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Debates Televisados y Twitteados.

Un mundo por conquistar.
Por
Hoy asistí al “debate” de TVN (Vía pública) a través de twitter.
Obviamente el tipo que elegía los mensajes cuidaba de forma desmedida su pega por lo que nada importante apareció en pantalla. Sin embargo, entre quienes participábamos en twitter el debate prendió, y lo mejor, a diferencia de facebook, es que se puede compartir con personas a quienes no conocemos sus discursos, lo cual enriquece y aburre menos.
A pesar que twitter siga siendo un sitio dominado por los chicos Mac y sus ingeniosos e insustanciales comentarios, es todo un mundo a conquistar por parte de la izquierda, que en este momento brilla por su ausencia.
Sorprende lo elitista que sigue siendo twitter a pesar de su facilidad de uso y loo liviano de su página, que no discrimina por velocidad de conexión.
Los invito a incorporarse y participar en los debates de TVN, Canal 13, o cualquier otro. Con la función “gato” es posible entrar a algo equivalente a una sala de chat y debatir con los chicos Mac y con los picados a quienes no nos publican los mensajes. Mejor que conversar entre nosotros, y seguir sobándonos la espalda, es hacerlo con los demás, con los que quieren opinar desde la soledad de sus computadoras y no tienen las cosas tan claras.
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Bachelet y su “Vocación de Servicio Público”.

Un nuevo capítulo de la serie “Hood Robin”.*
Por
La ex presidenta Michelle Bachelet cuestionó las torpes declaraciones de Piñera en Buenos Aires, “sólo los muertos y los santos no tienen conflictos de interés” declaró el presidnete. Bachelet dijo que era posible estando vivo y sin aureola mediante, “basta tener vocación de servicio público”, sentenció lapidaria.
Sin embargo hasta ahora no se ha hecho cargo de las millonarias transferencias a “Santiago a Mil” (FITAM), que para cualquier ciudadano con dos dedos de frente la involucra, por la evidente relación política existente entre el festival teatro a mil de los meses de enero y el gobierno saliente.
El festival surgió junto a la concertación y como parte de la campaña estética, comunicacional, de exhibir que la “alegría había vuelto”. La cultura, por obra y gracia de la concertación, se transformó en murgas, batucadas, clowns y saltimbanquis, y además, en la insoportable reiteración de rostros que se pasaban de las campañas electorales a las culturales financiadas por el estado, con mayor frecuencia que los ministros o superintendentes pasan a se gerentes o directores de las macroempresas.
De la lista de “rostros”, Paulina Urrutia, del sindicato de actores, pasó al ministerio de la cultura con una gestión turbia que amerita una serie de contralorías. Otros, como Francisco Reyes y Delfina Guzmán, se paseaban (y pasean) como actores de la TV estatal muy bien remunerados, rostros de campañas políticas, y también de las publicitarias de macroempresas (Delfina Guzmán, por ejemplo, fue una de las que se prestó para lavar la cara de las AFP luego que perdieran multimillonarios recursos de sus cotizantes)
Lo que no estaba claro es que además actuaban como miembros de un cártel comercial destinado a financiar y apuntalar comunicacionalmente a la concertación.
Delfina Guzmán, quién es la madre del ex ministro -y actual funcionario del Banco Mundial-, Nicolás Eyzaguirre, es la directora del teatro a mil, entidad que recibió un cheque de mil millones de pesos por el gobierno saliente, sin concurso ni sorteos, y sin necesidad de contraprestación, es decir, no deben rendir cuenta alguna.
La “muñeca gigante” ya había sido financiada por creces por varias empresas chilenas y extranjeras, entre ellas una minera, de esas que pagan un ridículo royalty, aportó mil millones de pesos más por sí misma.
Bachelet, entonces, no sólo desayunó con la “muñeca gigante” (un burdo espectáculo propio del paupérrimo estado de la cultura concertacionista) sino que retribuyó muy bien a sus organizadores.
No sólo ha capitalizado comunicacionalmente, insulta la inteligencia el que se afirme que no existe una triangulación de recursos, o un pago por servicios, cuando en el directorio del “teatro a mil” participan Delfina Guzmán, Francisco Reyes y su señora; y en la ejecución Paula Echeñique, esposa del Senador Guido Girardi. Todos acérrimos concertacionistas.
Francisco Reyes se integró al comando de Eduardo Frei y además al del actual diputado Guillermo Teillier del Partido Comunista. Por lo tanto no se trata de un mero actor-empresario, a lo Juan Pablo Sáez, o de uno devenido en político debido a su poder económico como Vasco Moulian, sino que de un operador político puro y duro.
Por lo tanto los “conflictos de interés”, según Bachelet, se solucionan con fraudes de etiquetas. Ella no es dueña del “teatro a mil”, ni su socia, al menos en la formalidad, pero concertación y teatro a mil han prosperado de forma conjunta y hasta simbiótica. Francisco Reyes y Bachelet son apoderados del mismo colegio y además vecinos en el balneario de Tunquén.
Piñera debe dejar de hablar huevadas y vender Chilevisión, y Bachelet, y Girardi, deben dar cuentas de este negociado y dejar de acusar a los demás de sus propios pecados.
* Una de las frases típicas del ex ministro de hacienda, Nicolás Eyzaguirre, era calificar -o descalificar ciertas políticas- como propias de un “Hood Robin”, es decir, un Robin Hood al revés, uno que le roba a los pobres para darle a los ricos. Debería haber empezado por casa.
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Respuestas Urgentes e Importantes III.

Sobre el pacto “progresista” o Concertación 2.0.
Por
Cuando los pesimistas terminamos teniendo la razón es que están muy mal las cosas. Esto no sólo es vino picado en odres viejos, además es la confirmación que Enriquez Gumucio, Arrate, y Salvador Muñoz, etc, no son más que subproductos concertacionistas. Los nombres PAIZ, Copihue, y hasta PC, valen tanto como oceános azules, meros caballos de troya para cazar incautos y acarrearlos para que boten por una concertación ampliada, pero no por eso renovada.
Lo más grave es que pasan los días y aún se fortalece una posición de izquierda (una oposición de izquierda), o una alternativa al binominalismo que la cooptación del PC no mella sino que fortalece. Sé que existen cicatrices de la contienda electoral, y hasta decepciones, pero la concertación ya está pensando de aquí a cuatro años y al parecer, nosotros, seguiremos mordiéndonos la cola discutiendo si Cuba es lo que dice el Gramma o el Pais, mientras se cierra la discusión por la soberanía de los recursos naturales (COBRE, agua dulce, Mar) y de los impuestos. El caso "Andrusco" aparece como una excelente cortina de humo para entretener a los "compañeros" y desatender lo importante para avocarse a lo urgente.
A propósito de esto último, cómo se puede ser tan mentiroso como para hablar de coincidencias entre océanos azules y el programa del juntos podemos. Las coincidencias están entre el programa de Piñera y el de Frei. Para la concertación, empezando por Carlos Ominami (conocido agente de las multinacionales del Cobre), la nacionalización de la gran minería es un anatema, al mismo tiempo, esa era la única propuesta de peso de ese programa. Desde luego si le restamos la nacionalización del Cobre (o una versión débil como instituir un royalty decente), el programa del juntos podemos es compatible con el de océanos turbios y hasta con el de Piñera. Para eso último bastaría pegar con engrudo unos trescientos caracteres refiriéndose a los DDHH en retrospectiva.
Por lo tanto decir, a lo Aylwin, "hay más que nos une que nos separa" soslaya indecentemente que aquello que separa es irrenunciable, no acepta matices ni moderaciones.
*Ilustración de Fiestoforo: www.fiestoforo.cl
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Sobre el Altruismo Bien Remunerado.
¿Sin fines de lucro?.
Por
La aceptación del mundo como es, de su estructura, y cómo esta forja a los seres humanos en el fuego del egoísmo, me hace comportarme doblemente escéptico con aquellas instituciones y personas que se asientan en lo opuesto, en el altruismo.
Vigilante sin ser paranoico, comprendo, y casi todo el mundo lo hace, que las empresas no persiguen otro fin que el lucro. Cuando se muestran caritativas sé que están lucrando aún más y que están sacando el dinero de mi bolsillo a hurtadillas. Pero, qué sucede con las corporaciones y fundaciones “sin fines de lucro”, aquellas que actúan, supuestamente, al margen de los negocios.
Esta categoría, creada por exclusión, agrupa un sinnúmero de organizaciones, con los fines más diversos, iglesias, clubes deportivos, colegios, universidades, clínicas, hospederías, partidos políticos, centros culturales, grupos de exploradores, ONGs, etc. Su diversidad es casi infinita pues caben en la definición todas las organizaciones no dedicadas al lucro (de modo directo debemos agregar) y las que no se pueden considerar ilícitas, es decir, destinadas a la comisión de delitos.
Que el lucro no motive la organización no significa que su financiación no sea un asunto prioritario. Es preciso pagar arriendos, el tiempo de los profesionales y los insumo de todo trabajo, en primer lugar de pan vive el hombre y después, en la saciedad de lo primero, se alimenta el espíritu.
Y como la santidad es excepcionalísima los altruistas profesionales, por lo general, no distan de los egoístas asumidos. El problema aquí es que comprometen las ilusiones de muchos, en primer lugar de niños y jóvenes en que la ingenuidad es comprensible, y el segundo es que lucrar con actividades altruistas siempre es sucio, oscuro y deleznable. Son actos en que ni un comerciante inexcrupuloso incurriría pudiendo optar, se requiere de una cara y estómago muy duros por lo que las personas que hacen de eso su vida son tan extraños, aunque más numerosos, que los santos.
No entraré en el modo en que muchas de estas organizaciones aprovechan las limitaciones constitutivas de nuestro estado, a saber, el sacrosanto “principio de subsidiariedad” que obliga al aparato público a dedicarse exclusivamente a aquello que la sociedad, “por sí misma”, no es capaz. Es así como la educación se ha “privatizado”, y al quedar a merced de los “privados” y sus mezquinos intereses la sociedad completa se ha ido construyendo a la medida de los intereses macroempresariales.
Es tan extraña, para decir lo menos, ese modo de entender a la sociedad, como enfrentada al estado, que soslaya que este último ha sido constituido por los habitantes de un territorio. El estado no cayó del espacio exterior como un meteorito y los fines que está llamado a cumplir, al menos desde su versión oficial, son los de la sociedad toda. Por lo tanto la sociedad para cumplir sus fines “por sí misma” se organiza políticamente en un estado, y procura que esa organización colectiva en que participamos todos, sea quién realice las acciones, brinde las prestaciones e imponga las decisiones democráticas.
Sé bien que acabo de describir un mito, que en esta bitácora semana a semana exhibo como fantasioso o meramente retórico, pero las palabras del párrafo anterior explican lo que está en la cabeza de todos quienes participan en el sistema ¿donde caben las ONG en el marco que he descrito?
Las organizaciones no gubernamentales, a diferencia de los partidos políticos, no se organizan para la toma del poder del estado sino que para que ciertas y acotadas materias sean resueltas por el mismo, siempre que se trate de un gobierno democrático (según modo occidental de concebirlo).
Hasta aquí todo bien, el problema surge cuando se transgrede la línea y las ONG actúan bajo el “principio de subsidiariedad” esté o no incorporado en la constitución. La legitimidad de las acciones del estado, cuestionable desde la metapolítica pero irrebatible en el día a día, colisiona con una presuntuosa respetabilidad publicitaria de organizaciones que nadie ha sido consultado para que se arroguen competencia alguna. Si pretenden actuar como Pedro, Juan y Diego organizados, no veo problema alguno, es un asunto “privado”, pero si quieren intervenir en lo público me parece que están usurpando el lugar que le corresponde en esta historia a los votantes, contribuyentes, partidos políticos y el estado mismo. Doblemente reprobable me parece que conjuntamente con usurpar funciones públicas, más allá de cualquier modo razonable de comprender a la democracia, además busquen el modo de ser financiadas por el estado, quien recauda sus recursos mediante impuestos.
Me parece que constituye un crimen de lesa economía el que Bachelet le entregara a Carlo de Gavardo un millón de dólares, así como quién convida un sándwich, para que se diera un gusto personal en el atacameño Dakar y bonaerense París. Del mismo modo me parece un escándalo que el gobierno, en vez que avocarse a la construcción de viviendas de emergencia le done cuantiosos recursos NUESTROS a “un techo para Chile” o la “Teletón”, que son dos consorcios dedicados a tiempo completo a lavar la imagen del macroempresariales. Es decir, son organizaciones que tienen como único fin, al lucro, pues venden un producto llamado relaciones públicas, o “responsabilidad social empresarial” según el neologismo. Las mediaguas y las sillas de ruedas son una actividad colateral.
Y de igual modo me parece de uncaraderajismo incatalogable el que Alvaro Ramis, de Accion (gremio de las ONG), considere normal el que todos los chilenos contribuyamos económicamente al trabajo de las ONG, cuestión que los hace felices, plenos, y a veces hasta ricos, sólo a ellos. Si quieren ser altruistas deben serlo con “la de ellos”; eso de dar limosna del bolsillo ajeno es indefendible.
No se trata de que necesitemos un modo “transparente” de asignar estos recursos pues aunque sean diez pesos es un derroche en un país pobre como el nuestro.
Eso de “fortalecer a la sociedad civil” no es más que un viejo cuento para justificar lo injustificable, quién se quiere organizar lo hace, se “autogestiona”, paga por sí mismo los cafecitos y los queques. Si somos altruistas no necesitamos que el fisco nos asigne recursos a cuenta perdida para que nos demos una vida glamorosa de cócteles y viajes al extranjero. Esto no es otra cosa que corruptela, clientelismo, y coimería destinada a conservación de máquinas políticas que hacen todo lo posible para que la “ciudadanía” que dicen representar no se manifieste, y en momentos claves, manipularla sin asco.
Al fin entiendo la defensa delirante de Alvaro Ramis a Eduado Frei Ruiz Tagle en la segunda vuelta. Cuando decía “contra Frei se lucha mejor”, que a simple vista es un juicio tan falaz como decir “ebrio manejo mejor”: Estaba cuidando su patrimonio y el de sus socios “altruistas” y “desinteresados”. En vez que ruborizarse por la información de prensa que lo exhibe como un “ciudadano” sobornado por la concertación para que la defienda con ínfulas de “independencia” y “respetabilidad”, se sube por el chorro y pasa el aviso: “Para que no parezcamos agentes del gobierno de turno el estado nos debe asegurar un financiamiento constante”. Es decir, aparte de las exenciones tributarias, del dinero foráneo obtenido gracias a explotar los conflictos existentes, gestionarlos y jamás resolverlos, en vez que pedir limosna como los curas (aunque la ley les da la posibilidad de recibir donativos y hasta hacer colectas en algunos casos), más encima quieren que nosotros, al comprar la marraqueta y la palta, le pasemos dinero. Que el estado los financie, es decir, dinero fiscal para actuar con “independencia”, y que sea constante y transparente su asignación no sea que parezcan “organizaciones gubernamentales”.
Un viejo refrán reza que mayor delito a robar un banco es fundar uno, en el futuro se dirá lo mismo de fundar iglesias, organizaciones sin fines de lucro y ONGs.
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Una nueva politización de los DDHH.
Hacia la institucionalización de nuestros valores.
Por
“Le diría a los partidos de izquierda que todo lo que se le puede proponer a la gente está contenido en un documento burgués que se llama Declaración de los Derechos Humanos, aprobado en el año 1948 en Nueva York. No se casen con más propuestas. No se casen con más programas. Todo está dicho allí. Háganlo. Cúmplanlo”.
José Saramago*
Los derechos humanos son usados como bastión, por distintos grupos políticos, desde mediados de los sesenta. En la conferencia de Teherán (Irán) de 1968 los estados nacientes, tardíamente descolonizados, constituyeron un frente común junto a todo el “tercer mundo”, es decir, aquella categoría residual de otra, el primer mundo.
La influencia de la teoría de la dependencia, suscrita en aquel tiempo por CEPAL y otros organismos internacionales, complementaba la hegemonía del nacional desarrollismo -crecimiento hacia dentro- o keynesianismo. Los estados “dependientes”, por más esfuerzo que dispensaran en la tarea del desarrollo limitaban en un mercado mundial injusto, de comercio en desigualdad, que los explotaba tras la careta de la libertad contractual internacional. A veinte años de la declaración de los derechos humanos el tercer mundo se rebelaba al uso hipócrita de los mismos y reivindicaba una politización de dichos preceptos. En vez que ser una placa pujada en bronce o una inscripción en granito, reivindicaban que los DDHH eran normas jurídicas obligatorias, no sólo para las potencias derrotadas tras la segunda guerra mundial como se impuso en los tribunales de Nüremberg y Tokio, sino que en primer lugar para los estados dominantes, económica y militarmente.
En aquella época los EEUU y la URSS se disputaban el mundo, y cada uno dominaba a los estados dentro de su bloque. La alineación de los oprimidos significó un desafío a los estados dominantes, empezando por la estadounidense y soviética. La historia consigna este fallido intento de tomarse los DDHH en serio, el cual estaba condenado al olvido de antemano debido a que el derecho sin una fuerza letal y determinante de respaldo es sólo poesía de mala calidad.
El segundo intento, este sí exitoso, cuyos efectos nos rigen hasta el día de hoy, es el uso de los DDHH como táctica de denuncia a los socialismos reales. Esto se puso en marcha en la conferencia de Helsinsky de 1975 (Finlandia) y no ha cesado, hasta el día de hoy, pese a la caída del muro de Berlín.
Es indesmentible que en China, Corea del Norte y Cuba, existen limitaciones a los derechos civiles y políticos que por sí son consideradas hoy en día violaciones a los derechos humanos, pero, cuando ellos se consagraron (1948), gran parte de mundo estaba regido por sistemas similares. Incluso hoy diversos estados atentan contra los DDHH de modo más flagrante y sanguinario, empezando por los EEUU y siguiendo por Rusia y Europa, sin que nadie cuestione la soberanía de los mismos.
El “occidente” democrático cuando comenzó su campaña de deslegitimación de los socialismos reales fundamentado en los DDHH no pareció importarle que en el “patio trasero” de los EEUU gobernaban con arbitrio e impunidad los regímenes más sanguinarios que recuerde América y que tiranías afines a sus intereses fueran defendidas a rajatabla en todo el orbe sea en Indonesia, Sudáfrica y Filipinas, mientras se condenaba por lo mismo o por menos a sus adversarios.
En la conferencia de Viena de 1993 la doctrina de una facción en Helsinsky ya era hegemónica debido a los sucesos políticos que transformaron un mundo bipolar, una hegemonía incontestable de los EEUU y sus socios. Ha sido tan evidente, incluso pornográfico, el uso y abuso del poder de los EEUU -sólo hasta hace un par de años ha decaído su justificación más no sus crímenes-, y su desprecio por las normas más elementales, incluso aquellas anticuadas derivadas del iure beli y que hasta los romanos respetaban, y la desnaturalización de los DDHH para cumplir sus fines -venganza preventiva, guerra al terrorismo-, que muchos prefieren concebir a la política como una cuestión completamente ajena a los derechos fundamentales. Es más, los DDHH eran defendidos por Stalin y hoy por Obama, lo que en vez que ser paradojal los define con nitidez más allá de los cinismos, hipocresías e ingenuidades.
La izquierda y los DDHH.
Siendo los DDHH nada más que una quimera de algunos liberales, defendida hipócritamente por quienes con más dedicación los vulneran, es saludable que la izquierda no se confunda y sea capaz de denunciarlos como una superstición que oculta las relaciones -reales- de poder existentes en el mundo. Dicho con mayor precisión, los DDHH no son normas jurídicas por cuánto no son exigibles y en vez que ser generalmente respetados son universalmente transgredidos.
Pero la orfandad teórica, que es incluso más grave que la carencia del respaldo, siempre relativo y condicionado a la realpolitica, de la URSS, impide a la izquierda liberarse de la trampa de los DDHH.
Como respuesta a Helsinsky ha elaborado un anti Helsinsky que en nada contribuye a su propósito. Esto se inscribe como una táctica más, carente de estrategia, como ha sido su derrotero tras la caída del muro. Dicho de otro modo es torpe oponer a la denuncia de las violaciones de los DDHH en Cuba los crímenes de los demás o el respeto de los derechos económicos y sociales; si no son posibles de defender las políticas desde el socialismo no se comprende cómo podrían serlo desde la ideología burguesa.
Los no alineados.
Las reivindicaciones de Teherán, por otra parte, hoy constituyen las de los países no alineados, los cuales, son minoritariamente de izquierda.
Aún así podría defenderse la actuación conjunta, desde una táctica coherente con una estrategia emancipatoria, pero nada de ello ocurre. Todo pasa de un modo burdo, tan carente de principios como de finalidades como toda lucha de poder por el poder:
Venezuela defiende sus yacimientos de crudo y gas, los más ricos del mundo, y por lo tanto a Chávez le importa un cuerno tanto el abastecimiento energético de los pobres (lo que oculta con campañas caritativas de relaciones públicas), ni la polución, ni el subdesarrollo que produce en su propio país, como daño colateral, los petrodólares. Defiende a Cuba por estética y de vuelta Fidel defiende las políticas internacionales de Chávez por ser retóricamente antiyanquis pero no son otra cosa que mezquinamente pro petropolíticas. Lula hace lo mismo, defiende a sus socios independiente de sus pecados y son los intereses comerciales y geopolíticos de su país los que están hablando.
La izquierda sin aún advertir cómo se han rebarajado los naipes estos últimos años sigue fustigando, y por cualquier razón, al gigante decadente de los EEUU, y defendiendo a sus enemigos de guerra fría, sin comprender cómo se fragua el nuevo sistema mundial, con un mercado en desigualdad aunque con un dominio multipolar.
Los DDHH como trampa.
La izquierda latinoamericana es la que con menos resistencia ha caído en la trampa de los DDHH.
La caída de las dictaduras militares coincidió con la consolidación de la tesis de los EEUU en Helsisnky, es decir, aquella que permite cuestionar la soberanía de los estados en función de derechos universales que no rigen en ninguna otra parte que en las cabezas de los profesores de DDHH. Luego coincidió la impunidad de los crímenes de las dictaduras con el imperialismo jurídico, lo que fue avalado por los defensores de DDHH y en especial por la izquierda.
Como los DDHH son el argumento para encarcelar a algunos gobernantes, o agentes de ellos, de las dictaduras, se los defiende no sólo como normas jurídicas sino que como realidades ontológicas, sin comprender que lo que se hace es suscribir la tesis imperial del momento, con toda su potencia discursiva: El imperialismo humanitario forjado en Helsinsky, fortalecido en Viena y llevado a la práctica por primera vez en Kosovo. El “caso” a Pinochet fue la judialización de dichos principios.
Y si se defienden los DDHH, de ese modo, es obvio que se debe condenar a Cuba por violaciones sistemáticas a los mismos. Realizar distinciones o burdas comparaciones cuantitativas no hace más que agravar la falta.
¿Y porqué no condenar a los EEUU, a Rusia y a China?
Porque el modo en que se defienden hoy los derechos humanos es como una exigencia a los pobres y a los marginados, a los otrora poderosos, y a los que están en el suelo o de capa caída.
Es por eso que se persigue a los violadores de los DDHH de la dictadura chilena y a nadie se le ocurre denunciar a Bachelet por la muerte de Matias Catrileo, Jaime Mendoza Collio y la desaparición de Jośe Huenante, entre otras gravísimas violaciones a los derechos fundamentales.
En otras palabras, los DDHH se usan como una justicia del vencedor, nada de humanitaria por lo demás, y sólo con un afán retributivo y retrospectivo, jamás de un modo constructivo y prospectivo.
Si se usan para “hacer justicia”, entendiendo por tal el trabajo del verdugo, o para luchar en contra de la impunidad, con veinte o más años de retardo, constituyéndose en un santo oficio, no se hace más que un uso desnaturalizado de los valores que se dice defender, un pragmático y torcido uso, entrampado o tramposo.
Por ejemplo la aplicación de penas entraña una serie de limitaciones a los derechos fundamentales por lo que una enconada persecución en contra de los violadores de los derechos humanos del pasado obliga a la suspensión de garantías procesales en el presente.
Lo más grave es que se consolida el peor modo en que han sido concebidos los DDHH, es decir, un uso criminalizador de los mismos. Para criminalizar es preciso estar sentado en el trono del poder, por lo tanto tras la “justicia”, se esconde al mismo tiempo la revancha y la aceptación del statu quo que impusieron los crímenes. Por ejemplo, aquellos que le exigen “justicia” al gobierno de Chile están aceptando que Pinochet se instaló sobre los cadáveres de sus deudos y que el sistema que hoy nos rige descansa en la efigie de Pinochet ¿De qué justicia hablan? Chile es la continuación política, económica y moral de la dictadura ¿Qué sentido tiene exigir reconocimientos, disculpas, actos de constricción y reparación, si sabemos que si nos volvemos a organizar y luchar seremos exterminados del mismo modo y con la misma diligencia?
Lo peor es que al defender a los DDHH como normas jurídicas vigentes, y en su uso criminalizador, fortalecemos la posición de la clase dirigente nacional y mundial que se sirve de ellos para asediar a sus enemigos.
Una nueva politización de los DDHH.
Por lo tanto los derechos humanos, generalmente transgredidos en todo el mundo, no son otra cosa que privilegios que ostentan algunos debido a la fortuna personal o a la suerte de haber nacido en un estado que los proteja de un modo excepcional.
Como es un mal de muchos, o de casi todos, es la excusa perfecta para el poder pues permite criminalizar en blanco: El régimen que sea va incurrir en violaciones a los derechos humanos por lo que la condena internacional en tal sentido siempre será arbitraria, de acuerdo al capricho del poder.
No sólo es extenuante sino que contraproducente el instaurar un santo oficio que persiga a los actuales, y a los de antaño, violadores de los derechos humanos; resulta ingenuo o hipócrita, dependiendo de quién lo realice, pues la energía dispensada en ello se le resta a la que se debe colocar en el proyecto de transformación radical de la humanidad.
El único sentido que pueden tener los DDHH para la izquierda es, en lo individual, un anhelo moral y, en lo colectivo, un proyecto político.
Tácticamente los DDHH se deben usar siempre y cuando se engloben en una estrategia emancipatoria; hoy por hoy, su uso sólo fortalece el statu quo, lo que hace de su defensa absoluta no sólo una pérdida de tiempo sino que un error de incalculables consecuencias.
Si los DDHH son un proyecto político la defensa de los mismos, desde la izquierda, no consiste en la judicialización de sus normas sino que en la transformación de la humanidad. Esto último por lo siguiente:
Porque el funcionamiento de nuestro sistema es inseparable de las violaciones sistemáticas a los DDHH, entonces, lo que se debe hacer, para defender dichos valores, dicho programa político, es construir un sistema en que el respeto de los DDHH sea lo normal y su transgresión sea erradicada a lo excepcional y o patológico.
* Cita tomada del artículo “Violación de los derechos humanos en Cuba, una estrategia ideológica promovida desde el Departamento de Estado norteamericano” de Hernán Montecinos.
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Respuestas Urgentes e Importantes II.
Por
Me manifiesto escéptico al fatalismo, corolario de cierto determinismo, que Christian defiende. Aunque parece que sólo lo hace con un afán retórico, pues, al mismo tiempo, defiende la voluntad creadora del hombre, y en específico de la izquierda, como vehículo hacia la utopía, o como freno de la distopía. Era de los que pensaba a las crisis como "oportunidades" de poda de población excedente pero cada vez me seduce más la idea de que este mundo, en que nadie posee ni el manual de instrucciones, ni los cuatro ases de la baraja, la historia se hace en parte por la estructura física, química, biológica y cultural; la voluntad (que para el caso es un misterio); y el azar, como humildemente afirmaba Maquiavello. Este último componente, mítico según algunos, también es, para el caso, un misterio.
Por lo tanto el futuro no lo concibo ni como un abismo al cual nos conducimos ciegamente ni a una naturaleza subvertida por la omnipotente inteligencia del hombre, capaz de domeñarla. Mis fichas no están, por lo tanto, ni en el casillero de Jared Diamond ni en el de la cornucopia, ni en lo que afirma Matke. Aunque sí tengo claro que la sobrepoblación mundial se "regulará" de alguna forma y eso permite avizorar genocidios aún mayores que los que hemos conocido y sufrido.
También, y esto es una obviedad, el Estado (el que sea) es una estructura asimétrica e injusta de poder, por lo cual, no me manifiesto en contra de la justicia ni a favor del olvido sino en contra del olvido conveniente de esta obviedad.
Justicia y Estado, son categorías que se repugnan salvo que redefinamos justicia según el discurso del poder.
Por eso es tramposo, no digo que las víctimas lo sean sino que se encuentran entrampadas (y me parece que a eso va Matke), hacer de la política la existencia de una justicia retrospectiva en vez que una prospectiva.
En síntesis, el homenaje a las víctimas no pasa por exhibir cabezas en la pica de sus verdugos, muchos de los cuales ya han muerto o morirán porque somos seres finitos, sino por construir una organización humana en que la justicia sea posible.
Mientras exigimos justicia retrospectiva el Estado sigue devorando víctimas y el rol de la izquierda no es el de instituirse en el santo oficio y estar devolviendo el tormento a los agentes oficiales u oficiosos de la clase dominante. Quién mira atrás, y sólo mira atrás, está incurriendo en un error, asimismo quién exije justicia en la ilusión de que ella es posible en un Estado. A grandes rasgos resulta hipócrita, y políticamente nefasto si se hiciera con ingenuidad, preferir a las víctimas del pasado en vez que las del futuro (muchos incluso son ciegos a las víctimas del presente, como la ex presidenta Bachelet)
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Respuestas Urgentes e Importantes.

Escritas dentro de la trinchera.
Por
“Tampoco tiene derecho a escribir el que no está dispuesto a defender con su vida su opinión. Escribir es actuar, y en un escritor que tiene su público, hasta el hecho de no escribir en determinadas circunstancias es también una manera de tomar partido. Poco valen todas las triquiñuelas con que intente después justificarse o disculparse. Por solidaridad en el trabajo social, el hombre que ha estado en condiciones de formarse una cultura, debe a los otros su opinión y su ejemplo.”
Anibal Ponce, Erasmo.
La Contrarreforma Procesal Penal.
Raúl, en cuanto al estilo, es lógico que no sea el más depurado debido a que me demoro en escribir un artículo casi lo mismo que los lectores en comprenderlo. Debería tomarme más tiempo para escribir, y en especial para corregir, pero sucede que para mí la literatura no es un modo refinado, alambicado, de producir deleite en los lectores sino que de compartir ideas. No poseo, en algunos casos, la opción de escribir o no, pues el no hablar es aceptar el discurso vigente que se impone mediante el refuerzo de falsos positivos o con el silenciamiento de todo aquello que afecte el statu quo. Callar sería dar una opinión, tu me invitaste a escribir una ponencia en la udipé, para ser escuchado por tres o cuatro pelagatos a los cuales jamás influiré con mi pensamiento (y que poco me importa lo que pase por sus cabezas). El trabajo de mi blog es pensamiento escupido, quizá algún día las aguas se sosieguen y den tiempo para sentarse a escribir al borde de una chimenea y tapado con un charlón. Como lo dije hace un tiempo, la mía es escritura en la trinchera.
En cuanto al fondo, te citaré a Bourdieu, (no por pedantería sino porque en este caso aplica medio a medio) “Sin embargo, para conseguir este efecto de legitimación hay que pagar un precio, y los juristas son de algún modo las primeras víctimas de su propia creación jurídica. Tal es el sentido de la illusio: sólo hacen creer porque ellos mismos creen. Si contribuyen a la influencia del derecho es porque ellos mismos han caído en la trampa, en particular al final de todo el trabajo de adquisición de la creencia específica en el valor de la cultura jurídica, trabajo que es extraordinariamente importante para comprender el efecto que va a ejercer el derecho no solamente sobre los justiciables sino también sobre quienes ejercen este efecto. ” Los juristas, guardianes de la hipocresía colectiva.
En tal sentido el ejercicio profesional sólo puede reafirmar aquellas metaexplicaciones que permiten ingresar a una escuela de derecho y tolerar su instrucción (pues las escuelas de derecho, al igual que las academias militares, no basan su modelo de educativo en la transmisión de conocimientos sino que en la imposición de un modo de vida, de un modo de ver la vida, de ser apto, como lo dice Bourdieu “dentro del campo jurídico”.
Es por ello que en vez que ver la historicidad del derecho y de la criminalización sólo te concentras en la historicidad de las izquierdas y derechas, al asumir a la legalidad como ontológica se refleja del mismo modo.
Es obvio, las izquierdas y derechas están compuestas por seres humanos y no son categorías trascendentes que valgan más allá de ellos, su historia social e individual (personalidad). Si es así, la izquierda puede cargar como un pesado lastre las categorías que nos hace “espontáneamente” reaccionar (pues tal respuesta es construida socialmente) ante los “malos”, y antes de ello, definirlos como tales. Comprender y actuar coherentemente ante la relatividad cultural y la relatividad del delito es algo que nos exige demasiado, y yo veo en la izquierda ese polo de desarrollo, de humanos que no se conforman con ser lo que son sino que aspiran a la superación constante.
Entender al derecho es prioritario, no entenderlo desde el derecho pues es superfluo o desde la sociología que no es más que otro campo, que actúa alienado, dedicado a sus propios asuntos. Comprender que tras la toga se encuentra la espada y que los “buenos” y “malos” se definen a placer por quienes dominan el juego, debido al oro que alimenta la espada o debido a la espada que exige para sí el oro.
La transversalidad de la cohonestación de la criminalización, la plasticidad de la retórica dedicada a ese fin, impide ver como los rótulos de “bueno” y “malo” equivalen al mascador de chicle en Indonesia, al fumador de mariguana de Chile o al blogero cubano. Puedo aceptar si me dices que en Chile existen, con o sin contrarreforma procesal penal, “delincuentes”, pero lo que no se puede desconocer es el impacto que ella ha producido. En veinte años Chile escaló del promedio latinoamericano en encarcelamiento al primer lugar, en donde triplica el promedio regional SIN QUE HAYA AUMENTADO EL ÍNDICE DE HOMICIDIOS que es comparable a los países más pacíficos del mundo como Suiza y Luxemburgo.
La dialéctica es metafísica.
La dialéctica no estaría liberada de reproche si aceptara sumisamente que es una metafísica y nada más. Su salto al vacío comienza cuando pretende exhibirse ante los incautos como un sistema lógico capaz de vincular metafísica y ciencia de modo armónico y definitivo, esto no es más que subsumir la ciencia en la metafísica, y peor, la luz en el oscurantismo. La ciencia no se deduce de nuestra comprensión de la totalidad, es más, no existe nada más dinámico. Los últimos 500 años son testimonio de ello, del vertiginoso mutar de la “totalidad” mientras el 99,9% del acervo científico se conserva estable. Cuando aplicamos la dialéctica a la historia, aún en su faz más inofensiva, suavemente heraclitanea, “el río que vemos nunca es el mismo”, asumimos sin más que el río existe de modo trascendente, es lo estable, el punto sólido desde el cual comprender al hombre, pues este conserva su cauce y fluye hacia el mar aunque el agua sea otra. Dicho de otro modo, la falsa solución de la dialéctica a la cuestión del cambio (algo tan obvio que quizá ni siquiera requiera de una fundamentación metafísica) no hace más que afirmar lo contrario, que el mundo, en lo fundamental, no cambia, pues se conserva su estructura. ¿Qué ofensa más grande el desden absoluto a la ciencia que nos abriga, nos cobija y nos alimenta? Si todo tuviese un orden previo Kojève tiene razón, por ende también Fukuyama, y si alguien se le ocurre que el fin de la historia será la llegada de los extraterrestres o el regreso de cristo también tendrá razón, razón dialéctica obviamente. Pues, como afirma Beltrand Russell “si asumimos como cierto el pensamiento de Hegel tendremos que aceptar también que Dios existe y que él le pidió consejo para crear el mundo”. Si la ciencia cada día descubre nuestras interrogantes, robando un bocado de saber a un universo de ignorancia (la que es casi inconmensurable) no deja de ser pretencioso, por decir lo menos, postular que ya conocemos la estructura de todo, el comienzo y el final de la historia, y que cada paso que da la ciencia estaba escrito de antemano.
Es más, las consecuencias políticas de esta metafísica arribista, incapaz de asumirse de tal, y de incluso de un mero misticismo, son todo lo contrario a lo que sus defensores marxistas postulan, o dicen postular, no existe cuerpo de conocimiento más conservador y que limite con más fuerzas los cambios sociales que la creencia que el mundo tiene una historia que trasciende a la voluntad colectiva de la humanidad.
Cuando afirmo que la izquierda debe retornar a sus bases humanistas e ilustradas lo que postulo es, precisamente, extirpar el cáncer, y la metástasis, del pensamiento (o antipensamiento) romántico, en especial el hegeliano, imbricado en el marxismo, y lo siento mucho, en todos los marxismos existentes y posibles.
Contrarreforma Procesal Penal II.
Mauricio Villalon: Respecto a la reforma: la izquierda estaba ocupada pensando que hacer para "romper el binominal". Y la derecha cuando ve que se va quedando abajo de algo, no le cuesta mucho incorporar, o hacer suyo, aquello que se le arranca. Sea por la buena o mas usualmente por la mala. Entonces, como construir y hacer llegar una teoría (o al menos un discurso) a un pueblo y lumpen, que compita con la labia sabionda que encandila en televisión y su respectivo clientelismo.
No obstante, aquello que llamas "uso criminalizador de los DDHH" me parece un poquillo delirante. No existe un vínculo directo y absoluto entre "izquierda" y abogados de ddhh. Además de los comunmente entrevistados por la prensa y uno que otro polilla, hay muchos abogados de ddhh que desde los noventa (e incluso antes algunos) vienen haciendo un trabajo silencioso, laborioso y profesional. En ningún caso refractario a los principios del nuevo proceso. Que se hayan restado de los quehaceres del diseño y su implementacion, debió ser algo natural pues nunca hubo un bufete de DDHH, al menos que yo sepa. Y pedir algún genio que diera abasto sería exigir demasiado.
Igualmente, te dejo un link. Elogio al Crimen, de Marx.
RE: Mauricio, primeramente, gracias por el texto. En segundo lugar cuando me refiero al uso “criminalizador de los DDHH” no entiendo a qué te podrías referir por delirante. Del texto se desprende que no estoy especulando libremente del asunto, parto de un hecho constatado, público, notorio e irrebatible: La reforma procesal penal está dominada física y simbólicamente por la derecha, los fundamentos garantistas de la misma fueron extirpados de raíz, hoy sólo se habla de defensa social, “combate a la delincuencia”, el trato a los saqueos en Concepción y a los manifestantes el 29 de marzo hablan por sí mismos. Entonces, mi retrospectiva, errada o no, principia en un punto sólido que no podemos eliminar del análisis. La hipótesis, que ni siquiera lo es pues digo “tal vez sea por...”, también depende de un punto sólido: NO EXISTE NINGÚN TEXTO JURÍDICO PRODUCIDO POR LA IZQUIERDA SOBRE LA REFORMA PROCESAL PENAL. Los únicos son los de VICSO, con toda su improvisación, dispersión, y retardo. Cuando hablo de ser “refractarios” a la reforma me refiero a eso, los liberales trabajaron en la reforma desde el 94 hasta el 2000 (UDP), casi de forma monopólica, la derecha se metió en el 99 aproximadamente, los trabajos de VICSO son entre el 2001-2003 En la misma época “ciudadanía y justicia” desde la socialdemocracia progre produjo textos “más puntudos” que los de la UNICRIM sin tocar con el pétalo de una rosa a la reforma procesal penal y la desnaturalización que fue sufriendo. En igual sentido el CIS (Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana) del INAP de U de Chile con platas del Ministerio del Interior y CONICYT (Hugo Früling, Lucía Dammert, Luis Barros Lezaeta, etc) y FLACSO (A cargo el área de Lucia Dammert al disolverse el CIS). Esto es todo lo que se ha hecho. Ni un manchón en el papel han escrito “los anónimos (y abnegados agregaría) abogados de DDHH”. De que tuvieran que involucrarse en la reforma es por una razón tan conocida como obvia: El “nuevo código”, no es lege ferenda, es ley vigente, y así como ni el más anticuado de los juristas se basa en las siete partidas o en la novísima recopilación, nadie, por más refractario que sea, puede soslayar que el proceso actual es el reformado.
El caso Carmelo Soria, por ejemplo, demuestra que los abogados de DDHH han seguido usando, y son casi los únicos que aún lo han hecho, el “antiguo proceso penal” y como su rol es de querellantes, es decir persecutores privados y dentro de un sistema inquisitivo (lo que es prácticamente ser un verdugo), su trabajo consiste precisamente en atornillar al revés de las garantías procesales liberales, a saber, el induvio pro reo que es incompatible con la imprescriptibilidad prescrita por los convenios de Ginebra.
Los nuevos casos “emblemáticos” se encuentran casi todos radicados en la región de la araucanía y ahí se ha consolidado una nueva generación de abogados de DDHH, casi todos dentro de la defensoría mapuche. Pero en el resto del país no sólo escasean abogados interesados en llevar esos casos sino que los que posean las competencias mínimas, en especial en el nuevo proceso. Eso explica la virtual indefensión de “margarito”, a quién se le cargaron explosivos en una vivienda ocupa, y los “ocho del salmón” y Asel Luzarraga que fueron estafados, de distintos modos, por sus abogados.
Si existiesen esos abogados superhéroes que me hablas no entiendo cómo los únicos casos emblemáticos no mapuche, esto incluye a los cabros de la academia de humanismo cristiano, no han contado con un equipo jurídico leal y competente al mismo tiempo. Si existiese esa producción “alternativa” de conocimiento jurídico penal no entiendo porqué soy el único que habla de estos asuntos, y lo hago solo, pues no existe nadie desde la izquierda que haya escrito una sílaba al respecto. Es una lástima que este balance si no lo escribo yo y lo publico en mi blog, con todas mis limitaciones, no lo escribe ni publica nadie.
Contrarreforma Procesal III (Comentario en el Ciudadano)
Moisés Scherman: Compartiendo gran parte de esta columna, debo afirmar que claramente el autor no ha leído del Programa de Gobierno de la Izquierda, cuando hace tan infundados juicios al respecto.
RE: Desde luego que los he leído. He escrito muchos artículos al respecto. Los programas de izquierda reiteran un lugar común, tan empíricamente refutado como políticamente nefasto: Hablar de “prevención” del delito mediante la disminución de las injusticias materiales. Es empíricamente falso ya que la delincuencia no disminuyó en la URSS ni la Europa oriental; China, Cuba y Venezuela ostentan unos de los índices más altos de criminalización y victimización. Es políticamente nefasto pues descansa en la ocultación de que es la criminalización la única variante de la criminalidad.
Lo siento Moises, a mi me duele mucho que la izquierda no haya reflexionado sobre el tema y tener que improvisar un artículo al respecto.
Estado ¿Más, menos o ninguno?
Oye, en varias entradas repites la invocación a un "Estado fuerte" como solución a los problemas sociales de este país. ¿Eso quiere decir que consideras el Estado como una entidad neutral, y no como una organización política que garantiza la explotación capitalista de la clase trabajadora? En todo caso, cuando invocas un "Estado fuerte", lo haces en el sentido de Lenin, de Mussolini o de DE Gaulle? ¿O en algún otro sentido que en mi ignorancia no alcanzo a descifrar?
Atte.
Safarov
RE:
Safarov,
En ningún caso considero que el Estado sea neutral, y desde luego que la apelación a un "Estado fuerte" sólo es posible entenderse, en los artículos sobre el terremoto (que es en los únicos en que lo he esbozado) desde un prisma nacionalista y socialdemócrata, es decir, keynesianamente.
Desde luego que eso se opone, quizá para algunos radicalmente, a las tesis que se han defendido en esta bitácora, en ningún caso se trata de un "cambio de linea editorial". En el texto "Un programa débil para la izquierda" defiendo la necesaria interrelación entre un programa de Emancipación (con mayúsculas) que sería la estrategia, y una táctica multidimensional que sea capaz de lidiar en la política concreta, en el mientras tanto. Por ende el Estado fuerte nunca sería neutral sería uno lo más democrático posible y nacionalista. Desde luego que aquí existe una clara diferencia con otros autores antisistémicos que niegan toda validez a hacerse del Estado, y de los marxistas, en especial leninistas, que lo ven como un paso necesario. Yo lo considero un paso posible, aceptable en cuanto provisional, siempre y cuando se lo haga de un modo consiente. Estamos muy, pero muy, pero muy lejos de autogestionar luxemburgistamente la zona devastada. Realizar llamados en tal sentido, desde la tranquilidad de mi bitácora, sería irresponsable y nada que a posteriori realizara podría absolverme.
Ariel Zúñiga Núñez (Azeta Ene) www.violenciaycontrol.blogspot.com
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