahora se emplaza un edificio municipal.
José actuó de financista de la operación. Mi rol era la construcción del "dispositivo" e ir a dejárlo a José a su casa. Pues implicaba un riesgo muy alto ir en bicicleta le pedí a mi padre, con una semana de anticipación, pues de lo contrario habría fracasado, que me llevara a su casa en auto. En una bolsa negra junto a unos cuadernos le entregué el extraño "experimiento".
En 1997 vivía en la isla teja, en el pasaje Acario Cotapos. Nos repartíamos un minúsculo departamento interior con Raúl, compañero en la escuela de derecho. el departamento era tan pequeño que le llamabamos la Sonda Mir. Era septiembre, los primeros días, es decir había tanto y más frío que en Julio en Santiago. Aunque no llovía esa noche amenzaba con una persistente garúa, la cual podía ser confundida con chubásco por algún nortino desprevenido.
Me dirigía hacia la ciudad, sin rumbo cierto, por la vereda sur de la avenida. A cien metros vi un grupo de tres a cuatro personas de pie en el parque Prochelle los cuales botaron sus cigarrillos y algo se decían mientras me acercaba, detrás de mi venían tres más a un paso rápido, atropellador. La noche estaba más oscura que nunca y me encontraba en una cueva de lobo, quién quiera que fuera y lo que quisiera no tenía ni como defenderme ni donde arrancar. Bastaba taclearme y por la humedad caería, los testigos serían los lobos marinos que asoman sus fauces a la orilla del río, debajo del puente.
Llegué al liceo, ingresé aparentando normalidad. El portero, apodado cariñosamente Eduardo Frei por su prominente nariz y escaso sentido del humor, me dijo:
- Ya vení atrasao rucio, pasa.
Un día normal.
Ingresé a la sala, no había formación en el patio, ni día del Carabinero, ni nada. En la sala del tercero "A" mis compañeros proseguían con las movilizaciones con una fogata pequeña en el lugar donde debía haber un basurero. Nuestra protesta había escalado pero ya habíamos llegado a una cota dificil de ascender. Los profesores llegaban a la sala y pedían a Naranjo que apagara la fogata y a Alvarez que fuera por el borrador, o viceversa. Nos era inconveniente hacer más cimarras pues ya la mitad de los profesores se negaban a hacernos clase o habían pedido licencia.
Busqué el rostro de José, que sólo se encogió de hombres. En el recreo conversamos con calma, mientras sorbeteabamos un café y masticábamos una marraqueta con mortadela:
- Putas, no sabí na lo que pasó - me dijo José-.
- Obvio que no, qué chucha.
- Mi micro chocó en el paradero quince y los pacos empezaron a tomar los datos de los testigos, entre ellos yo. Me tuve que bajar y botar la hueá en el cerro.
- Puta la hueá.
- En parte dió lo mismo, nunca vinieron los pacos.
Fue imposible explicar que las peticiones sustanciales de la CONFECH no nos afectaban pues implicaban a la educación pública. La Universidad Austral de Chile al igual que la Federico Santa María, de Concepción y todas las católicas es privada. En esa época los dirigentes con dificultad distinguían que la dicotomía se daba entre universidades tradicionales y no tradicionales, es decir, entre las que pertenecían al consejo de rectores y las que no, no entre públicas y privadas. Dos meses en paro y ese asunto no estaba claro.
Mis compañeros de Derecho habían votado por el paro para sacarse de encima las pruebas solemnes y envalentonados por un exitoso movimiento que había conseguido un estatuto de garantías en las evaluaciones, algo que jamás he vuelto a ver en facultad alguna.
Distintos azares, entre ellos la unánime y decidida accción de Derecho, llevó a aprobar el paro. Sin embargo el Presidente de la Federación atribuía todo a su carisma y a la fortaleza de nuestros argumentos. Las concertacionistas dirigentes, entre ellas Leyla Chahín la presidenta de Derecho, eran los "tontos útiles" de turno.
De más está decir que perdimos todos y cada uno de los puntos exigidos, y de ganar cualquiera esto habría redundado en beneficios sólo a las universidades estatales, una media docena de la quincena movilizada. Es más se redujo el arancel y se aumentó becas para las universidades públicas, pese a que no estaba en el petitorio; los tres meses de toma de la Universidad Austral que significó terminar las clases a finales de Enero no reportó nada más que unos cuantos resfríos y embarazos no planificados.
El CORFO se estatuyó en un modo normal de financiar las carreras cuando la crisis asiática dejó a la mitad de los alumnos a la deriva. La CONFECH debilitada y desacreditada no volvió a producir un movimiento parecido sino hasta muchos años después cuando los nuevos bríos llegaron desde el norte.
Durante el paro no abandoné mi precaria trinchera. Pensé que se podía romper el diálogo de sordos, imponer un poco de sensatez, fue imposible. En restrospectiva, una perdida de tiempo; en presente tenía que dar la lucha de todos modos. De lo único que sirvió mi intervención fue para que me amenazaran con golpearme tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, quienes por lo general comparten tanto las ideas como los métodos. En una asamblea un jotoso me amenazó con cortarme el pelo y robarme la chaqueta: "Es imperdonable que alguien como tu tenga el pelo largo y se pasee con una chaqueta roja". Para la extrema derecha mi forma de vestir ofendía tanto y más como la de hablar, y hasta más de lo que hablaba. Era un maricón y punto, comunista y maricón. Imperdonable tener el pelo largo para un criador de puercos con listeria de Osorno.
Construir la bomba no resultó tan dificil, fue más arduo el trabajo de limpiar mi pieza, colocar plástico en todos los sitios, para que no se escabuyera ninguna evidencia incriminante. En ese tiempo creía que la policía hacía su trabajo, o que su trabajo era distinto. Creía que investigaban. Aún no leía el célebre párrafo de la Condición Humana de Malraux: "La única herramienta de la policía es la delación. El delincuente que actúa solo no corre el riesgo de delatarse a sí mismo." Pero de todos modos sabía que la sección más débil de la cuerda éramos yo y José, y que a los jotosos no hay que creerles ni lo que fuman. A la hora de cantar da lo mismo, el bolsillo se cuida con la mano derecha, la vida también. Los heroísmos no son más que leyendas que se les cuenta a los potenciales tontos útiles, a la hora de los quiubos todo hombre tiene su precio, o su límite, se fije éste en rublos o dólares.
Para retardar el estallido renuncié a un dispositivo electrónico. Era demasiado complejo y contenía evidencias fáciles de pesquisar. La explicación más sencilla por lo general es la más correcta decía De Ockam, cierto, y la ingeniería más eficiente es también la más sencilla.
La única debilidad de mi diseño era que podría probarse una sóla vez, y además no podía fallar en su experimento.
Una vela de cera taparía un agujero de un diámetro casi idéntico a la de ella. Esa vela estaría ahuecada de modo de llegar a cierto punto la mecha siguiera encedida y precipirara al final del tarro. El gas haría el resto.
El punto débil era saber si la tapa resistiría la presión del gas, por lo que la pegué. Horas de trabajo para probar la medida de la vela era lo que faltaba. Teníamos diez minutos. José llegaba puntualmente un cuarto para las ocho, entraría, iría al baño y dejaría la bomba en un baño; diez para las ocho encendería religiosamente la vela, o digamos la mecha lenta para no afectar el momento. Nadie sospecharía pues un cartel diría: "Baño Malo" y asunto terminado, siempre esos baños estuvieron malos y un cartel se agradecía. Después, una primera plana, la gloria para algunos entusiasmos mal orientados, la obtención de un abstracto y precario respeto, una razzia que difilcilmente sortearíamos, la colaboración con sujetos ambiciosos, calculadores, mezquinos, en fin, la política. A todos les gustan las salchichas pero mejor no saber cómo se las prepara, así es la política. Y esa jugarreta nos habría costado las penas del infierno, el estigma, y quizá los tímpanos de un par de compañeros, de aquellos que se peinaban acompañados del pestilente olor antes de entrar a clases.
Mis multiples recorridos por la plaza Almagro en busca de libros, por San Diego, Franklin, Diez de Julio, Matta, Victoria y Bio Bio, buscando cachureos, electrónica, mecánica, o sencillamente vagando, me habían enseñado a adelantarme a algunas jugadas. Nunca me han asaltado caminando solo, ni en los peores barrios, esta vez estaba enboscado en una ciudad ajena, en una fría y solitaria noche, a punto de ser un Matute o un Emott. Veo un colectivo que viene del mercado fluvial, de esos amarillos que van a Niebla, Los Molinos y Curiñanco. Atraviesan el puente rápido pero deben frenar al final pues hay un bache. Antes que me llegara el palo en la cabeza crucé temerariamente la calzada y era obvio que el colectivo me atropellaría, pero frenó justo a tiempo para evitar el bache, y un bulto que se cruzaba sin haber dado un mínimo aviso. Corrí casi hasta el barrio regional en donde le pedí a Loreto que me dejara quedarme en su pensión hasta que amaneciera.
Ayer Don Hugo Gutierrez presentó una denuncia en la que implica en forma genérica a la Armada en calidad de proxenetas de menores en un bullado caso que también afecta a la policía de investigaciones. Se debe investigar esta situación, que es muy grave, dijo, pues las autoridades chilenas se habrían prestado para proporcionar prostitutas menores de edad a los marinos estadounidenses destacados en la operación UNITAS. Como dirían, el sueño del pibe, dos pájaros de un tiro. Por una parte Gutierrez fustiga a los uniformados chilenos y por el otro a la bestia negra de la izquierda latinoamericana: Los EEUU. Con todo ello provoca la euforía de su pequeña pero fiel galería.
Concuerdo con él, es un caso de DDHH, y se debe investigar. La duda que me asalta es cuántas denuncias omitirán estas personas, defensores de los DDHH, porque no implican a uniformados o estadounidenses. De cuantas agresiones ha sido testigo y a mirado hacia un costado por temor a importunar a un poderoso anfitrión, o por no querer arriesgar su designación vía electoral de jefe comunal. Son preguntas que me asaltan cada vez que recuerdo estos asuntos, los mil y un desencuentros con la izquierda. Las mil veces en que personas que no han sido elegidas por nadie me han reprochado el no haber sido elegido por nadie. Las otras en que los porteros o me han impedido el ingreso o la salida. Cada vez que se me ha reprochado mi inconsistencia e incoherencia por personas que los he visto comiendo y tomado en manteles blancos con la plata de los explotados, económicamente por los capitalistas y moralmente por ellos mismos mientras se dicen sus salvadores. Cada vez que los veo menear el trasero cuando se agachan a recoger una moneda de peso. Cada vez que se sientan en la primera fila, con el Siglo en sus faldas, y ofician de autoridades en reuniones patronales, pues, quizá me equivoque, el viejo Marx decía que el Estado es un órgano de la clase dirigente ¿Decía eso o lo soñe?
He porfiado mucho, lo sé, he debido escuchar a muchos que me han dicho desde infiltrado hasta amarillo, desde ingenuo a ignorante, pasando por maricón y degenerado. Los he visto a ellos hablando de los "cabros", arriándolos como ganado, a sus reuniónes, a sus improductivas reuniones. Dedicando ingentes recursos intelectuales y físicos a la cartelería o el artísmo. Los he visto una y otra vez acrecentado el dolor de los que sufren capitalizando sus heridas, comandando las huestes a la derrota, siempre firmes pero al precipicio, bramando como una viceral y amarga broma: "El pueblo unido jamas será vencido".
Los he visto arreglando elecciones de juntas de vecinos para corresponder con sus cúpulas, para sentirse un partido de bases. Y los he visto minar todas las bases serias de un movimiento estudiantil, a lo largo de todo el país, dando mandobles sólo a los que actúan en su bando, siempre que estén en patota, de lo contrario los balazos son por la espalda. Debilitando los movimientos enfrentádolos a sí mismos, acusando de infiltrados a los disidentes, atornillando al reves de los procesos que los superan. Llamando inopornamente o a la calma o a la histeria; que los procesos tienen otro tiempo, que las leyes de la historia, que la cacha de la espá y la pata de la guagua. Qué es muy pronto, que es muy tarde, ellos, los que tienen la bola de cristal, los del chaleco con más nudos. Los he visto pelar y recontrapelar a todo aquel que dé argumentos y no ocupe los canales oficiales de obsecuencia y dogmatismo.
Los he visto votar por Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet. Si vivo un año más los volveré a ver votar por Frei, y quizá por Ominami aunque hoy lo denosten en público y en privado. Pues sus adversarios son además enemigos, vendepatrias, chivatos, agentes yanquis, burgueses... pero se sientan junto a ellos si hay brasero y azucar en la calabaza.
Es dificil decir "soy de izquierda" en estas condiciones, en esta generalizada abdicación, inmerso en la afiebrada retórica del fracaso travestido en triunfo. Es dificil abrigarse con tan delgadas prendas. Arrimarse a una idea, en forma crítica, consciente, obstante el flaco favor que hacen a dichas ideas los que dicen defenderlas con fervor. Dificil defender la libertad en organizaciones ciegas, sordas y mudas, compartimentadas, jerarquizadas y no deliberantes.
A pesar de ello no me veran disparar a mis hermanos, aunque seguramente algún día caiga hacia el frente fulminado como tantos otros abatidos por sus ideas y sus camaradas, acompañados por las moscas y los gusanos en la soledad de la muerte. Me abrazo a mis ideas y a mis sentimientos con la fidelidad que le profeso a mis amores, con la devoción que me entrego a mi primer amor, con la vitalidad del primer día.
Leer la Segunda Parte.
Liceo de Aplicación.
Crónica de un Cierre Anunciado.
Por Ariel Zúñiga.
El lunes ocho de septiembre de dos mil ocho han quedado oficialmente clausurados los centenarios edificios del liceo de aplicación. La decisión sólo se había aplazado por tecnicísmos puesto que la imagen de los alumnos heridos por el colapso de una loza ya era suficiente argumento para tomar medidas al respecto. El tema central consistía en superar la crisis, navegar a favor del viento y la marea hacia donde sea, pero conservando intacta la tripulación y la jerarquía. Tal cual ha hecho a la perfección la concertación en los últimos veinte años las crisis son los mejores momentos para sacar ventajas, tan cierto es esto que en algunos temas han producido crisis artificiales para avocarse a la tarea de solucionarlas: Seguridad ciudadana.
El liceo de aplicación se cae a pedazos hace el mismo tiempo que gobierna la actual alianza política, sus baños hace muchos años compiten en insalubridad con los del óvalo de la penitenciaría, sus pasillos en el segundo piso se sostienen inclinados producto de un milagro similar al de la torre de Pisa. Por lo tanto no se está tomando una medida que intenta solucionar un problema pues este ya existía hace bastante, sino que utilizar la emergencia comunicacional para cumplir otros fines.
El gobierno, o más bien ningún gobierno, soporta o soportaría un liceo emplazado en pleno centro de santiago, defendido por murallas inexpugnables, y capaz de producir los más aguerridos dirigentes y activistas estudiantiles. Los hermanos Vergara Toledo, que año a año motivan la conmemoración del día del joven combatiente pasaron por sus aulas y esa semilla de rebeldía sigue dando fruto hasta entonces donde aún los murales se re pintan, como en las paredes de la Av. Cinco de Abril, y donde pese a la maleza crecida al alero de la Jota y otras tantas instituciones dedicadas a envenenar la mente, siguen verdes los nuevos brotes de utopía.
El aplicación más que ser un liceo es una fortaleza emplazada en territorio enemigo en donde se crea y recrea año a año la lucha contra las injusticias; es la universidad de los que no podrán acceder a ella por sus aranceles y por lo tanto muchos dejan su alma en cada grito y marcha.
Sacar al liceo de su ubicación, contaminar su tierra para envenenar las raíces y evitar nuevas primaveras es un regalo caído del cielo para el gobierno, es una continuación de la política de la Oficina de Belisario Velasco, la des movilización completa de la sociedad para asentar la dominación absoluta y sin cuestión del capital.
De paso fustigan al actual alcalde, miembro de la coalición opositora, y exhiben a la progresía populista y buena onda de las Toha y los Navarro.
El gobierno se saca la muela del juicio aprovechando el impulso que le ha dado la propia organización y lucha de los aplicacionistas. Su objetivo es aniquilar la eduación pública y si dejamos que todo les salga bien este año lo habrán conseguido.
Coptación para el Instituto y aniquilación para el Aplicación, esa es la consigna. Prometerles el oro y el moro a unos para que abandonen la lucha colectiva y destruir a los que se niegan a tranzar sus valores.
Es preciso organizar a todos los liceos de peso, a todos aquellos que aún agonizan pese a estar desahuciados, para establecerse como una muralla que impida el avance fratricida de las políticas educacionales. En Chile al menos cien establecimientos están en situaciones similares de infraestructura ¿Vamos a cerrarlos todos?
Se ha dejado sin educación a los alumnos de cuarto medio contra la letra expresa de la Constitución, se los condena a dar una prueba de selección universitaria sin dotarlos de las herramientas mínimas. Se hace pagar a los justos por los pecadores ¿Dejaremos esto así? ¿Nos entregaremos a la farra dieciochera y dejaremos a la deriva a los frutos más dulces de nuestra patria?
Antes de Ley General de Educación se requiere una ley urgente que subsane los obvios problemas de infraestructura de todos los liceos. Una vez construidos los edificios se verá quien y cómo los administran. El pinguinazo estalló por un liceo que se inundaba y el gobierno sólo ha dado palabras vacías, promesas de drogadicto y fonolas. Los cabros no pidieron edificios nuevos ni lujos sino que lucharon para hacer la historia, para re construirla. Hoy esos mismos déficit amenazan su supervivencia política, es el momento de actuar antes pasen una aplanadora.
Con la excusa del monumento histórico fomentan la ruina, con la ruina el desalojo, con el desalojo la dispersión, con ello la aniquilación institucional y después de eso la implícita amenaza al Amunategui, al liceo cuatro de niñas, al Barros Borgoño, al Valentín Letelier de hacer lo mismo bajo la excusa de ayudarlos. Mientras licitan los valiosos terrenos de Cumming para que sobre el cadáver tibio se instale una universidad privada que prohíba los centros de alumnos y el ingreso de todo aquel que huela a liceo público, en tanto se comprometa a conservar las fachadas del edificio.
La Cuestión de los Liceos Emblemáticos.
Cuando a principios de los años noventa el ministro de educación de la época, Ricardo Lagos Escobar, presento el proyecto MECE y MECE Media (Mejoramiento de la Calidad de la Educación) un pequeño grupo de alumnos del liceo de Aplicacion nos organizamos básicamente en torno a su repudio. El pequeño grupo creció estableciendo alianzas con los liceos del centro de la capital en los cuales se distribuía un modesto panfleto firmado como “Estudiantes Democráticos”. Era difícil explicar en ese tiempo porqué discrepábamos con el proyecto estrella de uno de los ministros mas populares de los primeros años; el tiempo nos ha dado la razón y resulta sencillo recurrir al lugar común que se trató de una de las tantas políticas mediaticas del ex presidente carentes de objetivos concretos y que además la historia es elocuente en demostrar que fue un cabal fracaso. Pero las razones profundas de las criticas siguen sumergidas puesto que a principios de los noventa era imposible explicar que para subsanar la aberrante desigualdad era preciso estatuir políticas desiguales a corto y mediano plazo; la respuesta de los dogmáticos liberales fue que la educación publica debía mejorarse toda y al mismo tiempo eso significó que fracasara completamente arrastrando en la rodada a los liceos públicos emblemáticos de todo el país y principalmente los del centro de Santiago.
El resultado de la catástrofe ha sido la detención de la movilidad social puesto que los liceos públicos de excelencia permitían el ascenso meritocratico. Aunque alguien proviniera de un colegio emplazado en un barrio pobre podía aspirar a esforzarse y acceder a un liceo emblemático y con ello a una nueva vida. El programa MECE bajo el pretexto de comprarle un pizarron al liceo AX 330 de Trovolhue se los quito al liceo Amunategui, el resultado es que el de Trovolhue sigue donde mismo pero el Amunategui ha descendido al nivel del primero.
No me caben dudas que los alumnos del liceo de Aplicación sabrán luchar por los objetivos urgentes (Que no se los divida y que no se traslade al liceo del centro de Santiago) y por los mediatos (Que se construya una infraestructura adecuada para hacer viable un proyecto académico de excelencia) pero serán precisas muchas asambleas y muchas luchas para comprender que lo que se debe hacer es utilizar esta crisis para unificar a los liceos emblemáticos en torno a un proyecto común de excelencia.
Los objetivos de todos los estudiantes secundarios son los mismos y son complementarios pero los de los liceos emblemáticos son especificos de ellos. En el centro de Santiago, por ejemplo, se debe exigir que se dote a los liceos de histórica excelencia de la infraestructura que disponen los colegios particulares en donde estudia la elite ¿Para que? para revertir a corto y mediano plazo el estancamiento social que permite que nuestras autoridades actúen en connivencia y completamente enajenados de los que deben soportar sus decisiones.
Gimnasios, laboratorios, comedores, infraestructura informática de primer nivel, laboratorios de idiomas, bibliotecas, subsidios familiares, etc. Todo lo que tienen los liceos secundarios de Finlandia, destinados a los pobres estudiosos, que sudan la gota, que se la juegan. Todos esto en espera a que la misma medida se generalice a todo el país.
Comencemos con cincuenta liceos en todo el pais y con unas trescientas escuelas básicas. Esa es una reivindicación concreta, urgente, inobjetable. Si seguimos demorándolo, desperdiciando a los buenos alumnos que ya tenemos, la inmovilidad social lo destruirá todo a la primera crisis generalizada puesto que entre las elites y los pobres existirá una brecha económica y cultural tan extendida que no posibilitara ni el dialogo ni la legitimidad.
La forma de custodiar que todos accedan a una educación de calidad consiste en permitir que todos puedan adquirir las herramientas básicas para desempeñarse competentemente en el mundo de hoy, pero solamente unos pocos pueden llegar a la alta cultura, a la ciencia, a la docencia universitaria. Debe haber posibilidades para todos pero el profundo déficit cultural del país, refrendado en cada medición nacional o internacional, debe revertirse reforzando aquellas instituciones que lo han hecho bien a pesar del escenario desfavorable en que han debido lidiar.
El liceo de Aplicación al Descubierto.
Los liceos "emblemáticos" y la lucha por una educación de calidad.
Por Ariel Zúñiga
"Aquí pasamos riendo la vida, nuestros estudios amenos son,
la augusta ciencia guarda escondida siempre una parte de entretención"
Himno del Liceo de Aplicación.
Mejor que planificada resultó la manifestación de los alumnos del liceo de aplicación ubicado en el centro de Santiago. Su reivindicación puntual eran los consabidos problemas de infraestructura soportados estoicamente por todos quienes hemos estudiado allí. La vida y su humor negro permitió que la loza, que oficia de pasillo de entrada a la rectoría, colapsara ante el peso de los manifestantes y que la elocuencia de los hechos desplazara cualquier otro argumento.
Hace pocos días protestas similares en el instituto nacional derivaron en un programa de reparación sin precedentes. Es bueno que un liceo fiscal sea bien tratado por la autoridad pero es muy malo que de paso se postergue, una vez más, y se silencie la situación de todos los otros.
Quien haya estudiado en el centro de Santiago sabe que existen liceos de primera y segunda. Los de primera son el instituto, el liceo uno de niñas y el internado nacional Barros Arana; todos los demás son de "segunda". Cuando milagrosamente aparecen recursos ellos llegan a los de primera premiándolos por sus resultados pero esos se obtienen gracias al dinero invertido. En un círculo vicioso en que se le quita la comida a los más pobres para alimentar a los menos pobres.
Tengo entendido que los últimos arreglos cosméticos realizados en el aplicación datan de su centenario (1991), los recuerdo pues estudiaba allí y todos debimos soportar las privaciones ocasionadas por las faenas. Pero no fue más que oleo y yeso, con el tiempo da para pensar que la centenaria estructura se sostiene gracias a las capas de pintura color puré de papas y el cariño de la comunidad educativa.
Hace a penas 17 años el aplicación se encontraba en el marginal y decadente santiago poniente, hoy en el corazón del barrio universitario y bohemio requerido por los especuladores inmobiliarios. Sin ruborizarse el SEREMI propuso que se "trasladara el liceo a otra ubicación" como si quedara otra razón para enorgullecerse del centenario establecimiento que su estratégico emplazamiento.
El Aplicación ha sido el bastión de la lucha secundaria y en dictadura dio lecciones, tal cual lo hizo hasta a penas dos años atrás, de organización política y lucha callejera. El edificio es monumento nacional y pese a su deteriorada estampa ha servido de fortaleza para mil movilizaciones resistiendo como ninguna otra los intentos de desalojo.
Trasladar el liceo, demolerlo, o cualquier otra idea peregrina y tecnócrata es aniquilar de una vez por todas la voz lúcida de los inconformistas, de los que luchan hasta el final, de los pobres que se unen para inflar el pecho y vociferar su dignidad frente a todos los patrones que intentan aplastarlos.
En sus muros está la historia, y en sus pasillos hay más luchas que todas las que puedan coleccionar las oligarcas universidades o los niños bien peinados del instituto nacional. Mis antecesores votaron a Federici, tenían en vilo a Pinochet, nosotros le pintamos las canas a Lagos cuando era ministro de educación y los actuales aplicacionistas inflamaron la pira de la revolución pingüina cuando todos volvían a sus casas.
Defender al aplicación es preservar la ínfima dignidad que nos va quedando después de 35 años de uniformes militares y trajes italianos de nuestros “progresistas” opresores de turno.
Digamos NO esta vez, pero gritando, y todos juntos. No dejemos una vez más solos a los canarios poniéndole el pecho a las balas. No es un problema de una loza ni de un túnel, ni de los ratones, de la cocina insalubre, los chinches, los amagos de incendio, los baños en condiciones peores a las de los recintos carcelarios; la cuestión fundamental es la cantidad de años que nos vienen tratando de imbéciles, condenando a los lúcidos adolescentes de hoy al fracaso y la frustración con la cual nos vienen castigando hace mucho tiempo.
La crisis provocada por el colapso de una loza se está ocupando por el gobierno para hacer lo que Naomi Klein ha denominado “Capitalismo de Shock”: Se disgregan los alumnos del Aplicación, se rompe su histórica unidad docentes-estudiantes-apoderados, se los traslada a un lugar en donde sean inofensivos y si fuera poco venden el liceo al primero que les lleve un maletín con dólares a sus oficinas.
Esta crisis también es nuestra oportunidad para organizarnos y luchar, desde lo local que es el liceo a lo nacional hay un paso pero si rompemos la unidad nuestro querido liceo pasará a la historia desde el minuto que dejemos que por primera vez se lo desaloje con la excusa de repararlo.
No aceptemos migajas ni mesas de diálogo. Aunque no sea la fecha correcta, no esperemos a los representantes del "pueblo" puesto que a ellos no les importemos un bledo. No dejemos que se levante la loza en hormigón reforzado y que con ello intenten cegar la miseria de la educación pública que ha quedado al descubierto.
Compañeros Aplicacionistas, los de hoy y siempre:
L de A
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