viernes, 9 de abril de 2010

Respuestas Urgentes e Importantes II.

A Christian Matke.

Por Ariel Zúñiga Nuñez


Me manifiesto escéptico al fatalismo, corolario de cierto determinismo, que Christian defiende. Aunque parece que sólo lo hace con un afán retórico, pues, al mismo tiempo, defiende la voluntad creadora del hombre, y en específico de la izquierda, como vehículo hacia la utopía, o como freno de la distopía. Era de los que pensaba a las crisis como "oportunidades" de poda de población excedente pero cada vez me seduce más la idea de que este mundo, en que nadie posee ni el manual de instrucciones, ni los cuatro ases de la baraja, la historia se hace en parte por la estructura física, química, biológica y cultural; la voluntad (que para el caso es un misterio); y el azar, como humildemente afirmaba Maquiavello. Este último componente, mítico según algunos, también es, para el caso, un misterio.

Por lo tanto el futuro no lo concibo ni como un abismo al cual nos conducimos ciegamente ni a una naturaleza subvertida por la omnipotente inteligencia del hombre, capaz de domeñarla. Mis fichas no están, por lo tanto, ni en el casillero de Jared Diamond ni en el de la cornucopia, ni en lo que afirma Matke. Aunque sí tengo claro que la sobrepoblación mundial se "regulará" de alguna forma y eso permite avizorar genocidios aún mayores que los que hemos conocido y sufrido.
También, y esto es una obviedad, el Estado (el que sea) es una estructura asimétrica e injusta de poder, por lo cual, no me manifiesto en contra de la justicia ni a favor del olvido sino en contra del olvido conveniente de esta obviedad.

Justicia y Estado, son categorías que se repugnan salvo que redefinamos justicia según el discurso del poder.

Por eso es tramposo, no digo que las víctimas lo sean sino que se encuentran entrampadas (y me parece que a eso va Matke), hacer de la política la existencia de una justicia retrospectiva en vez que una prospectiva.

En síntesis, el homenaje a las víctimas no pasa por exhibir cabezas en la pica de sus verdugos, muchos de los cuales ya han muerto o morirán porque somos seres finitos, sino por construir una organización humana en que la justicia sea posible.

Mientras exigimos justicia retrospectiva el Estado sigue devorando víctimas y el rol de la izquierda no es el de instituirse en el santo oficio y estar devolviendo el tormento a los agentes oficiales u oficiosos de la clase dominante. Quién mira atrás, y sólo mira atrás, está incurriendo en un error, asimismo quién exije justicia en la ilusión de que ella es posible en un Estado. A grandes rasgos resulta hipócrita, y políticamente nefasto si se hiciera con ingenuidad, preferir a las víctimas del pasado en vez que las del futuro (muchos incluso son ciegos a las víctimas del presente, como la ex presidenta Bachelet)




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miércoles, 7 de abril de 2010

Respuestas Urgentes e Importantes.


Escritas dentro de la trinchera.

Por Ariel Zúñiga Nuñez


Tampoco tiene derecho a escribir el que no está dispuesto a defender con su vida su opinión. Escribir es actuar, y en un escritor que tiene su público, hasta el hecho de no escribir en determinadas circunstancias es también una manera de tomar partido. Poco valen todas las triquiñuelas con que intente después justificarse o disculparse. Por solidaridad en el trabajo social, el hombre que ha estado en condiciones de formarse una cultura, debe a los otros su opinión y su ejemplo.”

Anibal Ponce, Erasmo.


La Contrarreforma Procesal Penal.

Raúl, en cuanto al estilo, es lógico que no sea el más depurado debido a que me demoro en escribir un artículo casi lo mismo que los lectores en comprenderlo. Debería tomarme más tiempo para escribir, y en especial para corregir, pero sucede que para mí la literatura no es un modo refinado, alambicado, de producir deleite en los lectores sino que de compartir ideas. No poseo, en algunos casos, la opción de escribir o no, pues el no hablar es aceptar el discurso vigente que se impone mediante el refuerzo de falsos positivos o con el silenciamiento de todo aquello que afecte el statu quo. Callar sería dar una opinión, tu me invitaste a escribir una ponencia en la udipé, para ser escuchado por tres o cuatro pelagatos a los cuales jamás influiré con mi pensamiento (y que poco me importa lo que pase por sus cabezas). El trabajo de mi blog es pensamiento escupido, quizá algún día las aguas se sosieguen y den tiempo para sentarse a escribir al borde de una chimenea y tapado con un charlón. Como lo dije hace un tiempo, la mía es escritura en la trinchera.

En cuanto al fondo, te citaré a Bourdieu, (no por pedantería sino porque en este caso aplica medio a medio) “Sin embargo, para conseguir este efecto de legitimación hay que pagar un precio, y los juristas son de algún modo las primeras víctimas de su propia creación jurídica. Tal es el sentido de la illusio: sólo hacen creer porque ellos mismos creen. Si contribuyen a la influencia del derecho es porque ellos mismos han caído en la trampa, en particular al final de todo el trabajo de adquisición de la creencia específica en el valor de la cultura jurídica, trabajo que es extraordinariamente importante para comprender el efecto que va a ejercer el derecho no solamente sobre los justiciables sino también sobre quienes ejercen este efecto. ” Los juristas, guardianes de la hipocresía colectiva.

En tal sentido el ejercicio profesional sólo puede reafirmar aquellas metaexplicaciones que permiten ingresar a una escuela de derecho y tolerar su instrucción (pues las escuelas de derecho, al igual que las academias militares, no basan su modelo de educativo en la transmisión de conocimientos sino que en la imposición de un modo de vida, de un modo de ver la vida, de ser apto, como lo dice Bourdieu “dentro del campo jurídico”.

Es por ello que en vez que ver la historicidad del derecho y de la criminalización sólo te concentras en la historicidad de las izquierdas y derechas, al asumir a la legalidad como ontológica se refleja del mismo modo.

Es obvio, las izquierdas y derechas están compuestas por seres humanos y no son categorías trascendentes que valgan más allá de ellos, su historia social e individual (personalidad). Si es así, la izquierda puede cargar como un pesado lastre las categorías que nos hace “espontáneamente” reaccionar (pues tal respuesta es construida socialmente) ante los “malos”, y antes de ello, definirlos como tales. Comprender y actuar coherentemente ante la relatividad cultural y la relatividad del delito es algo que nos exige demasiado, y yo veo en la izquierda ese polo de desarrollo, de humanos que no se conforman con ser lo que son sino que aspiran a la superación constante.

Entender al derecho es prioritario, no entenderlo desde el derecho pues es superfluo o desde la sociología que no es más que otro campo, que actúa alienado, dedicado a sus propios asuntos. Comprender que tras la toga se encuentra la espada y que los “buenos” y “malos” se definen a placer por quienes dominan el juego, debido al oro que alimenta la espada o debido a la espada que exige para sí el oro.

La transversalidad de la cohonestación de la criminalización, la plasticidad de la retórica dedicada a ese fin, impide ver como los rótulos de “bueno” y “malo” equivalen al mascador de chicle en Indonesia, al fumador de mariguana de Chile o al blogero cubano. Puedo aceptar si me dices que en Chile existen, con o sin contrarreforma procesal penal, “delincuentes”, pero lo que no se puede desconocer es el impacto que ella ha producido. En veinte años Chile escaló del promedio latinoamericano en encarcelamiento al primer lugar, en donde triplica el promedio regional SIN QUE HAYA AUMENTADO EL ÍNDICE DE HOMICIDIOS que es comparable a los países más pacíficos del mundo como Suiza y Luxemburgo.

La dialéctica es metafísica.

La dialéctica no estaría liberada de reproche si aceptara sumisamente que es una metafísica y nada más. Su salto al vacío comienza cuando pretende exhibirse ante los incautos como un sistema lógico capaz de vincular metafísica y ciencia de modo armónico y definitivo, esto no es más que subsumir la ciencia en la metafísica, y peor, la luz en el oscurantismo. La ciencia no se deduce de nuestra comprensión de la totalidad, es más, no existe nada más dinámico. Los últimos 500 años son testimonio de ello, del vertiginoso mutar de la “totalidad” mientras el 99,9% del acervo científico se conserva estable. Cuando aplicamos la dialéctica a la historia, aún en su faz más inofensiva, suavemente heraclitanea, “el río que vemos nunca es el mismo”, asumimos sin más que el río existe de modo trascendente, es lo estable, el punto sólido desde el cual comprender al hombre, pues este conserva su cauce y fluye hacia el mar aunque el agua sea otra. Dicho de otro modo, la falsa solución de la dialéctica a la cuestión del cambio (algo tan obvio que quizá ni siquiera requiera de una fundamentación metafísica) no hace más que afirmar lo contrario, que el mundo, en lo fundamental, no cambia, pues se conserva su estructura. ¿Qué ofensa más grande el desden absoluto a la ciencia que nos abriga, nos cobija y nos alimenta? Si todo tuviese un orden previo Kojève tiene razón, por ende también Fukuyama, y si alguien se le ocurre que el fin de la historia será la llegada de los extraterrestres o el regreso de cristo también tendrá razón, razón dialéctica obviamente. Pues, como afirma Beltrand Russell “si asumimos como cierto el pensamiento de Hegel tendremos que aceptar también que Dios existe y que él le pidió consejo para crear el mundo”. Si la ciencia cada día descubre nuestras interrogantes, robando un bocado de saber a un universo de ignorancia (la que es casi inconmensurable) no deja de ser pretencioso, por decir lo menos, postular que ya conocemos la estructura de todo, el comienzo y el final de la historia, y que cada paso que da la ciencia estaba escrito de antemano.

Es más, las consecuencias políticas de esta metafísica arribista, incapaz de asumirse de tal, y de incluso de un mero misticismo, son todo lo contrario a lo que sus defensores marxistas postulan, o dicen postular, no existe cuerpo de conocimiento más conservador y que limite con más fuerzas los cambios sociales que la creencia que el mundo tiene una historia que trasciende a la voluntad colectiva de la humanidad.

Cuando afirmo que la izquierda debe retornar a sus bases humanistas e ilustradas lo que postulo es, precisamente, extirpar el cáncer, y la metástasis, del pensamiento (o antipensamiento) romántico, en especial el hegeliano, imbricado en el marxismo, y lo siento mucho, en todos los marxismos existentes y posibles.

Contrarreforma Procesal Penal II.

Mauricio Villalon: Respecto a la reforma: la izquierda estaba ocupada pensando que hacer para "romper el binominal". Y la derecha cuando ve que se va quedando abajo de algo, no le cuesta mucho incorporar, o hacer suyo, aquello que se le arranca. Sea por la buena o mas usualmente por la mala. Entonces, como construir y hacer llegar una teoría (o al menos un discurso) a un pueblo y lumpen, que compita con la labia sabionda que encandila en televisión y su respectivo clientelismo.

No obstante, aquello que llamas "uso criminalizador de los DDHH" me parece un poquillo delirante. No existe un vínculo directo y absoluto entre "izquierda" y abogados de ddhh. Además de los comunmente entrevistados por la prensa y uno que otro polilla, hay muchos abogados de ddhh que desde los noventa (e incluso antes algunos) vienen haciendo un trabajo silencioso, laborioso y profesional. En ningún caso refractario a los principios del nuevo proceso. Que se hayan restado de los quehaceres del diseño y su implementacion, debió ser algo natural pues nunca hubo un bufete de DDHH, al menos que yo sepa. Y pedir algún genio que diera abasto sería exigir demasiado.

Igualmente, te dejo un link. Elogio al Crimen, de Marx.

RE: Mauricio, primeramente, gracias por el texto. En segundo lugar cuando me refiero al uso “criminalizador de los DDHH” no entiendo a qué te podrías referir por delirante. Del texto se desprende que no estoy especulando libremente del asunto, parto de un hecho constatado, público, notorio e irrebatible: La reforma procesal penal está dominada física y simbólicamente por la derecha, los fundamentos garantistas de la misma fueron extirpados de raíz, hoy sólo se habla de defensa social, “combate a la delincuencia”, el trato a los saqueos en Concepción y a los manifestantes el 29 de marzo hablan por sí mismos. Entonces, mi retrospectiva, errada o no, principia en un punto sólido que no podemos eliminar del análisis. La hipótesis, que ni siquiera lo es pues digo “tal vez sea por...”, también depende de un punto sólido: NO EXISTE NINGÚN TEXTO JURÍDICO PRODUCIDO POR LA IZQUIERDA SOBRE LA REFORMA PROCESAL PENAL. Los únicos son los de VICSO, con toda su improvisación, dispersión, y retardo. Cuando hablo de ser “refractarios” a la reforma me refiero a eso, los liberales trabajaron en la reforma desde el 94 hasta el 2000 (UDP), casi de forma monopólica, la derecha se metió en el 99 aproximadamente, los trabajos de VICSO son entre el 2001-2003 En la misma época “ciudadanía y justicia” desde la socialdemocracia progre produjo textos “más puntudos” que los de la UNICRIM sin tocar con el pétalo de una rosa a la reforma procesal penal y la desnaturalización que fue sufriendo. En igual sentido el CIS (Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana) del INAP de U de Chile con platas del Ministerio del Interior y CONICYT (Hugo Früling, Lucía Dammert, Luis Barros Lezaeta, etc) y FLACSO (A cargo el área de Lucia Dammert al disolverse el CIS). Esto es todo lo que se ha hecho. Ni un manchón en el papel han escrito “los anónimos (y abnegados agregaría) abogados de DDHH”. De que tuvieran que involucrarse en la reforma es por una razón tan conocida como obvia: El “nuevo código”, no es lege ferenda, es ley vigente, y así como ni el más anticuado de los juristas se basa en las siete partidas o en la novísima recopilación, nadie, por más refractario que sea, puede soslayar que el proceso actual es el reformado.

El caso Carmelo Soria, por ejemplo, demuestra que los abogados de DDHH han seguido usando, y son casi los únicos que aún lo han hecho, el “antiguo proceso penal” y como su rol es de querellantes, es decir persecutores privados y dentro de un sistema inquisitivo (lo que es prácticamente ser un verdugo), su trabajo consiste precisamente en atornillar al revés de las garantías procesales liberales, a saber, el induvio pro reo que es incompatible con la imprescriptibilidad prescrita por los convenios de Ginebra.

Los nuevos casos “emblemáticos” se encuentran casi todos radicados en la región de la araucanía y ahí se ha consolidado una nueva generación de abogados de DDHH, casi todos dentro de la defensoría mapuche. Pero en el resto del país no sólo escasean abogados interesados en llevar esos casos sino que los que posean las competencias mínimas, en especial en el nuevo proceso. Eso explica la virtual indefensión de “margarito”, a quién se le cargaron explosivos en una vivienda ocupa, y los “ocho del salmón” y Asel Luzarraga que fueron estafados, de distintos modos, por sus abogados.

Si existiesen esos abogados superhéroes que me hablas no entiendo cómo los únicos casos emblemáticos no mapuche, esto incluye a los cabros de la academia de humanismo cristiano, no han contado con un equipo jurídico leal y competente al mismo tiempo. Si existiese esa producción “alternativa” de conocimiento jurídico penal no entiendo porqué soy el único que habla de estos asuntos, y lo hago solo, pues no existe nadie desde la izquierda que haya escrito una sílaba al respecto. Es una lástima que este balance si no lo escribo yo y lo publico en mi blog, con todas mis limitaciones, no lo escribe ni publica nadie.

Contrarreforma Procesal III (Comentario en el Ciudadano)

Moisés Scherman: Compartiendo gran parte de esta columna, debo afirmar que claramente el autor no ha leído del Programa de Gobierno de la Izquierda, cuando hace tan infundados juicios al respecto.

RE: Desde luego que los he leído. He escrito muchos artículos al respecto. Los programas de izquierda reiteran un lugar común, tan empíricamente refutado como políticamente nefasto: Hablar de “prevención” del delito mediante la disminución de las injusticias materiales. Es empíricamente falso ya que la delincuencia no disminuyó en la URSS ni la Europa oriental; China, Cuba y Venezuela ostentan unos de los índices más altos de criminalización y victimización. Es políticamente nefasto pues descansa en la ocultación de que es la criminalización la única variante de la criminalidad.

Lo siento Moises, a mi me duele mucho que la izquierda no haya reflexionado sobre el tema y tener que improvisar un artículo al respecto.

Estado ¿Más, menos o ninguno?

Oye, en varias entradas repites la invocación a un "Estado fuerte" como solución a los problemas sociales de este país. ¿Eso quiere decir que consideras el Estado como una entidad neutral, y no como una organización política que garantiza la explotación capitalista de la clase trabajadora? En todo caso, cuando invocas un "Estado fuerte", lo haces en el sentido de Lenin, de Mussolini o de DE Gaulle? ¿O en algún otro sentido que en mi ignorancia no alcanzo a descifrar?
Atte.
Safarov

RE:

Safarov,
En ningún caso considero que el Estado sea neutral, y desde luego que la apelación a un "Estado fuerte" sólo es posible entenderse, en los artículos sobre el terremoto (que es en los únicos en que lo he esbozado) desde un prisma nacionalista y socialdemócrata, es decir, keynesianamente.
Desde luego que eso se opone, quizá para algunos radicalmente, a las tesis que se han defendido en esta bitácora, en ningún caso se trata de un "cambio de linea editorial". En el texto "Un programa débil para la izquierda" defiendo la necesaria interrelación entre un programa de Emancipación (con mayúsculas) que sería la estrategia, y una táctica multidimensional que sea capaz de lidiar en la política concreta, en el mientras tanto. Por ende el Estado fuerte nunca sería neutral sería uno lo más democrático posible y nacionalista. Desde luego que aquí existe una clara diferencia con otros autores antisistémicos que niegan toda validez a hacerse del Estado, y de los marxistas, en especial leninistas, que lo ven como un paso necesario. Yo lo considero un paso posible, aceptable en cuanto provisional, siempre y cuando se lo haga de un modo consiente. Estamos muy, pero muy, pero muy lejos de autogestionar luxemburgistamente la zona devastada. Realizar llamados en tal sentido, desde la tranquilidad de mi bitácora, sería irresponsable y nada que a posteriori realizara podría absolverme.

Ariel Zúñiga Núñez (Azeta Ene) www.violenciaycontrol.blogspot.com



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martes, 30 de marzo de 2010

Veinte Años de Violencia y Control Social en Chile.


El artículo que le faltó al “ciudadano”.

Por Ariel Zúñiga Nuñez


En el periódico “El Ciudadano” del mes de marzo se realizó un balance, en diversos tópicos y por diferentes especialistas, de los veinte años de la concertación. Se trata de un trabajo multidimensional en que cada artículo es una síntesis. Abarca casi la totalidad de la obra de la concertación, por lo que las omisiones son comprensibles en atención a la concisión propia de un medio periodístico.

No obstante, pienso, que la omisión de un balance de las políticas de “justicia”, “seguridad pública”, “seguridad ciudadana”, sistema carcelario, control social formal e informal, o de un modo más preciso y general al mismo tiempo, violencia y control social, ejemplifica de un modo cabal cómo la intelectualidad de izquierda criolla se ha relacionado con esta vital materia.

Al mismo tiempo en que los pobres, que la izquierda dice representar genuinamente, son los únicos golpeados por los sistemas represivos “democráticos”, y que los grupos antisistémicos al proliferar y hacerse fuertes pronto son castigados con un sucedáneo de ese control “legítimo”, normalmente los autores críticos han callado y se han restado de la discusión política, en especial de la técnico jurídica, dejando este asunto a merced de quienes poseen interés en la represión, es decir, aquellos que las policías custodian sus inveterados intereses, los dueños del país, los dueños de los uniformados.

Sin una teoría, a veces sin un discurso propio, la izquierda en este tópico reitera lugares comunes de la crítica liberal que prolifera al alero de las escuelas de derecho en donde se forman los abogados corporativos, o se descalifican, por ejemplo, las propuestas de paz ciudadana, o libertad y desarrollo sin comprender en lo más mínimo qué es lo que está en juego. Para ahorrarse tiempo frente al computador concluyen apresuradamente que todo lo que ocurre en Chile es producto de la profundización del “modelo neoliberal”, lo que en último caso, si se trata de un pensador de prestigio, contendrá una frase de Naomi Klein para vestir de seriedad a esta neo entelequia.

A contrapelo de los analistas de “el ciudadano”, que ven en cada materia una responsabilidad exclusiva de la elite dominante, pienso que el estado calamitoso en que se encuentra esta faceta del Estado para la izquierda es en gran medida adjudicable a nuestra incapacidad de construir una teoría que permita apropiarse de la acción política de la derecha y prefigurarla desde dentro, es decir, disputar también en su campo de modo de neutralizarla. Es decir, actuar como la derecha lo ha hecho con la izquierda, apropiándose de sus palabras y del poder de sus símbolos, no como una tarea única sino como parte de una acción multidimensional destinada, al mismo tiempo, construir poder, contener el del adversario y neutralizar al enemigo.

La izquierda se ha dedicado a sus “propios asuntos”, esa es la razón por la que en “el ciudadano” la “justicia” es solamente las violaciones a los DDHH de la dictadura y su impunidad, y los actos más aberrantes de represión en democracia. El silencio respecto a cómo el nuevo sistema procesal penal ha producido una justicia de clases aún más desenfadada que la que denunciaba Eduardo Novoa Monrreal en 1971, nos hace cómplices de lo sucedido. La izquierda dice no poseer velas en este entierro lo que da para pensar que quizá comparta la doctrina Chahuán, Harboe, Rosende o Ubilla, y que firmará “en blanco” sus propuestas siempre y cuando se deje a los mapuche y okupas en paz. Los “delincuentes” son enemigos de todo ciudadano “decente”, sea de izquierda o de derecha.

Lo que no comprenden es que el modo en que los gobiernos reprimen a la disidencia política es una réplica del que se usa en contra de la criminalidad común, es más, el aumento de la represión política del estado chileno en la última década se explica por sí mismo por el cambio en el sistema de persecución contra los lanzas, microtraficantes o monrreros.

Tales reformas fueron pensadas por la derecha dura a principios de los noventa pero fueron, finalmente, los anónimos académicos liberales de las escuelas de derecho, quienes finalmente aprovecharon la coyuntura y se anticiparon, redactando un código de procedimiento penal tan respetuoso de las garantías procesales como antipopular. Si hoy realizáramos una asamblea constituyente sin lugar a dudas las normas rectoras en materia de represión penal serían aún más duras que las actuales porque nuestra sociedad es profundamente autoritaria por lo que el nuevo proceso penal tuvo que ser impuesto, mediante el autoritarismo academicista, en provecho de una sociedad incapaz de valorar su aporte.

Y, desde luego, la izquierda en este punto actuó fiel al común autoritarismo de la sociedad, y a su endémica ceguera. Quizá el rol paradojal que habían ejercido durante los noventa los abogados de DDHH, que en vez que defender a las víctimas de la represión estaban dedicados a encarcelar a los victimarios, aquello que he denominado un uso “criminalizador de los DDHH”, los mantuvo ajenos, e incluso refractarios, a los principios del nuevo proceso restándose a las discusiones tanto en su “diseño” como en su “implementación”.

Sin embargo la derecha, marginada desde el comienzo del proceso por los anónimos, e ingenuos, académicos liberales, pronto comprendió su error y se incorporó a la reforma. Ya no detendría lo inevitable como en algún momento quiso sirviéndose para tal fin de los carabineros y del poder judicial, sino que intervendría la reforma desde dentro, haciéndola suya.

Es así como uno de los tantos histéricos detractores de la reforma procesal penal, Guillermo Piedrabuena Richards, se transformó en la autoridad más importante de su vigencia e implementación, el Fiscal Nacional. Su rol desde el comienzo, y sistemáticamente por ocho años, fue destruir cada uno de los principios liberales en que se fundaba el nuevo código dejando subsistente en la práctica tan sólo las normas que permiten que sea un sistema de represión más eficiente, pero no desde el utilitarismo de sus redactores sino que desde un autoritarismo patronal, un gremialismo propio de los mercaderes que nos gobiernan soterradamente en la concertación y explícitamente con Piñera.

Para los redactores del código importaba más que la “verdad procesal” la resolución de conflictos y por lo mismo en vez que perseguir a los delincuentes de poca monta se privilegiaría los casos graves. Hoy resulta que se persigue a los “pasturrientos” mientras que los delitos graves quedan en la impunidad mientras la televisión no les dé cobertura. Cuando esto último ocurre, el sistema inicia una captura de culpables “a la medida” con total prescindencia de los principios garantistas que inspiraron la reforma. El nuevo sistema es más “eficiente” que el anterior en cuanto a encarcelar personas, pero es altamente costoso y su “seguridad jurídica” es cuestionable. Un poco de rigor en el análisis nos debe llevar a concluir que el nuevo proceso penal en sus diez años de implementación está colapsado, cuesta decenas de veces más que el anterior, y ha fracasado en todos y cada uno de sus fines declarados.

Piedrabuena intervino la reforma y en vez que “cambiarlo todo para que nada cambiara”, a lo Aylwin, cambió todo para que cambiara el sistema de represión en beneficio de la elite dominante. En vez que contener las trasformaciones, al más puro estilo “reaccionario”, se imbricó en el cambio, lo comandó, y navegó el buque de la reforma a un puerto aún más seguro para los patrones. Para que su obra “revolucionaria” no quedara truncada se preocupó de instalar a Sabas Chaguán para que continuara su cometido.

Y la izquierda que se había restado en el diseño, e inclusive había “reaccionado”, tan histérica y majaderamente como la derecha más dura, al nuevo código, siguió abajo de la reforma durante toda su implementación sin una teoría, qué digo, sin siquiera un discurso que permitiese algún reparo ante la escandalosa refundación autoritaria del país. Aquí si que era imperioso un acuerdo con los “sectores más avanzados de la burguesía”, pues la academia liberal era quién había parido este engendro antes que lo adoptara el lado oscuro de la fuerza. La izquierda pudo fortalecer este mancillado bastión y tironear al bebé para que no lo arrebataran de las manos de sus padres biológicos, pero, incapaz de comprender el país en que vive, el mundo que lo circunda, y el ser humano que lo puebla, siguió dedicada en forma exclusiva y excluyente a asuntos de “mayor importancia”.

Las voces de la izquierda, cada vez más numerosas y estridentes, que denuncian el clima de violencia represiva, unilateral e insufrible, que padecemos, recién comenzaron a escucharse hace un par de años cuando el bebé “reforma procesal penal” ya había crecido y transformado en un monstruo que se alimenta de los más débiles y de todos quienes disienten.

Chile es tercer el país con más presos por habitante en toda América y el décimo en el mundo. El único estado que se dice democrático y está en esta nefasta nómina, a parte de Chile, es Estados Unidos.

Pero esta situación es apenas advertida debido a que la separación simbólica, impuesta desde arriba desenfadadamente, entre pobres “buenos” (honrados y trabajadores), y pobres “malos”, (mendigos, rotos, malentretenidos, flaites, etc), es transversal en la población y de ello no se libra ni la izquierda. Es más, gran parte de ella sigue atada a un discurso que refuerza tal ideología, la que incluso es más autoritaria que la misma empleada por los medios de derecha: La separación entre proletariado y lumpen proletariado. (A quién le quepan dudas que por favor lea lo que se escribió los días inmediatamente posteriores al terremoto, mientras la derecha pedía toque de queda y palos a mansalva algunos izquierdistas exigían hasta el “paredón” para aquellos que cometían actos de pillaje diversos al aprovisionamiento de productos básicos.)

Piñera se deleita con el festín que le ha servido la concertación, puede darse el lujo inclusive de darse por triunfador de la “guerra en contra de la delincuencia”. Sus declaraciones de hoy, posteriores al “día del joven combatiente”, son coherentes con esta hipótesis, defendida hace meses respecto de un eventual gobierno de la alianza por Chile y hace casi diez años en relación con el insostenible, comunicacionalmente hablando, fracaso de la “mano dura”. Cada cierto tiempo se debe decir que la “delincuencia” ha sido derrotada puesto que de lo contrario el gobierno se exhibiría como ineficiente. Pero, cuidado, eso no significa que se afloje la mano.

Así como se inventó mediáticamente, contra toda evidencia empírica, que la delincuencia había aumentado para justificar la represión en democracia, sólo basta, como dice Antonio Carlos Jobim, desinventarla.

Para ello se quiere apagar con agua, y no con bencina como lo hizo la concertación en los últimos años, el conflicto mapuche y todos los casos bomba-anarquistas: “los ocho del Salmón”, “Asel Luzarraga”, y las bombacicletas. Aunque se siga condenando a algunos por estos cargos, la prensa los exhibirá como situaciones aisladas, tal cual hoy se ha cubierto la conmemoración del día del joven combatiente. El objetivo es invisibilizarlos para demostrar la eficiencia de Piñera en estas materias tal cual la hiper represión de la concertación la mostraba impotente y superada por estos actos.

No faltará quien me diga que se trata de un delirio de mi parte pues los tribunales son independientes, el ministerio público es un órgano autónomo, la prensa es libre, y las policías ni siquiera dependen jerárquicamente del gobierno por las particularidades de la constitución Lagos-Pinochet. A quién lo haga lo invitaría a caminar un largo tour, por Pudahuel, la Legua, la Bandera, y Pedro Montt, donde están los juzgados del crimen, para que viera la vida “tal como es”.



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viernes, 26 de marzo de 2010

Fachelet y su Cagástrofe, Piñata y su Marepoto.


Cómo no coincidir con Armando Uribe cuando afirma que nuestros últimos presidentes han estado muy lejos de la excelencia, intelectual y moralmente hablando, e incluso algunas veces se ha llegado a la "excelencia en la mediocridad".
Después de escuchar a Bachelet tartamudear hasta su nombre, Sebastián Ta tan, llamado así por su compulsión al hip hop, se anotó el hit del momento, el marepoto.
A mediodía del día 27 de febrero, con medio país en el suelo y sin TV, Bachelet habló de "Cagástrofe".
Posiblemente se trate de genios que parecen tontos pero sus acciones demuestran que el lenguaje oral en estos casos no es tan sólo una apariencia.


Vea el Reggaeton del Marepoto:



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martes, 16 de marzo de 2010

Amanecer Intergeneracional.


A 56 Kbps.

Por Ariel Zúñiga Núñez


Cinco de la mañana, mediados de Julio, en la habitación sin aislación térmica la temperatura es de medio grado bajo cero. Hace dieciocho horas que logré armar una computadora para corregir las transcripciones que me encargaron y no me he levantado de esta silla ni para mear. Trabajé incesantemente por tres meses con una vieja 286 prestada, utilizando el programa edit del microsoft D.O.S, sin corrector de textos. Toda la información en un precario disco blando de 1.44 megas que falla al ingresarlo al nuevo aparato (Un pentium I 133, con 32 de ram) por el cual pagué el adelanto por esta pega, sin quedarme ni con una luca para comprar parafina. Reparo el disco con el scandisk, recupero el texto como archivo perdido en el word, realizo las transcripciones que faltan y corrijo las anteriores, una proeza, tres meses de trabajo de un disléxico sin corrector ortográfico.

Me cuelgo en la linea telefónica, sé que es mi única oportunidad para entregar el texto antes de las nueve, el moderno modem de 56 kbps dejará por mí en el escritorio de quién corresponda el resultado de esta faena de esclavo de la nueva era. Me privará de ver más caras de las que ya he visto, de contener las ganas de escupirlos o decirles lo que pienso, no sé qué es peor.

Mi espalda se estremece por el frío, siento un dolor en mis axilas como si fuesen mis testículos y alguien los hubiese pateado. Concentro casi toda mi energía en enmendar los errores absurdos de tecleo pues mis manos tiritan, y los guantes cortados en las puntas de los dedos me hacen doblemente torpe.

Mi estómago aulla, preciso de un trozo de pan amasado, algo de pichanga, un vaso de vino tinto, del calor de aquella mujer que me quiere tanto, que se ha pegado a mi vida como un chicle en el pelo. De la que aún no me aburro que no me quiera o que me quiera tanto ¿quién podría notar la diferencia?. La que urde hilos invisibles con un huso clitoriano para beber mi universo en un plato doméstico.

Aceptar”, “click” y el trabajo ya está en su sitio, ahora queda joder para que me paguen luego y retrasar los cobros, poner caras, cagar a quién sea lo antes posible para estrujar el sudor frío evaporado en este cuarto, del vaho que nubla el monitor de diez pulgadas, blanco y negro. Comer del queso que esconden las ratas, por un tiempo, hasta el cheque, y mientras buscando algo que me permita levantar, ¡“Ariel enderezando su vida” toma diez!

Pero algo pasa, una alerta en la computadora, me acerco al monitor y es una conversación de chat, mi tía Cecilia, la que vive en Australia, la que conocí a los siete años volada como chancho mientras visitaba a un país pintoresco llamado Chile.

  • Ariel, que gusto saber de ti, no he podido comunicarme con mi hermana (...) bla bla bla (...) pero que bueno encontrarte y esta hora, como estas... (bla bla bla) ... es tan raro lo que pasa en Chile ahora hasta soltaron a Pinochet, no entiendo nadie dice nada, qué pasa con los jóvenes, qué hacen ustedes ... (bla bla bla) ... está todo tan cambiado (bla bla bla) en mis tiempos era todo tan diferente ...

  • Sabe tía, las farras de su tiempo y de su generación las estamos pagando nosotros, su amor libre hoy es sexo con latex, los hippies como usted son los que nos explotan, los sueños estúpidos y la frívola forma de entender la política de los de su edad produjo que naciera en dictadura y que ya lleve a cuestas doce años de dictablanda, que la única ley que rija es la de la selva y aún así se la meten en el culo cuando quieren. Si me habla de su generación me es inevitable no recordarle que fracasaron en todas y cada una de sus quimeras, y que el mundo hasta hoy resiste una insoportable resaca a cuenta de ustedes. De legado hemos recibido cenizas, ahora le corto pues aquí en Chile la internet no es libre ni gratis, hasta luego.




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domingo, 14 de marzo de 2010

Sobre el terremoto y los efectos percibidos.

Despacho de nuestro corresponsal en Chivilingo.

Por Cristobal Cornejo desde la zona del desastre




Chivilingo es un villorrio costero en el que no viven más de treinta personas durante el año. Es conocido sólo porque en medio del cerro y bosque se construyó a mediados del siglo XIX la primera central hidroeléctrica de Sudamérica para proveer de energía a las minas de los Cousiño. Está ubicado aproximadamente a 2 kms de Laraquete (hacia el sur) y a 7 de Lota (hacia el norte).

A este lugar llegamos mi compañera, Tania, y yo la tarde del día 28 de febrero tras un tenso viaje desde el sector libre “El Boldo” del lago Lanalhue (a 40 kms de Cañete y 120 de Concepción aprox), para comprobar en carne propia la suerte que sus padres habían corrido con el terremoto del día anterior. Ellos, ya sesentones, tienen una casa a no más de 100 metros del mar. Y no son los únicos; más de una veintena de casas se extienden entre la Rinconada norte y sur.

Este hecho nos preocupaba de sobremanera, conocidos los efectos del terremoto y maremoto en la zona del golfo de Arauco, la costa norte de Concepción y la costa de la VII región.

Evidentemente el comportamiento del mar y la bastante atrasada alerta de tsunami obligaron a quienes se encontraban en Chivilingo a dormir un par de noches en un cerro cercano. Lo mismo ocurrió en otras zonas. No obstante, el terremoto no dejó con daños graves las casas del lugar y, afortunadamente, el maremoto no golpeó directamente, el temor se apoderó de los habitantes, en su mayoría gente por sobre los cincuenta años.

Uno de los efectos más perversos que pudimos percibir en las personas que tuvimos la oportunidad de abordar en Contulmo (pueblo a 6 kms desde donde acampábamos, primer lugar donde fuimos por información) y las que trajimos en nuestro viaje de regreso a Chivi fue el provocado por la interrupción de las comunicaciones: ésta lleva a las personas a pensar las ideas más optimistas y las más trágicas sobre la suerte de sus cercanos, perturbándose minuto a minuto el sistema nervioso.

Al momento del terremoto y las siguientes 24 horas estuvimos sin ningún tipo de información fiable sobre los efectos del sismo en el lugar que más nos preocupaba. Supimos de boca de la gente que la zonas costeras de la VII y VIII habían sido muy afectadas, pero no supimos nada de Chivilingo, lo que nos tuvo con una extraña sensación más intensa que la normal incertidumbre.

En el momento exacto del terremoto, acabábamos de meternos a la carpa, luego de una regada velada frente al fuego, el lago y la luna casi llena. Vivimos el terremoto en una carpa, sólo con los ruidos animalescos y terrestres de fondo (los bajos más subbajos que jamás hemos sentido), por tanto, nos fue imposible dimensionar los estragos acontecidos en las zonas pobladas rurales y urbanas…. Mirándolo bien, no pudimos estar en un lugar menos traumático, en un mejor lugar, sin histeria colectiva ni los peligros de las urbes, tan sólo los sorprendentes daños sufridos por el camino asfaltado que va de Cañete hasta Angol.

Luego de sumarnos al caudal de desinformación y especulación comunitaria, comenzamos a vivir el suceso de manera más… normal (?), acrecentándosenos el temor por el estado de nuestros familiares y amigos a lo largo del país.

Elementos.

- Los efectos sociales de la incomunicación personal y de los medios, directamente relacionados con la geografía (zonas rurales, lejanía de las rutas principales) y con la enorme centralización política territorial y del imaginario social construido por los medios de comunicación masivos, así como por la fragilidad de las comunicaciones ante eventos de la naturaleza, a pesar de que los adalides del progreso y la tecnología tiendan a presentar sus avances como cuasi-infalibles.

Ya llegados a Chivilingo, terminamos por integrarnos de lleno en la manera generalizada de vivir aquellos días: retomando poco a poco la comunicación con nuestros cercanos, apurando la organización de la alimentación y de los “turnos de guardia” a propósito de las réplicas (y, principalmente, potenciales tsunamis), siendo testigos de las distintas reacciones de las personas frente a nuevos temblores y enterándonos con entusiasmo sobre lo saqueos y ataques a la propiedad en diversos lugares.

Al día de la redacción de este comentario (7 de marzo) aún no he visto ninguna imagen fotográfica ni televisiva de los efectos del terremoto y maremoto, ni de los saqueos, y si no hubiera una radio a pilas, con pilas, y la saturante radio Bío-Bío, tampoco nos habríamos enterado tan en detalle de lo ocurrido en Concepción y otros lugares.

- cómo los medios de comunicación nos someten o integran a la “realidad”, empapándonos de los problemas y dramas normales a las circunstancias que se extienden por el territorio. Un elemento moderno y nada de natural, ya investigado por numerosos comunicólogos, pero que no debemos perder nunca de vista.

¿Tiene uno derecho a no hacerse cargo de los problemas que ocurren más allá de nuestra comunidad y que sólo conocemos indirectamente a través del filtro mediático?

- Es particularmente interesante el tema de los saqueos y robos, al igual que el de la organización comunitaria, que viene unida a este hecho y al tema del racionamiento del agua y los alimentos.

¿Qué es lo que se critica en el fondo?

El aprovechamiento de algunos “desalmados” que robaron más allá de lo “estrictamente necesario”. Aún no escucho a nadie que condene a priori el robo de víveres o de los llamados “artículos de primera necesidad” (distinción creada y que inconcientemente hace notar la línea existente entre los productos que satisfacen necesidades humanas reales y los que son grotescas creaciones del ethos mercantil).

Es imprescindible potenciar el vehemente ataque a la propiedad privada, el germen destructivo-creativo aún presente en momentos excepcionales de nuestra vida cotidiana y develar la trascendencia de la auto-organización comunitaria, extendiéndola a otros momentos de la vida y politizándola.

El poder comprende el peligro de dejar pasar estas prácticas, por lo que ha adoptado varias maneras de reprimirlas y evitarlas. Primero, canalizando ayuda a través de municipalidades y juntas de vecinos (es decir, utilizando los canales ya constituidos) y asegurando el orden con presencia militar. Respecto a los saqueos: por un lado, ya hay gente devolviendo en las calles los artefactos robados. Por otro, se ha castigado (un castigo de clase) a diversas poblaciones en Concepción, indicadas como “turbas saqueadoras que deben estar disfrutando de los muchos artículos robados”, dejándolas abandonadas en cuanto a ayuda básica se refiere, mientras que numerosos testigos indican a todo tipo de personas como saqueadores, no sólo proletarios.

Más allá del saqueo a entidades comerciales (y el vandalismo contra símbolos del poder mercantil), el peor efecto de la psicosis potenciada por los éstos tuvo relación con el enorme clima de desconfianza y enfrentamiento entre poblados colindantes, lo que llevó a los vecinos a armarse (no sin accidentes) y a exigir la presencia de los militares en las calles y otras medidas de seguridad.

En Chivilingo, recibimos unos con histeria, otros con escepticismo, la noticia de primera fuente sobre el supuesto robo que sufriríamos como comunidad a manos de pobladores de Laraquete, lo que nos llevó a intensificar las guardias nocturnas y a inventar ridículas armas para defendernos de los supuestos atacantes. Una infernal situación, pesadilla apuñalante (nunca concretada) para quien aún cree en la posibilidad de otra práctica de lo político.

Sin embargo, en el fondo me entregaba. Comprendía que quienes vendrían serían “los malos” y no tanto “los necesitados” y que les interesaría pura mierda material. El lumpen proletariado no tiene nada que perder, salvo los ojos abiertos en las condiciones de sobrevida. De ahí su arrojo e indolencia. Yo también pagaría su desilusión, viviría su venganza. Cuando el estado de excepción no es la excepción sino la regla, no pueden esperarse reacciones de otro tipo.

Por otro lado, el desprecio por la propiedad privada está ligado, simultáneamente, al fetichismo de la mercancía incrustado, pero más allá, al desprecio por el valor de cambio. Muchos de los elementos robados, productos suntuarios grotescos, destinados tanto al uso privado como a la puesta en mercado informal. Yo hubiese saqueado primero, por el placer de destruir los enormes ventanales y cortinas de los palacios del consumo y las finanzas; luego, por la rebanada de plusvalía que ha sido robada a generaciones de proletarios. Una venganza Benjaminiana.

La indolencia destructiva del lumpen proletariado ¿podremos canalizarla en aras de la revolución comunista anárquica? Quiero creer que con enorme esfuerzo colectivo y claridad, si.

Este actuar fue la principal razón de la exigencia ciudadana por la presencia militar en las calles. Por tanto, la actitud de este sector hacia otros proletarios los ubica hoy como enemigos de clase que justifican la autodefensa popular. Y peor, actúan como elementos reaccionarios, porque desvían las energías colectivas y legitiman el poder de las fuerzas del Estado.

A pesar de esto, la fiesta del saqueo generalizado rechaza de plano el recorrido lineal que lleva a la adquisición de bienes, esto es el trabajo asalariado, obediente y controlado. Porque saquearon delincuentes de oficio, dueñas de casa; unos saquearon botillerías, otros la línea blanca de las tiendas. Todos unidos por el mismo hilo, uno que lleva a mostrar la verdadera naturaleza de las mercancías, como productos que adquieren su valor en el intercambio real de valores inventados, en el dinero y en la ideología del esfuerzo y del trabajismo (¡cuánta imprecación hacia el pueblo de Lota escuché por esos días! Concluí: un pueblo explotado por generaciones y que de un día para descubre las comodidades de la asistencia estatal y la economía de subsistencia no se interesa nunca más por la esclavitud asalariada), pero que no mantiene su estatus desde el momento en que las personas rompen con la imposición sagrada de su presencia y la toman sin permiso porque ha sido fruto del trabajo del proletariado en bloque. El proletariado la crea y la niega. Hasta los billetes se queman.

- Ironías del terremoto social: hace un rato han venido al sitio donde se ubica la casa de los padres de mí pareja, T., una tanqueta de militares en ronda. Los han invitado a una taza de café. Un soldado me ha visto cara de fumador y me ha invitado afuera con él. Ahí me ha contado con entusiasmo sobre sus aventuras represivas y de orden. Incluso me ha dejado una cajetilla con cuatro cigarros y me ha ofrecido un segundo cigarrillo… ¡para que me duren más los otros! Mientras me contaba sus violentas actuaciones los días anteriores contra vándalos y otros sinverguezas no podía dejar de viajar hasta el pasado e imaginar por analogía el trato a los otrora upelientos.

Pasado varios días del terremoto, en la radio se suceden los llamados a trabajar por parte de empleadores y del “retorno a la normalidad” por parte de la prensa. No puedo sacar de mi mente el afiche francés de mayo del 68 que dice “Retorno a la normalidad” y aparecen varias ovejas en fila rumbo al… ¡trabajo!



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viernes, 12 de marzo de 2010

Extraña Muerte de un Civil en manos de Soldados en Tiempos de Paz.


Sobre los viudos de Bachelet y otros tantos hipócritas.

Por Ariel Zúñiga Núñez



Michelle Bachelet Jeria, la “hija del general”, educada en la principal institución formadora de torturadores de los EEUU, experta en el abuso de la emocionalidad fácil, la manipulación de los macabeos y los mamones, ha dejado por fin el palacio de la Moneda asumido después un golpe blanco, marquetero y escuestológico.

Del mismo modo que llegó a la vida pública se va: mediante la falsificación de la opinión pública y custodiada por milicos, de esos que en Haiti usan casco blanco y aquí disparan a matar.

El día en que el ejercicio de la hipocresía sea considerado un deporte olímpico muy pocos podrán disputarnos nuestro preeminente lugar en el podio: Aquellos que hablan de libertad económica consolidan con todas sus fuerzas los monopolios; los que parlotean sobre los DDHH siempre encuentran a un “otro” a quién culpar cuando aprietan el gatillo, empezando por los dioses y sus caprichos.

David Riquelme es el último ciudadano chileno asesinado por Michelle Bachelet. Y lea bien, no digo asesinado por personas a su cargo, ocupo la misma tesis que los abogados de DDHH alegaron hasta el hartazgo, aquella usada para juzgar a Alfonse Capone (Al Capone), la autoría mediata.

Pinochet no mató a nadie con sus propias manos -aunque dicen que ganas no le faltaron con su Lucía- sin embargo fue capturado en la London Clinic por asesinato ¿Cual es la razón de ello? Lo que he señalado, para matar no es preciso jalar gatillos, dar órdenes in situ, pagar sicarios, o dar uno de los golpes cuando se actúa en grupo o pandilla. En los casos en que se es el jefe de una institución jerarquizada y disciplinada, y se ordena cumplir fines con independencia de la licitud de los medios, se asesina como un jefe de la mafia, como un Pinochet o una Bachelet.

Cuando nuestra ex presidenta envió a los asesinos del GOPE, policía militarizada instruida de acuerdo la doctrina de la seguridad nacional vía escuela de salvación de las américas, a “custodiar” predios privados evitando así que los mapuche se manifestaran, no podía menos que saber que iban dispuestos a matar. Y así lo hicieron con Matias Catrileo y Jaime Mendoza Collio. Si a alguien le arrojo un león el que lo mate no es sólo una eventualidad, es prácticamente una certeza. En igual proceder incurrió su ex excelencia cuando arrojó a los milicos pintados para la guerra a corretear con balas a los que piden agua.

La última vez que reparé en esta situación desapareció mi cuenta en facebook y fue vandalizado mi blog, teléfono y correo electrónico; sé que quienes están detrás de esos ataques se dicen de “izquierda”, y profundamente comprometidos con los DDHH. Me caben dudas si comprenden los alcances de defender a todos los hombres y mujeres, sin distinciones, de los abusos del poder, o si simplemente usan este discurso como patente de corso para justificar sus tropelías. Quizá es a tal punto patológica su hipocresía, la que linda en la esquizofrenia, para afirmar aquí y negar allá el mismo argumento.

El punto es que la señora Bachelet ha asesinado a compatriotas, menos que Pinochet pero eso no la hace menos asesina, en cuestiones morales los criterios cuantitativos no valen.

Y tales homicidios quedarán en la impunidad, entre otras cosas, por los diez mil millones de pesos que costó el museo de la memoria lo que dejó con pega a unos cuantos adalides del lloriqueo institucionalizado.

Del mismo modo son responsables, al igual que Capone, los que construyeron edificios habitacionales con diseños o materiales insuficientes. Que quede claro, no digo que deben responder por cuasidelito de homicidio, digo que son asesinos pues en nuestro país un terremoto es un hecho futuro de fecha incierta es decir, lo contrario a una eventualidad o un caso fortuito. En igual crimen incurrieron las autoridades que posibilitaron dichas construcciones.

En el país más sísmico del mundo, y costero, un tsunami no es una eventualidad, un caso fortuito, no es Godzilla que emerge de las profundidades del océano y destruye todo a su paso, es una catástrofe aplazada, en suspensión. Aquellos que no avisaron, que se negaron a señalizar, que no reaccionaron a tiempo son ASESINOS, no son solamente buenos ciudadanos negligentes que puedan disculparse alegando “se me chispoteó”.

Todos estos crímenes quedarán en la impunidad, Bachelet pasará colada, hasta la repostularán para el 2014.

Porque en este país hoy materialmente derrumbado, nunca ha dejado de ser hegemónica la omertá del crimen, la indecencia que mientras más abusiva es más celebrada y hasta venerada.

Por eso Bachelet no quería sacar a los milicos”, se apuran en decir los fariseos sacando el poto de la jeringa. El punto acá no es si enviaba o no a los militares, los que en caso de catástrofe están obligados por ley a trabajar por única vez en sus tranquilas vidas, lo que está aquí en entredicho son las instrucciones con las cuales actuaron y las que su ex excelencia no puede desconocer.

Los milicos debían viajar con camiones aljibes, caravanas con víveres, cascos blancos y ayuda material. Sin embargo Bachelet los instruyó a limpiar las calles, a actuar enérgica y “ejemplificadoramente”. Nuestra ex presidenta, un dechado de virtudes para tantos adormilados compatriotas, ¡les ordenó enfrentarse a nuestros propios hermanos con la bala pasada, como si ingresaran a una ciudad ocupada por el enemigo!

Bachelet es una asesina y debe responder. Pasará el tiempo, estos días se olvidarán y se recordarán con nostalgia, pero yo no olvidaré lo que he visto, he leído y he escuchado. Les pido por favor que no me hablen más de derechos humanos aquellos que creen que haber pasado por Villa Grimaldi inhabilita a alguien cometer crímenes de lesa humanidad.

Insisto, no me muestren sus cicatrices, sus certificados de dolor y de tormento, ya bastante he llorado por los muertos de ayer.

¿Qué parte del “nunca más” no han entendido?


Respecto a la responsabilidad de nuestros gobernantes por los efectos devastadores del sismo y tsunami vea, son culpables y con dolo de Rafael Algacino.

Los terremotos en el Paraíso Neoliberal, altertaperu



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